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La Lupa

Elecciones en Perú y sus posibles consecuencias en Venezuela

Aunque la segunda vuelta de las elecciones peruanas está en una etapa de impugnaciones, los resultados al 100% otorgan la victoria a Pedro Castillo. Su proclamación luce un hecho y Perú volverá a vivir la experiencia de un “outsider” en el gobierno. Si bien el análisis político de esta elección es interesante, el artículo explora las consecuencias de la segura victoria de Castillo dentro de la política venezolana. A Maduro le entra un fresquito, y la oposición pierde una base de operaciones internacional. Hacia el gobierno de Maduro, Castillo tendrá una aproximación distante pero sin condenas. Algo parecido a la postura que tienen Argentina o México

BBC

Caracas El día 6-6-21 se llevó a cabo la segunda vuelta de las elecciones peruanas entre Keiko Fujimori y Pedro Castillo. Todo apunta a que éste será proclamado como presidente de su país ¿Cuál puede ser el impacto de una victoria de Pedro Castillo dentro de la política venezolana? Lo analizo en este artículo.

Al día 15-6-21 a las 15:19hrs. con el 100% de las actas procesadas y el 100% contabilizadas, Castillo sacó el 50,1% y Fujimori el 49,9 por ciento. La participación en la segunda vuelta fue del 75% mientras que en la segunda vuelta de 2016 fue del 80 por ciento. La más baja desde 2011 cuando Fujimori fue a su primera elección. En ese año, la participación fue del 82,5 por ciento.

Los números sugieren que tanto Fujimori como quienes compiten con ella –en 2016 PPK y en 2021 Pedro Castillo- tienen un techo que es un poco más amplio para los retadores de Fujimori. Esta tiene su público pero no crece para ganar. En 2016, la diferencia a favor de PPK fue de 0,24% que son 41.057 votos. En 2021, la ventaja de Castillo sobre Keiko es de 0,28% que significan 49.420 sufragios. Keiko llega a un límite. Sus competidores crecen más que ella, al comienzo o al final, y ganan. Así es desde 2011.

En la primera vuelta de 2016 PPK sacó el 21,1% pero para la segunda vuelta obtuvo el 50,1% mientras que en Fujimori fue 39,9% y 49,9% respectivamente. Mientras PPK aumentó 29% entre la primera y segunda vuelta, Keiko subió 10 por ciento.

En 2021 operó un proceso parecido al de las elecciones de 2011 porque Castillo ganó en la primera vuelta a diferencia de PPK que la perdió en 2016. Esa victoria inicial de Castillo explica su resultado en junio porque entre la primera y segunda vuelta aumentó 31,2% mientras que Fujimori subió más porque amplió 36,5% pero la diferencia inicial de 6 puntos de Castillo, hizo posible que éste ganara aunque Keiko subió más en valores relativos entre la primera y segunda vuelta. Si en la primera vuelta la ventaja de Castillo no hubiese sido la que obtuvo, las posibilidades de triunfo para Keiko hubiesen sido mayores.

El electorado peruano luce polarizado y Keiko es quien articula las respuestas a favor o en contra. Los votos nulos se mantienen en valores similares entre 2016 y 2021: 1.040.502 y 1.107.199 votos que en valores relativos son 5,7% y 5,9% respectivamente.

Si hubiese habido algún voto protesta entre 2016 y 2021, es probable que se hubiese visto aquí -tampoco sería en la abstención porque entre la primera y la segunda vuelta de 2021 la participación subió- pero parece que hay un votante compacto que sufraga por Keiko y contra Keiko.

Lo anterior porque la diferencia en votos entre 2016 y 2021 para Keiko es de 227.885 sufragios. En un lustro fue lo que aumentó. Si se toma a PPK y a Castillo como los que polarizan con Keiko, crecen más que ella pero no mucho. Apenas 236.248 votos en 5 años.

Keiko no gusta pero tiene un electorado fiel y en 2021 gustó más que en 2016, pero no pudo ganarle a Castillo porque este partió con ventaja en la primera vuelta.

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Si bien en los números Castillo aventaja a Fujimori, ésta decidió impugnar y todavía no hay una proclamación oficial. Castillo cuestionó la extensión de los plazos para impugnar, ampliación que fue revertida por el Jurado Nacional de Elecciones de Perú. También hace actos para mostrarse como el mandatario electo. Se reunió con la Asociación de Municipalidades de Perú –algo como la venezolana Asociación de Alcaldes- y quienes lo apoyan se movilizan y hacen presencia en las calles. Así que se está en la puja política.

