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La Lupa

El Plan de Barranquilla, 90 años después

El 22 de marzo se cumplieron 90 años del Plan de Barranquilla, documento que analizó con el enfoque marxista, la Venezuela de Gómez. El Plan no tiene la estatura de un Programa de Febrero de 1936 o del Pacto de Puntofijo de 1958. Sin embargo, quienes han estudiado el Plan señalan que hay un antes y un después sobre cómo se vio a la Venezuela de 1931 con la aparición de este texto firmado por 12 dirigentes políticos. Hoy la pregunta es ¿Qué sentido tiene el Plan de Barranquilla para comprender la Venezuela de 2021?

Caracas.-El 22 de marzo se cumplieron 90 años del Plan de Barranquilla, documento que analizó con el enfoque marxista, la Venezuela de Gómez. El Plan no tiene la estatura de un Programa de Febrero de 1936 o del Pacto de Puntofijo de 1958. Sin embargo, quienes han estudiado el Plan señalan que hay un antes y un después sobre cómo se vio a la Venezuela de 1931 con la aparición de este texto firmado por 12 dirigentes políticos.

Hoy la pregunta es ¿Qué sentido tiene el Plan de Barranquilla para comprender la Venezuela de 2021?

El 22 de marzo de 1931 fue firmado en la ciudad de Barranquilla, Colombia, el “Plan de Barranquilla”. Entre los firmantes, entre otros, están Rómulo Betancourt, Raúl Leoni, Valmore Rodríguez, Ricardo Montilla, junto a ocho venezolanos para un total de 12 firmantes. El Plan cumplió 90 años.

Aunque el documento fue escrito por Rómulo Betancourt, fue discutido con profundidad entre quienes lo rubricaron. Es un texto de carácter político, cual carta de presentación del movimiento político Alianza Revolucionaria De Izquierda (ARDI).

No diré que el escrito sea uno del calibre del Programa de Febrero (1936) o del Pacto de Puntofijo (1958), dado que es un documento de un movimiento en particular y de uno que no estaba en el poder. Que aspiraba a estar, y lo logró con la posterior fundación de Acción Democrática en 1941. Para decirlo de un modo, no fue un “documento nacional” sino grupal, además disputado en su “carácter revolucionario” por personas como Miguel Otero Silva y Salvador de la Plaza.

Sin embargo, quienes han estudiado el Plan coinciden en que si no fue el primero, fue uno de los primeros que hizo un análisis estructural de la realidad venezolana de entonces -la “venegómez” como la llamó Betancourt- con un “instrumento de análisis científico” en boga para el momento: el marxismo. Historiadores como Naudy Suárez, afirmaron que la calidad del Plan superó a la producida por el PRV o el naciente PCV, tanto en teoría como en conocimiento sobre la realidad venezolana.

El documento se divide en dos partes: el análisis de la realidad de Venezuela –“Organización político-económica semifeudal” y “Penetración capitalista extranjera”- y lo que llamó “Programa”.

La pregunta para un documento casi centenario es ¿qué puede aportar para la Venezuela de hoy? Si se ve así, el Plan lo examino en tres partes: la predicción -porque fue una profecía- el análisis, y el programa. Verlo de este modo permite sacar conclusiones para el presente -y, por qué no, para el futuro- y distinguir qué se mantiene constante y que ha cambiado en nuestro país.

La predicción del Plan que funge como “teoría para el cambio político”, todavía se mantiene como “teoría” en la Venezuela de 2021. Curioso cómo un paradigma que ha fracasado -también naufragó en 1931- persiste en la mente de quienes hacen política y sus intelectuales orgánicos. Pero como psicólogo social, sé lo difícil que es cambiar una creencia o actitud. Mucho más en política cuando lo que está en juego es el poder y reputaciones de individuos y grupos.

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La profecía aseguró la caída de Gómez. Según el Plan, el andino se desplomaría porque lo dice “(…)la más rigurosa lógica histórica” y “(…)el determinismo de la evolución había señalado su caída”. Mientras la “(…)rigurosa dialéctica materialista” hacía su trabajo para promover las “condiciones objetivas” para la salida del dictador, los redactores del Plan constataron algo que puede decirse hoy. Afirmaron, “(…)¿cuál es la actitud de los sectores de vanguardia de la oposición dentro y fuera del país? De expectativa; o de esfuerzo y labor polarizados exclusivamente hacia una salida inmediata: la de derrocar el gomecismo”.

En casi 100 años, no ha cambiado mucho cómo se espera el cambio político en Venezuela. Es dejar que las “condiciones objetivas” hagan su trabajo, y esperar para la toma del poder. Nuestra “teoría” es que el cambio político lo generan tres actores: el pueblo (la “masa”), los militares (los “guapos”), y la vanguardia política y sus intelectuales orgánicos (los “literatos”).

