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La Lupa

El CNE a prueba: ¿Naufragio o las "trompadas estatutarias" definirán el reconocimiento Gobierno-Oposición?

El anuncio del rector Enrique Márquez para iniciar un “procedimiento administrativo” al canal 8 porque su programación beneficia al PSUV, será una prueba para ver hasta dónde llega la autonomía del CNE. Caben dos hipótesis: que el gobierno se imponga y regresar a una situación anterior al acuerdo que hizo posible el actual CNE, o que esta diferencia sea tratada en el cuerpo y gobierno y oposición mantengan el acuerdo que hizo posible el CNE. Como la relación EUA-Rusia. En su nivel más bajo. Biden y Putin se dicen “sus cosas” pero se reúnen para resolver problemas y mantener una relación política. Ojalá este sea el modelo que asuma el directorio del CNE

CNE
Cortesía

Caracas. El día 11-5-21 para el portal de la casa, El Cooperante, escribí un análisis sobre el recién designado CNE. Uno de los puntos centrales del artículo fue que más importante que la correlación 3-2, eran las reglas acordadas previamente –las “meta reglas”- para la relación de los rectores en el directorio porque la credibilidad del CNE se construiría en los hechos. El directorio como espacio para el conflicto entre dos grupos que se detestan pero deben convivir. El terreno para construir una relación agonal para sustituir el conflicto existencial a partir de las “trompadas estatutarias” que allí adentro se den los rectores, porque existe el compromiso -y por eso el nuevo CNE- para superar la pugnacidad y construir desde el CNE, una relación política que se traduzca en elecciones menos desiguales. Esa fue la nuez del artículo de mayo.

Esta hipótesis hoy está a prueba con el anuncio del día 8-6-21 del rector Enrique Márquez sobre la solicitud a la Comisión de Participación y Financiamiento del CNE (la famosa “Copafi”) –uno de los tres “órganos subordinados” del CNE, que Márquez preside, y conformada por Pedro Calzadilla, a la sazón Presidente del CNE y Leonel Parica- para iniciar un “procedimiento administrativo” al canal 8 porque su programación “beneficia directamente a un partido político”. Al mismo tiempo, el rector Roberto Picón informó que abrió un correo-e en el que comentó denuncias que recibe sobre la jornada de actualización del REP. Las dos iniciativas servirán para medir la respuesta y relativa autonomía que el CNE como cuerpo pueda tener.

Es difícil precisar si Márquez actuó con intención de provocar una respuesta porque en el anuncio para la investigación al canal 8 puso como ejemplo el programa de Diosdado Cabello, un personaje que es del tipo “quítame esta pajita de encima” y que no acepta desafíos. Es una prueba para Márquez pero también para Cabello. 

Los dos rectores asumieron una ofensiva política para mostrar que hacen su trabajo y comunicar que el gobierno “no es intocable” como ya se ha acostumbrado, o que las leyes electorales no son concesiones que Maduro hace durante una campaña electoral para mostrar “su buen talante”. Es una institucionalidad que funciona lo que se quiere comunicar. Por esto las iniciativas de Márquez y Picón me parecen correctas. No dudo que sus 3 compañeros de directorio tengan la misma inquietud y es deseable verlos salvaguardar la institucionalidad electoral aunque sean rectores cercanos al gobierno, como Márquez y Picón son rectores cercanos a la oposición. Si “el pueblo decide”, que los rectores tengan sus preferencias políticas no debe ser obstáculo para reforzar la institucionalidad que existe en el CNE para, justamente, que el “pueblo decida” en elecciones. 

El anuncio de Márquez movió al gobierno y al público chavista. Ese día, “camaradas” respondieron a Márquez y el chavismo subió una etiqueta en tuiter que se llamó “El Mazo es Chávez”. Más tarde, el ministro de Comunicación, Freddy Ñáñez, respondió a Márquez y perfiló la respuesta del gobierno que se centra en dos puntos: el rector hizo un “gesto mediático” a “título personal”, porque Márquez “habla desde su militancia opositora”.

