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La Lupa

Encuentro Gobierno-Foro Cívico: ¿cuál es la estrategia, por fin?

Un mes exacto luego del encuentro en Miraflores entre una delegación de Venezuela y una de los EUA, ocurrió otra reunión en el mismo lugar, pero entre el gobierno y el Foro Cívico, plataforma que agrupa a diversas ONG. Asistieron 11 integrantes quienes entregaron a Maduro un documento con 10 puntos. Me pareció bien el encuentro. No lo critico. En la opinión pública causó molestias. Principalmente porque la interpretó como que “normaliza” a Maduro y al gobierno en general. Me parece que muchos no leyeron bien el documento entregado o lo hicieron desde la molestia. Al contrario, me pareció un buen documento, con temas profundos. Plantea una lógica para que las instituciones sean lo que la constitución dice que son. Lo que no me gustó es ese tono de “venimos como ciudadanos”. Es “matar al tigre y tenerle miedo al cuero”. La moda ahora de las elites es presentarse como “ciudadanos respetables”. Los del foro, como albaceas de la democracia liberal. El problema no es reunirse con Maduro o la despedida de la carta que molestó a muchos en tuiter. El problema es cuál fuerza política o social tiene el foro, otras ONG, y la oposición en general. Si no la tienen, les queda jugar con las reglas del sistema, mantener su identidad, y construirse como alternativa frente al gobierno ¿Cuál estrategia, por fin?

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Caracas.- El año 2022 es uno de sorpresas políticas. Primero, el encuentro entre Venezuela y los EUA el día 5-3-22 y, un mes después, otra reunión que sorprendió y también molestó a cierta oposición.

Un grupo de personas agrupadas en el Foro Cívico, que es una plataforma de ONG, se reunieron en Miraflores con el presidente Maduro, acompañado del presidente de la AN, Jorge Rodríguez, la primera dama, Cilia Flores, y el diputado Nicolás Maduro Guerra.

Falta indagar cómo se dio el encuentro. Si fue iniciativa de Maduro, o se movieron personas –a lo mejor Cusanno con “Nicolasito”, dado que los dos estuvieron en el encuentro AN-Fedecámaras en enero de 2021, o Jorge Rodríguez directamente con el Foro Cívico- para que el encuentro fuera viable. Que se haya dado, movió el status quo el cual muchos critican, pero cómo lo aprovechan.

Que personas de una ONG que no se refieren al gobierno como gobierno sino “al grupo en el poder” hayan ido a la sede del ejecutivo, es interesante desde el punto de vista político y es otra señal de los reacomodos que trae la estabilidad política que vive Venezuela.

En lo personal no me desagradó el encuentro. A varios de los que asistieron, los conozco en persona. Mi análisis no apunta a nadie en particular sino examina el encuentro con el gobierno.

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Tampoco me molestó la carta que le entregaron a Maduro. No me incomodó el “(…)hacemos propicia la oportunidad para reiterarle nuestros sentimientos de estima y consideración”. Si lo escribieron de manera sincera o no, no lo sé. Tampoco me interesa. Es una expresión usual en cartas. Una formalidad. No obstante, generó indignación en algunas personas en redes sociales. Cada quien es libre de sentir sus emociones, pero no veo el motivo para la molestia. El fiscal de la CPI, Karin Khan, por ejemplo, cuando se firmó el memorándum con el Estado en noviembre de 2021, se refirió a Maduro como “Excelentísimo Señor Presidente”. No recuerdo que alguien se haya molestado o indignado por eso. Y es el fiscal de la Corte Penal Internacional. En Venezuela, tendrán mucha “dignidad” y “no se arrodillan”, pero saben con quién meterse. 

