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Era el número 892 y pasó 15 horas en cola para echar gasolina

Irán envió a Venezuela 1,5 millones de barriles de combustible con un valor estimado de 45,5 millones dólares y ha expresado que puede seguir enviando gasolina si Maduro la necesita, esta importación justifica según Maduro que la gasolina sea vendida a precio internacional y los venezolanos tendrán que pagar el litro a 0,50 de dólar. Esto parece no ser problema para la población que durante 3 días seguidos ha salido a las calles para llenar los tanques de sus vehículo, pero las colas, la escasez y la corrupción están lejos de terminar pese al incremento

Caracas / Foto Portada: Cortesía.- Este lunes inició la venta de combustible con precio internacional en Venezuela, tras la llegada de cinco buques iraníes que Maduro ha usado como salvavidas tras semanas de protestas y la baja producción del parque refinador. Pese a que el aumento de la subsidiada fue de 500 000 %, en Caracas y Ciudad Guayana sigue siendo una pesadilla echar gasolina. Parece que el incremento está muy lejos de acabar con la crisis.

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Marco Robles (*) vive en Ciudad Guayana, Puerto Ordaz y este miércoles le tocó surtir por número de placa en la estación «Orinoquia». Se preparó para salir a las 3: 00 a.m. ya que en grupos de WhatssAp, los vecinos contaban su experiencia y aseguraban que para salir de la bomba a las 2:00 p.m. más o menos, debían madrugar.

Preparó un par de arepas, café, un termo con agua y salió con 100% de la batería del celular a la estación de servicio que queda al lado del Orinokia Mall. Esperaba regresar a casa pasado el mediodía. Al llegar a la cola de la única estación de servicio que vende gasolina subsidiada en el sector Alta Vista, tenía por delante una cantidad de carros «impresionante»: la cola era un caracol alrededor del centro comercial que tiene unos 5 000 kilómetros de extensión. Unos 3 000 carros llegaron antes de las 3:20 a.m. para comprar gasolina a precio subsidiado.

Marco llegó a las 3:20 a.m. a la cola de la estación de servicio «Orinokia», Ciudad Guayana y salió a las 5:30 p.m. para poder comprar gasolina subsidiada. Foto: Cortesía.

Pasaron más de 8 horas y Marcos seguía en el mismo lugar: tomó café, leyó, habló por teléfono, conversó con los conductores que tenía cerca, durmió y nada. La cola seguía sin moverse.

A las 11:00 a.m. llegaba el camión cisterna, eso dijeron algunos conductores. A las doce del mediodía llegaron 2 funcionarios de la Policía Nacional Bolivariana (PNB) y comenzaron a marcar los vehículos en el parabrisas, Marco Robles era el número 892.

Los efectivos dijeron a los conductores que había demasiados carros y que los atenderían por bloques: de 200 en 200. Eran la una de la tarde cuando empezaron a surtir y a Marco le dolía la cabeza, pues el sol inclemente de Ciudad Guayana no entiende de colas.

A las 4:30 p.m. se acercaron de nuevo los funcionarios de la PNB para informar que iban por el número 700 y que los vehículos que tenían el número 900 en adelante iban a tener que trasladarse a otra estación de servicio, que queda «botada»: la estación «Angosturita» en la autopista Ciudad Guayana-Ciudad Bolívar, un imposible para muchos, pues se quedaron sin gasolina en la cola.

Sin nada más que hacer que seguir esperando, Marcos tenía unas 150 personas por delante y ya faltaba poco. Pasadas las cinco y veinte logró entrar a la estación de servicio, y vio cómo una femenina de la PNB anotó el número de placa del carro en su celular, mientras que otra lo anotó en un cuaderno.

Luego de pasar 15 horas en la cola, pudo llenar la mitad del tanque: 20 litros por 100 000 bolívares. El dueño de la bomba no acepta monedas de 0,50 centavos de dólar y no había punto, solo bolívares en efectivo o el billete de un dólar, sin dar vuelto.

¿Alguien protestó?

Marco contó que cuando la PNB informó a algunos conductores que debían moverse a la estación «Angosturita», unas personas se molestaron y reclamaron a los efectivos. Alegaron que era un abuso hacerlos esperar tanto tiempo en vano y no poder surtir porque la cisterna llegó tarde, pero más allá de eso, no pasó nada: la gente está cansada, hipnotizada, es un tema de supervivencia, no hubo protesta.

