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La Lupa

Encuentro Maduro-Macron no fue un simple apretón de manos y tampoco una emboscada

Maduro y Macron coincidieron en la cumbre del clima que se efectuó en Egipto desde el 6 hasta el 18-11-22. No fue un simple apretón de manos sino que los presidentes conversaron por lo menos durante dos minutos. Fue un encuentro significativo si se parte del hecho que en enero de 2020, Macron recibió a Guaidó en El Eliseo. En casi 3 años, el giro político es de 180 grados. El presidente venezolano hizo del viaje un mensaje para mostrarse “en sociedad”. Un presidente “normal”, de un gobierno “normal”, en un país “normal”. Esta cumbre es otra evidencia. Mi reacción luego de ver el encuentro entre Maduro y Macron no fue el calichoso “le lavan la cara al régimen”, sino pensar en la oposición. En la inmensa tarea que tiene para ser alternativa al gobierno. Titánica. Para comenzar hay que responder a una pregunta ¿dónde está el centro de gravedad de la oposición?

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La visita de Maduro a Egipto a propósito de la cumbre por el clima fue más un “mostrarse en sociedad” que llevar un mensaje acerca del clima. No fue una cumbre “de los amigos” tipo Alba o el viaje que el presidente hizo a países aliados en junio de este año. Tampoco fue un foro regional como el de la Celac en septiembre de 2021.

Es el primer foro internacional al que Maduro asiste ¿desde 2016? si tomamos como partida lo que le dijo a Kerry en Egipto, “no te veo desde Cartagena”. Ese encuentro fue en Colombia, cuando se firmó el acuerdo de paz entre el gobierno de Santos y las FARC. Acuerdo que no tendría mucha vida, pero eso es otra historia.

Tomemos 2016 como convención (aunque el presidente asistió a la asamblea de la ONU de 2018). Son por lo menos 4 años en los que Maduro no asistía a foros que no son exclusivamente de sus aliados.

Así lo asumió Maduro. La información y videos que llegaron de fuentes oficiales desde Egipto, comunicaron un presidente que rompió el cerco internacional. No todo, pero avanza. Ya no es paria, un excluido, sino representante de un Estado. Así se le reconoce, con mejor o peor cara. Lo saludan o lo tragan, pero lo aceptan.  

En este artículo me centro en el encuentro entre Maduro y Macron. Los críticos señalaron que fue una “emboscada” del venezolano para encontrarse con el francés. No lo creo. Hablaron cerca de dos minutos. Algún interés hay. En cambio, los encuentros de Maduro con el presidente de Portugal o Kerry me parecieron más buscados. Para mostrar a un Maduro simpático, relajado, conversador, distendido. Que puede hablar con aliados y adversarios. También vi un TikTok de Maduro en una calle en El Cairo en algo que le encanta a los políticos y a los aspirantes a políticos de cualquier signo: un “baño de pueblo”.

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Desde este punto de vista, el viaje de Maduro no requiere mucho análisis. Buscó -y lo logró- mostrar a un presidente que no tiene restricciones y es reconocido en el mundo. Un país en su “normalidad” y un presidente de un “gobierno normal”. Ese fue el mensaje y el espacio para lanzarlo fue la cumbre del clima.

El encuentro con Macron sí tiene su análisis. Tal vez porque hablaron cosas sustantivas. Con el presidente de Portugal la conversación fue más social -aunque el luso le habló a Maduro sobre los “altos precios del petróleo”, y el venezolano no atajó esa indirecta, si lo fue- y con Kerry, honestamente el audio no fue muy entendible, sino algunas cosas, aunque se vio cordial la conversación.

Por supuesto, el presidente se mostró entrador. Allí su estatura -y los kilos, en exceso a mi modo de ver- lo ayudan porque comunican a una persona cercana, afable. Véase, por ejemplo, la foto oficial de la cumbre con los presidentes por separado. Un Maduro alto y bien alimentado entre dos chaparros como Al Sisi y Guterres. El medio fue el mensaje: un presidente relajado y, si se quiere, feliz. Le dijo al periodista de VTV, Boris Castellano, que “cada vez que amanece, la vida es una sorpresa”. Un Maduro, pues, en plan de “coach”, actividad muy popular en redes sociales donde “famosos” con frases muy sabias como que “la vida es un ratico, cuídense”. Brillante. Muchos “influencers” y “coaches” descubrieron que no son inmortales.