Desde el punto de vista de la forma, pero también de fondo, lo que no me gustó es cuando los asistentes manifestaron que la comunicación entregada al presidente, “Lo hacemos a título de ciudadanos, pues los tiempos de esta convocatoria no nos permitió realizar una consulta amplia e integral de la instancia a la que pertenecemos, para tener el mandato de representación del Foro Cívico”. Esto debilita y le resta fuerza al contenido del documento. Además, contradice el espíritu de la carta que es la idea de los “ciudadanos y dirigentes responsables”.

Me causó contrariedad lo de “ciudadanos”. Entiendo que cierta oposición está en una onda de “albaceas de la democracia liberal”, con una pose de “ciudadanos de la ilustración”. Son los que uno ve con aires de seriedad, con un empalagoso lenguaje de “las instituciones”, y las voces cívicas que en redes sociales nos enseñan que tenemos que dar los buenos días, respetar la luz roja, ser puntuales, entre otras lecciones. La superioridad de cierta oposición que se camufla con el concepto de “ciudadanos”. 

Está bien que la crisis de Venezuela y su conflicto político haya generado no solo polarización, sino un deseo de diferenciarse del gobierno que se manifiesta en los “modos republicanos”. Pero no exageren. No fueron como ciudadanos. Ni el gobierno los llamó o convinieron reunirse porque son ciudadanos. Fueron como sociedad civil a un terreno político. Presentarse solamente como ciudadanos no solo es falso sino es hipócrita. Además, se contradice con uno de los argumentos centrales del documento. Este hace un llamado al gobierno a que se responsabilice, pero quienes hacen el llamado, no se responsabilizan por ir como foro.

Los “ciudadanos” le dicen al gobierno algo como, “la invitación fue sobrevenida, no pudimos reunirnos en pleno, entonces venimos por nuestra cuenta como ciudadanos”. Es decir, no asumen su responsabilidad al ir a una reunión con el ejecutivo como representantes de una plataforma civil. En criollo, “mataron al tigre y le tuvieron miedo al cuero”.

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El gobierno los invitó como grupo civil. Imagino que algo ve en el Foro Cívico. Seguramente es que esta plataforma postuló candidatos para el CNE en 2021 y lo hizo para el TSJ en 2022. Tres de los postulados por el foro para el CNE quedaron: uno principal y dos suplentes. El gobierno verá una plataforma que influye en política y no solo a unos ciudadanos pomposamente defensores de la democracia liberal. Entonces, deben asumir su responsabilidad. Si fueron como ciudadanos ¿qué sentido tendría pedirles cuentas de su visita a Miraflores? Es una humildad demasiado plástica la que, más bien, los debilitó políticamente porque fue criticado y con motivos.

Fuera de esta observación, la carta al presidente me parece que está bien escrita, tiene un buen fondo en sus planteamientos, y no leí alguna concesión al gobierno, más allá de expresiones formales. Me atrevería a decir que al ejecutivo no le agradó la comunicación. Por una razón muy sencilla: el gobierno es uno autoritario y en la carta se explica por qué de manera elegante.

El texto tiene 10 puntos. Arrancó con una premisa general. La “crisis y el conflicto político” demandan de los políticos y de la sociedad civil una “acción concertada” para mediar y negociar. El propósito es “disminuir los costos para alcanzar acuerdos”, y poder andar en “el camino de la democratización”.

De allí se pasó a hablar de la designación del nuevo TSJ. También, de la visita del fiscal de la CPI, Karin Khan. Los dos hechos como espacios para una negociación política. La idea es que la justicia sea pivote para institucionalizar al país. Para ofrecer certezas a los ciudadanos y tenga un efecto en la calidad de vida de la población. La coyuntura del nombramiento de un nuevo TSJ para catalizar que las instituciones funcionen y las negociaciones lleguen a todos los espacios. El texto proclama una “lógica de negociación que supone tener en el horizonte el interés nacional”.

En este punto, el documento argumentó a favor de la importancia de México como espacio para negociar, para que conduzca a Venezuela “hacia su mejor puerto democrático”. Nombrar al TSJ ofrece la oportunidad para activar nuevamente a México que es el lugar para las negociaciones políticas.