El primero, como describió el Plan, “(…)armados (N.R) de la resolución vehemente de armarse”; y su tarea es la explosión social. Lugo entran los militares, que derrocan al “régimen” de turno. Finalmente, aparece la vanguardia política que asume el poder. El pueblo enciende, los militares tumban, y la vanguardia dirige y conquista. Todo muy leninista. Incluso en 2021. Empero, la “rigurosa” predicción no se cumplió. Como sabemos, Gómez murió en su cama, un 17 de diciembre de 1935.

Luego de casi un siglo, esta lógica se mantiene intacta, para todos los grupos políticos del signo ideológico que sea. La izquierda insurreccional apostó a la explosión social durante AD-Copei. Ocurrió el 27F pero los tomó por sorpresa. El intento de golpe militar sucedió tres años después en 1992, y la vanguardia -con sus “Notables”- que Chávez encabezó, tomó el poder en 1999 pero por elecciones, que es la vía para el cambio político que se contrapone al modelo de las “condiciones objetivas”. El leninismo es la opción de las élites antes y ahora, mientras que el voto es la alternativa del pueblo.

La oposición asumió el mismo modelo con respecto a Maduro. En tiempos recientes -durante 2019-2020, y todavía quizás en 2021- fue apelar a las “condiciones objetivas” y buscar sumar a “los guapos” a la alianza de “literatos”: la hiperinflación, las sanciones, la gasolina, el coronavirus, el diésel, la escasez, la crisis de los servicios públicos, que catalizarán una protesta la que, por arte de magia, traerá a un Wolfgang Larrazábal, quien abrirá las puertas a la vanguardia civil ilustrada que hará la “transición”, la “reconstrucción”, todo en un “gobierno de unidad nacional”. De las “Luces contra el gomecismo” a las “Luces de la democracia” sin solución de continuidad.

Este es el primer aporte del Plan para la Venezuela de hoy: las élites deben revisar su “teoría del cambio político” centrada en, parafraseando al Plan, “(…)al decisivo conflicto entre las masas populares de Venezuela y el gobierno de los Gómez”. Se cambia “los Gómez”, y puede ser cualquier gobierno que se quiera sustituir. Por ejemplo, “los Maduro”.

Este paradigma no funcionó en 1931 ni funciona hoy. Que las elecciones mantengan su anclaje en la población -aunque con menos fuerza que en el pasado- y el surgimiento en los años 30’s de los futuros partidos políticos -los “Príncipes modernos” como los llamó Gramsci- refutan esta teoría del cambio vía conflicto político, pero sorprende que goce de buena salud en la mente de las élites y sus intelectuales orgánicos en la Venezuela de 2021.

En cuanto al análisis de la Venezuela de Gómez que hizo el Plan, los aportes para la Venezuela de hoy son de dos tipos. Del Plan hacia el país, y de Venezuela hacia el Plan. El primero alude a qué cosas del Plan pueden servir para comprender la Venezuela de hoy. La segunda, una especie de viaje en el tiempo: cómo sería el Plan en la Venezuela de 2021.

Lo que echo de menos en la Venezuela actual si leo el Plan, es la falta de análisis estructural sobre por qué el chavismo se sostiene en el tiempo. Eso fue, en su tiempo, el análisis que el Plan hizo de la Venezuela gomecista. Rompió con la lógica de los análisis previos -tipo Pocaterra, por ejemplo- centrados en ver a la Venezuela de Gómez, al decir de Naudy Suárez, como una “barbarocracia”, con su relato para explicar al gomecismo que pudiera ser el mismo hoy para hablar de Maduro. Regreso con Naudy Suárez, “La realidad del país la conformaba Gómez, ‘hombre de la selva’ que, en compañía de ‘sus hermanos de correrías’, invade un buen día la ciudad, haciendo de la ley despojo y contra cuyo régimen se luchaba para sustituirlo por una democracia decente”. Podemos cambiar a Gómez por Chávez o Maduro, y se tiene un relato que calza bien en la Venezuela de 2021.

