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El ALBA también sirvió para enriquecer a exguerrilleros en Guatemala (II)

Elizabeth Fuentes | 2 agosto, 2018

Caracas.- La espada que camina por América Latina fue una botija de dólares que quedó en manos de los amigos ideológicos del chavismo, convertidos hoy día en empresarios millonarios gracias al “auxilio financiero”que recibieron por la vía del ALBA.

Y si bien en El Salvador la creación de Alba Petróleos funcionó para favorecer a 14 alcaldes del Frente Farabundo Marti para la Liberación Nacional (FMLN) – quienes registraron una empresa para administrar el 40% de Alba Petróleos mientras Pdvsa era dueña del otro 60% -, las ganancias de semejante negocio fueron tan abrumadoras, que llevó a uno de los alcaldes más favorecidos económicamente por la empresa, el ex jefe guerrillero José Luis Merino (alias Comandante Ramiro), a ampliar sus redes hasta Guatemala donde registró Albaquetzal (AQ), una compañía gemela de Alba Petróleos.

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Tan gemela fueron ambas empresas que uno de los dos socios guatemaltecos fue Jorge Ismael Soto Orantes, también exguerrillero de las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR) de Guatemala, donde se le conoció como el Comandante Pablo.

Albaquetzal fue registrada el 7 de diciembre de 2009, pero ocurre que en el registro aparecía como socio principal otra empresa, Lifi Consulting Group, una compañía basada en Panamá y autorizada para realizar todo tipo de transacciones comerciales: importaciones y exportaciones, especialmente en los sectores agrícola, de hidrocarburos y aviación, incluidos obviamente los negocios con Alba Petróleos de El Salvador. Y tanto la Alba Petroleos de El Salvador como Albaquetzal de Guatemala, utilizaron abogados en Panamá mencionados en los “Panama Papers” por la creación de empresas offshore.


Solo cuando Albaquetzal fue registrada en Guatemala, aparecieron como sus directivos los nombres de Jorge Ismael Soto Orantes y Rony Armando Martínez Iboy, los guatemaltecos también mencionados en los Panamá Papers. Soto Orantes tiene registrada una empresa en Panamá, Inversiones Kapuka s.a, mientras que Martinez Iboy registró Ellerbay Services. De ambas empresas solo se conoce que han sido multadas por el Ministerio de Economía de Panamá por morosidad en el pago de impuestos. Pero difícil encontrar a qué se dedican hoy.

Lo cierto es que Alba Petróleos de El Salvador, la empresa público-privada que recibió miles de millones de dólares de Pdvsa entre los años 2010 y 2015, a través de préstamos blandos pagaderos en 22 años a 1% de interés, no solo contribuyó al deterioro económico de la estatal venezolana sino que enriqueció a sus socios capitalistas, ex guerrilleros hoy dedicados a reproducir las ganancias obtenidas gracias al derroche del gobierno venezolano.

Basta con recordar la lamentable anécdota ocurrida en 2013, cuando José Luis Merino, alias el comandante Ramiro, se enfrentó públicamente a la Asociación Nacional de la Empresa Privada (ANEP) de El Salvador, la cual se quejaba sobre el rápido crecimiento económico de ALBA Petróleos. “Existe cierta preocupación porque ALBA Petróleos se fundó hace siete años con $ 1 millón, y ahora tiene $ 400 millones”, dijo Merino. “Pues déjeme que les corrija, son $ 800 millones”.

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