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La Lupa

El gobierno logró controlar amenazas internas y externas pero tiene desafíos

Finaliza 2022. Hago el balance político para el gobierno. Es positivo. Un ejemplo. Hace un año, Delcy fue a la asamblea de Fedecámaras. Tanto la VP como el gremio fueron criticados por este necesario acercamiento. Hoy, la VP se reúne con gremios privados y no hay roncha. El gobierno logró la estabilidad política que busca desde 2013. Las amenazas internas y externas las tiene bajo control. Es su logro. Pero la paz trae sus desafíos. La estabilidad alcanzada abrirá para el gobierno un momento para las grandes preguntas. La más relevante, si hay estabilidad ¿Cuál Venezuela impulsar? La de élites de cualquier signo, felices, con un pueblo con una vida gris pero tranquila, o una Venezuela de mayor movilidad social, de diversas tonalidades, pero con más conflictos políticos

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Caracas.- Finaliza 2022 y es la hora del balance político. Comienzo con el del gobierno. El miércoles, será el balance de la oposición. En varios actos, Maduro ha dicho que este año “ha sido uno de los mejores de la revolución”. En su programa de radio dedicado a la salsa del día 24-11-22, el presidente en modo “élites del gobierno y de la oposición”: felices, exitosas, realizadas.

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El programa puso al gran Héctor Lavoe con su extraordinario “Que cante mi gente”……“Lalalalala…..” se escuchó en la radio, “Doña Plancha/plancha con cuatro planchas” y “tú, pa’dónde vas”, en la voz del inmenso cantante de la salsa. Así está el ánimo del gobierno: seguros, exultantes, contentos, sin “planchas porque tienen la plancha”. La pregunta de la canción de Lavoe no va con el chavismo. Sabe “pa’donde va”.

Hablar de “positivo” o “negativo” para un balance del gobierno o de la oposición en la situación política actual del país, no tiene mucho sentido y simplifica realidades complejas. Además, es relativo. El balance del gobierno es positivo, pero que sea positivo plantea retos que abordaré más adelante. Así que un “favorable” no dice mucho.

Mi lógica para analizar la situación política de Venezuela es parecida a la de Raymond Aron. El sociólogo francés fue crítico de la guerra de Argelia y planteó que Francia debía retirarse del país de Africa del Norte. Le preguntaron por qué no hablaba “del horror” en Argelia. Aron dio una respuesta muy lógica (para mi): todo el mundo hablaba de eso y, además, ya Francia estaba envuelta en la guerra y lo que quedaba no era atizar sino resolver.

En el caso venezolano, “ya estamos en esto” y hay que trabajar para producir la alternancia -en el caso de la oposición- o para hacer viable al país, sea el gobierno que sea, chavista o no chavista. Por supuesto, cada quien tendrá su estilo para hacerlo.

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En mi caso, es el “estilo Aron”: resolver, y no quedarme en constatar lo obvio lo que, por supuesto, trae más reconocimiento y los aplausos desde los grandes sillones de la inútil “Venezuela civil”. No puedo estar todo el día “denunciando el horror” para luego irme a ver un partido del mundial o subir la foto de mi pasaporte como un gran logro, al tiempo que denuncio el “campo de concentración” y las “decisiones intencionales” (para el “exterminio”).

El heroísmo en Camus -tampoco en Havel o Primo-Levi- no es esa cosa trágica y cursi de nosotros los venezolanos, de una “resistencia” la que, al citar a Camus, vive de “denunciar lo absurdo de una existencia difícil”, pero “que no puede ser el objetivo sino el punto de partida”. La “resistencia” ha hecho de la denuncia de lo absurdo un modo de vida, no un punto de partida. No puedo estar cada hora “denunciando el horror” en los artículos y luego irme a pasarla bien en “Mi derecho a ser feliz”. Lo siento.

La sociedad también se acostumbró a su propia inercia y comodidad, sea del gobierno o esté en la “resistencia”. No tiene mucho sentido hacer artículos largos y cansar al lector para repetir y evidenciar lo obvio. Toca pensar, analizar, para buscar salidas, soluciones, resolver, y eso pasa por buenos análisis y menos denuncias.

El balance de 2022 para el gobierno es bueno. Hace un año, Delcy fue a la asamblea de Fedecámaras y fue muy criticada. Hoy la VP se reúne de manera frecuente con los gremios privados, y no pasa nada ¡Y solo pasó un año! Hace 365 días, Delcy no pudo entrar en los Países Bajos para ir a la audiencia de la Corte Internacional de Justicia sobre el Esequibo. Este año, fue a la audiencia y también visitó a la Corte Penal Internacional. Un giro de 180° satisfactorio para el gobierno. Como afirmó Maduro, estamos “en una nueva edad geopolítica”.

