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Editorial: Oposición y Gobierno siguen sin superar las heridas del 11 de abril

En el imaginario colectivo quedó la tesis errada de que una marcha gigantesca cuyo destino sea Miraflores, quita y pone presidentes

Caracas.- La noche del 11 de abril hubo vacío de poder. Hugo Chávez renunció por solicitud de su alto mando militar, "la cual aceptó". La multitudinaria marcha opositora que fue sido "espontáneamente" desviada al Palacio de Miraflores había cumplido su objetivo. Diputados del gobierno y de la oposición ya dialogaban para darle solución constitucional al vacío: nombrar, como corresponde, un presidente provisional que convocara a elecciones en un lapso perentorio. Es decir, una salida política. Pero en ese entonces lo que reinaba era antipolítica: la oposición estaba controlada por Fedecámaras y los medios de comunicación.

La autojuramentación de Pedro Carmona Estanga, su decreto de disolución de los poderes y los desacuerdos entre los militares que discutían entre dejar a Chávez exiliarse o dejarlo preso, derivaron en el retorno del chavismo al poder el 13 de abril. El "decreto Carmona" ya circulaba en círculos de los partidos días previos al 11 de abril. No es como alega Carmona. No hubo tal decisión de última hora. Algunos connotados políticos y juristas, entre ellos Jorge Olavarría, rechazaron el contenido del decreto tras calificarlo como una locura: todo esto en horas previas al 11 de abril.

19 años después las heridas no se han cerrado. Siguen vigentes. Tan vigentes como la prisión de Raúl Isaías Baduel, el hombre responsable, irónicamente, del retorno "triunfal" de Chávez a Miraflores, con la consabida huida de Carmona y el resto de los "ministros" nombrados para su "gabinete", empresarios y altos jerarcas de la Iglesia Católica.

La chapuza no fue la marcha de centenares de miles de venezolanos angustiados por su país que partió de la sede de Pdvsa Chuao hasta el centro de Caracas. La multitud enardecida (y con razón, pues anticipaba la tragedia de la permanencia de Chávez en el poder), escuchaba los gritos que desde la tarima pronunciaban Guaicaipuro Lameda y el contralmirante Carlos Molina Tamayo: "¡Fuera, fuera!", decían, mientras no muy discretamente se peleaban por el manejo del micrófono. Era el día del protagonismo y desde luego, nadie quería quedarse sin su cuota.

La verdadera chapuza llegó después. Tanto el "carmonazo" como la persecución y represión sistemática desatada luego por el chavismo siguen trayendo consecuencias. Pero del lado de la oposición la cruz del error es todavía más significativo: en el imaginario colectivo quedó la tesis errada de que una marcha gigantesca cuyo destino sea Miraflores, quita y pone presidentes. De allí las locuras de las protestas "sin retorno", los plantones, los paros, el 2014, el 2017 y también los gobiernos de mentira.





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