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La Lupa

El conflicto en Ucrania y la irresponsabilidad de Maduro

Lo que era esperado y había sido informado por Biden, ocurrió. Rusia atacó a Ucrania al considerar que este país es una amenaza a la seguridad nacional de la Federación. La responsabilidad del gobierno de Putin en la agresión no se discute. Tampoco su visión autoritaria e imperial. Pero el desahogo anti-Putin no es útil ahora que la guerra es un hecho. Si bien sigue a la política, que ésta no haya funcionado debe llamar al análisis. Parte de la explicación del conflicto está en que Occidente subestimó las demandas de seguridad de Rusia. Macron y Merkel lo vieron con mayor claridad, pero el clima de la opinión mundial fue dejar que las cosas pasaran. En este ambiente de guerra, el presidente Maduro en unas palabras del día 22-2-22 comprometió de forma irresponsable a Venezuela en ese conflicto, y de manera vergonzosa aduló a Putin. Cómo se echa de menos una política exterior de Estado

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Caracas.- En la madrugada del 24-2-22 Rusia inició una operación militar en partes de Ucrania. Escribo esta nota “en caliente”. Al momento de redactarla -jueves en la noche- el presidente de Ucrania reportó cerca de 140 fallecidos, en menos de 24 horas desde que se inició la guerra.

Lo anunciado por Putin el día 21-2-22 se materializó, aunque no pocos quedaron sorprendidos. A pesar de la alerta de Biden, a quien el tiempo dio la razón, o el pronóstico del presidente de Finlandia, Sauli Niinisto. Pero la guerra también es engaño y Putin lo hizo bien. El meme de “¿a qué hora es la invasión?” de la vocera de la presidencia de Rusia “normalizó” lo que no es normal: la agresión de un Estado a otro. Una guerra que es, pero no parecía. Incluso, me atrevería a decir que sorprendió a la propia Ucrania.

Al momento de escribir esta nota, la impresión que tengo es una operación militar muy precisa y fulminante la que posiblemente anule la respuesta ucraniana. Ataques focalizados en aeropuertos, unidades militares, sistemas de defensa, y el CODAI de Ucrania (sistema de defensa aérea).

La guerra se anticipa, pero siempre sorprende cuando ocurre. Las guerras de hoy serán tuiteadas para públicos los que, desde la distancia, las verán, no así para los ciudadanos de Ucrania y de Rusia que las revivirán en carne propia. Desde 2014 las bajas por este conflicto ascienden a 14.000 vidas. Una guerra siempre es una mala noticia. Principalmente para los soldados y la población civil. Si sucede, lo que muestra es que los mecanismos políticos fallaron. Que Rusia atacara a Ucrania era cuestión de tiempo, pero en el inconsciente estaba la apuesta que no sucediera. El jueves amaneció con el ataque ruso. Aunque estoy lejos del teatro de operaciones, no fue buen día. Un conflicto armado trae preocupación y angustia, aunque se esté en la distancia. Hoy ya no vale “no es nuestra guerra”. Mejor, es decir “no es nuestro teatro de operaciones, pero sí es nuestra de guerra”. De todos los países. Entramos en una dinámica en la que el orden mundial da otra vuelta en su redefinición. Hace varias semanas Carlos Romero escribía acerca de esto y sus artículos probaron tener base.

En la situación de Ucrania entran muchas variables que la explican. Por supuesto, la responsabilidad de la acción militar es de Putin. Como tuiteó Ben Rhodes, una guerra tiene resultados impredecibles, incluso para Putin quien en sus palabras del día 21-2-22, dejó ver una suerte de “guerra limitada”. Pero en el tema de la guerra, lo limitado solo es para los “expertos” y sus cálculos bélicos en su imaginación. Como la famosa computadora de McNamara durante la Guerra de Vietnam, la que pronóstico un “rápido resultado” favorable para los EUA….¡en 1965! O Afganistán, la que también iba a ser una “operación limitada” contra Bin Laden….¡que duró hasta 2021!

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Si bien estamos en la moda de las “proxy wars” y las “guerras híbridas” -aunque como afirmó hace algún tiempo el historiador y militar norteamericano Antulio Echevarría ¿cuál guerra no tiene una parte “híbrida”?- y el enfoque de Clausewitz es visto como fuera de moda incluso por estudiosos del tema como Mary Kaldor, la acción militar rusa confirma que Clausewitz y su famosa “trinidad” -pasión, razón, y oportunidad- no pasan de moda. Las guerras de hoy serán por tuiter, drones, y con la prensa en vivo, pero como escribió el militar prusiano, “la guerra tiene su propia gramática, pero su lógica no es propia”. La agresión rusa contra Ucrania es otro caso que lo confirma.

