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La Lupa

En claves: ¿qué comunica Maduro con la devolución del Sambil de La Candelaria?

La devolución del Sambil La Candelaria que fue tomado por el gobierno de Chávez en diciembre de 2008, sorprendió aunque ya se trabajaba en la decisión desde hace tiempo. La entrega tiene análisis económicos y políticos. Es una señal muy importante que comunica que el gobierno enmienda sus errores como fue con esta expropiación y otras tantas, al tiempo que envía una señal de apertura a inversionistas. En la entrega, no descarto una hipótesis contraintuitiva o que no es muy visible. El gobierno quiere acercarse al Estado de Israel y a la comunidad judía venezolana. La entrega del Sambil sería la tercera señal en ese sentido. Más allá de los motivos que produjeron la decisión de devolver el mall, el ejecutivo avanza en construir un clima de menos tensión que tiene como primera parada las presidenciales de 2024

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Caracas.- Por supuesto que me complace que el gobierno haya devuelto a la Constructora Sambil su centro comercial que fue expropiado por Chávez en diciembre de 2008, sin seguir los procedimientos que establece la ley. A los días de haber sido confiscado, escribí en mi blog un artículo titulado “Cháveznomics” en el que hablé del Sambil La Candelaria.

El 2-1-09 escribí que, “(…)la primera, la confiscación del Sambil de La Candelaria. Sí, confiscación, porque no se cumplió con la Ley de Expropiaciones ¿Desde el punto de vista simbólico, qué significa esta confiscación para la restricción de la demanda?(…)la limita, y poco a poco se tiene una ciudadanía amurallada, amputada en sus conductas cotidianas, y cada vez más encallejonada en sus ámbitos de decisión individual. Junto a la inflación, llevó a que el consumo privado cayera de un 18,7% en 2007 a 6,4% en 2008, mientras que el consumo público aumentó del 5,1% al 5,8% en el mismo lapso. Lo que se llama un verdadero frenazo al consumo privado, y se golpea uno de los pocos espacios en los que el gobierno no había intervenido directamente –sí por la vía de la oferta- que es comprar, gastar, y consumir. Uno de los pocos ‘espacios libres’ que les quedan a las personas. Esta es la ‘nueva política económica’ del gobierno: limitar tanto la oferta como la demanda(…)”

Y vaya frenazo a la demanda que significó que el Sambil estuviera inactivo desde el punto de vista comercial durante casi 15 años. De los abusos de Chávez, que fueron muchos a pesar del famoso “60% de popularidad” del que todos hablaban en 2009 y del 63% de hoy a casi 10 años de fallecido, la toma del Sambil fue uno de los más emblemáticos.

En ese entonces, se dijo que la razón para confiscarlo fue la expectativa que el mall colapsaría el tráfico en la zona. Hay que recordar que el Sambil se expropió antes de su puesta en operación. No estaba abierto. Asumamos que el comandante tenía razón sobre el tráfico pero ¿esa es tarea de un presidente? ¿y dónde estaban las instituciones, en este caso, la Alcaldía del municipio Libertador? Esta instancia fue la que dio el permiso a la constructora, y estaba en manos del chavismo. Una preocupación presidencial –por más legítima que sea- no puede sustituir al Estado de derecho. Es la diferencia entre la seguridad y la arbitrariedad, que caracteriza muchas de las acciones de los gobiernos chavistas.

Las arbitrariedades del gobierno de Chávez los pagamos en el pasado, en el presente, pero también nos tocará en el futuro. El día 24-3-22 la CIADI decidió un arbitraje a favor de otra “famosa” expropiación ocurrida en 2010. La de Agroisleña. De acuerdo al CIADI, la República deberá pagar a la empresa poco más de 1.600 millones de dólares más los intereses que se acumularán hasta que la República cancele, junto a poco más de 16 millones de dólares por gastos jurídicos, más casi 1,2 millones de dólares por gastos del juicio.