De entrada, oooootraaaaa vez a repetir mi posición sobre el tema de Maduro y su reconocimiento. No es de ahora sino desde 2013, cuando comenzó a gobernar.

La estrategia del interinato y de la oposición en general que fue “la presión y el quiebre”, no funcionó ni iba a funcionar. No es un ex post como sugieren las “mentes brillantes” de ese sector. Jugar a algo que no existe terminó en lo que hoy se ve. Maduro es el presidente y en función de eso, la oposición desde 2013 debió construirse como una alternativa al poder. Países también debieron actuar así o, en todo caso, haber sugerido a la oposición ser un movimiento político y no una fantasía gobierno. Hoy esto pesa a naciones y por eso las sorpresas que se vieron en Egipto.

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Lo digo por Francia porque su política tampoco funcionó, la que estuvo atada a la lógica de la “presión y el quiebre”. Hay que recordar que Macron recibió a Guaidó en el Eliseo en enero de 2020. Que lo recibió “en palacio” y con Maduro se vio en un foro, es lo de menos. Macron se dirigió a Maduro como “presidente”, no lo ignoró o le dijo “señor Maduro”. El poder tiene sus símbolos pero también es fáctico.

El embajador de Francia en Caracas fue uno de los poquísimos diplomáticos que asistió a la rendición de cuentas del interinato que fue en septiembre. Hace apenas dos meses. En 60 días el presidente del país del embajador de Francia dio un giro de 180 grados. Pienso que si Francia -como los EUA o los países del Grupo de Lima- hubieran alentado un movimiento político de oposición y no una estrategia insurreccional, tuvieran más maniobra frente al gobierno venezolano.

Imagino la conversación entre Maduro y Macron, a lo mejor éste le dijo, “presidente, en Venezuela hay una oposición con legitimidad con la que debe hablar en el marco de la soberanía de su país, que Francia vería con mucho agrado para una región que se recompone”. Pero, ojo, no es lo mismo hablar de una oposición política que de un gobierno de fantasía, que fue lo que realmente pasó. Como respuesta con base en lo que ocurrió Maduro pudiera decirle a Macron, “pero es que su gobierno apoyó a una oposición que buscó derrocarme. Imagínese, presidente Macron, contra usted hubo un intento de golpe en octubre de 2021, la ‘Operación azul’ ¿recuerda? Imagínese si mi gobierno hubiera apoyado eso ¿Hoy hablaríamos?”. Creo que Macron no tendría mucho que decir. Ese es el problema cuando la política se sustituye por experimentos.

En descargo del Estado francés, hay que decir que buscaba el contacto con Maduro mucho antes. Mejor dicho, los dos países se buscaban. En junio de 2022 -en su momento me pareció una noticia importante, pero en Venezuela “pasó por debajo de la mesa” como todo lo importante- la encargada de negocios de la república en Francia y el presidente de la comisión de defensa y exteriores del senado de Francia, se encontraron en el palacio Luxemburgo en París, no en un foro. El parlamentario galo que recibió a la diplomática del gobierno de Maduro es de un partido de derecha, no de la “progresía mundial” como encanta decir a cierta opinión opositora. 

Que el petróleo es lo que mueve a Macron, seguramente. Tampoco es un descubrimiento. Así ha sido en la historia. Mueve a todos, no solo a Macron. El presidente de Francia lo planteó en el G7 de junio de 2022. Pero hay algo más relevante que el petróleo: creo que Francia -como casi todos los países- se dieron cuenta que la inercia de Venezuela no conduce a nada. Quienes llaman a que los venezolanos y las venezolanas nos inmolemos dentro de Venezuela, llevan unas felices vidas dentro y fuera de Venezuela, y seguro verán sus partidos del mundial. Las naciones lo ven. Imagino que se preguntan ¿tiene sentido seguir con este juego que se estancó?