¿Hasta dónde llegará Rusia con su agresión a Ucrania y cómo quedará el orden internacional luego del conflicto militar? es algo que escapa a este artículo. Serán los estudiosos de las relaciones internacionales los facultados para responder.

Sin dejar de lado mi rechazo a la agresión rusa y la responsabilidad de Putin en la acción militar, una enseñanza para la seguridad mundial del futuro es que no se puede desdeñar de una potencia así esté venida a menos. Y más si tiene fuerza militar. Es la impresión que tengo del comportamiento de Occidente hacia Rusia.

Creo fue Dostoievski quien escribió -palabras más, palabras menos- que Occidente sabe más de la luna que de los rusos. Algo así pasó luego de la caída de la URSS. Un Gorbachov “super star” de Occidente -menos en su país- incluida una cuña de Pizza Hut emitida en 1998 la cual, por cierto, muestra las preocupaciones rusas de las que hoy habla Putin. Lástima que en la vida real no se puedan resolver con una pizza entre Rusia y Ucrania. Un Yeltsin y su familia cortejado por los poderes fácticos que la caída de la URSS hizo posible, principalmente los económicos. La imagen que comunicó la Rusia de los 90’s es la que buena parte del mundo todavía tiene, “un país de mafiosos”. El orden liberal no produjo el resultado esperado en esa nación. Yeltsin renunció y en unas elecciones sobrevenidas en 2000, Putin las ganó. Comenzó la recentralización del poder en manos del Estado ruso y de Putin en particular, luego de advertirle a Jodorkovski de Yukos, “no meterse en política”. Con Putin vino la centralización autoritaria, quitarles poder a grupos fácticos, y la visión de la grandeza, que la dacha del presidente ruso comunica muy bien. Esa imagen es lo que entiende como poder.

Muchos -incluso conocedores del tema- en Occidente subestimaron este proceso o vieron a Rusia como un poder menor y decadente que no haría mayor cosa. La globalización es centrífuga, el nacionalismo es centrípeto. Si no hay colchones para lo centrífugo, ocurrirá una reacción centrípeta. Era cuestión de tiempo para que en Rusia se manifestara un poder centrípeto como reacción al poder centrífugo de Yeltsin y los efectos de la globalización en ese país.

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Eso no se vio o no se tomó en cuenta, a pesar que es una variable que explica el surgimiento de los nuevos autoritarismos en el mundo. De hecho, hoy se escucha como una gran frase, “que la economía de Rusia es la del tamaño de España”, como si fuera poca cosa. A lo mejor es así, pero desde la arista de la seguridad la pregunta sería ¿cuál era el “PIB” de ISIS o el “PIB” de Bin Laden para las guerras que generaron, que duraron tanto, y costaron tanto en vidas? O cuando ocurrió la declaración del viceministro de exteriores la Federación, S. Riabkov, acerca de “ni afirmo ni niego” el posible envío de activos militares rusos a Cuba y a Venezuela, los expertos salieron a decir que era una “fanfarronada” y que Rusia “no tiene la capacidad para algo así”. Antes de Ucrania lo dudaba. Ahora, lo dudo menos.

En esa expresión se resume la subestimación a Rusia, centrada en los “mafiosos”, “las amenazas a Occidente”, “es el momento de definirse de cuál lado estás”, y el “abrazo del oso”, lugares comunes de quienes desdeñan, pero desde la comodidad de tuiter. Como dicen en Finlandia, “un ruso es un ruso incluso si los fríes en mantequilla”, para definir la naturaleza rusa. Hoy el oso se puso en dos patas, y los “definidos” no están en Ucrania -les pasó como relató Anne Applebaum en un recienta artículo, al asistir a una cena, lo que dijo una señora de Ucrania, y el silencio en la mesa- sino claman por la paz o nuevas sanciones. Un poco tarde, como siempre pasa con los buenos intencionados.

De los líderes de Occidente que captaron esta regresión centrípeta fueron Merkel y Macron. Dos excepciones.