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Cola para surtir gasolina en la estación de servicio «Orinokia» en Ciudad Guayana, estado Bolívar. Foto: Cortesía.

«Prefiero seguir comprando gasolina a la GNB»

Walter García (*) vive en La Yaguara y tiene una moto como medio de transporte propio. Desde que empezó la escasez de gasolina por la cuarentena, hizo contactos con efectivos de la Guardia Nacional Bolivariana (GNB) y uno que otro revendedor para poder llenar el tanque.

Así se ha mantenido por casi tres meses y planea seguir haciéndolo porque no tiene tiempo para hacer cola. Ha visto las colas interminable en la Texaco de Caricuao, El Paraíso, La India, La Yagura y Capuchinos.

Contó que un funcionario de la GNB le vende la gasolina que necesita a 3 dólares el litro.

«El GNB me vende 5 litros diarios, porque su jefe, un mayor general, le da permiso de llenar todas las mañanas a sus subalternos. Él llena su moto y luego de su tanque viene y me vende 5 litros a mí. Otros panas me la venden a 3 y 2 dólares el litro, pero como ya han surtido, ha bajado y me la han ofrecido hasta en 1 dólar. Yo no tengo tiempo ni ganas de calarme esas colas, prefiero pagarla a un dólar el litro, hasta que se regularice la situación».

La Urbina, Petare

Daniela (*) reside en La Urbina, Petare, estado Miranda, una de las zonas más habitadas de la capital. Sabe bien que tras el aumento en el precio del combustible, no sería fácil llenar el tanque. Tenía varios días buscando algún vendedor que le surtiera de forma ilegal para no hacer cola, pero no consiguió a nadie.

Este lunes le tocaba surtir según su número de placa que termina en 1. A las seis de la mañana ya estaba saliendo con su hermana y su papá a ver cuál de las bombas de La Urbina estaba abierta el primer día..

En la bomba de Plan Suárez no había nadie, por lo que tuvo que ir hasta la estación de servicio que queda al lado de Wendy’s. A las 6:15 a.m. había 15 carros. Esperó unas dos horas, hasta que un GNB informó que no iban a surtir y que debían trasladarse hasta la bomba que da hacía el barrio 5 de julio, la que queda en la autopista Petare-Guarenas.

Al llegar tenía el número 18. No estaba tan mal, pensó. Luego de cinco horas llegó la gandola. Horas antes, propietarios de vehículos trancaron la calle para protestar y exigir respuestas de lo que estaba pasando.

Según Daniela, el dueño de la bomba tenía todos los surtidores, pero no tenía internet. Luego dijo que hacía falta personal del Instituto Nacional de Tránsito Terrestre (INTT) y de Petróleos de Venezuela (Pdvsa) para poder empezar a vender. El de Pdvsa nunca llegó.

Llegaron unos efectivos de la PNB y la GNB y abrieron la bomba pasada la 1:30 p.m. Daniela Duró solo 20 minutos para surtir gasolina, en un proceso rápido. Llenó el tanque completo, 42 litros de gasolina por 150 000 bolívares, que pagó con tarjeta de débito.

El proceso es rápido, pero perdió 7 horas en cola.

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El martes, le tocaba a su papá surtir por número de placa. Al llegar a las seis de la mañana a la bomba de Wendy’s les tocó el número 70. Tuvieron más suerte, la bomba abrió a las 8:00 a.m. La GNB y la PNB aceleraron el proceso y pudieron echar gasolina en una hora y media más o menos. Su papá pagó un dólar por llenar el tanque con gasolina subsidiada. No había punto, ni vuelto.

Algunas personas que no tenían dólares simplemente echaban y se iban, porque no tenían efectivo. Ese día fueron los penúltimos en llenar el tanque, ya que solo había gasolina para 71 carros. La razón: una sola gandola surtió a las tres bombas de La Urbina y como consecuencia, unos 300 carros se quedaron varados, hasta la próxima semana.

La caraqueña calcula que el tanque le dure más de veinte días, ya que por la cuarentena no está saliendo mucho y espera que cuando le toqué surtir de nuevo, haya gasolina de Irán para poder abastecerse.

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