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La Lupa

El autoritarismo "cool" de Bukele no es nuevo: hay similitudes con Chávez y Maduro

Hoy se habla del inmenso poder que tienen los consultores políticos, “la consultocracia”. Si bien es un tema que tiene muchas aristas y no todas las consultorías son iguales, hay algo que deben tener como norma que son los conflictos de intereses ¿Cuándo hay un conflicto de interés que puede afectar una asesoría? Es el norte de todo consultor político. Aquí lo analizo con base en las asesorías que integrantes del movimiento Voluntad Popular prestan al Gobierno de El Salvador

AFP

Caracas. Bukele dio un paso más en su control de las instituciones en El Salvador. Un “autoritarismo cool” que no es nuevo. Se recuerda que en febrero de 2020, el presidente salvadoreño llegó al parlamento con policías y militares para “pedir” la aprobación de una ley. En sencillo, amenazó con una insurrección a la Asamblea Legislativa de ese país conformada por 84 diputados, si no atendían su petición.

En mayo de 2021, una de las vicepresidentas del parlamento -hoy con mayoría del movimiento de Bukele producto de la elección en febrero de 2021; bancada oficialista que tiene 64 parlamentarios, casi el 75% de los diputados- justificó la destitución de los magistrados y del Fiscal con un tuit en que se vio como “Dracarys”, figura de la serie Juego de Tronos, que destruye a los “enemigos”. El de Bukele es un “autoritarismo GOT” y por eso atrae, junto a que no parece “comunista” a pesar que perteneció al FMLN. Lo anterior, junto a su carácter “cool”, explica por qué en Venezuela es aceptado y pone de relieve una de nuestras tantas contradicciones ¿Hay autoritarismos buenos y malos? ¿Los derechos están condicionados a un quién que me agrade o son universales? ¿La represión de Maduro es mala pero la de Duque es buena? ¿El control del TSJ desde la AN que hizo Chávez es malo pero el de Bukele es bueno? Pero ya el asunto de los derechos es un tema de la teoría y la filosofía política, que escapa a mi conocimiento y a este artículo de opinión.

Este artículo no es para hablar de Bukele. Ya conocemos la fórmula de los autoritarismos, así sean “cool” y se escondan en “GOT”: construir “a los enemigos del pueblo” y comenzar a concentrar el poder bajo promesas de “limpiezas” y “sacar a los malos”. Un futuro perfecto (y “feliz”) es la promesa básica de los autoritarismos. Mi artículo no es para ese análisis, sino para opinar acerca de los conflictos de intereses en política, a propósito que se afirma -y leí un extenso reportaje en el diario salvadoreño El Faro con fecha 5-5-21- que integrantes de Voluntad Popular asesoran al gobierno de Bukele.

Aclaro que no me molesta para nada que venezolanos asesoren a políticos fuera de Venezuela. Hay varios que lo hacen, con éxito, lo que habla bien de su formación y de la escuela política que tuvieron en Venezuela. Que asesoren a figuras cuestionadas o hagan consultoría en situaciones que pueden criticarse, es otro asunto que en mi caso, cae en lo que llamo “conflictos de intereses”. Por esto entiendo una situación en donde el asesor tiene conciencia que su firma o su nombre pueden ser usados para obtener información o para luchas por el poder, que choquen con sus valores profesionales, éticos, y políticos, que lo obligan a decidir si acepta o no, o sigue en una consultoría. Ser consultor político supone tener conciencia del juego de poder. Un sencillo ejemplo. Un asesor está en una posición en la que maneja información sensible. De repente, llueven los clientes ¿Lo buscan por su competencia profesional o porque saben que tiene información sensible que quieren conocer para sus propios intereses? ¿Debe el consultor aceptar? Mi humilde respuesta es no. Y así podemos hacer diversos ejercicios sobre conflictos de intereses.

En Venezuela los conflictos de intereses son un tópico que no interesa mucho porque es una sociedad muy laxa, principalmente sus élites. El problema no son los conflictos de intereses, sino que el conflicto lo tenga “el grupo correcto” de la “República de los amigos” o de la “República de los compadres”. En Venezuela no se evalúa el acto sino quién lo hizo, si es “alguien” y a cuál grupo pertenece. Es parte de nuestra cultura y socialización. Tal vez por eso así como tenemos consultores exitosos, también hay otros señalados de participar en actividades no muy santas. Y no es uno, son varios. Esto porque la cultura venezolana no tiene la noción de límites.

Si figuras de Voluntad Popular asesoran a Bukele, es un asunto que ellos y sus movimientos políticos deberán resolver. No siempre hay un manual para los conflictos de intereses y muchas veces hay que decidir en el momento, cuando la situación se presenta. Al final, decide la persona. Son las transacciones para tener éxito o menos éxito. Tenerlo implica muchas concesiones o tener la virtú de la que habla Maquiavelo, pero se requeriría una “situación Maquiavelo” para exhibirla, que no es el caso de los tiempos actuales, salvo que se asuma que Bukele, por ejemplo, lucha para unir a un Salvador atomizado en “reinos” y “El Príncipe” salvadoreño persigue la unidad del Estado. En una asesoría siempre está la ambición de poder, pero menos la Razón de Estado que es un límite a esa ambición, y aquí se da el juego de tensión entre el asesor y el asesorado. En palabras de Maquiavelo -si se quiere, un “asesor político” del Siglo XVI- “Un príncipe que no es sabio no puede ser bien aconsejado y, por ende, no puede gobernar, a menos que se ponga bajo la tutela de un hombre muy prudente que lo guíe en todo. Y aun en este caso, duraría muy poco en el poder, pues el ministro no tardaría en despojarlo del Estado”. Las asesorías de hoy se acercan más a la fama que a la prudencia. Los asesores son, en sí mismos, actores políticos de facto.

