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El ABC: ¿Qué significa para Venezuela que el PIB se contraiga 8,5%?

El Cooperante

Caracas, 17 de abril.- La Comisión Económica para América Latina y el Caribe (Cepal) reveló hace días una cifra que poco impacto generó en la opinión pública venezolana, pero que sus consecuencias se sufrirán de manera inmediata.  Venezuela tendrá una contracción de 8,5% del Producto Interno Bruto en 2018, en contraste con el promedio general proyectado para América Latina, que se ubica en 2,2%.

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En una actualización de proyecciones de crecimiento económico para la región durante este año, la Cepal “mantuvo su estimación de expansión promedio regional en 2,2%, luego de crecer 1,2% el año pasado”, debido al mayor dinamismo de la demanda externa.

Esa proyección es similar a la que se dio a conocer a través del Balance Preliminar de las Economías de América Latina y el Caribe 2017. La comisión señaló que el Producto Interno Bruto del país caerá 8,5%, mientras que en 2017, la contracción alcanzó 9,5%.

Reporte de la Cepal 2018. Proyecciones de crecimiento de América Latina y el Caribe.

A finales de 2017, el Gobierno de Nicolás Maduro  presentó ante  la Comisión de Valores de Estados Unidos un reporte en el que señalaba que  la economía venezolana se había contraído un 16% en el 2016 después de una caída de un 6,2 por ciento del 2015, es decir, el doble de la actual.  En ese momento, el documento presentó el dato oficial sobre el desempeño de la nación petrolera, una vez que el Banco Central dejó de divulgar información sobre los resultados de la economía en el 2015. En pocas palabras, esto significó una profundización de la crisis que vive la nación desde el 2014, y que en la actualidad se agudiza aún más, alcanzando, según estimaciones de diversos analistas, el nivel de “depresión económica”, un fenómeno que solamente puede ser comparado en términos de caída del PIB, con la “Gran Depresión” ocurrida en Estados Unidos en 1930.


En marzo,  de acuerdo con los indicadores de la Asamblea Nacional, el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 13,2 % en 2017 y la contracción superó  0,7 puntos porcentuales a la registrada en 2016  en el mismo período,  cuando la ubicó en 12,5 %. “Esto no es una recesión convencional, sino más bien constituye un cuadro claro de depresión económica, que afecta negativamente el producto potencial de la economía”, señaló el equipo económico parlamentario para ese entonces.

Aunque los venezolanos de a pie suelen prestar poca atención a los términos económicos, inmediatamente traducen una contracción económica como negativa y otro aspecto que irá en contra de sus ingresos. No sé lo que es, pero me imagino que nos vamos a joder más“, dijo el señor Anselmo a esta redacción, un zapatero de 49 años que la crisis ha golpeado significativamente su calidad de vida.

Yo creo que va a ser peor todo, no sé como porque no sé si hay algo peor que esto“, declaró  una trabajadora del Ministerio de Transporte Terrestre que prefirió no identificarse. Ambos están en lo cierto, para la situación económica que actualmente atraviesa el país no existen, por ahora, un salvavidas. Analistas  han indicado que los pírricos resultados de la economía son consecuencia del modelo implantado originalmente por Hugo Chávez.

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La crisis que se ha agudizado  ha golpeado con fuerza la capacidad de compra de los ciudadanos, que lidian con una severa escasez de alimentos y medicinas, además de un proceso hiperinflacionario que en 12 meses, acumula 8878,1%. Pero, ¿qué significa exactamente que el PIB se haya contraído? El Producto Interno Bruto no es más que la sumatoria de todos los bienes y servicios de consumo final que se producen en una economía durante un período de tiempo determinado. El Producto se calcula mediante el consumo privado, el gasto público, las inversiones, y las exportaciones netas.

La caída del PIB afecta de manera directa el consumo de las personas, pues al reducirse tanto las inversiones privadas como el gasto real del Gobierno, la renta de todos y cada uno de los venezolanos disminuye en la misma proporción en la que disminuye el PIB. 

Para combatir la depresión económica, el régimen venezolano está obligado a emprender una serie de duras reformas, que incluyen la sinceración del tipo de cambio y su liberación; el desmontaje de todos los controles de precios; el abandono de la monetización del déficit fiscal, es decir, suprimir la impresión de dinero inorgánico; renegociar la deuda externa, e incrementar la producción petrolera, entre otros aspectos de vital importancia para contrarrestar la hiperinflación y la contracción de la economía en términos generales.

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