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Pero esta propuesta no es en el vacío. Las instituciones no son abstractas. Por sí solas no son agentes. Necesitan personas.

Por eso el documento cerró con un llamado al liderazgo político y al del Foro Cívico. Se requiere –dice la carta- de un “liderazgo y ciudadanías responsables”.

Lo que pondrá en marcha toda la maquinaria para negociar el funcionamiento institucional de Venezuela, es la responsabilidad de sus políticos y ciudadanos. Es un documento bien pensado cuyo eje es que las instituciones funcionen de acuerdo a lo que la constitución prevé.

Su debilidad es que es un texto centrado en los preceptos de la democracia liberal que no serán del agrado de un gobierno que no cree en instituciones con autonomía sino concentradas en un poder político que asume representa la voluntad general. No hay espacios para pesos y contrapesos, sino que construir un modelo político justifica los medios autoritarios que caracterizan las actuaciones de los gobiernos chavistas. 

En resumen, me pareció un documento profundo, que hay que leer varias veces para comprender el “entre líneas”. Me luce que muchos lo leyeron desde la superficie o desde la molestia por la despedida de la carta.

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El encuentro rompió con la tesis que quien hable con el gobierno es “alacrán” o “colaboracionista”. El Foro Cívico lo hizo. Quienes lo conforman son conocidos y estimados en la “Venezuela decente”. Varios acompañaron -no sé si todavía- la estrategia de la “presión y el quiebre”. No tienen la mácula que, por ejemplo, tenemos quienes hemos votado en cualquier circunstancia. Varios del foro también acompañaron la abstención y hoy se reúnen en Miraflores.

Mi explicación es que eso es lo que produjo disonancia en las redes sociales. Es fácil atacar a Ceballos, por ejemplo, pero es más complicado atacar a personas que participan en ONG que tienen un trabajo no de ahora, sino desde hace años, sin darse bomba, sino dedicados a la labor social cuando la crisis no era tan aguda como es ahora. Se han ganado su espacio a pulso, a diferencia de no pocos “defensores del mundo libre” de tuiter, que hablan “golpiao” pero hasta ahí.

Me llama mucho la atención que en tuiter no pocos preguntan “¿qué es el Foro Cívico?” cuando actúan de manera pública desde 2020. Salvo que sea ignorancia, es el típico tono de “no sé” que le gusta a la “Venezuela decente” cuando algo no sale como quiere o una manera de descalificar con aire de superioridad.

Que hayan ido a Miraflores produce contrariedad, “¿Cómo fulano o fulana le va a dar la mano a Maduro?”, truenan desde tuiter quienes se vacunaron en el programa del gobierno, y ni siquiera fueron con un cartelito de “Vacunas para todos” con el muñequito cuchi que ponían en tuiter, y fueron de los primeros en vacunarse, a pesar de que hablaron de un “genocidio” cuando se cayó el primer intento con COVAX. Asistieron sonrientes con la coletilla de “me trataron bien”, “el país que podemos ser”, y radiantes subieron sus fotografías con la Sputnik V.

Esta reunión es otro ejemplo de las consecuencias de la “pax Maduro”. Trae el reacomodo de la sociedad y esto plantea una nueva realidad para la oposición y las ONG que no son cercanas al chavismo.

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En una rueda de prensa del día 5-4-22 Superlano de VP habló de Ceballos. Señaló que la oposición se divide en dos grupos. Los que “quieren normalizar y los que no quieren normalizar” la situación política. Afirmó que VP está en último grupo.

Aunque lo expresó para referirse al caso Ceballos y no a la reunión de Maduro con el Foro Cívico, la clasificación de Superlano puede aplicarse al mundo opositor y a lo que hoy vive. Sin quererlo o no, el dirigente VP puso el dedo en la llaga.