Lo que caracteriza el balance del ejecutivo para este año es que todas las posibles fuentes de tensión las tiene bajo control, internas y externas. Las internas las puso bajo control en 2020, pero las externas no, sino hasta ahora. Lo alcanzó en 2022 con la firma del acuerdo social en México con la plataforma unitaria el día 26-11-22, y con las conversaciones que tiene con los EUA.

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El reto del gobierno se mantiene igual a su balance en 2021: la gestión. La diferencia ahora es que no tiene amenazas visibles, y se le exigirá conforme a esto.

Aquí hay una decisión política que el ejecutivo deberá ponderar ¿Cuál Venezuela se quiere, ahora que hay estabilidad política?

Los logros del ajuste económico muestran sus limitaciones y que tocan techo. Para 2023 se prevé que el PIB crecerá, pero de manera más modesta que en 2022. La inflación sigue. Para emplear el lenguaje del materialismo histórico que encanta al gobierno, las contradicciones entre las fuerzas productivas y las relaciones de producción que el ajuste económico catalizó, se hacen más evidentes. Por eso la economía se ralentiza. Si es así, supone manejarlas o dar un paso más en el ajuste para replantear esas contradicciones y ponerlas en otro nivel, para que el país siga en su camino de recuperación.

En sencillo, el gobierno debe decidir entre mantener la Venezuela de ahora, con su crecimiento, con su vida relajada, las “rumbitas”, con fallas en los servicios públicos pero que no son un problema político, nuestro “Black Friday”, llevar el día a día, pues; un gobierno que se desentiende de los grandes proyectos para los servicios públicos y su gran noticia es que recuperó un estanque de agua de la época de Soublette para una Caracas que no tiene la población “de cuando Soublette”. En fin, la Venezuela básica en la que se puede vivir pero con un deterioro de los factores estructurales de la calidad de vida. Ser, por ejemplo, un técnico en neveras con un buen ingreso en dólares –esta actividad se cotiza bien- pero vivir con una escasez estructural de agua, un Metro que no repunta a pesar del plan de mantenimiento del gobierno, sin opciones de futuro para los hijos, salvo que sean de los grupos relevantes. Podemos vivir así por mucho tiempo. De hecho, ya lo hacemos. Venezuela es una sociedad muy inelástica, que se adapta rápido a las situaciones, y que construye su propio discurso para justificarse (la ideología del “echabolismo nacional” para dar cuenta de situaciones “de opresión y de falsa conciencia”).

A lo mejor el gobierno considera que esta es la opción porque una “Venezuela liliputiense” políticamente será menos retadora. Una Venezuela con conflictos que se pueden manejar, o sin conflictos. Todos “alegres” pero con el peso de una Venezuela limitada, especialmente para los que no son elites, sean del gobierno o de la oposición, así estén en sus dramas y “exilios internos”.

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Pero hay otra decisión que el gobierno puede tomar. Es ampliar el ajuste con medidas que han sido formuladas por la opinión pública como subir el margen de dolarización y el crédito; o pensar en proyectos de envergadura para los servicios públicos. “Modernizar” para usar la palabra que Xi empleó en su informe al PCCh en el 20 congreso del partido. Esta palabra se repitió a lo largo de las 60 páginas del informe. Apenas unas menciones al “socialismo científico”, y casi todo el informe dedicado a la palabra “modernizar”. En Venezuela es al revés: más “socialismo científico” y menos “modernizar”.

Venezuela puede dar el paso en grande. Un activo del país del que no se habla mucho, es que la sociedad aprovechó el dólar barato durante AD-Copei y durante Chávez, y exportó capitales. En buena medida, la estabilidad política se debe a esto. Gente que ahora trae sus divisas y puede comprarse un buen tanque de agua o pagar cisternas, si no hay agua. Si esto no hubiera ocurrido, el conflicto por los servicios sería mayor. Sencillamente, la sociedad tiene dinero para buscar alternativas tipo paretianas con el asunto de los servicios públicos y casi todo. Esto baja la presión para protestar y define nuestra inercia.

También la cultura del país que no quiere conflictos y la manera cómo el gobierno maneja las tensiones, disminuyen la eventual tirantez política. Mírese cómo el gobierno de China maneja el brote de Covid. Cierres estrictos que aparentemente no hicieron posible que personas salieran de un edificio en llamas, y murieran. Esto catalizó una ola de protestas que movilizan al pueblo de China. En cambio, en Venezuela, pese al temor de cierta oposición con algo que llama “el control social”, la cuarentena de 2020 fue a la venezolana. Es decir, flexible desde el principio. Luego, esto cambió al 7 + 7 en 2021 y terminó con la situación actual: la gente lleva su vida y no hay alguna indicación sobre el uso de máscaras. Todo a la venezolana: quien quiere usarla, la usa; quien no, no la emplea, todos felices y “todos amigos de todos”.

