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La Lupa

El PSUV: entre la gestión, reelección y sucesión

Si las 24 entidades electorales se agrupan en las categorías Regiones de Venezuela del INE que son 9, se tendrá un análisis agregado que puede dar pistas sobre cómo se comportó el voto en las regionales de 2021 que puede compararse con las regionales de 2017, al tener como referencia la participación en las primarias abiertas del PSUV de agosto de 2021. El Gran Polo Patriótico (GPP) bajó su fuerza electoral entre 2017 y 2021 en las nueve regiones. Las caídas más importantes son en las regiones Llanos y Centro Occidental, y se fortalece en las regiones Capital y Central. El chavismo es más urbano, menos de los estados, y más capitalino. Es un movimiento para quienes favorecen el status quo, sea a favor o en contra. Esto tiene dos implicaciones para la cúpula del chavismo: la gestión y el tema de la reelección o sucesión de Maduro en 2024

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Caracas- Sigo con el análisis de las regionales del domingo 21. En la opinión opositora fue una sorpresa que el GPP –Gran Polo Patriótico- cayera en estados como Apure, Barinas, o Cojedes. Aunque si se mira con base en los resultados de 2017 no es tan sorpresivo –Galíndez y Superlano avanzaron ese año, si se compara con las regionales de 2012, cuando las diferencias entre el GPP y la oposición llegaron a ser de hasta 27 puntos a favor del GPP- la opinión merece un análisis.

Opté, como en el análisis de la oposición, por uno agregado para tener una primera visión ¿Cómo se portó el voto del GPP en las regionales de 2017 y las de 2021, al tener como referencia las primarias del PSUV del día 8-8-21?

Como se observa en el Cuadro 1, el chavismo bajó su promedio de votos en todas las regiones entre 2017 y 2021. Las caídas más altas ocurrieron en las regiones Llanos y Centro Occidental. La fuerza del voto chavista se concentra mayormente en la región Capital y Central. Los triunfos del GPP por encima de 50% están en estas dos regiones, salvo Delta Amacuro (60,5%) que pertenece a la región Guayana. En las regiones Capital y Central están, por orden de sus victorias, Meléndez Rivas en Caracas (58,94%), Lacava en Carabobo (54,8%), y Carpio en Aragua (51,06%). Las otras victorias chavistas en gobernaciones están por debajo del 50 por ciento. La más alta es en Miranda (48,3%) y la más baja en Barinas (37,05% del primer boletín).

La región central, en 2017, ocupó el puesto 5 de 9 regiones en cuanto al promedio del voto chavista. En 2021, pasó al puesto 2 pero si se observa la participación en las primarias del PSUV, la región Central fue la última en cuanto a la participación ¿Cómo se explica el cambio, al partir que son medidas diferentes?

Puede ser que la base chavista no se movió para votar en la primaria de agosto, pero sí en noviembre, porque no interesó la primaria, porque no se quiso, porque se asumió que el PSUV ganaría en estas regiones, entre otros motivos. O no se movilizó, y los que salieron a votar en noviembre son públicos no chavistas, principalmente por el “Efecto Lacava” ¿Esto puede explicar el estilo de campaña de Lacava, con su “sifrina”? Movilizar a públicos no chavistas, y esto influyó en el cambio de rango de la región Central. Salvo que estos públicos hayan votado PSUV, no parece ser así. Si se asume que el voto del que simpatiza por el chavismo va por algunas de las tarjetas aliadas al PSUV, en 2017 aportaron más a Lacava que en 2021: 18,1% y 16,2% respectivamente. La tarjeta que promovió la “sifrina de Lacava” apenas sacó 6.000 votos y el Movimiento Somos Venezuela obtuvo 4.100 votos, muy poco, pero más que tarjetas de partidos con mayor raigambre como el PPT que logró 3.700 votos. Lacava gusta y agrada pero con la tarjeta PSUV. Los dos se necesitan.  