El interinato se ubica en la “resistencia”, que puede disputarse si realmente es una resistencia porque, por ejemplo, Superlano dio la rueda de prensa de manera formal, no desde la clandestinidad. VP hace un juego político abierto, con riesgos, claro, y muchos. Si el ejecutivo lo quiere sacar del juego, lo hace, como lo ha hecho antes (por ejemplo, la detención arbitraria de Freddy Guevara en julio de 2021 o la “judicialización” de su tarjeta). Por eso el gobierno es un sistema autoritario. Pero VP no está en la clandestinidad. Tampoco en una lucha armada, o aparato subversivo.

El Foro Cívico, por su parte, tomó la perspectiva de actuar dentro de las reglas del sistema. Por eso su carta a Maduro. Es para demandar que el sistema cambie su lógica y la ajuste a una de instituciones democráticas.

Lo relevante es que los grupos que actúan dentro de las reglas del sistema son más. Desde Ceballos –que el tiempo dirá si fue cooptado, comprado, o ninguna de las dos- al Foro Cívico. Esto en sí mismo no implica nada.

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A la opinión cercana al interinato la reunión no gustó porque se interpretó como que “normaliza” a Maduro. Esta es la discusión del “Sexo de los ángeles”. Sí y no. El problema no es tanto la “normalización” de Maduro. Este tiene tiempo “normalizado”, sino hacia dónde conduce la “normalización”. Efectivamente, el sistema político chavista puede engullir a la sociedad civil y la función de ésta será moderar cosas del gobierno pero sin cambiarlo. Pero también puede ser moderarlo para que juegue a ciertas reglas que produzcan un cambio de gobierno dentro de una competencia en desventaja, pero que el PSUV pueda perder. En otras palabras, que los dados estén menos cargados a favor del ejecutivo, y aún con dados cargados, pierda y lo acepte. Hoy es difícil pronosticar si el Foro Cívico será fuerza para el status quo o si será, como se define, un “realismo radical” para un cambio de gobierno con reglas menos desiguales.

Esta reunión como la carta a Biden con fecha 14-4-22 suscrita por 25 personas, avivaron en el mundo opositor una discusión sobre la pertinencia del encuentro en Miraflores y de la carta, que derivó en un debate sobre la estrategia para la oposición. Que tampoco es un debate nuevo, pero es inevitable no abordarlo. Lo digo porque en una entrevista a Feliciano Reyna -quien tiene una ONG de trabajo y poca pantalla, con lo que tiene autoridad, al menos para mi- en Efecto Cocuyo del día 15-4-22 firmada por la colega Mariana Souquet, Reyna expresó que el propósito del encuentro en Miraflores del día 5 de abril, fue hacer visible la relevancia de la agenda social. Me parece correcto. Es la agenda de los ciudadanos, en la que me incluyo. No obstante, es inevitable no ver el encuentro del Foro Cívico o la carta de los 25 ciudadanos con el lente de la estrategia de la oposición.

Esto nos lleva a lo planteado por Superlano (“normalizar” o no, aunque es más complejo el asunto, pero lo dejo así). Un problema de la oposición es que es repetitiva. Lo es porque no tiene eficacia política. Entonces hay que discutir sobre lo mismo una y otra vez, en un mundo de élites que no tienen urgencias de tiempo porque están muy bien en el status quo, aunque finjan rechazarlo.

Ayuda a este clima de repetir, que la “coalición dominante” dentro de la oposición desde noviembre de 2013 -primero La Salida, luego el “abandono del cargo”, para terminar en la “presión y el quiebre”- tiene una habilidad -cada vez más menguada, como se ve en redes sociales- para ajustar la narrativa a los hechos ex post. Como no ha tenido éxito, ensaya explicaciones para justificar su incompetencia política sin parangón y nunca asumir responsabilidad por sus estrategias, excusas que a su vez repiten y “bajan” famosos e influencers de tuiter para darle curso a las nuevas narrativas de la “coalición dominante”.

