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“Era irme o verlos morir”: La desesperación hace que venezolanas se prostituyan en el Caribe

El Cooperante

Caracas, 7 de diciembre / Foto: El Nuevo Herald.- La severa crisis económica, social y política por la que atraviesa Venezuela ha llevado a que muchas de sus mujeres emigren y se dediquen a trabajar en el negocio de la prostitución para poder mantener a sus familias en el país.

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Tal es el caso de “Carla”, de 37 años, quien constantemente envía dinero a Venezuela desde la isla caribeña de Anguila, ya que su hijo está enfermo. Su madre no conseguía los medicamentos al principio, pero luego pudo comprarlos a los bachaqueros a un precio mucho mayor. En un reportaje para el diario El Nuevo Herald, Carla declaró: “Llegó el momento en las cosas se pusieron tan mal, cuando no teníamos comida, ni dinero, no podía cuidar a mis hijos y dije: ‘¡Ya! ¡Basta!’ “Era irme yo o verlos morir”.

“Carla” es enfermera titulada en Venezuela. Llegó a la isla de Anguila para convertirse en trabajadora del sexo. Los dueños del bar donde trabaja, Liliana y su esposo, son parte de una red que recluta a mujeres en el país y las traslada a las islas para ejercer la prostitución. Según Carla, si pudiera trabajaría de día y de noche. Tiene que pagar a los dueños del bar y enviar dinero a casa.

Las venezolanas llegan regularmente a Anguila, donde están algunas de las playas más hermosas del mundo. Pero la mayoría nunca ve la costa. Están casi todo el tiempo en los bares como el que maneja Liliana, quien cree que les está prestando un servicio al ayudarlas a alimentar a sus familias. El hecho de que se esté aprovechando de la desesperación de estas mujeres no le molesta. Lo ve como un beneficio mutuo. Afirmó que los clientes las prefieren “probablemente porque están tan desesperadas por dinero que hacen cualquier cosa para hacerlos felices”.

“Juana”, de 31 años, trabajaba para el gobierno. Pero cuando comenzó a criticar las políticas oficiales, perdió su empleo. Explica que al principio fue muy difícil: “Es horrible acostarse en una cama con un hombre extraño”. Estar unidas las ha ayudado. Cuando una de ellas se deprime, las demás siempre le tienden la mano o un hombro para llorar y recordarse la una a la otra las razones por las que tienen que trabajar en esto. Un cliente, barman en un hotel de la isla, dice sentir lástima por las venezolanas. Visita a una de vez en cuando. “Yo siempre me aseguro de que ella coma. Se enamoró de mí, pero no me voy a casar con ella. Yo tengo mi novia”.

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