Quizás los promotores de “rupturas sociales” y conceptos para otras realidades, harían bien en conocer al país al que le declaran su entrega irrestricta, y menos a los países de los libros que leen. Saben más de la STASI que de una “cuarentena a la venezolana”. El país tiene recursos que ahora utiliza y eso baja el conflicto o lo encapsula.

Así como muchos empresarios –lo que habla muy bien de ellos- usaron sus divisas para mantener sus negocios y pagar a sus empleados en los momentos duros de la escasez, la hiperinflación, el conflicto político, y la pandemia. Hay que recordar que el sector privado ajustó los salarios cuando la inflación se comió el ingreso en bolívares, cosa que el sector público no hizo. Esa decisión trajo paz laboral que hoy es limitada por la inflación en bolívares y en dólares, aunque los nunca bien ponderados expertos regañaban con “no existe inflación en dólares”. Hoy admiten que la divisa se deprecia cerca de 5% al mes.

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El gobierno puede permitir, entonces, que las fuerzas productivas se expandan si hay esta cantidad de recursos, pero eso significará tensiones políticas en las relaciones de producción. Este es el riesgo para el gobierno.

Volvamos a ejemplo de China. Quienes protestan son de una clase media. En la literatura psicosocial de los movimientos sociales, es en la clase media donde está el conflicto político y la “subversión”. En el “pueblo” no hay subversión, sino necesidades. En la literatura de la ciencia política, “clase media = democracia” (aunque, agrego, también puede ser dictadura, verbigracia, Argentina, Chile, y Uruguay en los 70’s).

Ser una Venezuela con mayores ambiciones, con mayor proyección, será políticamente más desafiante para el gobierno porque será una nación con más confianza en sus capacidades. No buscará derrocar al gobierno –esa etapa parece superada- pero sí para que gobierne ajustado a la constitución o cambiarlo en unas elecciones. En definitiva, una Venezuela más grande, próspera, pero con más conflictos, no existenciales sino agonales. Una “Venezuela no liliputiense” sino una más moderna, con una vigorosa sociedad civil y movimientos sociales con más autonomía frente al Estado.

Pienso que este será el escenario a futuro para el gobierno y también para la sociedad, porque ésta también puede aceptar su “Venezuela liliputiense” de élites muy particulares y una masa con una vida mediana. Si se es de la élite, puede ser rentable o para la autoestima ser parte de una Venezuela exclusiva frente a un resto que podrá vivir pero con techo en su vida. La interpelación, entonces, no será solo para el ejecutivo sino para cada uno de nosotros como ciudadanos ¿Cuál Venezuela quiero de verdad? Una pequeña y estable, pero de “members only” (del gobierno, de la oposición, y de la “Venezuela que resiste”), u otra más ambiciosa, más conflictiva pero más amplia en su membrecía ¿Qué decidirá el gobierno? porque logró la estabilidad política ¿Mirará lo que pasa en China, lo que una clase media producto de un crecimiento económico genera, y lo evitará aquí?

La respuesta a esta interrogante también pasa por la situación interna del chavismo. Me ubico en los análisis que habla de un chavismo cohesionado, no la famosa “pelea entre Diosdado y Nicolás”, “los compañeros de promoción de Diosdado”, o repetir -desde Chávez, uff, tanto tiempo- “el chavismo está fracturado, pero el poder los une” como convicción para creer que, en algún momento, sucederá el esperado “quiebre de la coalición dominante”. Solo es cuestión de esperar y “no cohabitar”. La historia los absolverá, es la apuesta de este sector. Mi pronóstico es que se les va a ir los mejores años de su vida en esa espera.

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En varios artículos para El Cooperante he escrito acerca de las tensiones en lo que llamo “las familias políticas” del chavismo. Fue noticia un tuit de María Gabriela Chávez para rechazar una animación en la que su padre apareció. Si bien no creo que esto sea una señal de la inminencia de la “fractura”, revela dinámicas internas dentro de las “familias políticas” del chavismo y, en relación a este artículo, el tuit de María Gabriela plantea la Venezuela que el chavismo escoge. Veamos.

Lacava hizo un video animado a propósito del mundial, para homenajear a Maradona.