A propósito de la carta de los 25 venezolanos -sobre este documento escribiré un artículo para El Cooperante- y de la discusión que generó en redes sociales, me entero que el fin de las sanciones no era derrocar a Maduro -vía “quiebre de la coalición dominante”- sino construir una alianza o acuerdo para producir la transición porque, como señala el paradigma de este grupo de la oposición, “sin quiebre (o sin alianza o aliados de adentro, como dirían hoy) no hay transición”. Primeras noticias. Tengo una pregunta. Si ese era el propósito ¿cuál fue la lógica de todo el postureo de Trump, que incluyó el envío de dos destroyers como los que ahora navegan a Europa por la invasión de Rusia a Ucrania, y un “ramson” por la cabeza de Maduro y de otras figuras del gobierno? No lucen acciones como muy lógicas para promover una “alianza para la transición”.

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El propósito de las sanciones era derrocar a Maduro vía “quiebre”, que fueron los llamados e “incentivos” para ver si alguien de adentro “lo vendía” a los EUA. El punto máximo de esta visión fue el “Framework” de Pompeo en marzo de 2020. A Maduro no lo “vendieron”.

Si no era por el quiebre “dentro de la coalición dominante”, era por la esperada “explosión social” que las élites aprovecharían para demandar de las FAN el famoso “pronunciamiento”, y el resto era estar cerca de Miraflores para “agarrar el coroto”. Si no era esto ¿cuál fue el sentido de quitar las exenciones para el diésel, por ejemplo? Era claro el propósito: si se para el transporte y la carga, es posible la “explosión social”. Tampoco pasó. Igualmente, no parece un camino muy inteligente para lograr una “alianza para la transición” sancionar al diésel.

Ahora se quiere imponer una narrativa que, gracias a las sanciones, es que se llenaron los anaqueles o gracias a los castigos, Maduro comenzó su limitado ajuste en septiembre de 2018. Lo que sí no van a decir es que “gracias a las sanciones”, ese grupo está muy bien con la “dolarización del régimen”.

Siento que volvemos a épocas superadas. Otra vez escucho la tesis de Erica Chenoweth del 3,5% de la población movilizado como condición para producir el “quiebre” ¿Pero eso no fue lo que se aplicó en 2017, y su punto culminante fue la marcha del 19-4-17 que tuvo ese porcentaje y lo pasó con creces? Otra vez regresa esa tesis, con un “re-branding”, pero es lo mismo, a pesar que Chenoweth escribió un “paper” en 2020 en donde revisó sus pronósticos. El “paper” no llegó a Venezuela, por lo visto. Tomó la cita de Hegel porque puede ser el caso para explicar que repetimos y repetimos: “la única lección que da la historia es que nadie ha aprendido nada de la historia” (aunque lo dicho por el filósofo es más profundo).

La impresión que tengo a partir del debate en redes sociales sobre la reunión en Miraflores y la carta a Biden, es que se quiere pasar del “quiebre por las malas” al “quiebre por las buenas”. No sé si eso vaya a funcionar. No es mi camino ni mi estrategia, como no lo fue el “quiebre por las malas”. Pero no puedo decir que esta vía “por las buenas” no vaya a funcionar. Lo que pienso es que puede allanar un camino para establecer confianza con el gobierno y poder hablar de la alternancia. Que ésta se concrete, no depende de las conversaciones en sí mismas.

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Para la alternancia se necesita tener una capacidad política. Insisto, me parece bien y apoyo tanto el encuentro del Foro Cívico como el documento de los 25. Pero hay algo previo.

Tengo formación académica, pero actúo en política. Nunca olvido la frase de Benedetto Croce, “la honradez política es la eficacia política”. Mi análisis siempre será político. Puede nutrirse de la academia, pero el poder va primero. Creo que otro error de la oposición es que primero puso a la academia y luego el poder. No hay discusión política sino una discusión de quien pone más referencias de un “paper” o libro para justificar un punto. Hay que ocultarse en un autor de política comparada o de otra área para entrar en el debate y no ser una “mera opinión”.

