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El Ministerio de Educación, como el sueldo de los maestros, se volvió cenizas y humo

Lo peor del incendio que devoró algunas oficinas del Ministerio de Educación es que su desaparición no hará mayor diferencia. Porque las áreas afectadas huelen más a enchufe y burocracia, algo que no se acaba con ninguna candela

Incendio en el Ministerio de Educación, Caracas, Venezuela / Foto portada: Twitter

Caracas.- Como si la realidad  replicara una terrible metáfora, El Ministerio de Educación casi desaparece entre el  fuego y EL humo.  Se volvieron cenizas varias de sus oficinas, como el sueldo de  maestros y  profesores frente a la caja de cualquier automercado. Agarraron candela las oficinas  de Comunicaciones Educativas, Desarrollo Estudiantil, Supervisión y el programa de Alimentación PAE, cuatro áreas que huelen a burocracia y mercantilismo partidista,  de cuya existencia lamentablemente nos enteramos porque se quemaron. 

Lea también: Istúriz descarta víctimas fatales en incendio registrado en el Ministerio de Educación

¿Qué ardió, por ejemplo, en la oficina del Programa de Alimentación Escolar, PAE?  ¿El archivo de cuántos niños  estaban atendiendo  en las respectivas escuelas de todo el país? ¿Se coordinaba desde allí la entrega de desayuno y almuerzo para los pequeños? ¿Monitoreaban las actividades de los huertos escolares que han debido crear para que los pequeños se alimentasen de los productos que ellos mismos sembraron?  ¿O llevan años sus empleados sin hacer absolutamente nada porque ya el ministerio no puede garantizar  los alimentos de los estudiantes de tan cara que está la cosa?

  ¿Y la oficina de Desarrollo Estudiantil qué es,  a qué se dedica? Porque cabe suponer que el desarrollo estudiantil debería ir dirigido a mejorar las condiciones de los jóvenes. Mejorar  sus bibliotecas, establecer becas justas para el tiempo que les toca enfrentar, motivar a los muchachos y muchachas que se destacan en algunas disciplinas – artes, deportes, matemáticas o lenguaje-, mediante premios o patrocinios para su futura carrera universitaria, como ocurre en los países desarrollados. Y, cabe suponer, todos esos logros- del ministerio, de los estudiantes, de los maestros-, se han debido dar a conocer a través de otro de los departamentos que se quemó, el de Comunicaciones Educativas. Porque de lo contrario, ¿en qué consiste su trabajo? ¿En comunicar a los empleados cuándo es la próxima marcha antiimperialista, a cuál acto deberán asistir obligados para aplaudir al funcionario de turno, en qué fecha las van a llevar la caja Clap? A menos que hayan denominado de esa manera  a una simple oficina de Prensa que tampoco debería tener mayor trabajo, precisamente porque en el Ministerio es muy poco lo que se hace y, en consecuencia, lo que se debe comunicar.

Aunque, a decir verdad, molesta que  el Departamento de Supervisión también haya quedado bajo las llamas.  Mortifica imaginar que el área donde seguramente se supervisaba desde el estado físico de algunas escuelas y liceos hasta la ausencia  escolar (que ha crecido exponencialmente según reveló la encuesta ENCOVI), vaya a desaparecer vuelto cenizas, lo que podría rebajar aún más la calidad de la educación venezolana, si es que eso aún es posible. 

Muy  angustiado debe estar  el Ministro  y maestro Aristóbulo Istúriz ante el incendio de varios pisos del edificio que alberga al Ministerio que preside. Probablemente acuse a la guerra económica, como ya lo ha hecho para explicar el pésimo sueldo de profesores y  maestros. O, como ya apuntó algún vocero oficial, asegure que se trata de otro saboteo contra la revolución. Aunque el ministro debería pensar mejor este argumento porque, si a ver vamos, el lamentable estado en que se encuentran las universidades en todo el país, la quema de alguna de sus bibliotecas por parte de seguidores del gobierno y el asalto salvaje de la delincuencia a muchas de las instalaciones, se parece igualito a un saboteo planificado, financiado y dirigido a minimizar  el conocimiento, la cultura, el talento y la independencia de criterio,  los enemigos principales de cualquier socialismo ineficaz, ese donde se quema un Ministerio y  nadie nota la diferencia.





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