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“El tema no es votar, ni es Falcón. Es organización partisana y ciudadana”

Orlando Viera-Blanco | 11 abril, 2018

Caracas, 11 de abril.- Muchos piensan que en Venezuela naufragó una transición en ciernes a partir de las protestas 2017. La duda se potencia cuando en 2014 también divisamos un salida que no llegó. Ante esta decepción es recurrente acuñar la frase “Venezuela no tiene remedio”. Pero de un simple análisis histórico, fáctico y epistemológico, podemos afirmar-seriamente-estamos a las puertas de una transición de poder…sustentable.

Maduro vs. La historia

Partimos de dos ideas fundamentales: i.-Identificación de los elementos de transición viable; y ii.-Reconocimiento de factores de ineficacia política por el cambio de poder. Con relación a lo primero, toda transición de poder (dictadura a democracia) pasa por una fase de liberación autocrática que permite conducir la restitución institucional como antesala de la definitiva rehabilitación democrática. Ello supone tres secuencias fundamentales: i.-Movilización ciudadana y popular; II.-Quiebre de base del régimen autoritario (colapso); y III.-Consenso alternativo pre-transicional.





La historia valida la hipótesis transicional. Veamos el ejemplo de Brasil. Una transición-transaccional gradual que comenzó con el colapso económico vivido a principios del 1974 durante la gestión del Gral. Ernesto Geisel. La inestabilidad política y social propiciada por una economía inflacionaria forzó la re-movilización cívica y partisana que obligó a la oposición enfrentar y resolver el dilema sobre boicotear unas elecciones o emplear el espacio (rendija) de que les brindaba el régimen para organizarse y movilizar apoyos para una apertura democrática. Como lo señala Francés Hagopian, “frente a las acusaciones de que [votando] estaban legitimando la candidatura de Geisel, Cardoso y otros miembros de la oposición argumentaron hábilmente que la participación dentro del sistema y el uso del mismo a su favor, era el camino más seguro [y menos costoso] para lograr un cambio democrático”. Y demostraron tener la razón… La oposición logró movilizar tanto el voto como su defensa, unificar frentes laborales, partidistas, gremiales y vecinales a nivel capital y provincial, alcanzando mayoría de votos en los escaños del senado y cámara baja, fundando dominio de los cinco gobiernos estatales más representativos. Este acierto táctico vino acompañado de una excelente campaña de protesta sobre las cuestiones económicas cotidianas, de la erosión del poder adquisitivo del salario y del elevado costo de la vida. Un boquete que dio leverage (contrapeso) a la oposición para ganar elecciones consecutivas (1976-1978) y generales (1982), prólogo de un firme proceso de liberación autocrática en Brasil. En 1985 a pesar de reveses electorales, el pueblo de Brasil depositó su voto y colocó el poder en manos de un presidente civil, Tancredo Neves…Mutatis mutandi, es lo que viene sucediendo en Venezuela desde 2015. Ese capital político sigue ahí.

El Pacto del Club Naval de Uruguay


La transición uruguaya arranca con el Pacto del Club Naval, que dejó de lado posturas principistas como las del líder de derecha (Por la Patria/Partido Nacional) Wilson Ferreira, quien negaba todo diálogo que colocara sobre la mesa la “Ley de Caducidad de los Delitos Militares”. Julio María Sanguinetti a la cabeza del Partido Colorado y del Frente Unido supo imponer la tesis que la paz y la democracia sólo llegarían al Uruguay desistiendo posturas normativas-aun siendo justas-y asumiendo sacrificios grupales (consensos), aun siendo duros, de cara al costo/beneficio que podían lograr: La libertad y la democracia. El tiempo demostró darles la razón… Después del plebiscito que forzaron las negociaciones de 1981, Juan María Bordaberry abandona el poder, quedando el camino abierto para las elecciones que ganaría el Frente Democrático Unido en 1984 con Julio María Sanguinetti a la cabeza. Wilson Ferreira nunca fue Presidente de Uruguay. Sanguinetti lo fue dos veces (1985-90/ 1990-95).

Colarse por las rendijas de la coalición dominante

Dando mérito a la historia reciente venezolana, la disidencia ha proporcionado dos puntos de sensible quiebre al gobierno de Maduro: a.-Deserción y división del Poder Constituido (Civil y militar); y b.-Caracterización dictatorial frente al mundo. Las protestas 2014/2017 reposicionaron a la AN (2015) y pulsaron deserciones de la coalición dominante cómo la de Ortega Díaz y Miguel Rodríguez Torres. Sin duda, errores tácticos y de comunicación política de la oposición relajaron avances. Pero también es de rigor denunciar como azuzadores y tartufos (que se dicen opositores), se dedicaron a destruir y ridiculizar la unidad, auspiciando un abstencionismo suicida y vicario. Aun así es imperativo e impostergable comprender que quien sufre de una franca fragilidad es el gobierno, quedando sobre la mesa avanzar sobre los factores de quiebre, salida y restauración democrática ¿Los queremos ver?.

Estamos a minutos de una transición posible. El tema no es votar, ni es Falcón. No es jurídico ni personal. Es organización partisana y ciudadana. Es movilización. Es colarse por las rendijas de “los desagües” del régimen y propiciar el cambio de poder. Abstenerse es un absorto de estupidez. No lo digo yo. Lo dice la historia. Revisémosla.

@ovierablanco

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