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La Lupa

El reformateo de las negociaciones: de cambiar "al" sistema a mejorar "el" sistema

En dos intervenciones, la primera el día 15 y la segunda el 18 de marzo, Jorge Rodríguez explicó el “reformateo” de las negociaciones anunciado por Maduro el día 7-3-22. Si no entendí mal lo explicado por el presidente de la AN, el ejecutivo propone un esquema que es un giro de 180º con respecto a las negociaciones seguidas en Venezuela desde 2002. De negociaciones políticas se pasará a negociaciones sectoriales con grupos de la sociedad. Ya no será discutir un cambio del sistema político si así lo deciden los votos, sino cómo mejorar el sistema político que ya existe. Más que la alternancia, será optimizar lo que ya está. Así interpreto la afirmación del diputado del PSUV cuando habló de “un proyecto de convivencia nacional”. El diseño propuesto tiene un nivel externo con países y uno interno, con dos niveles: lo social y lo político. En esta propuesta, el problema lo tienen los grupos políticos de la oposición, principalmente la plataforma unitaria ¿aceptará ser un actor más en el nuevo esquema, sin garantías que el memo del 18-8-21 firmado en México se mantenga con toda su fuerza?

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Caracas.- Antes de las elecciones regionales de noviembre de 2021, en las entrevistas a medios, una pregunta era sobre México y la posibilidad de ampliar a los integrantes de la mesa. Mi respuesta fue no. La razón de mi negativa era práctica y política. La práctica es que una mesa con muchos actores haría más complicado llegar a acuerdos y se corría el riesgo de ser una negociación solo “de agravios”. Cada grupo iría con su lista para ver qué obtiene del gobierno. Un toma y dame.

La razón política, porque el 13 de agosto de 2021 las dos partes -el gobierno y la plataforma unitaria- firmaron un memo en donde se reconocieron como actores políticos. Son las partes legitimadas para negociar. 

El problema venezolano es que mientras el gobierno y la oposición no definan unas reglas para coexistir dado que no se pueden eliminar, lo demás no fluirá completamente bien. Podremos tener una relativa mejoría económica, pero limitada. El fondo del problema es político y es el siguiente: reglas para convivir y reconocimiento. Eso solo lo pueden discutir el gobierno y la oposición política. Que hay que escuchar a la sociedad, claro. El memo del 13 de agosto lo contempla, pero es una negociación a dos. En este punto soy conservador, y esas fueron mis respuestas a los medios en noviembre de 2021. Por supuesto, en ese entonces, había opiniones que planteaban que los interlocutores en México no tenían la legitimidad para hablar por toda Venezuela.

En sencillo, el problema de fondo venezolano tiene dos caminos. El primero –donde creo que está la mayoría de la oposición- consiste en esperar por el “quiebre en la coalición dominante”, mientras se “construye la presión interna” para que opere “la presión externa”. En el intermedio, se juega a “resistir”, a que no se “convive” con el “régimen” cómodamente desde las “burbujas digitales”, y a llevar buenas vidas potenciadas por la dolarización de Maduro.

El segundo camino –me ubico aquí- es reconocer lo que es evidente desde 2016: ni el gobierno ni la oposición pueden anularse. No se trata de una “equiparación moral” sino de una realidad política. Como no es posible destruirse –al menos hasta marzo de 2022- salvo que los grupos quieran dejar un conflicto sin solución en el tiempo –que es posible y pasa- lo que procede es definir reglas para reconocerse y poner en la población la decisión de cuál gobierno quiere, con un “terreno electoral nivelado” como plantean los EUA.

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Salvo que el gobierno considere que puede prescindir de esas reglas y construir una relación con la sociedad –es lo que creo va a ensayar, y no le arriendo ganancia- y la oposición crea que el “quiebre” es cuestión de tiempo y de “unir a las presiones” –tampoco le auguro éxito, como no lo ha tenido hasta ahora en esa tesis- hay que encarar la realidad de dos fuerzas políticas que no se pueden aplastar. Por eso las negociaciones. Para construir reglas de gobernanza, reconocimiento, y coexistencia, y lograr la alternancia. No para “capitular” o “rendiciones”. Tampoco para un status quo o la “jaula” como irónicamente critican varios a los que les va muy bien en “la jaula”. 