Para Fujimori la derrota puede significar el fin de su carrera política porque los guarismos indican que tiene techo para ganar una presidencial. Así es desde 2011. No arranca mal o se recupera, pero no gana. Son tres elecciones en la que la “variable que es estable” –si estiramos una lógica de la investigación- es Keiko porque sus competidores cambian, además son distintos en cuanto a doctrina política se refiere: Humala, PPK, y Castillo. Hay algo en Keiko: ella, su campaña, o lo que representa como apellido político. No parece que el “efecto Caldera” –insistir hasta ganar una elección- funcione para Fujimori. Son 10 años de intentos. Quizás lo sabe y por eso cuestiona la legitimidad del casi seguro gobierno de Castillo con la estrategia de denunciar “fraude en mesas”.

Lo probable es que Castillo sea proclamado, pero con las denuncias de “fraude electoral”, Fujimori cohesiona a su público y deja abierta la puerta para continuar con su liderazgo político en lo que se vislumbra será una relación pugnaz con el gobierno de Castillo. Algo parecido a lo que Netanyahu afirmó sobre la coalición que lo sacó del poder. “Bibi” garantizó que hará oposición “hasta derribar a este peligroso gobierno” (de Israel). Si bien Keiko no ha sido gobierno –aunque entre 1994-2000 fue Primera Dama de Perú y, recientemente, su partido articuló salidas de presidentes desde el parlamento- su denuncia de “fraude” apunta a lo mismo: hacer oposición con la meta de “derribar” al gobierno de Castillo.

Lo que hace Fujimori es un error político, pero es el juego del poder, principalmente para preservar su liderazgo político. La política ahora no es la cita del largo plazo que caracteriza a los estadistas, sino la de corto plazo que hacen los políticos convencionales. Más en el caso de una política que ha ido a tres elecciones y las ha perdido.

No diría que la estrategia de Keiko de denunciar “un fraude” sea una tendencia mundial, pero es algo que será más común en el futuro porque los proyectos que compiten son excluyentes y los públicos están polarizados. No hay “soluciones de compromiso”, sino la “estrategia Bibi” que consiste en hacer oposición para “derribar” a un gobierno, o la anulación del adversario. Por supuesto, lo anterior es disputable por la naturaleza del gobierno que se trata de “derribar”, si es democrático o no. En los últimos, muchos justifican “derribar” a un gobierno autoritario. No comparto esta visión, pero es la tendencia en buena parte de la opinión.

En el caso venezolano lo es para una parte del público. Aun así, no estoy de acuerdo con este planteamiento. La excepción es combatir desde una guerrilla o hacer un verdadero movimiento de lucha no violenta que no consiste en las famosas “miles de protestas que ocurren todos los días”, la agitación, o cómodamente desde tuiter, esperar el milagro en el encuentro Biden-Trump del “deal” de Ucrania por Venezuela, dentro del “pensamiento mágico” que caracteriza a los públicos educados de Venezuela. “Esperar algo” mientras tuitean sobre lo humano y lo divino. Llama la atención que dada la situación de Venezuela, todavía el pensamiento mágico tenga peso en gente que, en teoría, sabe de política.

Si no es una guerrilla, lucha armada, o un movimiento de lucha no violenta de verdad, entonces, mi posición es actuar en las reglas del sistema político autoritario y construirte como alternativa desde allí. Se te puede ir la vida en el intento de ganar elecciones en un marco autoritario. O no se te puede ir. Es el riesgo. Dependerá de la estrategia y las circunstancias. Mi visión es ganar el corazón de la sociedad con esfuerzo y trabajo político, no con sanciones o pedir “intervenciones humanitarias” desde la comodidad de un atardecer rojizo publicado en tuiter.

No creo en la lucha armada aunque no me disgustan las armas, y la lucha no violenta de verdad, las elites venezolanas la perciben como algo “fresita”, elites todavía ancladas en la épica de la agitación leninista que muchos aprendieron en el liceo cuando se enfrentaban a la Policía Metropolitana. Que cincuentones y sesentones piensen así, no debe extrañar. Sí sorprende que gente joven piense así y no pueda ver las famosas “miles de protestas que ocurren todos los días” de manera distinta. En muchas cosas, Venezuela se quedó atascada en el túnel del tiempo.

Hasta ahora, Keiko y Castillo están en su “teoría de los juegos” al anticipar que hará el otro para actuar. Fujimori presiona, Castillo aguanta, y las instituciones hasta los momentos, llevan bien el conflicto entre los dos. Por ejemplo, la cuenta tuiter de la ONPE está llena de respuestas a las denuncias de “fraude”, que van desde respuestas sobre casos concretos a desmentir a “personalidades” como Andrés Pastrana.

