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El infeliz enredo de Maduro con el Petro, los salarios y el respaldo del bolívar soberano

Danny Leguízamo | 14 agosto, 2018

Caracas.- Que Nicolás Maduro ha ordenado el paquetazo económico más grande de la historia de Venezuela con el precio de la gasolina, ya lo sabe todo el mundo. Hasta Rafael Ramírez, el exhombre fuerte del chavismo, se atrevió a decir que ni Carlos Andrés Pérez fue capaz de tomar una decisión tan agresiva como la de elevar el precio de la gasolina a niveles internacionales. Pero más allá del paquetazo, lo icónico -y lo cómico- del discurso presidencial, fue el enredo de Maduro con el petro, los salarios y el respaldo del llamado así “bolívar soberano”, un plan que diseñó él solito, sin ayuda de nadie, algo que de entrada anticipa cuál será el desgraciado final del absurdo planteado.

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Ha dicho el presidente que el 20 de agosto será no laborable, con el fin de comenzar “el proceso de adaptación del nuevo cono monetario, que coexistirá con el antiguo y que servirá para el menudeo de las transacciones diarias”, y que “Venezuela tendrá dos unidades contables: la regular (Bolívar Soberano) y una basada en la petromoneda. Expuso que el Banco Central de Venezuela publicará a diario la relación bolívar- petro”.

Esto último tuviera alguna coherencia si, en verdad, el Petro gozara de respaldo internacional y fuera un verdadero activo de intercambio generalmente aceptado, como el dólar, el euro o el oro. Pero esto no es así. De hecho, cree el presidente que por anclar la moneda nacional a un presunto criptoactivo cuyo respaldo es un activo subyacente (petróleo que se vende en dólares, vaya ironía), el bolívar terminará fortaleciéndose y gozando de la estabilidad que no tiene, abatiendo la hiperinflación y retornando la confianza en el signo monetario.

Es decir, Maduro piensa erróneamente que puede convertir el Petro en un criptoactivo de respaldo como lo fue en su tiempo el patrón oro. Los bolívares que hoy circulan digitalmente en Venezuela deberían estar respaldados con dólares de las reservas internacionales, algo que no ocurre puesto que la liquidez monetaria se ha expandido a niveles siderales, y las reservas internacionales han caído a mínimos históricos, igual que la producción de petróleo.


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Lo que no le han dicho a Maduro -y alguien debe decírselo, ya que él diseñó el plan “solito”- es que ningún tenedor de bonos de la deuda pública aceptaría como forma de pago el Petro; que el Petro es un ejercicio de ficción; que el Petro no será reconocido ni dentro ni fuera de Venezuela, y que cualquier pretensión del Gobierno de llevar a cabo algún ajuste macroeconómico, solamente tendrá sentido si existe confianza hacia las autoridades monetarias y del Ejecutivo, cosa que no pasa ni va a pasar en Venezuela mientras esa criatura horrenda denominada “chavismo” continúe en el poder.

Remató Maduro con esta frase de antología: “Ya en los próximos días explicaremos los detalles, el anclaje del nuevo sistema salarial y sistema de fijación de precios al Petro. ¿Cómo será eso? Ya ustedes lo verán. Poco a poco los iremos explicando”.

Todo al Petro. Salarios anclados al Petro. Bolívar anclado al Petro. Maduro anclado al Petro. ¿Y qué es el Petro? La nada. Hasta ahora es la nada. Un intento frustrado de criptoactivo y, en consecuencia, el salario y el bolívar soberano, ha dicho Maduro sin decirlo, están respaldados en absolutamente nada; ergo, lo que sigue en el libreto es una sola cosa: más hiperinflación, más crisis y más razones para que los jefes de la oposición terminen de ponerse de acuerdo sobre cuál es la hoja de ruta a seguir, más allá de los discursos de tarima y las promesas imposibles de salidas mágicas que, sabemos, no van a suceder puesto que deseos no preñan.

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