De las regionales de noviembre de 2021 a marzo de 2022 las cosas cambiaron. Mi respuesta a los periodistas no tiene la fuerza de hace 4 meses. Las realidades políticas son las realidades políticas, y es evidente que ampliar las negociaciones hoy tiene más fuerza que el año pasado. Es el hecho. En mi caso, mantengo mi posición de noviembre de 2021 –la negociación es entre el gobierno y la plataforma unitaria- pero este artículo es de análisis, no para hacer un “advocacy” o tirar una de esas arengas sabrosas para los aplausos en redes sociales. No es mi “departamento”.

¿Cómo entrarle a la nueva realidad para las negociaciones, la que es más compleja que la que había en noviembre de 2021?  

El día 15-3-22 Jorge Rodríguez ofreció detalles de la propuesta del gobierno. Mi análisis es que el gobierno, de manera elegante, busca cerrar el capítulo de México para abrir otra negociación con nuevos actores. La razón que dejó ver Rodríguez es que la negociación en México fue la continuación de una para un momento de conflicto, con un sector de la oposición (el G4). El presidente de la AN señaló que la realidad de Venezuela es distinta a agosto de 2021. Que hay paz y estabilidad, lo que plantea otro esquema para negociar, con otros actores (sin excluir al G4). Para el gobierno, son las negociaciones “en la paz” y no “en la guerra” (negociaciones que no concluyeron, por cierto).

Luce que el ejecutivo busca una negociación a dos niveles. Uno social y otro político. El primero es, en un sentido, retomar los encuentros con sectores que la AN inició en enero de 2021. Quizás con un mecanismo más ordenado o sistemático para consultar a la sociedad.

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El nivel político Rodríguez lo planteó como una ronda de consultas con los movimientos de la oposición. Señaló que el primero a consultar será la plataforma unitaria.

Un aspecto interesante -puede no ser así- es que el gobierno no está casado con la Alianza Democrática para que sea su interlocutor preferente como fue en 2019, aunque este sector sea dócil y quiera ganar el apoyo del gobierno para ser el actor legitimado desde el punto de vista político para conversar. Luce que el ejecutivo -quizás por su estrategia del “gran relanzamiento”- quiere llegarles a sectores de Venezuela con los que realmente desea conversar ¿La devolución del Sambil de La Candelaria pudiera ser un ejemplo de “llegarles a sectores de Venezuela” en los que el gobierno tiene interés en aproximarse?

El diseño del ejecutivo busca ampliar las conversaciones a otros sectores y no ve que tenga una exclusividad con la Alianza Democrática como “interlocutor preferido”, aunque ésta lo demanda. Posiblemente no la ve con la estatura moral y política para conversar de tu a tu, y la tiene como una oposición “leal”, que no hará mucho peso, pero no tiene la legitimidad del país, la que está en otros sectores, principalmente sociales.

Entonces no hay exclusividad con la Alianza Democrática. Posiblemente esto explique la carta que Gutiérrez de AD-TSJ le escribió a Maduro –aunque debió escribirla tanto al gobierno y a la plataforma, o en su defecto a Noruega “con copia” a México- en cierto tono perentorio para plantear su modelo de negociaciones, el cual formula que las conversaciones deben ser en Venezuela y no en México.

También Rodríguez señaló otra cosa muy relevante. Que los EUA y los países en general se separen del diálogo venezolano. La conversación sería de manera directa con el gobierno. Es posible que esto haya sido uno de los planteamientos al gobierno de los EUA. Que deje de “coachear” a la oposición, y que la agenda sea con el gobierno de Maduro. Entonces hay dos negociaciones. Una externa y una interna con dos niveles. La externa, con países. La interna, con un nivel social y otro político. 

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Habría que evaluar cómo los EUA toman esta propuesta. Por un lado, en el diseño que señala Rodríguez, se acerca al “diálogo entre venezolanos” que plantea EUA, pero hay que ver si en el costo-beneficio y lógica del poder tiene sentido porque, si se da, el memorándum firmado en México el 13-8-22 entre el gobierno y la plataforma unitaria, perderá su vigencia. A lo mejor en el nuevo formato podrán estar los temas, pero ese memorándum en particular no tendrá peso político. Hay que considerar si esto conviene a la oposición. Pienso que no.

El anuncio del gobierno me sorprendió porque, básicamente, consiste en cerrar el ciclo de México y, en general, el ciclo de negociaciones con la oposición desde 2002, caracterizado por ser negociaciones políticas. La lógica de la propuesta del gobierno es un diálogo directo con la sociedad. El ejecutivo como que se dio cuenta que puede prescindir o darle menos peso al diálogo político. Tal vez sea por lo que Jorge Rodríguez afirmó es “el ambiente de paz” que vive Venezuela. En sus últimas intervenciones, Maduro también destaca lo mismo. Si se concreta, será un diálogo cuantitativa y cualitativamente distinto. Posiblemente esbozar algo como un “contrato social” con los interlocutores que para el gobierno tienen capacidades y que están en la sociedad, y menos con los políticos los que no tienen peso ni eficacia.