La primera, centrada más en las relaciones económicas con la Federación en el Nordstream. El segundo, con una visión más geopolítica y si bien la guerra comenzó, hay que reconocer el coraje político de Macron porque sin subestimar, pero sin tampoco ceder en sus valores, buscó una vía política para evitar lo que hoy es un hecho. El presidente de Francia actuó con mucha responsabilidad política y en los comunicados del Eliseo no hay ese tono de subestimar a Rusia que noto en el lenguaje de otros actores políticos. Macron estaba consciente de lo que a mi modo de ver es lo central de las palabras de Putin el día 21-2-22. El ruso expresó que, “(…)no consideran necesario negociar con Rusia sobre este tema clave para nosotros, persiguen sus propios objetivos, descuidan nuestros intereses” (subrayados míos). Rusia tiene un punto, que no justifica su agresión a un Estado, pero que debió ser abordado cuando se podía y el costo político y de reputación no iba a ser tan alto como será ahora.

Pero Macron no tiene las loas que le hacen Merkel -al francés también lo subestiman- y no posee una estructura política propia, porque es una mezcla de una política de centro que no termina de tener su propio partido político, que es lo decisivo. Ucrania igualmente muestra la relevancia de la seriedad de la política y de tener partidos sólidos. Hasta en la serie danesa Borgen, la política es algo juicioso.

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La fuerza también es fuente de derecho. Con la acción militar de Rusia se creará un nuevo derecho. El problema es cómo Occidente abordará esta situación sin mostrarse débil ante Rusia, que no puede. No quiere emplear las armas salvo una situación justificada. No estoy muy seguro que las sanciones vayan a funcionar; ni si han funcionado las aplicadas a partir de 2014. Mi olfato me lleva a pensar que no van a funcionar mucho. Solo en reservas internacionales Rusia tiene maniobra para circunvalar las sanciones. Se verá si los castigos previstos para el sistema Swift afectarán a Rusia. El día 24-2-22 Biden habló de un paquete de sanciones “devastadoras” para Rusia. En todo caso, la lógica de las sanciones de los EUA hasta ahora me luce inteligente desde el punto de vista político porque no cierra las puertas -ya casi cerradas por la agresión rusa- con la Federación. El tono de Lavrov me deja ver algo similar. Pero son conjeturas que el tiempo validará.

Hace unos días Sergey Radchenko escribía que los rusos son proclives a un “juego” de seguridad muy riesgoso, el “brinkmanship” -un ejemplo cercano a nosotros, la acción de Colombia con la Caldas en agosto de 1987- que llaman la “correlación de fuerzas”. Hablaba de Stalin cuando se reunió con el jefe del “comité de liberación” de Yugoslavia el día 9-1-45. Stalin le dijo algo que, con las diferencias del caso, creo puede aplicarse a Putin y al post Ucrania, “(…)cuando no puedas atacar, debes defenderte, cuando acumules suficiente poder, debes atacar. En su tiempo, Lenin ni siquiera soñó con tal correlación de fuerzas, que hemos logrado de esta manera”.

Con su acción militar, Putin define una nueva “correlación de fuerzas”. Analizarlas ya escapa a este artículo que es para otra cosa, realmente. Occidente deberá pensar en una “deterrence” que no la veo clara, más si Putin percibe que puede lograr sus objetivos estratégicos sin mayores resistencias. Para pensar esa “deterrence” habrá que tener en cuenta lo que George Kennan escribió en su famoso “largo memorándum” casualmente fechado un 22 de febrero, pero de 1946, al analizar al poder soviético. El entonces diplomático de los EUA en la URSS escribió que Rusia “es muy sensible a la lógica de la fuerza. Por esta razón se echa para atrás, y generalmente lo hace cuando encuentra una fuerte resistencia en cualquier punto” ¿Cuál pudiera ser? ¿Esperar para ver los efectos de las sanciones “devastadoras”? ¿Replantear los acuerdos de Minsk? En cualquier caso, Occidente no puede mostrarse menos que Rusia, pero la Federación empleó la fuerza y crea una nueva situación internacional ¿Se deja eso en la inercia, como en Crimea en 2014? ¿Se replantea la “fórmula Steinmeier”? Los “oligarcas” sancionados ¿producirán el “quiebre de la coalición dominante” de Rusia? Son muchas preguntas.

Pero mi texto es para comentar las palabras del presidente Maduro el día 22-2-22, en las que se refirió a la situación en Ucrania.

Desde la época de Chávez sigo las actividades del chavismo. Principalmente por VTV. Me ayuda a comprender al adversario. Más que los expertos celebrados de la oposición que están con la famosa “pelea de ‘Diosdado’ contra Maduro”, con la que han hecho fama y algunos ya viven de eso. La comprensión del chavismo es visual, no escrita. Así como veía al presidente Chávez, veo al presidente Maduro.