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Aquí entró la invasión de Rusia a Ucrania. Hizo saliente y catalizó lo que ya los países veían: una estrategia para derrocar a Maduro fracasó y el aislamiento no hará la diferencia. Que muchos ahora tienen que devolverse de lo que dijeron, bueno, es la política. Que si Richelieu, que si no sé quién, bueno, esa es la política en la práctica, no en la teoría ¿Qué mañana puede cambiar y darse el “quiebre de la coalición dominante”? Será mañana, pero hoy es hoy. Y el análisis es de hoy.

En el audio, Macron le dijo a Maduro que la “región se recompone” -imagino se refiere a la victoria de candidatos de izquierda en elecciones presidenciales- y Maduro le respondió que “Francia tiene un importante papel que jugar” –imagino que en la “recomposición”- Macron le dijo que lo va a llamar y Maduro le respondió que “perfecto”. Macron le habló del encuentro que Francia organizó –en ese momento no se había efectuado- con países de la región y delegaciones del gobierno y de la plataforma para el asunto del diálogo, que se hizo entre el 10 y el 11 de noviembre en París. Maduro le señaló que ese encuentro “saldrá bien”.

En los videos, el encuentro fue como de dos minutos lo que sugiere este reconocimiento de Macron a Maduro. Lo llamó “presidente”. Por supuesto, Maduro lo aprovechó y el PSUV también. En la rueda de prensa de este partido del día 7-11-22 Cabello afirmó que el encuentro entre los dos mandatarios “es una imagen para aterrizar en la realidad”. 

Esto abre un punto importante para el análisis que se desarrollará en el tiempo. Es evidente que Maduro es reconocido por los países. Entra en una etapa de “normalización”. Ya el problema es menos el reconocimiento que lo que suceda con ese reconocimiento.

Es decir, países pueden asumir que Maduro es autoritario pero “es lo que hay”, dada la inexistencia de una oposición orgánica. Una lógica de descarte: es autoritario, pero garantiza una estabilidad dentro de su país y sabe negociar con las naciones. Sencillamente, los gobiernos aceptarían la situación autoritaria de Venezuela. 

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Pero hay otro escenario. Que países coadyuven a que el gobierno acepte un juego más nivelado con la oposición. Una relación complicada y tensa pero que puede fluir en la medida que se construya en el tiempo y los países tengan objetivos claros: o es solo energía o es energía pero instituciones con pesos y contrapesos.

El hecho es que la realidad se mueve del “reconocer a Maduro” a algo como “para qué ese reconocimiento a Maduro”.

Lo que el reconocimiento a Maduro trae al gobierno, lo desarrollé la semana pasada en el artículo para El Cooperante con fecha 16-11-22 en el que examiné la visita de Petro a Caracas el día 1-11-12. Para recordarlo, muy sencillo. El presidente Maduro tiene que hacer una elección entre ser reconocido de hecho o de derecho. El problema es menos su reconocimiento sino cuál reconocimiento. Eso lo decide Maduro. Entre ser un “mandón” que se lo calan porque no hay otra, o aceptar un juego nivelado con la oposición, para ser reconocido de hecho y de derecho. Entre algo como Agatocles o un Duque Valentino para ponerlo en lenguaje de Maquiavelo. Es lo que el presidente y el chavismo deberán analizar y decidir. Hoy no parecen posibles las dos -de hecho y de derecho- aunque me atrevo a vaticinar que esa es la apuesta del gobierno. Va a esperar y calcula que, en la espera, será aceptado de hecho y de derecho.

Más que pensar en el reconocimiento de Maduro -no es un problema para mi, lo reconozco desde que ganó en abril de 2013- lo de Macron me puso a pensar en la oposición, que sí es un problema para mi. Esa fue mi reacción al ver el encuentro, no tanto si “le lavan la cara a Maduro” que es la fijación de cierta oposición. Me puse a pensar en la inmensa tarea que la oposición tiene por delante, en una época más compleja. Lo tiene cuesta arriba de verdad. No es 2006 luego de la abstención de 2005 -otro error garrafal- ni tampoco es 2009 cuando se creó la MUD. Hoy es una época sumamente más complicada.