Si, por ejemplo, el Sambil abre su mall en La Candelaria y decide construir otros en el país, habrá un efecto concreto de mejoría en la sociedad. Es lo que dejaron ver los mensajes del público en la entrevista que Vladimir Villegas hizo a un directivo de Sambil, Alfredo Cohén, el día 21-3-22. En cambio, si el G4 decide abstenerse en alguna elección, tendrá su efecto, pero no mucho, como pasó en las parlamentarias de 2020. El público parece desear más la activación económica que la activación política. Esto lleva a un tema para la oposición, del que he escrito para El Cooperante en varios artículos. La oposición no es relevante y no es interesante, y la sociedad se autonomizó de la política. Su estrategia “del quiebre” la dejó sin nada. Posiblemente las personas noten más la ausencia del Sambil que la de un partido político. Si esto es por el “clima autoritario” es otra discusión, pero el hecho es que no hay interlocutores políticos con peso propio y que sean interesantes en sus ideas. Parece que el ejecutivo notó esto y de aquí su diseño de negociaciones ¿Por qué no hablar directamente con la sociedad si “hay paz”?

En lo político, el gobierno adelanta una arriesgada maniobra: separar a Guaidó de la plataforma unitaria. Jorge Rodríguez afirmó que no se van a reunir con Guaidó, pero sí con la plataforma.

Esto plantea una interrogante. El diseño del gobierno para las negociaciones ¿fue hablado con los EUA? Lo pregunto porque la delegación norteamericana se reunió con Blyde quien encabeza la delegación de la plataforma, pero no con Guaidó ¿Hay acuerdos Venezuela-EUA que todavía no sabemos cuáles son?

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El modelo presentado por Rodríguez no es tanto de negociaciones para conversar acerca de un orden político a construir o cambiarlo, sino un acuerdo sobre un orden político que ya existe. Se lee parecido, pero son cosas distintas. Rodríguez habló el día 18 de lograr un “proyecto de convivencia nacional”, no empleó la palabra negociaciones. Una cosa es hablar sobre algo a futuro que hay que construir, y otra hablar sobre lo que ya existe y es presente. México es lo primero. La propuesta de Rodríguez lo segundo. 

Si bien el presidente de la AN no desechó el memo del 13-8-21 entre el gobierno y la plataforma firmado en México –la AN que preside lo hizo vinculante con un acuerdo casi inmediato a la firma, que fue publicado en gaceta oficial el día 17-8-21- aunque puede ser una manera elegante de Rodríguez para desconocerlo, luce que el formato propuesto por el gobierno será uno de negociaciones más instrumentales y sectoriales que políticas. Es decir, se ampliará la representación –todavía no está claro el diseño- para que entren diversidad de grupos que seguramente asistirán con su “lista de mercado” y el gobierno complacerá ahora que dispone de más recursos, quizás en una lógica de la “renta y el reclamo” de la que habla Diego B. Urbaneja u otra. No será tanto el tema de las elecciones libres, por ejemplo, sino qué plantea o qué quiere cada grupo sectorial y eso es lo que define la “convivencia nacional”. No será tanto el diseño institucional para el país, sino cómo cada grupo quiere ser representado o escuchado dentro del sistema político chavista. 

Lo que está claro es que es un diseño desde el gobierno, no una construcción entre las partes o si es, será muy pequeña. Igualmente, no está claro el rol de México ni tampoco el de Noruega. Este país comunicó que está listo para México, pero sin mayores detalles. La idea del gobierno es una negociación con la menor presencia externa posible. Rodríguez reiteró que las negociaciones no pueden tener un “tutelaje” de afuera. Si la oposición va, será por su cuenta.

Habrá que ver qué acuerdan o no acuerdan si se da el encuentro entre el gobierno y la plataforma unitaria que informó Rodríguez el día 15, pero en sus palabras lo que comunicó es que la plataforma será otro integrante de las negociaciones, pero no el interlocutor reconocido en agosto de 2021. Cómo manejar este desconocimiento no lo tiene claro el gobierno -o si lo tiene, todavía no lo veo- porque fue el propio ejecutivo el que le dio carácter de acuerdo nacional al memo del 13 de agosto. Es decir, creó una situación vinculante que hoy es una camisa de fuerza cuando quiere cambiar el formato de las conversaciones.