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Aunque llegué tarde del trabajo para el racionamiento de agua, escuché a Maduro cuando habló de la situación en Ucrania el día 22.

Honestamente, me pareció vergonzoso como venezolano y muy irresponsable en lo político, porque la guerra era inminente.

Hace un mes escribí para el portal de la casa, El Cooperante, un artículo en el cual critiqué la posición del gobierno luego de las palabras del viceministro de Exteriores de Rusia, S. Riabkov.

Pero lo dicho por Maduro el 22 es otra cosa. Sentí vergüenza y molestia como venezolano. No porque Maduro le guste Putin como líder político -es su elección- sino por la adulación al presidente ruso. No sé cómo decirlo respetuosamente, pero qué buena jalada le echó a Putin. La política en Venezuela se ha convertido en un torneo de aduladores. Una suerte de “jerarquía para jalar”: Maduro le jala a Putin, y los funcionarios a Maduro. La oposición interinato le jaló a Trump -a Pompeo y a Abrams, y guiños a Story- y esperaba que uno le jalara a esa oposición “porque luchan por mí”.

Tan cuestionable fue la posición del gobierno cuando Riabkov declaró en enero, que tuvo que salir Medveded -un alter ego de Putin, pero sin fuerza política- para decir, a propósito del posible envío de infraestructura militar a Cuba y a Venezuela, que los dos países “son soberanos” ¡Ni Maduro, Cabello, o Padrino se atrevieron a decirlo! Los clásicos parejeros venezolanos con el poderoso. Qué vergüenza. Si el gobierno quiere ser pro-Putin, que tenga un poco más de respeto propio.

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En lo político las palabras de Maduro son de una irresponsabilidad tremenda, que no solo comprometen a su gobierno sino, mucho más grave, al país. Lo irónico, es que Maduro tiene un punto en sus palabras, que comparto: no tomar en cuenta las necesidades de seguridad de Rusia en parte explica la guerra en Ucrania. Vale recordar que no hay inocentes o “buenos” en este conflicto.

Pero Maduro olvidó el artículo 152 de la constitución, en cuanto a las relaciones exteriores, el cual señala que “las relaciones internacionales de la República responden a los fines del Estado en función del ejercicio de la soberanía y de los intereses del pueblo; ellas se rigen por los principios de independencia, igualdad entre los Estados, libre determinación y no intervención en sus asuntos internos, solución pacífica de los conflictos internacionales, cooperación, respeto de los derechos humanos y solidaridad entre los pueblos en la lucha por su emancipación y el bienestar de la humanidad. La República mantendrá la más firme y decidida defensa de estos principios y de la práctica democrática en todos los organismos e instituciones internacionales” (subrayados míos).

El presidente no puede afirmar que Rusia “lucha por su emancipación”. No. Agrede a un Estado porque lo considera una amenaza a su seguridad nacional. Si bien Maduro en sus palabras del 22 habló de la “solución pacífica”, lo hizo después de jalarle a Putin y alinearse como si Venezuela fuera parte de ese conflicto. No lo ha hecho China, Irán, ni siquiera Bolsonaro, quien visitó a Rusia hace unos días, pero los bocones del gobierno de Venezuela sí.

Que Maduro lo hizo por razones políticas porque para su gobierno Rusia es el factótum -no Cuba, como señalan los reputados expertos de la oposición- no justifica su irresponsabilidad para comprometer a Venezuela. Si la guerra toma un curso inesperado ¿Maduro aceptará que Rusia envíe activos militares a Venezuela? ¿Asumirá esa responsabilidad? ¿Involucra al país en una guerra? Si me voy a escenarios más extremos ¿enviará soldados nuestros a ese conflicto? ¿Irá él? A los militares rusos les gusta que los jefes vayan adelante. No es el ejército blanco de los inicios de la Revolución Bolchevique, sino el de Stalingrado. En Venezuela, en cambio, nos gusta tirar la piedra y esconder la mano, por más retórica heroica con la que lo quieran ocultar.