No me agrada cuando un chavista hace el diagnóstico de la oposición. Pero acertó. El chavista es Diosdado Cabello, y fue en la rueda de prensa del PSUV del día 7-11-22.

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El diputado del PSUV empleó una figura retórica que el chavismo usa desde Chávez para diferenciarse de la oposición: “el chavismo unido frente a una oposición fragmentada”. El mensaje entre líneas “¿qué prefieres para la estabilidad del país (si la estabilidad es lo que interesa)?”.

Esto no es nuevo, pero Cabello dio en el blanco sobre la situación de la oposición cuando dijo “¿con quién se puede hablar allí?”. Ese es el problema. Por que si se habla con Guaidó, lo van a desautorizar. Si es con Machado, Ramos, Rosales, Capriles u otra figura, también. La gran pregunta -y tarea- es ¿dónde está el centro de gravedad de la oposición? ¿con quién se puede hablar allí realmente, al que no le caigan encima, y su palabra valga de verdad?

Responderla es otro artículo, pero hay dos vías para definir ese centro. Una organizacional -un partido o un movimiento político- y otra una figura, preferentemente carismática que una a los diferentes sectores de la oposición. Hoy no tiene ninguna de las dos por lo que todas las fuerzas se anulan porque todas más o menos tienen un respaldo parecido. Lo que resulta en que no hay un centro de gravedad.

Sin embargo, la plataforma tomó una buena decisión al designar una comisión para las primarias que luce balanceada en la procedencia de sus integrantes y con perfiles de independencia y criterio, y Blyde asistió a la Conferencia de París para verse con Jorge Rodríguez, quien encabeza la delegación negociadora del gobierno. Estas iniciativas madurarán y pueden proveer o marcar un centro de gravedad. Pero hoy no es el caso.

Puedo criticar a Macron su giro de 180° con respecto a Venezuela, pero no puedo ceder al deseo de muchos que se inmole mientras se preparan para el próximo concierto, disertan sobre las grandes palabras de Daniela Barranco en Expovalencia, el Miss Venezuela, o con unas “tapas” disfrutan del mundial y la ceremonia de apertura con Morgan Freeman. No le puedo pedir a Francia -o a otro país- que se inmole mientras llevo mi exitosa vida en Venezuela, que es lo que no pocos pretenden que pase para “no normalizar el horror”.

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Mi análisis del encuentro Maduro-Macron en Egipto es ¿dónde está el centro de gravedad de la oposición? Mientras no se responda esta interrogante, sorpresas como el encuentro entre los dos presidentes serán frecuentes.

Nota Bene: el primer artículo de la semana pasada para El Cooperante, publicado el día 14-11-22 y que analizó el estudio Encovi 2022, reportó buena receptividad. Estuvo en las “tendencias” y en los “más leídos” del portal. Por más humildad que uno pueda tener, agrada esa reacción del público porque son artículos que toman su trabajo hacerlos.

Antes de enviar este artículo al portal, con un colega politólogo intercambié sobre Encovi. Le comenté mi hipótesis del “anclaje en el pasado”, a partir de lo dicho por una de las expositoras de los resultados de Encovi 2022, la profesora Anitza Freites.

Mi colega y amigo planteó el tema de la nostalgia. Había leído sobre la nostalgia en un reciente libro de Antoni Gutiérrez-Rubí, consultor español muy citado porque asesoró las campañas de Petro y Lula, que fueron ganadoras. En su libro “La fatiga democrática” –una compilación de sus artículos de prensa- Gutiérrez-Rubí habló de la nostalgia en política. Recordé el libro, cuando mi amigo y colega mencionó la nostalgia y me pareció que iba bien con la idea del anclaje. Agradezco la buena observación del colega y amigo.



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