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No sé si habrá algún “teléfono rojo” entre los dos comandos para manejar la crisis y que la pugnacidad tome canales políticos e institucionales. Pienso que el diseño institucional del futuro para los países deberá ser desde el disenso y no a partir del consenso. El acuerdo es para construir o canalizar el desacuerdo. Una suerte de Pacto de Puntofijo cuya lógica sea el respeto a un gobierno a partir del conflicto y cuyo programa mínimo sean las “red flags” de un conflicto político para definir algún intangible o reglas muy generales para ir a la política cuando llegue la guerra, como creo será común en el futuro.

¿Vira la región a la izquierda o hay una contención, por ejemplo con la victoria de Lasso en Ecuador? Pienso que desde el punto de vista sociológico sí se mueve a la izquierda, pero tiene tiempo allí. Digo sociológico porque la derecha también puede asumir políticas que se asocian con la izquierda o viceversa. Por ejemplo, el discurso de Lasso durante su campaña.

En lo segundo -la izquierda que asume políticas de la derecha- lo delimito más a lo económico o a una gestión fiscal balanceada, aunque para no pocos filósofos políticos, una situación así es una inconsecuencia porque es ocultar el capitalismo como varios señalan será el caso de Venezuela cuando se apruebe la ley de ZEE la que junto a la ley antibloqueo, serán los puntales “capitalistas” del gobierno de Maduro.

Entonces el tema no es tanto entre la “derecha” o la “izquierda”. Esto es más un “artifact” de elites temerosas que consiguen certeza al revivir la Guerra Fría. Pero para el público esa distinción no es relevante, aunque las campañas de miedo -como la que hubo en Perú- busquen movilizarlos en el formato de la Guerra Fría.

Para los ciudadanos el tema es otro. Desde hace décadas los habitantes de la región buscan políticas sociales menos populistas y más un Estado de bienestar institucional. Los pueblos asumieron la etapa del “ajuste shock” y capitalista Consenso de Washington de los 90’s y lo lógico era la etapa social de mercado como paso siguiente. Pero las elites se quedaron en la acumulación y el pueblo con unos ingresos aceptables pero que la crisis de los “commodities” y luego la pandemia, acabaron. Los gobiernos no reforzaron las redes de protección social, lo que dejó a los pueblos al garete mientras se veía la codicia del sector dirigente. Este choque buscó su expresión política que puede ser con una corrección a la derecha con Lasso -por la codicia de Correa- o una corrección a la izquierda con Castillo, por la codicia de la clase política peruana que Fujimori simboliza.

Buena parte de los “líderes de opinión” yerran al tratar de construir estas demandas de los ciudadanos en el formato de la Guerra Fría solo para canalizar su incertidumbre. De hecho, pudiera decirse que en la región la autoridad con la que los venezolanos queremos hablarle a las naciones –el arrogante “venimos del futuro”- produce el efecto contrario. Un rechazo. Lo que en psicología social llamamos reactancia psicológica ante la invasión de consignas que en España pudieron decir algo para las elecciones de la Comunidad de Madrid, pero no dicen mucho en América Latina. Una lección para los venezolanos que “vienen del futuro” es dejar las “lectures” y defender sus banderas con más sagacidad política y menos ideología de “escuela de cuadros”.

Pero este artículo no es para analizar a la región o Perú. No domino ambos temas, sino para conjeturar las implicaciones políticas en Venezuela de la victoria de Pedro Castillo. Hay tres actores sobre los que se puede bosquejar: el gobierno, la oposición, y Castillo ¿cuál podrá ser el comportamiento de su eventual gobierno frente al gobierno de Maduro?

II

El gobierno asumirá que la victoria de Castillo es otra señal de la “crisis del neoliberalismo” como afirmó Maduro en una actividad del día 8-6-21, al decir que el neoliberalismo está en una “etapa terminal” en la región. El gobierno se sentirá más seguro en el poder.

Aunque los cambios en la región no sugieren endosos a Maduro, son gobiernos elegidos o situaciones que marcan distancia con la “institucionalidad liberal” presente hasta no hace mucho o con modelos que se veían incuestionables como el chileno. Si bien en ese país hay un proceso institucional para tener una nueva constitución, Piñera y la derecha han perdido fuerza. Así en otras naciones. Una señal es la discreción en las declaraciones de Lasso, ahora presidente de Ecuador. El mandatario se concentra más en comunicar que tiene empatía con el pueblo de Ecuador -la austeridad para su toma de posesión, por ejemplo- que librar una guerra ideológica contra el gobierno de Venezuela.

