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Esta es la doble tragedia que viven los colombianos expulsados de Venezuela

El Cooperante | 6 septiembre, 2018

Caracas.- Más de 400.000 colombianos cruzaron las fronteras para huir de la guerra en los primeros 12 años de este siglo, cuando se recrudeció la violencia de un conflicto armado que involucró guerrillas, paramilitares y fuerzas estatales.

El Centro Nacional de Memoria Histórica (CNMH) divulgó este martes en la fronteriza ciudad de Cúcuta el informe “Exilio colombiano: huellas del conflicto armado más allá de las fronteras”. El exhaustivo estudio se detiene, además de capítulos dedicados a Ecuador y Panamá, en el episodio de los deportados de 2015, el inicio de la crisis fronteriza entre Colombia y Venezuela que en muchos sentidos se prolonga hasta hoy.

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La profunda crisis social y económica de Venezuela, junto con el acuerdo de paz que sellaron en 2016 el Gobierno de Colombia y las FARC, han invertido la tendencia histórica del flujo migratorio entre dos países que comparten más de 2.200 kilómetros de frontera. Hoy se calcula que hay cerca de un millón de venezolanos en Colombia, a los que se suman más de 300.000 retornados.

Pero antes fueron los colombianos quienes emigraron en masa a la “Venezuela Saudita” que disfrutaba la bonanza petrolera de los años 70, o los que huyeron desde los 90 de los horrores de un conflicto armado que desbordó las fronteras.


La mayoría de esos exiliados sufrieron antes algún tipo de desplazamiento interno, como Ana Teresa Castillo, líder comunitaria cinco veces desplazada por guerrillas y paramilitares antes de afincarse en 2006 en Venezuela. Allí compró una casa en San Antonio, al otro lado del puente internacional Simón Bolivar, que después le tumbaron, información que detalla El País.

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A mediados de 2015, el gobierno de Nicolás Maduro lanzó las Operaciones de Liberación del Pueblo (OLP). En una porosa frontera que es también un corredor para el tráfico de armas, drogas, contrabando y combustibles, las OLP en teoría estaban dirigidas contra el “paramilitarismo colombiano”, pero terminaron convertidas en una escalada contra los colombianos que incluyó inspecciones arbitrarias, intimidación, saqueos y demoliciones.

Fue el preludio del cierre de la frontera. El episodio se saldó con la deportación de unas 2.000 personas y el retorno masivo de más de 22.000 que llevaban sus enseres entre pasos, trochas y puentes con la esperanza de reconstruir sus viviendas del otro lado.

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Tras el paso de meses y años, algunos malviven en Colombia y otros han regresado a sus hogares saqueados y demolidos en Venezuela a pesar de los riesgos. Todos, afirman los investigadores, son muy sensibles al actual éxodo venezolano porque saben lo que es ser víctimas de xenofobia y discriminación. Castillo, la líder comunitaria, se declara solidaria “Yo también viví una situación parecida. Y cuando llegué a Venezuela sentí una mano amiga”.

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