El gobierno descalificó a Márquez. Dijo el ministro de Comunicaciones que esperan del rector “una actitud más seria y respetuosa” al tiempo que aseguró que VTV está dispuesto a fortalecer “la institucionalidad republicana”.

Nuestra hipótesis sobre el CNE se pondrá a prueba en el sentido si esta diferencia se tratará dentro del directorio o será un punto de ruptura dentro del cuerpo, para regresar a una situación antes del nuevo CNE: los rectores del gobierno imponen la línea del ejecutivo, mientras que los rectores de la oposición lo denuncian, pero no hay comunicación entre ellos. Cada quien por su lado. Juego trancado.

El gobierno persigue construir el comunicado de Márquez como “una muchachada”, para que pierda eficacia política. Pero es la respuesta del gobierno.

Queda ver si en el directorio se trata este tema o, quizás, Márquez buscaba esta reacción para resaltar en lo político como “un rector que enfrenta” luego de unas declaraciones de hace semanas muy criticadas en redes sociales o para plantear un punto en el directorio que son las condiciones desiguales para competir. Es decir, Márquez pudo crear un conflicto con un fin político que puede ser romper un clima de inercia en el directorio que evita discutir temas sustantivos como el uso de medios públicos por parte del PSUV.  

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Si esto es así, supone un razonamiento y cálculo político muy sofisticado por parte de Márquez. No descarto que sea así, pero era de esperar que el gobierno reaccionaría como lo hizo, y el rector debía saberlo.

Márquez hizo una alta apuesta. Si su denuncia se desestima, reforzará en el público opositor que “el gobierno hace lo que le da la gana” con el CNE. Si se discute en el directorio y procede alguna decisión de compromiso, será un pequeño paso para avanzar en un CNE con mayor autoridad y promotor de condiciones más equilibradas para competir.

Luego de Ñáñez, la respuesta estuvo en boca de Mario Silva. Siguió la misma línea de Ñáñez para cuestionar a Márquez: su comunicado fue algo personal que no compromete al CNE.

No obstante, Silva expresó dos cosas importantes que no pueden pasarse por alto. La primera, un punto esbozado en el artículo de mayo sobre la designación del nuevo CNE. Mi pronóstico fue que los rectores de la oposición no tendrían un perfil “de armar líos para ver si se produce el quiebre” porque internalizaron que la pelea es desde adentro pero no jugar a la ruptura.

La estrategia de ruptura se empleó en anteriores directivas del CNE –principalmente entre 2003-2005- sin resultados. La “fractura” no se produjo sino el chavismo se fortaleció porque se quiso llevar el conflicto fuera del cuerpo electoral, para lograr el “quiebre”. Mi análisis de mayo postuló que los rectores Márquez y Picón estaban conscientes de este pasado y que salvo que no tuvieran otra opción, lo evitarían y darían la lucha desde adentro, en desventaja, pero con constancia para lograr elecciones más competitivas. 

Silva -que puede asumirse es una voz del gobierno- señaló que el comunicado de Márquez es una acción tipo “quiebre”.

Diosdado Cabello cerró las respuestas a Márquez. En su programa del día 9-6-21 habló. El tono no fue distinto al empleado por Ñáñez y Silva: descalificar al rector. Desde el punto de vista político, Cabello aseveró lo mismo que Silva: que esta acción que para el gobierno es unilateral, empaña el clima de negociaciones o relaciones gobierno-oposición dentro del CNE porque el cuerpo fue acordado por los factores que hacen vida en la AN y votado por mayoría calificada, que incluyó al PSUV. Cabello dijo que Márquez debe llevar su denuncia al directorio, y descalificó su comunicado como algo “personal”. Expresó un punto curioso: que no había asistido a la sesión de nombramiento -¿o de discusión?- del CNE pero aparece en el video junto a Cilia Flores cuando los rectores del CNE se juramentaron ante la AN el día 4-5-21.