Las pérdidas más grandes están en la región Llanos y Centro Occidental. En los llanos puede ser por el trabajo de la oposición en esa región -Superlano no es una sorpresa, también en Apure las primarias del PSUV no dieron un ganador y la dirección designó a Eduardo Piñate como “outsider”- por las duras condiciones de vida o por una hipótesis que me ronda desde hace un tiempo y que una lectura rápida de los resultados del 21 la hacen visible.

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Una hipótesis traída por los cabellos pero que puede tener lógica. Una vinculada al
“ajuste a lo Maduro” y su principal componente: la dolarización. De este ajuste se habla como política económica, pero poco de sus efectos políticos y sociales que todavía no estudiamos. La dolarización es un factor que también explica los resultados del domingo. Mi hipótesis es que la dolarización produjo una inercia en la que grupos están bien, sean chavistas o no. Es un movimiento del statu quo. Se ven acomodados. Un ejemplo es la Filven, espacio en donde el chavismo de élite y el chavismo popular se encuentra, todos muy alegres. Los que critican al chavismo también disfrutan de ese status quo. Si está la Filven, está la Floc, la que reúne a la oposición de élite y a la oposición popular, también todos muy sonrientes. Cada grupo en sus espacios y todos bajo el status quo de la dolarización que la “apertura a la Maduro” permite. Si no fuera por los pésimos servicios públicos, el status quo tendría más apoyo del que tiene, incluso en personas insospechadas.     

En otros artículos para El Cooperante escribí que a partir de 2019 el gobierno desconcentró capacidades a los estados para producir alimentos dada la escasez, y con el tiempo, nació o se reforzó una suerte de “burguesía agroalimentaria” en estados de producción agrícola como Portuguesa, Guárico, Apure. Posiblemente esa “burguesía” tenga valores diferentes a los que el chavismo ofrece.

Igualmente, la situación de la región los Llanos puede ser por las diferencias en las primarias del PSUV. De los 6 estados que conforman las dos regiones, en Apure las primarias llevaron a la designación del candidato por el PSUV, mientras que el exgobernador de Portuguesa, Rafael Calles, no pasó la primera etapa de las primarias. En 2017, el GPP ganó con el 65% en Portuguesa. En 2021 con el 46% En 2017, el PSUV aportó cerca de 190 mil votos. En 2021, 125.000 sufragios en el estado de la región Centro Occidental. 

En la región los Llanos pasó un efecto inverso que en la región Central. Durante las primarias del PSUV, la región llanera fue la segunda en participación, pero en las regionales pasó del puesto 3 en el promedio de votos para el GPP en 2017 al lugar 6 en 2021. Es decir, bajó 3 puestos en 4 años. En las primarias, el chavismo se movilizó para votar en la región los Llanos. En las regionales, el promedio de votos del PSUV no es congruente con el rango de participación en las primarias. En cristiano, el chavista participó más en las primarias del PSUV, pero la fuerza de su voto en 2021 fue menos en las regionales y municipales en la región los Llanos. 

Hay dos regiones en las que el PSUV no levanta cabeza desde 2017: la región Andes, Zuliana, e Insular. Son regiones en las que el chavismo puede ganar, pero en el orden de la victoria, son las últimas. En otras palabras, si se gana es con menos votos en comparación con otras regiones. Por supuesto, es importante ganar. Una cosa es lo numérico y otra lo político. Bernal ganó con el 41 por ciento. No se discute con el éxito.

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Finalmente, el chavismo tiene relativa fuerza en las regiones Guayana y Nor Oriental. En la primera, porque Amazonas y Delta Amacuro son estados donde la burocracia de la gobernación y del Estado pesa, junto a la maquinaria chavista. También puede ser por lo que se dice en redes y medios. Está Bolívar, que es el asiento de los “negocios”, ya que en ese estado está el Arco Minero.

El chavismo se hace más urbano, más del centro y de la capital, y menos de las regiones agrícolas ¿Desde cuándo el presidente Maduro no hace una gira nacional, que no sea en espacios “protegidos” tipo “Miércoles productivos”? El chavismo y las elites en general –no necesariamente chavistas- han hecho de las regiones Capital y Central su burbuja. Esta aproximación agregada tiene dos implicaciones importantes para el chavismo.