Si la propuesta del ejecutivo se concreta, será un cambio de 180º en la concepción de las negociaciones de políticas a sectoriales. El problema no será la alternancia en el poder sino, por ejemplo, cómo las universidades públicas se relacionarán con el Estado, si se avanza en la devolución de activos expropiados, o cómo aumentar las pensiones, pero el centro no será conversar acerca de la naturaleza del sistema político chavista sino cómo mejorarlo y qué puede obtener cada sector dentro de sus reglas.

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Si esta propuesta se concreta, y asisten sectores de la sociedad, no lo veo mal. La sociedad civil es el mundo de la vida, no del poder, que es la sociedad política. Por eso pienso deben asistir si son convocados. Si fuera empresario, por ejemplo, no me hubiese puesto a conspirar o a hacer política, pero tampoco a jalarle bolas a Chávez como fue en el pasado o prestarme para un proselitismo en actos de Maduro. Me doy mi puesto y mi legitimidad la busco en la sociedad, no en tuiter ni en sus famosos e influencers. Sino en el mundo real. 

Durante el chorro de dólares cuando Chávez me hubiese quedado al margen y todo el mundo me hubiese visto como “un pendejo” o un “guevón”. Pero en la escasez de Maduro haberse dado su puesto cuando Chávez, vale, más que ser “avispao” o hablar fuerte. El gobierno me pudiera aplastar si le da la gana, pero al menos, sería una referencia moral. A los autoritarismos no les gusta eso. En cambio, los avispaos habladores de pendejadas siempre serán unos avispaos habladores de pendejadas, que en Venezuela abundan y, de paso, son inofensivos para al sistema a pesar de su octanaje verbal. En mi ficción de empresario, me di mi puesto con Chávez y si ahora me invitan del gobierno de Maduro a su “reformateo”, iría, pero con distancia y seriedad. No sé si esta postura tan teórica y semi-estoica que comunico sea posible en la realidad de una lucha cruda por el poder, y si no te metes, no entras en el juego. Pero es lo que hubiera hecho, no solo con Maduro, sino desde AD-Copei y con Chávez. En eso soy conservador. Quien quiera hacer política, que deje su empresa. Venezuela no es los EUA. La sociedad civil debe ser factor de contención, no actor político, que le encanta aunque diga que no. 

Lo que quiero decir es que en este diseño que propone el gobierno, el problema lo tienen los políticos, principalmente, la plataforma unitaria, no la sociedad civil ¿Aceptará ser un invitado más y no el interlocutor preferente de agosto de 2021? Este es su problema. Olvidémonos si tendrá que sentarse con “alacranes” y todo ese lenguaje que encanta a la oposición interinato, sino si la plataforma aceptará ser un actor más como otros que estarán allí.

Es difícil dar consejos si uno no está en el terreno. Es válido para la guerra y la política. Ser general de tuiter produce muchos “likes” pero a mi me genera disonancia. Si estuviera en los zapatos de la plataforma –sin conocer si se dio la reunión de la que habló Rodríguez, y si ocurrió, de qué hablaron- antes de abordar si asiste o no a este nuevo formato si se concreta, buscaría que los contenidos del memo del 18 de agosto se mantengan en la nueva etapa, sea cual sea. Cómo hacer que esos contenidos no mueran para comenzar otra vez en lo que puede ser correr la arruga. Que el memo del 18-8-21 sea un hito, una institución en sí misma. Ir o no ir es otra discusión que deberá dar la plataforma. Tengo mi opinión, pero no es objeto de este artículo.

¿Qué dirán los EUA? Nuevamente lo pregunto ¿Se dio cuenta que la oposición no puede hacer nada realmente importante, y dada la crisis con Rusia, los EUA aceptan un “second best” que es una negociación entre el gobierno y la sociedad, que modere en algo al primero, porque la protección de Occidente frente a Rusia es un bien mayor? A lo mejor EUA convino en, “está bien, hablen con la sociedad, y lleguen a acuerdos” y el gobierno ofreció, “no seremos una amenaza al American Way of Life” o al “Western Lifestyle”. Y aparece la palabra mágica, “deal”. 

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Son muchas preguntas que el tiempo despejará. A los efectos de buscar una continuidad entre México y lo que parece ser una nueva etapa en las negociaciones, el problema político a resolver será cómo sumar otras voces a la negociación y, al mismo tiempo, mantener el compromiso del 13 de agosto. Aquí estará lo sustantivo para la discusión entre el gobierno y los actores políticos de la oposición.  



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