El gran problema que veo al pensamiento opositor es que quiere racionalizar tanto y domesticar tanto a la política -y a la guerra- que la convirtió en algo monstruoso. Algo que no es ella. A veces me recuerdan al papel de Alec Guiness en el “Puente sobre el río Kwai” (1957). Quieren ser tan pero tan racionales, tan pero tan argumentados y “sensatos”, que pierden la perspectiva de la realidad. La política es el reino del poder, no de la bondad, no de la piedad, tampoco de la racionalidad.   

Hay que resolver primero -o en simultáneo con los encuentros o cartas- un problema de eficacia política. Está asociado a la fuerza de los movimientos políticos y sociales. Si hay fuerza, pueden hacerse demandas más concretas al gobierno, con probables mejores resultados. Si no, serán demandas más generales o criterios para orientar las decisiones del gobierno, pero sin incidir o poco sobre ellas. El reto es construir una representación y fuerza que vayan más allá de los grupos cautivos o selectos que la apoyan. Es darle vida a la mayoría que dice tener y no asumirla como un dato dado. Dar vida supone un trabajo de abajo hacia arriba, que es lo que la oposición no ha querido hacer. Ahora dice que lo hará. Su apuesta siempre fue a una ruptura de arriba dentro del chavismo. Todavía la espera. Principalmente la oposición que apoya al interinato. 

El problema no es hablar con Maduro o Jorge Rodríguez. Si es solo por hablar, tampoco es negativo. Que el gobierno escuche o lea cosas que no son las que quiere escuchar o leer, en el peor de los casos producirá reactancia psicológica y reforzará el “Groupthink” oficial.

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El ejecutivo sabe qué es el Foro Cívico y quienes son sus integrantes. Si los invitó, sabía que esta ONG diría cosas que no les gusta o con las que no están de acuerdo. Posiblemente el gobierno quiera escuchar a sectores críticos. Entonces, intercambiar ideas no tiene nada de particular. El peor escenario es que no suceda nada, pero el gobierno tuvo que oír voces críticas, aunque no quería.

El problema tampoco es ir con un documento. El asunto es cuál fuerza tiene el Foro Cívico. Es una “ONG de notables” y si bien las organizaciones que la conforman tienen un trabajo, el problema es cómo la sociedad se apropia del Foro Cívico para que el gobierno tenga un plus (u otra ONG o los partidos políticos).

No el plus del poder, en el sentido que el foro influencia en el mundo de cierta oposición, o son ONG que hablan con Europa y los EUA, sino el plus que representa una opinión que es respetada por todos los sectores del país y quienes conforman al foro poseen, en general, una auctoritas que se deriva de sus actuaciones pasadas. Por supuesto, lo anterior implicaría que el foro deje de ser civil y sea político. Sus voceros, de forma reiterada, han expresado que no buscan ni quieren sustituir a los partidos políticos. En el punto 7 documento lo afirman claramente, aunque mañana puede gustarles porque el poder en Venezuela la verdad es que es sabroso.

Si ahora será el camino del “quiebre por las buenas”, está bien. Si hay éxito, será crédito para sus promotores. Como escribí, no es mi vía. Me luce que la realidad venezolana se acercará al plebiscito de Chile de 1988. Pienso que nuestra historia es más cercana a eso. Supone, entonces -y es en lo que creo y he trabajado las veces que me ha tocado desde 1998- construir o tener partidos políticos sólidos. No solo en su estructura, sino en sus programas, y en su esperanza y futuro. Difícil hoy porque el malestar social es lo que define al mundo. Climas así no promueven partidos políticos pero tampoco lo impiden. Estamos en una “coyuntura crítica” (Capoccia y Kelemen, 2011).