En el video Maradona y Chávez aparecen como ángeles, y Maduro y Lacava como unos súperhéroes. Primero aparece Chávez y los dos últimos hacen una reverencia para reconocer su autoridad. El “padre Chávez”. Este les indica ver al cielo, y Maradona baja como ángel. Chávez autoriza a Maduro a lanzar el balón, y él y Lacava juegan, pero lo lanzan a Chávez que evita el gol. Maradona ve, con cara molesta o contrariada, saca otro balón y mete un gol a Maduro y a Lacava. Estos hacen una reverencia como conformes con el gol, y Chávez y Maradona suben al cielo como ángeles.

Aquí me cuesta interpretar el mensaje de la animación. Si es que Lacava quiere decir que no van a desafiar el legado de Chávez -por eso el gol que no pudieron meter, pero sí Maradona a ellos, y las reverencias al comandante- o sencillamente que Chávez y Maradona les envían un mensaje a los dos: que el juego será rudo y deben evitar que los “malos” les metan un gol a los “buenos”, representados por dos “superhéroes” como “Súper bigote” y “Súper Drácula”, quienes forman una “llave perfecta”.

El video generó una reacción negativa de la hija de Chávez, María Gabriela, quien escribió un tuit que puede tener muchas interpretaciones, pero que tuvo respaldo en redes sociales, seguramente del chavismo de base. Lo copio textualmente, “Simple: La mejor manera de honrar al comandante Chávez, es siguiendo su ejemplo de vida, de humildad y entrega. NUNCA haciendo un grotesco video de unos tontos superhéroes ¡¡Es una falta de respeto a la memoria de mi padre!! ¡¡CHAVEZ VIVE EN EL ALMA DE SU PUEBLO!!”.

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El respaldo en redes sociales puede ser porque le dio voz a la crítica del chavismo de base -no salta talanquera- que ve a un gobierno muy farandulero, como si no hubiera problemas reales que también padecen los chavistas. Queda ver si esto llega a lo ideológico, a una crítica a que Maduro se aleja del modelo chavista original, que es lo que busca el chavismo que no está en el poder.

El tuit de Chávez hija habla de “la humildad”. Quizás critica que ya su papá es una comiquita. Lo rebajaron a eso. Aunque ella lleva una “buena vida” -tipo élites, sean del gobierno o de la oposición: feliz, exitosa, realizada- cuestiona en su tuit la frivolidad en la imagen política (y lo grotesco).

A lo mejor la hija de Chávez está molesta con Maduro y el giro de su gobierno. Por eso habló de “tontos superhéroes”. Pero también está molesta con el chavismo fuera del poder que quiere sacarle provecho al tuit y atacar a Maduro.

Rafael Ramírez escribió un tuit en el cual expresó “su apoyo” a María Gabriela. Pero la hija del comandante le respondió que no quiere ni necesita el apoyo de “un delincuente como usted”. Ramírez borró el tuit. A lo mejor, entonces, no es que María Gabriela Chávez está molesta con el gobierno de Maduro, sino que lo alerta sobre los peligros de la frivolidad, tema que fue objeto de un tuit de un personaje del gobierno, quien tiene un rol como de “intelectual orgánico” y de “tuitero importante”, como le dijo Maduro en la rueda de prensa del día 30-11-22. William Castillo cuestionó a la política como “show permanente”, y que el camino no es el “metaverso, algoritmos, sino el poder popular”. Maduro pareció acordar con esto por lo que le dijo a Castillo el 30. Algo como, “sigue así, no le pares a las críticas”.

A lo mejor lo que María Gabriela quiso decir es, “cuidado Maduro con frivolizar la política y convertirte en un tonto superhéroe, transformar a mi papá en un objeto mediático para todo uso, y olvidar el mensaje de mi padre que es humildad y entrega, pero estoy contigo. Que el chavismo que saltó la talanquera no vea esta crítica como que estoy con ellos o ellos conmigo, no quiero ni necesito su apoyo, ni que utilicen mis opiniones para guindarse en sus proyectos personales que no tienen nada que ver con el legado de Hugo Chávez”. El mensaje puede ser ni “con ideología o metaversos se come o habrá agua”, en un chavismo en donde adular a los jefes ya es una práctica.

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Este episodio de la animación puede ser una señal de los cambios que vive el chavismo a lo interno. Interesante o casualidad, en su mensaje a la fuerza área el día 27-11-22 Maduro habló de las 4 etapas del chavismo. Volvió a hablar de ellas en la rueda de prensa del día 30-11-22.

