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La Lupa

El estancamiento opositor que cansa a los ciudadanos y la asíntota política

Nuevamente la oposición juega con las probabilidades de su propia derrota al no prepararse para un escenario electoral bajo condiciones desfavorables

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El hartazgo sobre los asuntos políticos hoy está en su punto más alto y los ciudadanos
siguen sin entender cómo después de 25 años viendo lo mismo nada ha cambiado. La
sociedad venezolana está cada vez más fragmentada por una clase política que no ha sido capaz de solucionar sus problemas.

Como si todo se tratara de ellos, la dirigencia se ha empeñado en trasladar el conflicto político a todas las esferas de la vida pública a través de discusiones absolutamente inútiles para la gente, como lo es el “tira y encoje” entre candidatos habilitados, inhabilitados, viejos, nuevos, los buenos y los malos; todo esto, mientras la ciudadanía continúa padeciendo las dificultades de una crisis económica y social que nadie es capaz de atender. ¿Está siendo la política útil para las personas en este momento? ¿Qué es la política para la gente? Son algunas preguntas que deberían responderse.

Mientras un sector minoritario del país discute en las redes sociales sobre las
aspiraciones de una candidatura, el resto de la población conversa fuera de las pantallas sobre lo realmente necesario para un ciudadano común y corriente sin importar su tendencia política, nos referimos a su capacidad económica y sus condiciones de vida. Dos asuntos básicos de supervivencia. El tema de las candidaturas y el conflicto entre partidos sigue estando a kilómetros de distancia de la atención de la mayoría de los venezolanos. Es un asunto que no logra movilizar por su complejidad y todos sus elementos técnicos. Hoy las personas no se sienten identificadas emocionalmente con los candidatos ni su entorno ya que esta relación se ha ido fracturando con los desaciertos y desencantos del pasado. En todas las investigaciones recientes hay un porcentaje de personas que no se identifican ni con el chavismo ni con la oposición y esta cifra suele crecer después de una derrota electoral o una promesa incumplida, un manejo errado de las expectativas de la ciudadanía.

La política opositora tiene sus “momentos” y estos se caracterizan por la aparición de un
líder esperanzador, un candidato o un dirigente que encarna los deseos de cambio. Cada uno
con sus rasgos propios, su propuesta, su imagen pública, su estética y lenguaje. Sin embargo,
esta persona al no concretar el esperado “cambio de gobierno” termina siendo el depositario de toda la frustración colectiva de la población. Cuando este proceso llega a su final que en la
mayoría de los casos es luego del proceso electoral, la curva de impopularidad aumenta no
solo hacia el candidato o líder del momento sino hacia toda la oposición.

La gente refuerza la creencia de que el gobierno es más fuerte y la oposición muy débil. Por supuesto, hay sentimientos negativos que invaden el pensamiento de los ciudadanos como lo son el del estancamiento, la incertidumbre económica y la posibilidad de abandonar el país. Todo termina siendo un largo proceso que comienza con una ilusión y termina en desilusión. Una completa asíntota política.

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Por los momentos, en las filas de la oposición, no hay un liderazgo visible capaz de
organizar el caos relacionado a la elección de una candidatura, a desenredar el nudo político
interno en los partidos de la Plataforma Unitaria. Todo el mundo pelea por el control absoluto de la situación, la desconfianza se manifiesta a diario y la incapacidad para construir acuerdos
también. Mientras esto ocurre, el oficialismo hace campaña y avanza en el cronograma
electoral recibiendo a la Delegación de Observadores Internacionales de la Unión Europea.

Por un lado, Nicolás Maduro se sigue perfilando como un candidato que a pesar de las sanciones y grandes problemas económicos y de gestión, pudiera ser reelegido. Por otro lado, la comunidad internacional ha ido asimilando que a pesar de las sanciones Venezuela tendrá
elecciones con reconocimiento internacional incluso por parte de EE. UU.

Nuevamente la oposición juega con las probabilidades de su propia derrota al no
prepararse para un escenario electoral bajo condiciones desfavorables. Siguen dejando las
conversaciones y los acuerdos para última hora. Parece que la improvisación sigue siendo
parte del accionar de un grupo que solo se deja dominar por el uso de consignas y el aire
mediático de las redes sociales.

Un presidente puede ser impopular, pero eso no significa que esté derrotado en lo electoral. A pesar del agua derramada y de los fracasos del pasado, no hay hasta el momento un planteamiento político sensato sobre las bases de una transición por la vía del voto. No solo es votar, es convencer, dialogar y negociar espacios de convivencia que permitan refundar la política sobre las bases de un nuevo orden, un nuevo sistema, un nuevo pacto que incluya a todos los sectores, con los que estamos de acuerdo y los que no.
¿Estamos preparados para eso? Parece que no.



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