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Si “Agropatria” hubiese sido una empresa modelo para la “Patria Grande” y hoy con su producción llenara el hueco en los fertilizantes que la invasión de Rusia a Ucrania abrió, igual estaría en desacuerdo con la expropiación, pero me callaría la boca porque sería una empresa rentable y exportadora. “Agropatria” terminó como muchas firmas tomadas: guisos de funcionarios y quebrada. Informaciones de prensa dan cuenta que el gobierno de Maduro vendió sucursales de Agroisleña. Ese fue el final del “experimento socialista” en el campo. Empresas quebradas, caída de la producción agrícola, funcionarios millonarios, y agricultores quebrados y con mayores costos por la incompetencia y corrupción del Estado.

En la noche del 17 de marzo el Sambil fue devuelto a sus propietarios. No sabemos en cuáles términos. En su comunicado, la constructora habló de la “recepción” y “devolución” de la estructura y expresó que está en buen estado. Esto hace suponer que la entrega se conversaba. En una entrevista hecha el día 21-3-22 por el periodista Vladimir Villegas a Alfredo Cohen, de la constructora Sambil, éste expresó que antes de esta entrega, hubo dos intentos que no cuajaron. “A la tercera fue la vencida”, expresó el constructor.

Que haya fructificado también muestra que esta expropiación fue una bandera que se mantuvo en el tiempo. A pesar de lo difícil de la vida en Venezuela, los vecinos de La Candelaria se mantuvieron firmes desde 2008 en reclamar la entrega del local a sus propietarios y a los comerciantes que invirtieron en el centro comercial, que son cerca de 110 de acuerdo a la constructora. Que se haya devuelto es, también, resultado de la constancia de los vecinos y de quienes no bajaron la guardia durante casi tres lustros. Hasta donde llega mi memoria, es una de los pocas expropiaciones que no fue olvidada. Que estuvo presente en la opinión pública como bandera de lucha, con sus altas y bajas. Otras no tuvieron tanta suerte, aunque también hayan sido noticia. La expropiación del Sambil pegó en la gente como la de Agroisleña en los productores agrícolas. Esta es otra que todavía está en la memoria de la opinión pública.

Como toda acción del gobierno, la entrega del Sambil tiene su lectura política, que es lo que trataré en mi artículo.

La devolución se inscribe en la estrategia general del ejecutivo que es una liberalización en ciertas áreas, la que tiene como propósito que la sociedad pueda respirar luego de políticas económicas ideologizadas que llevaron a una hiperinflación que nos destruyó como sociedad, familias, y personas. Su resultado son los venezolanos aventados de Venezuela y los que aquí adentro nos empobrecimos. El ejecutivo aprendió tarde y con un altísimo e inhumano costo para el país –pudo haber adoptado la propuesta que Unasur le presentó en junio de 2016 para evitar el suplicio nacional, pero no lo hizo, es su responsabilidad- y revierte algunas de sus políticas en su estilo. No hay anuncios oficiales, sino simplemente el hecho sucede y nos enteramos por los medios o redes sociales. 

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Consciente que el gobierno es responsable –aunque la oposición no es inocente en este punto, porque la estrategia insurreccional que adoptó a finales de 2013 y que duró hasta 2020 contribuyó a la respuesta autoritaria del gobierno, y tiene esa responsabilidad, por más que se trate de imponer el discurso que “todo comenzó con el desconocimiento de la AN de 2015” para ocultar la responsabilidad de los famosos genios de esa estrategia y de sus sicofantes en las redes sociales que aplaudían a todo, los “Yes man” digitales- valoro de manera positiva ciertos cambios que el ejecutivo adelanta para aminorar en algo los dolores de las profundas heridas que causó, con el alto precio que los venezolanos hoy pagamos por su irresponsabilidad, corrupción, y rigidez ideológica: un ajuste ortodoxo que genera desigualdades. Pero es mejor un Sambil en operación que paralizado solo para decir que “no habrá respeto a la propiedad privada mientras no se cambie al régimen” como punto de honor, pero desde la comodidad de tuiter y luego de un buen desayuno. Cohen afirmó que Sambil “pasa la página” de la confiscación. Uno también lo hace, aunque como político, con la memoria para recordarle al gobierno –y al país- sus abusos (del ejecutivo).

La entrega del centro comercial tiene un impacto simbólico y político importante. Fue una de las expropiaciones más noticiosas que Chávez hizo, quizás junto a la hacienda La Marqueseña, el edificio La Francia, Agroisleña, y Éxito (¿qué será de la vida “de los Bicentenarios”?). Al devolver el edificio, el ejecutivo reconoce que la expropiación fue un error que en casi 3 lustros no generó nada ni hizo nada de lo que ofreció.