Lo que las respuestas de los altos voceros del gobierno y del PSUV indican es que la acción de Márquez les movió el piso. Calculado o no, es lo que pasó. Pero lo importante es lo que pueda suceder. Si es el escenario de rectores “para la ruptura”, es decir, rectores que van a “alborotar el avispero” en la idea que eso pueda generar una crisis política antes, durante, o luego de una elección para ver si se produce “la fractura”, o los rectores Márquez y Picón tienen otra idea y buscan que el planteamiento de Márquez se trate en el directorio para que el gobierno y la oposición construyan sus relaciones en función de las “trompadas estatutarias” que se den allí. Este sería el escenario que me gustaría.

Pero hay otro. El comunicado de Márquez puede ser el “casus belli” que el gobierno justifique para romper con la idea de un CNE que discuta temas gruesos, y regresar a su política de imponerse. En este escenario, a los dos rectores de la oposición no les quedarán muchas alternativas, sino denunciar en público, como otros rectores lo hicieron en el pasado

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No descarto este escenario, pero todavía mantengo el del artículo de mayo: que los conflictos se tratarán en el directorio como espacio de negociación política para superarlos, y no romper el acuerdo inicial.

En esta hipótesis, el anuncio de Márquez se canalizará por la vía del directorio, en la idea que se busca mantener el acuerdo que llevó al nuevo CNE, y este cuerpo construirá su credibilidad en los conflictos que sus rectores o decisiones planteen. En otras palabras, no hay una relación gobierno-oposición definida, sino que se construye en los hechos. Ninguno de los dos actores quiere romper la relación. Cada uno tiene sus motivos para no romperla. No hay un “Equilibrio Nash”. Lo anterior sería la principal diferencia con respecto a otros CNE.

En resumen, la disyuntiva hoy es si se rompe el acuerdo para el CNE y se vuelve a la situación en la que el gobierno se impone, o la diferencia se trata dentro de su directorio y el CNE se fortalece como espacio para ventilar el conflicto gobierno-oposición.

La acción de Márquez tuvo efectos políticos porque el mundo oficial reaccionó y lo hizo con fuerza. No obstante, pese a descalificarlo, no muestra ganas de “mandar al carajo” el acuerdo de mayo. Esto es un dato importante. El gobierno descalifica a Márquez, pero mantiene la relación en el cuerpo electoral, y habrá que discutir temas que no son aceptables para el gobierno.

Este asume como “natural”, por ejemplo, el uso de recursos públicos para fines del PSUV porque “la oposición no tiene un partido como el PSUV, si lo tienen, les damos un espacio”. Es decir, el canal 8 se asume como algo propio, y el gobierno puede hacer una concesión, “un favorcito”. No es un “favor” lo que se pide o plantea. Es un canal del Estado, no del PSUV. Aquí hay un tema grueso que es hora que el CNE debata. 

En lo personal, como escribí anteriormente, pienso que la actuación de Márquez es la correcta. Los voceros del gobierno están equivocados, pero 20 años en el poder los lleva a pensar que Estado, gobierno, partido, e instituciones públicas son lo mismo. Son una “propiedad” de la que se dispone porque para eso se tiene poder. Si no, serán “pendejos”. Es la visión “Jalisco” del poder que asume que quien tiene el poder hace lo que quiere, y que si lo pierde, el que venga actuará igual. El abuso se legitima con la expectativa que el otro abusará igual. Esta lógica se llevó al canal 8 desde 1999. No es un “favor” lo que pide el comunicado de Márquez sino el cumplimiento de unas leyes que cita en su texto, las que no fueron rebatidas por los voceros oficiales.

Si bien Márquez aborda un tema impostergable -¿no hay límites entre el partido, el gobierno y el Estado o son lo mismo?- en sus zapatos hubiese actuado de otra manera. Tanto Cabello como Silva no tienen un punto jurídico ni ciudadano al criticar la solicitud de Márquez, porque intentan justificar el uso de bienes públicos para su partido “porque la oposición no tiene un partido como el PSUV”. No es una posición que pueda sostenerse. Tampoco es una posición ética por la desigualdad entre el gobierno y la oposición que crea un Estado patrimonial, que es la concepción del PSUV.