La primera, entre 1989 y 1998. Se caracterizó por lo que Maduro llamó la “rebelión popular” a partir del 27-F. La segunda entre 1999 hasta la muerte de Chávez en 2013, centrada en la transformación del Estado, los cambios a la constitución y a la estructura política; la “reconstrucción de la patria”, dijo. La tercera entre 2013-2020 enfocada en la resistencia contra los intentos para derrocar al gobierno.

La etapa vigente -la cuarta- Maduro define su comienzo en 2021 y tiene como elementos la transformación, el cambio, “el renacimiento” en una “Venezuela no dependiente del petróleo”. Maduro siempre destaca que “tuvimos el salario mínimo más alto de la región hasta 2015”. A lo mejor la cuarta etapa es volver a esto pero alejada del ingreso petrolero, solo con la productividad del país. Acercar al chavismo a lo que fue, pero con otra “infraestructura”, con sus fuerzas productivas y relaciones de producción. Esto, igualmente, para neutralizar que figuras como “Pepe” Mujica -gran amigo de Chávez- afirmara que Maduro “revolcó al chavismo” -lo acabó- y que es un dictador.

Lo que Maduro quiere decir es que el chavismo se transforma y el petróleo no será el eje de su identidad. El chavismo fue gracias al petróleo y ahora Maduro plantea un chavismo que no sea gracias al petróleo, que es lo que se define. Lleva 4 etapas, no es único o, mejor dicho, el chavismo es único pero no rígido. Ahora está en una etapa de apertura mayormente económica, pero eso trae riesgos del disfrute del poder, de la adulación, de no tener contrapesos ni desafíos, de la burocracia, de la comodidad, de “dormirse en los laureles”. De un chavismo cómodo que vive de un pasado del que hace comiquitas y “tontos superhéroes”.

El chavismo se transforma en algo que todavía no puedo decir qué es, pero el tuit de María Gabriela Chávez alerta sobre que la adulación, el culto a la personalidad vía muñequitos, llegó a su límite. La pregunta es si el chavismo es algo real, un metaverso, o fue revolcado por Maduro como señaló “Pepe” Mujica.

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Este es mi balance para el gobierno en 2022: logró lo que busca desde 2013. La estabilidad política y no tener ninguna amenaza real de ser derrocado. Sin embargo, la paz genera sus propios desafíos. No tengo claro si el ejecutivo quiere una Venezuela amplia o, como es buena parte de nuestra historia, quienes vencen se dedican a mandar, a ser las “nuevas clases”, a vivir sus sueños personales de grandeza –“¡vengo de abajo, miren a dónde llegué, soy alguien, y vean con quién me casé!”- y para el resto del país, “se la calan”. Una Venezuela muy a los Alonso y Leal de “Ifigenia” (1924). Pido disculpas por reducir la novela de Teresa de la Parra, pero lo señalo en el sentido de la fusión de una Venezuela que pasó con una Venezuela que se forma. Las elites antiguas con las nuevas. Es lo que me luce que sucede ahora. Un ejemplo.

“Pasó por debajo de la mesa” -como todo lo importante en Venezuela- que un empresario venezolano fue clave en el acercamiento entre Maduro y Petro. No diré su nombre porque me interesa analizar, no señalar a alguien, para que crean que estoy “bien dateao” y “suban mis acciones políticas” en un país que vive de la comidilla, así sea “en el horror”. No me interesa. Lo que quiero decir es que me parece que entramos en una etapa en donde poderes fácticos tendrán un rol clave en confeccionar una estabilidad política posiblemente con la bendición de los EUA y de la UE, porque “los nativos” no somos capaces de hacerlo por nuestros medios.

Las reuniones de actores políticos en casa de personas de poderes fácticos debe ser importante. A lo mejor desempolvo mis escenarios de 2017: “Maduro en su etapa gomecista”. No sé si Chevron sea la “Standard Oil” de 2022 o una versión de “Las siete hermanas” (para aclarar, no tengo problema con la licencia N° 41. En mi “lógica Aron”, ya el daño estaba hecho. Invocar ahora un “nacionalismo” me parece hipócrita y, como siempre, para huir; igual que si “el tutelaje de la ONU” cuando un gentío hasta no hace mucho, decía “solo no podemos” y pedía “intervenciones humanitarias” para un “tutelaje”. Bueno, ese es el resultado del “solo no podemos”).

No tendría problema en que eso suceda -la de poderes fácticos que coadyuvan a un orden político, es también nuestra historia “a la venezolana”, no a la de la URSS o Cuba de los sobrevalorados analistas del “mainstream” opositor- pero confío en que avancemos a la Venezuela moderna, en la que la “fusión de elites” no le tenga miedo a la diversidad y complejidad de un país que no quiere ser de “los de arriba y los de abajo” pero ahora en dólares.



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