Si quiere apoyar a Putin que lo haga como parte del PSUV, no como presidente. No habla por mi, aunque lo reconozco como presidente. En el chavismo sus palabras gustaron o eso me pareció. En su programa del día 23-2-22 Cabello opinó que Maduro dio una “gran clase de geopolítica”. Chavistas que sigo en tuiter se mostraron satisfechos con las palabras de Maduro. Sin embargo, el jefe del Estado comprometió de manera irresponsable al país para darle certezas al chavismo, que las necesita porque tampoco tiene toda la información. Incluso chavistas muy reputados como expertos internacionales, la realidad invalidó sus análisis. El día 22, Vladimir Acosta escribió en Ultimas Noticias, en un artículo titulado “Estados Unidos, Rusia y Ucrania. ¿Balance?” que “lo de la invasión rusa de Ucrania alcanzó niveles de ridículo que avergonzarían a cualquier gobierno que se respete. Pero ese no es el caso de Biden y su combo de cínicos mentirosos, hoy jefes de ese imperio decadente, criminal y enfermo que es EU. Rusia, que sí se cuida y se respeta, se cansó de dar pruebas de que no había ningún proyecto suyo de invadir Ucrania porque, a diferencia de EU, no invade países y porque en el caso de Ucrania sería un verdadero disparate”. Pues sí, señor Acosta, Rusia invade países. De acuerdo a la lógica de Acosta, la Federación no se respeta. Si un celebrado en el chavismo como Acosta comete esa imprudencia analítica, qué quedará para el militante socialista. Maduro quiso llenar el vacío y lo que hizo fue una declaración irresponsable.

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El presidente hizo suyo algo de Stalin cuando le dijo a Molotov, “debes mostrar que eres obstinado” (frente a los aliados). Así está Maduro, pero su obstinación contra los EUA compromete a Venezuela, no solo a su gobierno. Desconozco cómo Putin verá a Maduro. Si lo ve con respeto o como un socio menor. No sé cómo las palabras de Maduro el 22 se ajustan al 152 de la constitución que señala que la política exterior responde a los “fines del Estado”. Esas palabras no responden a los fines del Estado, sí a los del gobierno, pero Maduro habló en nombre del Estado no en un acto del PSUV. Por eso es un irresponsable desde el punto de vista política y merece el rechazo.

Demandar sentido de Estado a un gobierno arrogante como es el chavista, no tiene lógica, pero dado que el presidente es aliado de Rusia, puede usar esa ventaja para tener un papel más constructivo en un momento estelar del mundo. Que pase no como un fiel aliado de Putin, sino como un mandatario que hizo su parte para darle a este conflicto un canal diplomático en el marco de una política exterior propia. La política exterior de AD-Copei seguro estaría en comunicación simultánea con Rusia, EUA, y Ucrania. La política exterior chavista no lo puede hacer. No tiene sentido de Estado y eso la limita.

No obstante, parece que algo de racionalidad entró en el gobierno. Después de su censurable perorata a favor de Putin, el día 24 a las 7pm Maduro tuiteó que, “Venezuela rechaza el agravamiento de la crisis en Ucrania producto del quebrantamiento de los acuerdos de Minsk por parte de la OTAN. Llamamos a la búsqueda de soluciones pacíficas para dirimir las diferencias entre las partes. El diálogo y la no injerencia son garantías de Paz”. El tuit lo acompañó con un comunicado menos pusilánime, en el cual hizo un llamado al diálogo entre los actores en conflicto y a emplear los instrumentos de las Naciones Unidas para abordar la guerra. También, un poco tarde. Este comunicado era para antes del 22, pero la prepotencia del gobierno ahora lo obliga al famoso -y que en Venezuela encanta “a tirios y troyanos”- “damage control” como si la política y los asuntos del Estado son un laboratorio para experimentar.

También, hasta donde seguí por el canal 8 la sesión de la AN del día 24-2-22, no se abordó un punto en agenda, que era un acuerdo a favor del reconocimiento de las “repúblicas populares” de Donetsk y Lugansk. Tamaña irresponsabilidad. Hasta donde seguí, ese punto no se abordó sino la discusión se fue por el tema de la designación de los magistrados del TSJ. Espero no equivocarme.

Si Maduro y sus cercanos -ellos, no otros- no están dispuestos a ir a Ucrania a poner el pellejo por Putin, que se abstengan de involucrar a Venezuela en un conflicto que sí nos afecta -como a todo el mundo- y tener algo de responsabilidad política, sentido de Estado, y contribuir a que Venezuela tenga un perfil propio y no pasar como tristes y parejeros socios menores del presidente de Rusia.

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Nota Bene: tanto Maduro y Cabello hablaron de “Occidente” como si no fueran de “Occidente”. Son de “Occidente” aunque no quieran. Las libertades de “Occidente” les permiten criticarlo sin perder su identidad. En Rusia no se permite manifestar por este tema.



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