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En la “brisa bolivariana” hay entrenadores de las FARC y sus amigotes regionales

Elizabeth Fuentes | 15 noviembre, 2019

Caracas.- Exportar la violencia ha sido desde siempre una vieja consigna de la izquierda radical. La amenaza del Che Guevara de crear “uno, dos, tres, muchos Vietnam” se ha modernizado y en lugar de la clásica guerrilla tercermundista que causó más alboroto y muertes que resultados concretos y positivos, el fantasma que ahora recorre parte de América Latina viene disfrazado de “jóvenes rebeldes” que queman iglesias y universidades en Chile o de “pueblo descontento” que se enfrenta con bombas y balazos a quienes osan oponerse al fraude que pretendió imponer el camarada Evo Morales.

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Y si bien muchos de los que protestan, tanto en Chile como en Bolivia, tienen sus razones respetables y el derecho a hacerlo, la escala desmedida que han tomado las manifestaciones en ambos países permite sospechar lo que ya se ha demostrado en Bolivia y, de algún modo, habían confesado los amigotes de Evo Morales desde Miraflores: que existe una mano pelúa detrás de esos desmadres cuyos hilos conducen hasta las mismísimas FARC, como se acaba de descubrir en Bolivia con la captura del argentino Facundo Morales Schoenfeld, integrante de las FARC, quien resultó herido en los enfrentamientos ocurridos en una zona de Bolivia adonde el guerrillero estaba “en calidad de instructor en el área”, como informó el comandante de la policía de Santa Cruz.





¿Cómo entró, quién lo armó, está solo?. ¿De dónde consigue las municiones y el apoyo logístico el argentino, incluyendo comida y papel tualé?. Morales Schoenfeld fue herido de gravedad cuando “apoyaba” con las armas un paro convocado por los afectos a Evo. Su presencia en el lugar donde hubo muertes en los enfrentamiento, no es “casual”, dice la policía y sospechan que “alguien lo trajo para dar instrucción paramilitar”.

El guerrillero que estaba viviendo en un barrio de Yapacaní, donde (como en la Cota 905 de Caracas) los vecinos no permiten el ingreso de efectivos policiales ni de las Fuerzas Armadas, era conocidocon el alias de Camilo, según reveló el director nacional de la Fuerza Especial de Lucha Contra el Crimen, quien añadió que se investigan los nexos del guerrillero con Bolivia.

“Tenía ya varios años acá…estamos determinando también para ver con exactitud cuáles eran sus nexos, quien lo trajo a Bolivia y quien le pagaba, eso va a determinar el informe que vamos a tener en las próximas horas”. Otros cuatro cubanos y un colombiano también han sido detenidos y se les acusa de contribuir al caos en el país andino.





De modo que la “brisa bolivariana” que se mudo a Bolivia – sin mucho éxito-, debe ser la misma que venía haciendo lo suyo en Chile, donde los daños colaterales ya suman 589 heridos, 2.800 detenidos, 12 cuarteles y 12 vehículos policiales dañados, más la quema criminal de 66 sedes y bienes públicos, como trenes del Metro,Universidades, buses, edificios históricos, producto de un operativo que luce rigurosamente articulado, como se ha podido apreciar visto en algunas imágenes donde decenas de “jovenes rebeldes” entran y salen de determinados sitios en busca de su combo antigobierno, buscando la caída de Sebastián Piñera, casualmente uno de los líderes regionales que ha llevado la voz cantante contra los gobiernos de Venezuela y Cuba, vaya casualidad.

Ya algunos de los detenidos en Chile han declarado que “fueron pagados para ocasionar las revueltas”, mientras en Bolivia las autoridades han revelado que gracias a labores de inteligencia han aprehendido a personas infiltradas en marchas de la oposición con el objetivo de desestabilizar aún más la situación.
Ya con Bolivia en calma – el nuevo gobierno expulsó a los funcionarios cubanos y venezolanos -, y humo blanco en Chile, gracias al acuerdo firmado por casi todos los partidos políticos para elaborar una nueva constitución, la brisa bolivariana no se transformó en el huracán que aspiraban desde Venezuela y Cuba porque, al final, los vientos de la derecha se la tragaron, la disolvieron, hasta nuevo aviso.

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