Revela, también, que el gobierno de Maduro tiene la fuerza para una decisión de ese calibre. Quizás hace unos años, hubiese creado ruido en el mundo chavista porque es ir en contra de una de las expropiaciones más emblemáticas del comandante. Ahora el gobierno de Maduro puede hacerlo. Seguramente tendrá su crítica dentro del mundo chavista, pero el ejecutivo tiene la fuerza política para aguantarlas así como tiene la fuerza para hacer un desigual pero necesario ajuste económico ortodoxo.

El mensaje político es importante: el gobierno de Maduro tiene el peso político para revertir decisiones tomadas durante el gobierno de Chávez, como pasa en la economía. Pero la diferencia es que una política económica tiene un nombre –“control de precios”- pero va dirigida a toda la sociedad. El costo de revertirla se diluye más en la población. Todos respiramos porque el control de precios se liberalizó y redujo la escasez. También “pasamos la página”, pero no olvidamos. En cambio, tomar al Sambil afectó a determinados públicos que no son todo el país. Aunque parezca increíble, todavía no he ido al Sambil de Chacao ni a ningún otro. No es mi mundo. Al ser menos los dolientes que los de una política económica, el gobierno pudo mantener la expropiación por más tiempo. Pero la revirtió. Lo interpreto como una señal de fuerza del ejecutivo frente a la eventual crítica interna por le entrega del edificio. También las expropiaciones tienen sus grupos de interés que viven de ellas y que no quieren devoluciones, por razones ideológicas e instrumentales. El status quo es muy sabroso como se ve en Venezuela. 

La entrega de la construcción es, también, una señal a los inversionistas. El Estado respeta un cierto orden jurídico y reconoce la propiedad privada. Decimos “cierto orden” porque, al ser un sistema autoritario, hay un margen importante para la discrecionalidad como revela el caso El Nacional. Pero éste es un caso político. El del Sambil fue un capricho de Chávez por el tema de las construcciones en la zona, las que según el comandante, colapsarían el tráfico. Un exceso del inmenso y nunca contrapesado poder que Chávez tuvo.

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El mensaje del gobierno a los inversionistas puede ser que siempre y cuando no se metan en política o en jugadas para tratar de derrocar a Maduro, el gobierno reconocerá la propiedad privada y un cierto orden jurídico. El mensajes es “pueden invertir y probablemente si no se meten en política, tendrán todas las garantías para sus inversiones”. Una suerte de “autoritarismo liberal” en donde el mundo económico se regirá por las reglas del mercado y la “supervivencia del más apto” (“reinventarse”), no así el mundo político cuyas normas serán la concentración del poder y buscar un dominio del PSUV en la sociedad, para evitar la alternancia en el poder.

El Sambil es simbólico. No es cualquier edificio y el grupo Sambil no es cualquier grupo económico de Venezuela. El mensaje del Estado es “resarcimos a un grupo importante y no tenemos complejos en hacerlo, por lo que los inversionistas son bienvenidos, sea cual sea su tamaño o su nombre”. De hecho, en la entrevista que Villegas le hizo a Cohen, éste señaló que la expropiación detuvo el ritmo de construcciones de la empresa por temor a nuevas confiscaciones. Dijo que entre 2006-2008 el grupo Sambil inauguró siete centros comerciales pero que luego de la expropiación se detuvo. Es posible que con la devolución en firme, el grupo sienta que puede invertir con mayor seguridad dentro de la prudencia que una expropiación sin base legal dejó en la constructora.

Los comentarios del público durante la entrevista a Cohen fueron interesantes. No solo el público que intervino interpretó la devolución del Sambil como un señal positiva para las inversiones y la economía –Cohen expresó que hay un cambio en el clima económico del país, y puso como ejemplo los nuevos comercios que se abrieron en el Sambil de Barquisimeto y el mejor comportamiento de los hoteles que el grupo posee- sino que el público demandó un Sambil en su localidad. Aunque el grupo deberá hacer sus estudios de mercado, si me atengo a la opinión del público que participó en la entrevista a Cohen, la marca Sambil tiene prestigio con una demanda potencial en Venezuela. Seguro el grupo buscará desarrollar ese potencial y el gobierno aprovechará para mostrar un clima de distensión con el que quiere llegar a 2024.  