La primera, la gestión. Si descontamos el trabajo político que la oposición tiene en la región los Llanos, es posible que en los estados llaneros la crisis se sienta más quizás por su carácter agrícola –movilizar su producción- o porque los servicios públicos en esos estados son particularmente malos.

Otro factor es el cansancio con las “familias políticas” del PSUV de los estados, por su incompetencia, por el deseo natural de alternancia que tiene el elector venezolano, o la posible corrupción. Barinas, por ejemplo, el chavismo la convirtió en el estado de la familia Chávez Frías. Es “su” estado. Tal vez los votantes se cansaron de la patrimonialización de la política de la que el chavismo es muy dado. Al final, termina en incompetencia y cansancio de los ciudadanos.

Lo anterior apunta al tema de la gestión, pero no en la escala que el gobierno maneja. En sencillo, la escasez de agua, por ejemplo, ya no es un asunto de “mesas técnicas” de agua sino de inversiones y mantenimientos que solo el Estado nacional puede hacer. El problema aquí es si el PSUV acepta esta idea porque una gerencia de ese calibre requiere de profesionales que no todos irán a decir consignas ni a jalar bolas, cosa que le encanta a los políticos de cualquier signo. El precio de adular es la mediocridad. Las elites pueden pagarlo porque “privatizaron” sus vidas en sus burbujas de la región Capital y Central, pero parece un precio muy alto para los ciudadanos, que no están dispuesto a pagarlo y lo expresaron con sus votos ¿Podrá Maduro hallar profesionales competentes para designarlos en áreas de servicios públicos y evitar tener que acomodar a los perdedores de las “familias políticas” chavistas en esos puestos como “premio de consolación”? Ese es el desafío que Maduro tiene en cuanto a la gestión. No reciclar a funcionarios o pretender que todo se resuelve con una “mesa técnica” de algo.

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No soy muy optimista en este punto. El chavismo cuando pierde acusa el golpe, pero después busca un “sesgo de confirmación” para seguir en lo mismo. La derrota de 2015 la explica por una “campaña de desabastecimiento”, cuando la escasez fue producida por el mismo gobierno. Ni siquiera aceptó el plan económico que le presentó Unasur. Lo que pudo evitar, no lo evitó. Así será su orgullo y radicalismo. También olvida que para la elección de 2015 hasta taxis regaló. La gente no es tonta. Tomó el taxi pero no votó por el GPP. Habrá que ver cómo el chavismo explica los resultados del domingo 21. Si sigue en su mismo esquema de la “guerra multiforme” o realmente asume el descontento de la población sin buscarle tantas vueltas.

La segunda implicación es en el tema de la reelección o sucesión del presidente Maduro. Aunque en su programa del día 24-11-21 Cabello expresó que los resultados obtenidos por el GPP responden a una estrategia, los “carómetros” del domingo 21 sugieren que el PSUV no esperaba el resultado en votos. Los electores lo sorprendieron. Seguro en gobernaciones esperaban ganar, pero no con esos porcentajes. Al chavismo hay que recordarle una expresión de Picón Salas quien en 1946 afirmó que, “el pueblo venezolano siempre sorprende”.

Hay que comentar que antes de las elecciones, Maduro expresó que había confirmado a 7 millones de votantes con el 1 x 10. Si es así, 3 millones no atendieron el llamado. Mi impresión es que el gobierno esperaba una victoria con mayor fuerza en votos y mayor participación, similar a la de 2017. Eso no ocurrió y plantea el debate de la reelección o sucesión de Maduro.

No estoy en el grupo que piensa que Maduro es una pieza intercambiable de la “coalición dominante” y que ésta es la que decidirá su destino. Es al revés: el destino de la “coalición dominante” lo tiene Maduro. Tampoco creo en la famosa “pelea” de Maduro y “Diosdado”. Pienso que los dos se comunican, se llevan bien, y lo más importante, la base chavista los reconoce como sus líderes. Puede estar molesta con ellos, pero no “salta la talanquera”. 