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El modelo democrático liberal en el hemisferio se debilita, y Maduro toma un aire que no significa tendrá los apoyos logrados durante la era Chávez, pero sí habrá distancia con la lógica del Grupo de Lima. Falta Colombia que tiene elecciones el próximo año. También en Brasil hay renovación en 2022, pero Bolsonaro posee hoy mayor capacidad de maniobra que Duque. En concreto, Maduro se sentirá menos amenazado en el frente internacional.

III

Para la oposición, la victoria de Castillo es una derrota política o, al menos, simbólica porque en redes sociales los que “vinieron del futuro”, construyeron la elección en una lógica parecida a la de la Comunidad de Madrid: “comunismo versus libertad”. También porque Leopoldo López y Lilian Tintori viajaron a Perú expresamente para apoyar a Keiko. A VP le resultó El Salvador pero no Perú.

Un efecto para la oposición será que la plaza de Perú que es el lugar de nacimiento del Grupo de Lima se debilita. No podemos vaticinar la suerte de este espacio en un gobierno de Castillo, pero es muy probable que no tenga la fuerza que tuvo en el pasado. Internacionalmente, la oposición pierde influencia. No tiene un centro de gravedad como en los años 2019-2020. Solo Colombia, pero Duque tampoco tiene la fuerza política de otros momentos. Ni España ni los EUA tampoco son ese centro. Apoyan “elecciones libres” pero desde sus políticas como Estados.

Con la victoria de Castillo, es probable que los países refuercen más su política exterior que el trabajo con la oposición G4. Progresivamente los países se separaban del G4, pero es probable que esta tendencia se refuerce más porque habrá una realidad un tanto particular: gobiernos que no serán pro Maduro, pero tampoco serán tan anti Maduro, en una región que se balcaniza en el sentido que “Cada gobierno en lo suyo”. No habrá el “consenso progresista” de comienzos de siglo que empujó a Chávez y a Lula, por ejemplo, pero tampoco el “consenso liberal” de la primera década del siglo que catapultó a Piñera y a Macri. Una región con diversidad de modelos políticos, pero con democracias liberales debilitadas y el ascenso o reforzamiento de formas autoritarias o iliberales como pasa en Centroamérica.

Quizás por esto el gobierno no habla sobre las elecciones en países -salvo indirectas hacia Perú o de forma directa hacia Colombia- y no ataca a gobiernos como hizo durante 2019-2020 porque el ambiente sencillamente es otro: no es totalmente contra Maduro, tampoco a favor de Maduro, pero los gobiernos se relacionarán con el gobierno de Maduro de alguna forma. Posiblemente no tengan relaciones estrechas, pero lo reconocerán, de forma directa o indirecta. Para Maduro, es una fortaleza frente a una oposición internacionalmente más débil porque no tiene una “base de operaciones” propia que le dé la proyección internacional que tuvo entre 2019-2020.

Esta realidad puede explicar el anuncio de una gira internacional de integrantes del G4 que encabeza Gerardo Blyde. El objetivo puede ser recomponer un espacio o un lugar para la “base de operaciones” internacional que hoy no existe.

IV

Dados los resultados de las elecciones en Perú, la disputa que hay por su validez, y la posible estrategia de Fujimori para “hacer oposición y derribar” al gobierno de Castillo, pensamos que éste actuará con prudencia. Será un error político llegar con pretensiones para cambios radicales. Al menos inicialmente. Castillo deberá decidir si se deja cooptar por las elites peruanas como pasó con Humala, llega con una agenda de cambios de envergadura -que es lo que muchos temen- o plantea una vía reformista, que es complicada por la distribución del congreso entre 10 movimientos. El de Castillo tiene 37 parlamentarios que son el 28,5%. Un escenario más complicado porque ninguno tiene mayoría y son más organizaciones a diferencia del congreso de 2016 que tuvo 6 y el partido de Keiko tuvo 73 de los 130 diputados para un 56,2%. Hoy hay más dispersión en el congreso lo que es una señal para Castillo, en un país cuyo congreso quita y pone a presidentes. Desde 2018 cuando salió PPK, hay 4 mandatarios, incluyendo al actual Francisco Sagasti, designado en noviembre de 2020. Aunque la dispersión también puede ser una fortaleza porque el movimiento de Keiko, el cual articuló la salida de presidentes, no tiene el peso político de 2016 para hacerlo. Si lo quiere hacer, le costará más. En todo caso, un congreso con 10 movimientos políticos en un ambiente polarizado no es una buena noticia.

Por todo lo anterior, pienso que la aproximación de Castillo al gobierno de Maduro será parecida a la de Argentina o México. Quizás más parecida a la de México que es más discreta. No habrá cercanía pública, pero tampoco habrá condenas públicas. Distancia con Maduro pero no confrontación.



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