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El lado más oscuro del Gobierno de Maduro y su extraña devoción absoluta hacia Sai Baba

El Cooperante | 4 junio, 2019

Caracas.- En 2005, cuando Hugo Chávez era presidente y tenía buena salud, Nicolás Maduro era titular de la Asamblea Nacional y discípulo de Sai Baba, un gurú indio de melena afro y túnica naranja. En diciembre de ese año, Maduro y su esposa Cilia Flores visitaron, en su lugar de meditación ubicado en Puttaparthi, a ese hombre que decía tener facultades divinas.

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Hacia ese lugar viajó el periodista David Placer porque no se conocieron las razones ocultas de ese viaje ni con quién se reunió Maduro, de acuerdo con sus declaraciones a Infobae. “Empecé en esa línea de investigación, pero terminé con dos narrativas en paralelo: una es el viaje de Maduro allí y la otra es el hecho de que los ministros que desarrollaron las políticas de represión y tortura en Venezuela son saibabistas o han visitado a Sai Baba”.

En su nuevo libro El dictador y sus demonios, el periodista reveló los puentes invisibles entre “lo peor del régimen que se puede encontrar en Venezuela y la ilusión y la devoción absoluta”, lo que consideró como una increíble contradicción. En la investigación, Placer reconstruyó por qué el saibabismo ha calado tanto en Venezuela.

Maduro es uno de los millones de devotos que siguen las enseñanzas del que considera su maestro espiritual. En su libro De verde a Maduro, Roger Santodomingo escribió que el retrato de Sai Baba, cuyo nombre real era Sathya Narayana Rayu Ratnakara, acompañó al sucesor de Chávez en todas sus oficinas, hasta la del Palacio de Miraflores.

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En 2011, cuando Sathya murió, la Asamblea Nacional decretó un día de luto en Venezuela. Nada se dijo de las denuncias de abuso sexual y delitos financieros que ensombrecieron la fama del gurú.

En las filas del chavismo se asomaban otros devotos que, según el libro de Placer, terminaron por tejer lo que hoy es “una red de espionaje invisible e inviolable” y que “construyeron las más terroríficas mazmorras y dirigen la aniquilación de opositores y a chavistas disidentes con total impunidad”.

Placer resaltó que la inteligencia de los Estados Unidos no ignora el papel de este grupo y recordó que en el año 1987 contactaron al segundo en el mando en Panamá, Roberto Díaz Herrera, “y comenzó la revuelta”. En su momento, el panameño dijo que lo hizo con la sabiduría del libro de Sai Baba que leía y que le ordenaba adherir a los valores humanos: “Verdad, rectitud, amor, paz y no violencia”.

Agregó el autor de El dictador y sus demonios que ahora Elliot Abrams, representante especial del Departamento de Estado de Estados Unidos para Venezuela, contactó al canciller Jorge Arreaza, quien también es devoto de Sai Baba. “No me parece casualidad que busquen a un saibabista en el entorno de Maduro para negociar”, dijo.

Sin embargo, comentó que la figura más abominable de su relato fue la ministra para Asuntos Penitenciarios, María Iris Varela, quien creó un “sistema horroroso” y el pranato en las cárceles.

“Los pranes son los líderes de las cárceles, que gobiernan las prisiones, construyen piscinas, discotecas y mantienen un negocio millonario del robo de vehículos, secuestro y vicariato. La ministra ha dado poder absoluto a los pranes, que salen de prisión a su antojo y organizan el amedrentamiento y el asesinato de los adversarios del régimen”, indicó.

Varela “no es devota, sino que viajó por curiosidad al ashram junto con el ministro de Educación, Aristóbulo Istúriz”, quien también fue vicepresidente. “La mujer de este hombre es muy devota de Sai Baba. Sucede con ellos igual que con la pareja presidencial: quien es realmente devota es Cilia Flores”.

Se cree que aquella audiencia de 2005 no fue el primero ni el último de los viajes de Maduro al ashram, según dijo a EFE en 2013 el vocero del Centro Sai Baba, A. Anantharaman, quien tenía confianza en que la fe de Maduro influiría “en su manera de hacer política”. Además de Cilia, su brujo, Cirilo Enrique Rodulfo, lo acercó a esa corriente espiritual.

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