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La Lupa

Escenario postelectoral en Venezuela está lleno de espinas

El escenario post electoral está cargado de miedo ya que es un camino espinoso que hay que transitar. El venezolano de hoy lleva rato sin ver con sus propios ojos cómo funciona la alternabilidad del poder y el rol de las instituciones en un cambio de mando, es más, muchos de los jóvenes que hoy votan en Venezuela no han visto un presidente de oposición y un oficialismo entregando el poder ejecutivo, algo que ocurre con normalidad en cualquier país del mundo y sin tanto escándalo

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Caracas/Foto: Archivo. Se acercan las elecciones presidenciales en Venezuela y mucho se habla de la campaña, las actividades de masas, las frases, las cuñas, las encuestas, la intención de voto, el tarjetón y lo que se mediatiza rápidamente a través de las redes sociales. Sin embargo, se deja a un lado la discusión, el análisis y los planteamientos acerca de los escenarios post electorales y aquellos acontecimientos que rodean una elección que apunta a construir un proceso de transición, un cambio político que atienda los problemas medulares de la sociedad con urgencia y a su vez permita una reinstitucionalización del país.

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Los esfuerzos en las diferentes mesas de diálogo y negociación entre el oficialismo y la oposición no han sido en vano. Se piensa que estos procesos funcionan como una transacción rápida y automática, como sacar dinero de un cajero, cuando en realidad es todo lo contrario y el estancamiento es un síntoma normal. Dentro de la opinión de las redes se asevera sin ningún fundamento, el argumento de que estas iniciativas solo empeoran la situación de la oposición cuando el oficialismo no “cumple con lo acordado”. Lo cierto es que el incumplimiento, si se quiere ver, solo perjudica a estas alturas a quien lo hace, ya que le genera dilemas en un contexto electoral y aumenta el costo político de las decisiones. Cada ronda de negociación equivale a un esfuerzo en el sector del gobierno ya que negociar implica ceder, comportarse, reconocer, conversar, y a un sector político acostumbrado a mantenerse viviendo desde el caos y la “lucha” le es complicado. 

El venezolano ha comprendido al pasar los años, que el voto es una herramienta poderosa que genera miedos e inseguridades en el adversario. El voto a su vez es el instrumento más práctico de ejecutar en una población cansada de la política. Es una acción concreta que no requiere exposición como si se tratara de ir a misa un domingo. Es un ejercicio civil que le recuerda a muchos el estado de necesidad democrática y de alternabilidad al que aspira un país. Es por esto que la ciudadanía, a pesar de los eventos del pasado, ha considerado el voto como una “oportunidad” de la mayoría. Hoy, según diversas encuestas e investigaciones, la intención, las ganas de votar se sitúan entre 50 y 70%. Los ánimos son buenos y estratégicamente deben reforzarse para conseguir el mayor numero de participación. 

A pesar de la duda sobre la ejecución del proceso electoral, el entusiasmo ansioso y las expectativas son las emociones dominantes en el ambiente. La oposición ha logrado romper con el círculo de tristeza que la venía acompañando desde que el gobierno interino bajó su santamaría. Las aspiraciones de cambio de la ciudadanía han sido reconducidas por un sector insistente de la oposición que luego de las primarias ha rechazado la abstención y hasta el enfrentamiento verbal. La moderación discursiva, estratégica y templada ha logrado darle a esta etapa política un poco más de oxígeno a una dirigencia exhausta y psicológicamente afectada por el conflicto, la hostilidad y los desaciertos del pasado. También con el miedo recurrente y común de todos los políticos, el de perder una elección y reconocer el triunfo del adversario.

Esta jornada electoral presidencial no comienza con el voto de los ciudadanos sino con la instalación de las mesas, sus respectivos testigos y el Plan República. El nivel de organización y operatividad va a definir quién ganará la elección en el terreno. En esta etapa el oficialismo ha demostrado ser muy eficiente y disciplinado por el diseño de sus técnicas de movilización casi que de corte militar. Durante estas horas, no importa la foto, el mitin con gente o las imágenes con drones, aquel candidato que logre aplicar mejor su estrategia de tierra y cuente con mejor organización gana. Luego, al finalizar la jornada de votación vendría lo que se conoce por todos como “conteo” y posteriormente el pronunciamiento oficial por parte de las autoridades del CNE. A este punto, las cosas se complican ya que los actores políticos enfrentaran el “Nudo Gordiano” del conflicto que es poner sobre la mesa el reconocimiento de la victoria y de la derrota asumiendo el riesgo que esto representaría en el futuro inmediato. En ambos casos, se estima el nacimiento de un escenario de tensión e incertidumbre ya que hasta el día de hoy no se han acordado garantías que permitan una convivencia post electoral en los sectores más radicales del oficialismo y la oposición. Lo peor para el país será regresar al enfrentamiento, la violencia y el no reconocimiento de los resultados.

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Parte de los problemas que ocupan las mentes de los políticos de oposición no es si el oficialismo pierde la elección, es si está dispuesto a entregar el poder y a quién, cómo y cuándo. ¿Estará el oficialismo dispuesto a ser oposición? ¿Está la Fuerza Armada comprometida a respetar los resultados electorales? ¿Quién controla a los sectores radicales? ¿Estará la oposición dispuesta a poner a María Corina Machado a dirigir un proceso de transición mientras Edmundo González asume el ejecutivo en enero de 2025? Son muchas las preguntas y dudo que alguien hoy tenga las respuestas. Sin embargo, un proceso de esta naturaleza solo puede analizarse sobre la marcha y con distancia y suma prudencia, entendiendo el actual modelo de gobierno, las fallas estructurales del sistema y el comportamiento de los actores en juego.

El escenario post electoral está cargado de miedo ya que es un camino espinoso que hay que transitar. El venezolano de hoy lleva rato sin ver con sus propios ojos cómo funciona la alternabilidad del poder y el rol de las instituciones en un cambio de mando, es más, muchos de los jóvenes que hoy votan en Venezuela no han visto un presidente de oposición y un oficialismo entregando el poder ejecutivo, algo que ocurre con normalidad en cualquier país del mundo y sin tanto escándalo. Esta elección presidencial tiene un gran componente psicológico en la sociedad ya que un cambio de poder implica un cambio de percepción, de paradigma, de reglas del juego y de emociones. 



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