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El cambio viene y viene con todo

Elizabeth Fuentes | 9 julio, 2019

Caracas.-Seleccionado como el “peor presidente del mundo”, según la encuesta planetaria que llevó a cabo recientemente la prestigiosa Consultora Mitofsky, el venezolano Nicolás Maduro aspira a retirarse como el hombre que negoció la salida más decente posible a este desastre de país, a la Venezuela que destruyó gracias a su ignorancia y ambiciones infinitas.

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Ya hasta con fecha de salida inminente – gracias a las elecciones libres que tanto ha defendido Juan Guaidó en cuanta tarima se le atraviese -, lo que se discute ahora en lo que poco que queda del PSUV, es si Nicolás Maduro estará o no en la lista de candidatos posibles, aun cuando su popularidad roza apenas 15% y cualquiera podría predecir una paliza monumental en las urnas si la pareja Maduro-Flores pretendiera continuar, desde su dolce far niente, hundiendo al país y sus alrededores.

Con menos dinero esta vez para derrocharlo en asesores internacionales, el partido de Gobierno debe estar viviendo su propio infierno interior, ese que se desata cuando se mezcla la derrota con los egos, los reclamos con la culpa y el pasticho ideológico que les inoculó Hugo Chávez y los ha llevado a seguir ciegos en esa ruta inútil, sin querer aceptar que llevan 20 años de fracaso en fracaso y en todo ese tiempo no han logrado crear una alternativa a semejante horror. A estas alturas, no les queda más nada que slogans y consignas vacías a los cuales asirse, aunque también les ha quedado una inmensa fortuna a muchos de ellos, dinero sucio que algunos ya no podrán esconder cuando abandonen los privilegios del poder y duermen en paraísos fiscales con la esperanza de que la justicia con mayúsculas no los alcance.

Ya con las apuestas abiertas, se lanzan también los nombres de Héctor Rodríguez y Diosdado Cabello como posibles candidatos del gobierno, dos funcionarios del régimen de Maduro que cargarán con todas las culpas y desaciertos del “Gobierno anterior” (y en verdad la tienen), y tratarán de enamorar a lo que queda de chavismo a punta de otra resurrección de Hugo Chávez, algo que ya hizo Maduro y los resultados fueron catastróficos, por decir lo menos.

No podrán ni Cabello ni Rodríguez negar que son el pasado ni hacerse ahora los simpáticos ante los votantes. Hay demasiada historia sobre sus hombros y con un nuevo Consejo Nacional Electoral y supervisión internacional, se les va a poner muy cuesta arriba repetir los abusos de todas las elecciones anteriores, ubicar sus puntos rojos donde les de la gana y mucho menos obligar a nadie a abultar los resultados comiciales para que su jefe de Miraflores no se moleste. Ni lograrán tampoco que los partidos que apoyan a Guaidó pisen los peines que otros han pisado y decidan, como Henri Falcón en 2018, lanzarse a la contienda sin más resultados que dividir a la oposición para luego darse cuenta, demasiado tarde, que estaban equivocados.

Así que vamos bien. Porque habrá elecciones libres y cese de la usurpación. Y sobre el gobierno de transición, cabría el chiste malo de que resultó ser el Gobierno de Nicolas Maduro, el mismo que ahora carga con el peso de haber sido el peor presidente del mundo.

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