El rol de un asesor es ¿ser famoso con sus conocimientos o con sus conocimientos lograr unos fines políticamente y éticamente que puedan ser defendidos en la esfera pública? Porque los “fines” pueden tener muchas medidas. Lo ideal sería ver el juego del poder y separarse al mismo tiempo. Lo expresó Maquiavelo en su “Discursos sobre la primera década de Tito Livio” al escribir que, “Porque los títulos no hacen ilustres a los hombres, sino que los hombres hacen ilustres a los títulos”.

Que asesoren o no a Bukele es una discusión que los concernidos deberán ponderar. Sí pienso que las personas que asesoran y forman parte de Voluntad Popular, tienen conflictos de intereses. No tanto por las luchas que hay entre los movimientos de la oposición por la hegemonía -parte de la crítica a esta asesoría viene por este motivo- sino de cara frente a la situación que vivimos los venezolanos dentro de Venezuela.

El discurso de la oposición en la que está inserta Voluntad Popular es una perorata muy intensa, muy terminante: “estructura criminal”, “genocidio silencioso”, “tiranía, “dictadura”, “opresión”, pero algunas de sus figuras aparecen asesorando una campaña electoral, relajados, con trajes y corbata, todo “muy normal”, todos muy sonrientes, y eso en mi caso me produce cierto ruido, cierta inconsistencia, la misma que me produce tuiter Venezuela. Los discursos sobre el “genocidio” que terminan en conversaciones cotidianas. O la gente que habla de “dictadura” pero habla como sin conciencia del peso de las palabras en una forma de gobierno autoritaria. Honestamente, si hablara con esa intensidad, pensaría que mi lugar sería en un aparato clandestino, o en un movimiento guerrillero, o algo así. Si no, en una lucha más seria, más formal en el lenguaje y en lo que se dice frente al país. Sería político no analista.

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Entiendo que si estás en el exilio tienes que vivir y producir. Quizás soy de una escuela “old fashion”, pero cuando me hablan de exilio pienso en uno tipo Valmore Rodríguez. También se ganó la vida, pero no en un estrellato como varios exiliados actuales. VP puede considerar algunos criterios de conflictos de intereses. Si soy asesor político de gobiernos extranjeros, evitaría hablar de Venezuela. Y si lo hago, sería con humildad. Si quiero ser asesor, renunciará a esa representación política de Venezuela, para dedicarme a la consultoría. Si no quiero declinar la representación política, renunciaría a ese tipo de asesorías por respeto a los que están en Venezuela. Esas asesorías producen dinero, que no es malo -¡qué viva la facturación! pero pintar a Venezuela como un “killing field” -disculpen que banalice el término, y tampoco creo es la situación de Venezuela- mientras aparezco sonriente de traje y corbata con algún mandatario, no me parece congruente. De nuevo soy de la “vieja escuela”, pero si pensara que mi país es un “killing field” lo correcto sería volver para dar la pelea institucional o ingresar clandestino, como el famoso “volandeo” de Trinidad a Venezuela, que se estiló durante Pérez Jiménez. Si en verdad pienso con esa intensidad. 

Ahora que se habla de un “Me Too” y se llama a identificar los conflictos de intereses en relaciones hombres-mujeres en posiciones de autoridad, es decir, en situaciones en las que hay diferencias de poder, los partidos pueden considerar algunas disposiciones sobre conflictos de intereses para sus militantes mientras se ganan la vida dentro, afuera, o en el exilio. No se trata de pasar trabajo, o de “sufrir”, pero sí para tener más autoridad y empatía frente a un país que muchos de los exiliados describen como un “campo de concentración” pero solo expresan preocupación por quienes “viven del día a día”, preocupación que luce hipócrita si se observa que los que “viven del día a día” salen a ganarse el pan en condiciones muy adversas, distintas a la de varios exiliados que hablan con un tono muy fuerte.

Es probable que aquí, también, sea de la vieja escuela. Quizás las asesorías modernas son así, más de asesores estrellas que llevan la imagen de “su pobre país en tiranía” como carta de presentación y legitimación, y menos para poner sus conocimientos y experiencias en marcha y hacer de la política un lugar menos beligerante y más un orden plural. Tal vez ser asesor político hoy es simplemente dar herramientas sin pensar en que “son los medios los que justifican el fin”, como dijo Camus. Quizás por eso las críticas a la “consultocracia”.

Como escribió la actriz Carlota Sosa para referirse al Instagram, ese tipo de asesorías políticas en las que no hay congruencia entre el discurso y lo que se hace, “are not my cup of tea”.



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