Pero Cabello y Silva tienen un punto político que no se puede desestimar ¿Es la acción de Márquez una antesala de otras que buscarán ver si se produce un clima de crisis en el CNE para ver si por fin ocurre el tan buscado por muchos, “quiebre” o la acción de Márquez responde a una lógica de promover un debate dentro del directorio, y para lograrlo tuvo que actuar con un comunicado público, pero para dar la pelea desde adentro, sin buscar “climas de ruptura”? Luchar desde el CNE consciente que está en desventaja, pero ese estilo de “lucha no violenta” legitimará su solicitud ante el público y, aunque no parezca, ante el gobierno. El riesgo de esta estrategia es que no pase nada. Al fin y al cabo, el gobierno puede inventar cualquier cosa en su paranoia como fue el caso de Mario Silva en su programa del día 12-6-21, en el cual vinculó a Márquez y a Picón con las acciones de las bandas de la Cota 905 para “deslegitimar las elecciones que vienen”. Es paranoia pero es lo que el gobierno percibe. Por lo que repetir el guion de los rectores “que solo denuncian para ver si pasa algo” no tendrá resultados. Al menos, intentar otra estrategia tipo “lucha no violenta” y tragar grueso en el directorio, tiene una incertidumbre que la “estrategia del conflicto” no ofrece, porque ya se usó en el pasado. Ya se sabe cómo comienza y cómo termina.

En los zapatos de Márquez, no hubiese hecho el comunicado público, sino llevado el tema directamente al directorio, previo planteamiento a la Copafi. A lo mejor no hubiera pasado nada en el directorio, pero planteo el tema adentro, no en público. No le doy coartadas paranoicas al gobierno. Ni siquiera por los aplausos de tuiter. Haría mi trabajo adentro con los temas gruesos que hay que tocar aunque el chavismo no quiera, pero desde adentro, no con comunicados públicos. Al menos en este momento.

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Lo interesante de la solicitud de Márquez es que es un epifenómeno de una relación pugnaz gobierno-oposición que llega a su momento de la verdad: o se construye un patrón de relaciones belicoso pero los dos grupos se reconocen y no se “juegan sucio”, o se regresa a la situación previa: la lucha existencial y el status quo. Asuntos como el CNE, el tema de las bandas delincuenciales, la solicitud de Márquez, etc. son indicadores que mostrarán los alcances de la relación gobierno-oposición y si ésta soporta una crisis de madurez, como es la situación actual.

Seguramente es mi wishful thinking, pero pienso que el tema Márquez se tratará dentro del CNE, y se avanzará en construir la relación política gobierno-oposición sin percepciones mutuas de “juego sucio”.

El día 10-6-21 se presentó el equipo técnico para la auditoría del sistema de votación. Habló el rector Carlos Quintero, cercano al oficialismo. Respondió al discurso de la institucionalidad del CNE que asumen Márquez y Picón. Quintero señaló que, “Hay un discurso que se ha querido posicionar, que es el discurso de que hay que rescatar la institucionalidad. Y yo digo a eso que no hay que rescatar la institucionalidad; ya existen las instituciones y han demostrado su fortaleza en cada una de las etapas que hemos vivido en los últimos 20 años”

Esta respuesta de Quintero -Picón estuvo en esa presentación- es lo que llamo “trompadas estatutarias”, aquí elegantes porque fue un acto público, pero podrán ser más duras dentro del directorio, que no será público. Asumo por las palabras de Quintero que los rectores cercanos al gobierno y los relacionados con la oposición seguirán construyendo sus relaciones de confianza política en los hechos, sea porque lo acuerden, sea -como es el caso- porque una diferencia los lleva a tratarla y resolverla. Como la relación actual entre los EUA y Rusia: conflictiva, en su “punto más bajo” como afirmó Putin, pero los dos conversan y resuelven tener un nivel de relación política para no regresar a la “Guerra Fría”. En este modelo es que debe inspirarse el directorio del CNE para tratar la solicitud de Enrique Márquez.



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