La estrategia que privilegio es la institucionalidad de los partidos políticos para jugar con las reglas del sistema autoritario y derrotarlo. Que acercarse al gobierno puede hacer una competencia menos desigual, es válido. Que si no lo haces puedes pasar toda la vida intentando porque son “autoritarismos inteligentes”, igualmente es válido. Al final quien decide es el elector en su conciencia. Queda construir las instituciones para que ese elector se manifieste. Por eso mi centro son los partidos políticos.

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De nuevo, me parece bien y apoyo que ciudadanos y ONG se acerquen al gobierno y éste a la sociedad civil. En los zapatos de los primeros, lo haría. Como político, no lo haría. O no de ese modo. Que no lo haga no me acerca a la fracasada estrategia de la oposición interinato (la “presión y el quiebre”). Este grupo quiere imponer una disyuntiva desde la comodidad de tuiter: “si no hablas de régimen, eres sospechoso”. Muchos se dejan chantajear por esto por el temor al qué dirán. En Venezuela se cuidan las “reputaciones” más que a la conciencia. Opté por la conciencia y no por la reputación de “hombre serio”.

Un empresario o un activista de una ONG tiene libertades que un político no dispone. Más si es en un sistema autoritario. Un político no podría ir a ese encuentro, al menos así, ni tampoco con una carta redactada de esa manera. Tampoco escrita como la carta de los 25. La sociedad civil puede. Y no es que sendas cartas estén malas, es que son dimensiones diferentes. La sociedad civil representa a sectores que efectivamente tienen el derecho para luchar por la agenda social como planteó Reyna a Efecto Cocuyo. Los 25 firmantes tienen derecho a plantear su crítica a la política de sanciones. El trabajo del político es representar y hacer posible el cambio político o ser factor de innovación política. Es ofrecer motivos para luchar, pero que tengan eficacia política. No es “dar la cara” por “dar la cara”, sin ninguna eficacia o activos de poder político. No se puede mezclar con el gobierno, puede encontrarse con el gobierno, sí, pero en igualdad, en un “tú a tú”. Si no es la realidad, tiene que construirla con la palabra y con la acción.

Que la sociedad civil trabaje la “pata de las negociaciones” está bien. Que ese trabajo conduzca a aliviar el peso de la crisis en la población, es legítimo y necesario. Que los activistas molestos por los encuentros y cartas quieran hablar de las violaciones a los DD.HH que lo hagan. De los hospitales, excelente. De los conciertos, es su decisión. Pero para la política no son los temas, son parte de los temas, pero el tema es representar y ser alternativa. Y eso se construye. No en el corto plazo, salvo los atajos que las elites opositoras han buscado, y salieron con las tablas en la cabeza. De paso, complicaron el trabajo de la política, no con “P mayúscula”, sino a secas.     

Hay que trabajar en la “pata política” que es la de los partidos políticos dentro de las reglas del sistema autoritario, sin bravuconadas, pero se busca la diferencia, a pesar de la “obstinada adversidad” o del “agotamiento de una lucha desigual”, como escribió Camus.

Quizás el punto de unión entre lo social y lo político será una mezcla de lo que Haggard y Kauffman (2016) plantearon al estudiar los cambios en los regímenes de gobierno. A lo mejor en Venezuela será un punto medio entre lo que llaman: “elite-led transitions” (negociaciones) y “distributive conflict transitions” (elecciones).

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El tiempo juzgará las posiciones que cada uno hemos asumido y defendido durante el chavismo, junto a sus resultados y responsabilidades. Bienvenidas las iniciativas del Foro Cívico y la carta de los 25 porque, al menos, generaron una discusión en una oposición aletargada. Lo ideal sería que la discusión prosiga. Eso sí, una discusión política ¿Cuál estrategia, por fin? Para mí, construir una alternativa política con personalidad, no derrocar a un gobierno.



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