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Pero el Plan rompió con ese modo de analizar al gomecismo y lo estudió con un lente marxista. Vamos al Plan:

“Estos factores son internos unos y externos otros. Los primeros, pueden referirse al que comprende y explica a todos: la organización político-económica semifeudal de nuestra sociedad. Los segundos, a la penetración capitalista extranjera(…) Hombres de acción y hombres de pensamiento, ‘guapos’ y ‘literatos’ se acordaron en toda época para ahogar el clamor de los bajos fondos sociales(…) La clase mantuana criolla fue a la revolución empujada por sus intereses de clase. Iba a suplantar el dominio metropolitano en la explotación directa de las masas(…) Caudillismo y latifundismo son y han sido en lo interior, los dos términos de nuestra ecuación política y social(…)El balance de un siglo para los de abajo, para la masa, es este: hambre, ignorancia, y vicio. Estos tres soportes han sostenido el edificio de los despotismos(…) Entre el capitalismo extranjero y la casta latifundista-caudillista criolla, ha habido una alianza tácita en toda época(…)Por eso, hemos articulado nuestra plataforma con postulados de acción social y antimperialista”.Extracto del Plan de Barranquilla

Visión, con los cambios propios de los tiempos, que Betancourt mantuvo. Ya como presidente elegido en 1959, Rómulo pronunció un discurso el día 5-3-1960 con motivo del “ejecútese” de la Ley de Reforma Agraria, palabras en las que aparece el Betancourt de los años 30, pero ya curtido como líder político. Dijo el entonces presidente:

“(…)En el molde de una estructura económica semifeudal y esclavista se pretendió vaciar una imposible república democrática. En vez de capitanes generales gobernaron presidentes, imperiosos o benévolos, pero todos actuando de espaldas al clamor colectivo de tierra, de cultura, de posibilidades de vida nueva(…)Se ha dicho con sobrada razón que nuestra Guerra Larga, esa lucha cruenta de cinco años, en apariencia realizada por pugnas doctrinarias entre centralistas y federales, fue en realidad un choque entre los más, desposeídos de tierras, y los muy pocos, adueñados de ellas(…)Ya Lincoln dijo que ‘una nación no podía vivir mitad libre y mitad esclava’. Y es esclavo quien disfrutando de una libertad personal consagrada en la constitución y en las leyes está atado en lo económico y social al potro de tormentos de la pobreza, del aislamiento y la incultura”.Rómulo Betancourt en 1960

Seguramente soy bastante injusto, pero no hallo en los tiempos de hoy una densidad así en el discurso político que se opone al chavismo. No dudo que en la literatura de opinión y académica abunden escritos profundos, pero no se trasladan al mundo político, sino solo como consignas o recetas (la “transición”, por ejemplo). El Plan -y también Betancourt como persona- buscó romper con una antigua costumbre venezolana que no es de hoy, también existió en esa época: hablar y hablar de política. Rómulo decía que para alejarse de la “habladera de política” y diferenciarse de los “habladores”, escribiría. De esa motivación salió su famosa columna “Economía y finanzas” y su obra “Venezuela política y petróleo”.

El discurso opositor todavía sigue en la etapa de la “caracterización del régimen” en la que se “disputa la hegemonía” por cuál “caracterización” de cuál grupo de la oposición domina la explicación del chavismo. Persiste en la etapa de las etiquetas “barbarocráticas”: “régimen”, el “grupo en el poder”, “autoritarismo”, “totalitarismo”, “Estado fallido”, “narcotiranía”, entre otras, pero realmente ¿cuál es la comprensión del chavismo en sus estructuras como hecho de poder, más allá de los lugares comunes “los negocios de los militares en el Arco Minero”, por ejemplo? ¿Cómo explicar su longevidad en el poder en un texto político, no en un “paper” o en un “journal”?

Hace unas semanas, el historiador Elías Pino Iturrieta escribió un artículo en el portal La Gran Aldea en la que analizó las generaciones políticas. El historiador afirmó que no pueden compararse las generaciones políticas. Cada una vivió su momento. No pretendo entrar en un territorio que no es mío, pero pueden compararse en la densidad y profundidad de sus análisis. Es evidente que las nuevas y no tan nuevas generaciones fallamos en eso. Todavía estamos en la etapa de, regreso al Plan, “(…)Presumen espíritus simplistas, viciados de la tradicional indolencia venezolana para ahondar problemas, que ‘asociaciones cívicas’ y otros remedios fáciles de la misma índole bastarían para promover en el país un movimiento de dignificación civil(…) ‘Hombres honrados en el poder y Venezuela está salvada’, es la fórmula en que traducen su atolondrado optimismo quienes solo en Gómez y en su persistencia radican la causa determinante de nuestra inestabilidad nacional”.

Ahora vamos de la Venezuela presente al Plan. Una distopía política ¿Cómo sería el Plan en la Venezuela de hoy, si viajamos en el tiempo a la Venezuela de 1931?

Sería no un Plan de Barranquilla sino un Multi plan de Barranquilla porque las realidades de la Venezuela de 2021 son varias, a diferencia de la realidad dominante en 1931. Para emplear la expresión de Asdrúbal Baptista al caracterizar a la sociedad de esos años, fue una “sociedad misérrima”. Un país mayormente pobre y la pobreza es ir a una sola velocidad a diferencia del subdesarrollo que es ir a varias velocidades, situación que caracteriza a la Venezuela actual. Se pueden tener, al mismo tiempo, zonas exclusivas de alto consumo en Caracas que coexisten, por ejemplo, con la realidad descrita en una nota que publicó la AFP hace unos días sobre familias que viven en el Cementerio General del Sur.