El problema es para Maduro y también para Cabello como jefe del PSUV. Si decide reelegirse –que antes del 21 de noviembre estaba claro- ¿será un candidato competitivo? El 21 de noviembre mostró nuevamente que el chavismo puede derrotarse con sus reglas porque el votante venezolano no solo es maquinaria sino también conciencia. El punto no es si quiere reelegirse sino cómo hacerlo ¿Podrá Maduro reinventarse y reinventar su gobierno? Con los observadores internacionales expresó que “quedan 3 años”. Aunque no dijo para qué, es evidente que es para 2024, fecha de las elecciones presidenciales ¿Podrá hacer en 3 años lo que no ha hecho desde 2013, y no por las sanciones, sino por su manera de ver al mundo? Por supuesto, los resultados pueden llevar al chavismo a algo como una “solución Ortega” para 2024. No me parece sea su primera opción, pero no hay que descartarla.

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Antes de la “solución Ortega” hay otras opciones: reinventarse o explorar con otra figura dentro o fuera del chavismo y Maduro como el “gran factotum” detrás de esta persona.

La estabilidad política en Venezuela se logra con dos variables. Lo que llamo el “Pacto de los dólares”, que es la economía política sobre cómo se distribuye, cuáles grupos reciben renta, y en qué cantidad, orientada por la mejor distribución de la renta que evite conflictos sociales y políticos. La segunda variable, la sucesión ¿Cómo hacer el relevo dentro de un grupo político? Entre las dos, el “Pacto de los dólares” es la más importante.

Pérez Jiménez definió su “Pacto de los dólares” e impuso la sucesión: él, hasta que en 1957 las dos variables entraron en crisis y cayó el 23-1-58. La democracia 1958-1998 definió su “Pacto de los dólares” hasta los 80’s, década en que su mecanismo de sucesión también se agotó y no fue capaz de reformarlo. Fue desalojada del poder en 1998. Chávez definió un “Pacto de los dólares” más estable luego de 2004, que hizo posible el cambio de la estrategia del “quiebre original” de 2001-2005 a la “triangulación”, muy promocionada durante el clímax de Cadivi. También definió de manera exitosa su sucesión cuando supo que no sobreviviría a su cáncer. En 2013, pocos apostaban a que Maduro duraría. Hoy dicen que “no hay que subestimarlo”.

Maduro no definió un “Pacto de los dólares” porque no había dólares y porque no cree en eso. Es a partir de 2018 cuando cede en esa creencia y al “estilo Maduro” –de manera improvisada y desordenada- comienza a definir su “Pacto de los dólares” que tiene su principal motor en la dolarización. Su pacto es diferente al de Chávez. Este daba dólares a la sociedad. El de Maduro, exige a la sociedad que traiga sus dólares. Esta lógica produjo una sociedad que camina sola y que sobrevivió a la crisis, no sin heridas y traumas importantes. Pero transformó al elector venezolano. Las regionales de 2021 pueden ser las elecciones en las que esa transformación muestra sus primeras señales.

Aunque es un pronóstico muy arriesgado, Maduro puede considerar un candidato que no sea él, chavista o independiente chavista, que responda a esos cambios que trajo la crisis política y económica, para lograr la victoria en 2024 y que “el proceso” continúe y quedar como el gran estratega y el poder fáctico.

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Lo anterior es “política ficción”, por supuesto, pero los números de las elecciones demandan del PSUV una reinvención estructural, que va mucho más allá de cuñas azuladas y sesgos de confirmación que si la “guerra multiforme” para seguir haciendo lo mismo ¿Podrá el PSUV hacer un análisis crítico de verdad sobre su desempeño en las regionales de 2021 o todo terminará en que “derrotamos al bloqueo aunque no estamos satisfechos”?....y “¡vamos a convocar une mesa técnica de…!”.



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