Hay un destinatario de la devolución de la estructura en La Candelaria que no es muy visible, pero puede ser.    

Existe un dicho que afirma “piensa mal y acertarás”. Puede ser el caso ¿No querrá el gobierno enviar un mensaje al Estado de Israel y a la comunidad judía venezolana?

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Hay tres señales. El día 26-12-22 Maduro ofreció una entrevista al canal árabe Al Mayadeen –de la que hablé en mi artículo para El Cooperante de fecha 26-1-22 y titulado “¿Y dónde quedó el cacareado nacionalismo del gobierno?”– en la que, ante una pregunta provocadora del periodista sobre Israel y el mundo árabe, Maduro respondió de manera muy diplomática. Evitó hablar del Estado judío.

Una segunda señal fue una información que “pasó por debajo de la mesa”. El día 5-1-22 la comunidad judía de Venezuela avisó que un inmueble dado en comodato al gobierno en 2020 para la atención del COVID, fue devuelto y “(…)una vez realizadas las inspecciones respectivas, se verificó el buen estado físico de las instalaciones” del Centro Yolanda Katz, que es el nombre del lugar también ubicado en el municipio Libertador. Casualmente, Sambil informó que las instalaciones del mall están en buen estado. Cohen reportó que lo que al grupo preocupaba que era el estado de los “chillers” para el aire acondicionado, se hallan en buen estado a pesar del tiempo que pasó.

Finalmente, la entrega del Sambil. Los dueños de la firma son judíos, la familia Cohen. Muy conocidos en Venezuela, con inversiones dentro y fuera del país, y probablemente son conocidos en Israel.

Si esta hipótesis tiene validez, hay una pregunta que no podemos responder en el análisis ¿Cuál es el interés que el gobierno de Maduro tiene en buscar acercarse al Estado de Israel? Hay que recordar que Chávez rompió las relaciones con el Estado judío en enero de 2009 ¿Qué ve allí en particular ahora? Eso escapa a este análisis y, primero, hay que evaluar si la hipótesis de gestos para acercarse a Israel tiene base.

La comunidad judía en Venezuela es un grupo con fuerza económica. Por la situación de Venezuela y porque el gobierno de Chávez rompió relaciones con Israel, buena parte de la comunidad se fue del país ¿La devolución del Sambil será una señal para que la comunidad judía sienta que sus intereses son resarcidos? El tiempo dirá.

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No hay mucho más qué analizar. El económico explicará cómo la devolución puede impactar en el clima de inversiones y sus efectos en la micro economía. En el análisis político lo que interpreto es que la entrega del Sambil entró en el clima general que el gobierno promueve y construye con diversas decisiones. No es solo que la economía crezca –aunque los economistas afirman que desde 2013 nuestra economía perdió el 80% de su valor y que llegar a lo que tuvimos en 2013 tomará por lo menos 20 años a una tasa de crecimiento del 7% del PIB cada año; pero -mi opinión- es mejor pasar del sótano 500 al sótano 495, hasta los economistas “del 80%” creo estarían de acuerdo- sino que haya un mejor clima político con miras a la elección presidencial. Que Maduro –o el candidato del PSUV- sea elegido en una elección menos desigual y en un ambiente de menos apremios económicos para la población. No veo que el gobierno ni el PSUV puedan recuperar los apoyos que tuvieron en el pasado. Los resultados logrados por el GPP en elecciones recientes así lo sugieren. Lo que creo es que el gobierno busca algo como que la gente diga, “esto no es perfecto, pero se puede vivir” y, si la oposición no logra articularse, opere en el elector algo como “más vale malo conocido que bueno por conocer”.

Con esto no quiero devaluar la entrega del Sambil de cara a sus dueños, inversionistas comerciales, y el público. Tampoco desdeñar de la modesta liberalización que adelanta el ejecutivo, sino ponerlas en una perspectiva política dentro de lo que creo es la visión que el gobierno tiene para 2024 aunque no se limita a esta fecha. La gran meta es 2030.



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