Hoy sería un análisis más complejo o con más variables que no necesariamente cabría en la fórmula para explicar el dominio político de Gómez que hizo el Plan: la suma de los “literatos” + “los guapos” + “el capitalismo extranjero”. Hoy las fuentes para explicar la estructura de poder del chavismo son más complicadas. “Literatos” no tiene muchos o no son los legitimados por la sociedad civil. El “capitalismo extranjero” no es norteamericano. Pero tiene a “los guapos” (las FAN).

En el Plan de 1931 no se habla del petróleo como variable para explicar la dominación de Gómez a pesar que ya en 1929 Venezuela era el segundo productor de petróleo del mundo después de los EUA y el primer exportador mundial. El Plan se refiere mayormente al campo. Solo al final, en la parte del “Programa”, se habla de la “revisión de los contratos y concesiones celebrados por la nación con el capitalismo nacional y extranjero”, pero no menciona al petróleo de forma directa. Ni siquiera su estudio, porque el Plan propone una “Enseñanza técnica industrial y agrícola”.

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Llama la atención que el Plan subestimó la importancia del petróleo para explicar la longevidad de Gómez en el poder. Al menos desde 1912 cuando comenzó la exploración del Zumaque I porque cuando el Plan se redactó en 1931, ya eran casi 20 años de explotación petrolera en el país.

Si se ve a la Venezuela de 2021 con los ojos del Plan, el petróleo no sería relevante. No como producción porque hoy el país produce en los niveles de los años 40. Pero eso no quiere decir que no pueda ser relevante en el futuro. En este sentido, me distancio de quienes afirman que “la era petrolera llegó a su final”. Hoy parece que es así, pero los caminos del futuro como la nariz de Cleopatra de Pascal, son insondables. Lo que sí creo llegó a su fin es el patrón sobre cómo se distribuyó el excedente petrolero desde el Convenio Tinoco de 1934 hasta la muerte de Chávez en 2013, sobre el cual la sociedad se articuló y disfrutó (aunque hoy no se acuerde).

En ese punto me siento cercano a la tesis de Diego B. Urbaneja que somos una sociedad de “rent claimants” y no de “rent seekers”; no somos la “pobre sociedad civil” atrapada en las garras del “Petro Estado” sino como afirma el abogado devenido en prestigioso historiador que, “son esos momentos en los que el país, sabiéndolo o no, toma por un sendero, de los varios que se le ofrecían(…)es cierto que (N.R) el petróleo nos hizo pero también (N.R) fue como nosotros hicimos que nos hiciera”. Optamos por lo que en la calle se llama “rentismo”, con todo lo bueno y lo malo. Así “hicimos que el petróleo nos hiciera”.

Ese modelo se acaba o está en vías de extinguirse con Maduro. Los pocos o mejores ingresos por petróleo que pueda haber en el futuro, se concentrarán en el Estado y las reglas para reclamar y distribuir esa renta, serán a discreción del Estado autoritario. El criterio de la capacidad de conflicto o poder de cada grupo para reclamar y recibir renta como fue en el pasado, se debilita porque el Estado autoritario cuenta con la represión para anular la capacidad de conflicto de grupos sociales, que era lo que definía su tajada de la renta. Ahora será la sociedad civil la proveedora de renta. De “rent claimants” hasta Chávez, a “rent suppliers” a partir de Maduro.

Finalmente del Plan a la Venezuela de hoy, otra semejanza es lo generacional. En un comentario sobre el Plan de Barranquilla, Nikita Harwich, afirmó que quienes participaron en el Plan pertenecieron a una generación que no conoció el período de guerras civiles, una que se distanció de “la modernidad del Siglo XIX(…)de los movimientos liberal-conservador, nacionalistas, liberales amarillos, etc”.

Hoy podría decirse algo similar. Hay una generación que solo conoce al chavismo. Sus referencias del pasado pre-1999 son indirectas y también con distancias. De esta generación no pudiera decir con certeza como Harwich de la generación del 28, que “definirá unos criterios políticos totalmente distintos”. Pienso que la generación de 2021 está en una búsqueda que puede ser propositiva o regresiva, como la reivindicación de la dictadura de Pérez Jiménez que observo en jóvenes.

A 90 años del Plan de Barranquilla nos debemos un análisis político de la Venezuela de 2021 con la misma vocación de profundidad analítica que la exhibida por aquellos 12 jóvenes y algunos no tan jóvenes, en la Venezuela de marzo de 1931.



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