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Esclavas sexuales de la revolución

Cristian Silva | 28 junio, 2019

Caracas.-Esta narrativa nace en un remoto pueblo venezolano donde hice amistad con una dama cubana, quien se desempeñaba como médico del lugar. La doctora caribeña se quejaba de la crítica de sus vecinos por “hablar mucho” de sus múltiples amigos que siempre le daban la cola desde y hacia su lugar de trabajo. A lo cual contestaba: “en mi Cuba bella eso es normal y natural”.

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Ya también es normal y natural para mí, convivir con escenas inéditas en una panadería de mi sector, donde algunas damas tienen supuestos encuentros románticos con sus dueños y trabajadores quienes le suministran “canillas y campesinos en modalidad de trueque” por fugaces favores íntimos.





O sea, son películas de la nueva cotidianidad de la patria sin mayor relevancia. Como también es normal el disco rayado de la revolución que ‘la cuarta república convirtió la vivienda en una mercancía’.

Es decir, la vivienda es una mercancía pero la prostitución obligada por la necesidad, el hambre y la sobrevivencia tiene otra clasificación. Cuando las necesidades básicas e inaplazables del ser humano son alimentación, vestido y vivienda.

Lamentablemente los chavistas convirtieron a Venezuela en un inmenso prostíbulo tanto interno como internacionalmente.





Y no es que en los anteriores gobiernos democráticos las féminas venezolanas eran santas devotas de castidad, pensamiento y acción. Siempre ha existido; la diferencia está en que antes lo hacían por gusto, placer, como en Sodoma y Gomorra. Se prostituía quien quería porque existían condiciones y posibilidades de trabajar “en forma honesta y moralmente honrada” como hacer empanadas, lavar ropas, desempeñarse como doméstica por horas, días o permanentemente. Viviendo con la familia y la alimentación incluida.

En el día de hoy ¿quién puede contratar a alguien como ayudante para tareas domésticas? Solo los chavistas enchufados.

En mi bella Cumaná y sin solicitarlo, he escuchado testimonios de venezolanas quienes tienen como ocupación principal ejercer la prostitución en Trinidad&Tobago. Regresan cada cierto tiempo con dólares, ropas, comida. Le compran motos a su pareja, celebran espectaculares cumpleaños y cuando se termina el dinero “retornan a su lugar de trabajo llevándose una hija, sobrina o amiga”.

Pero fue necesario el lamentable naufragio de dos embarcaciones con decenas de ahogados y desaparecidos, para destapar ese “submundo inteligentemente creado por los comunistas como instrumento de dominio en nuestro país”.

En las redes sociales circula libremente la ruta de la trata de blancas en la Isla de Trinidad. Las diferentes playas por donde arriban, los pueblos y lugares donde pernoctan y son abusadas salvajemente. Son las esclavas sexuales de la revolución. La embajada y consulados venezolanos conocen perfectamente esta situación y no hacen ni denuncian nada. Quizás por ser supuestamente cómplices junto con autoridades civiles, policiales y militares de ambos países.

Existen otras desagradables historias por contar de los millones de venezolanos, quienes debieron emigrar huyendo a otras naciones para no morirse de hambre. Pero “ese es otro joropo” el cual será abordado oportunamente.

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