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El nuevo Ministro del Trabajo debutó mal, muy mal

Elizabeth Fuentes | 26 junio, 2018

Caracas.- Las enfermeras y los enfermeros se alzan en todo el país. Paralizan hospitales y muestran a los medios sus medias rotas, sus zapatos destruidos. Exigen, obviamente, aumento salarial más la dotación de equipos, insumos y medicinas en todos los hospitales. El clamor central: una quincena (650 mil bolívares), no les alcanza ni para comprar medio kilo de queso, el lamentable ejemplo que puso el Ministro de Trabajo, Eduardo Piñate, para explicar los supuestos “beneficios” del más reciente aumento salarial: “El salario mínimo llegó a 5 millones 196 mil bolívares, con eso la gente se alimenta. Compra lo mínimo. Es cierto, los precios varían, hay gente que con eso puede comprar determinadas cosas, a lo mejor no compra el kilo de queso, pero sí medio kilo”, dijo tan campante.

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El mismo ministro que llegó a afirmar también que Nicolás Maduro aumenta a cada rato el salario mínimo “porque los empresarios aumentan los precios” de los productos, dejando ver que  sus conocimientos en economía elemental parecieran no incluir el término inflación – a más dinero en las calles, mayor velocidad en aumento de los precios-, algo que seguramente no le enseñaron durante sus años de estudio en el pedagógico donde se graduó de profesor en Historia y Ciencias Sociales y militaba en la Liga Socialista. Partido donde no se ocupaban mucho de ilustrar a sus militantes y optaban, en el mejor de los casos, a generar violencia cuando varios encapuchados -hoy en el poder-, se dedicaban jueves a jueves a quemar cauchos y trancar una de las entradas a la UCV, lo que podría considerarse la génesis de las guarimbas. Aunque otros, como se comprobó en el momento de su rescate, optaron por organizar y ejecutar el secuestro al empresario norteamericano William Niehous, exigir pago por su libertad – 3 millones de dólares, según dijo la esposa del norteamericano-, y hacer padecer a la familia del secuestrado durante tres años, hasta que una posible delación dio con su paradero y lo demás es historia.

Volviendo al nuevo ministro – ya veremos cuánto dura en el cargo-, le replicó a una usuaria de Twitter, quien le mandó la foto de una lata de atún con el precio de 5 millones 100 mil bolívares en la etiqueta, que esos precios formaban parte de la guerra económica y que semejante abuso se compensaba a través de las cajas CLAP. Pero ni una palabra sobre cómo se consigue estar en el estricto club de los beneficiarios de los CLAP: solo probados votantes a favor del gobierno, captados en las Juntas Comunales chavistas, algunas de los cuales cobran una comisión extra a los beneficiados por hacerles semejante favor. Y mucho menos mencionó la palabra guiso con las CLAPS, suficientemente documentados en el portal www.Armandoinfo, que lleva meses investigando y publicando cómo un grupito de amigos del gobierno se han hecho millonarios en dólares importando comida a precios exorbitantes a costa del hambre de los venezolanos.

Pero lo más insólito que dijo el Ministro en esa entrevista por Globovisión, fue “el gobierno ha tomado decisiones de protección del salario de los trabajadores, para mantener la capacidad de compra, una línea de defensa. Por eso los incrementos. Si no fuese así, estaríamos muy mal”.


Es decir, el Ministro aún no se ha percatado de que estamos muy mal, malísimo, cada vez peor. Y que no solo las enfermeras se han paralizado exigiendo mejoras. Sino que sus colegas, los profesores de la Universidad del Zulia, comen una vez al día, 40% de ellos ha renunciado por el pésimo salario y que un Profesor Titular, a tiempo completo, gana apenas 10 millones de bolívares Ministro. Es decir, dos kilos de queso, según su particular manera de medir lo que comen los venezolanos. O dos latas de atún, según la usuaria de Twitter que tanto le molestó.  Y esos profesores ni esas enfermeras reciben cajas CLAP, Ministro, esa nueva manera esclavista de mantener los votos amarrados para que ustedes, los ministros y sus familias, coman completo

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