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Estado mínimo, Estado máximo

Contra todos los pronósticos, Maduro adelanta una liberalización con desigualdades que cada vez abarca nuevos espacios de la economía y de la sociedad. En su mente, está una idea que significaría un giro de 180° en las relaciones Estado-sociedad. Que la segunda financie a la primera a través de los impuestos y tarifas de servicios públicos. Si esto ocurre, habrá un nuevo contrato social entre el Estado y la sociedad ¿Será de vasallaje autoritario, el Estado autoritario se democratizará, o tendremos la versión venezolana de la doctrina china de “un país, dos sistemas”?

Europa Press

Caracas.- Pocos vaticinaron que Maduro daría un giro aperturista. Una apertura mal planificada, desordenada, burocrática, chucuta, y con desigualdades, pero apertura al fin. Muchos con fama de tener kilometraje político auguraron que iría “al comunismo”. Con esos pronósticos, personas decidieron. Algunos vendieron sus propiedades. Otros se fueron del país. Varios vieron sus mejores años pasar. Hoy a los que vaticinaron el “comunismo” solo les queda el control de daños y afirmar que la apertura a lo Maduro es resultado de las sanciones. El hecho es que ocurre y cada día abarca nuevas áreas.

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El día 19-2-21 Maduro tuvo un acto con los trabajadores petroleros. Lo relativamente nuevo en ese acto fue la firma del contrato colectivo. Aunque se ha hecho desde 2013 cada dos años (13-15, 15-17, 17-19), el nuevo se hizo en 2021, no en el año 2020. Posiblemente haya sido por la pandemia, pero también porque el gobierno no estaba en capacidad de acordar un contrato petrolero por la escasez de recursos. Que lo haga ahora puede significar que la administración tiene dinero, o que prioriza determinados trabajadores que estima esenciales en estos momentos. Los petroleros entre los primeros. Lo que queremos decir es que de alguna manera, Maduro regulariza la firma de los convenios colectivos, casualmente, cuando la base chavista se queja de los salarios. Es un mensaje a los trabajadores del Estado porque algunos protestan como los de Sidor. El aviso puede ser que sus demandas serán actualizadas y formalizadas en un contrato colectivo.

Queda conocer los beneficios económicos de este contrato. En 2017 -octubre- el salario básico -sin otros beneficios- era de $13 mensuales. Si nuestra tesis tiene alguna base, el contrato de 2021 debe mejorar sustancialmente los beneficios de los trabajadores petroleros.

Esta firma del contrato colectivo petrolero puede ir en línea con los rumores sobre la venta de Movilnet, que CANTV será una empresa mixta, o el cambio de imagen en algunas bombas de gasolina en Caracas. La lógica aquí puede ser que si se quiere atraer inversionistas o si ya hay candidatos para invertir, una condición de los futuros dueños o socios es “poner orden en la casa”, y eso pasa no solo por mejorar en algo el servicio e infraestructuras -para no recibir “empresas chatarras” o “casi chatarras”- sino por regularizar la relación laboral con los trabajadores para que estos tengan un marco de referencia a qué atenerse, porque el Estado ya no será el patrono. Algo como, “les dejamos un marco de referencia. De ahora en adelante, sus mejoras las negocian con los nuevos dueños”. Quizás por esto también la reunión de la AN con Fedecámaras ¿Se activará la comisión tripartita, ahora que el Estado busca bajar su peso en la economía y se aspira entren actores económicos privados, por lo que una instancia de negociación capital-trabajo ahora sí es necesaria?

En un acto con los trabajadores del Metro de Caracas el día 21-2-21, Maduro recibió la propuesta del contrato colectivo para negociarla con los integrantes de la empresa de transporte. El tono de Maduro dejó ver que la cultura del contrato colectivo de las empresas públicas en Venezuela, caracterizado por añadir cláusulas y un Estado muy generoso, no será tan así. Cuando recibió la propuesta de contrato afirmó que “una cosa es pedir agua, y otra dar agua”. Luego agregó que para que un contrato colectivo tenga sentido, la empresa debe generar ingresos propios. Afirmó que el “Estado aportará, pero hace falta que tenga un buen ingreso, que se cobre de verdad el pasaje, para que tengamos el sustento en dinero y podamos firmar el contrato colectivo”.

La lógica de Maduro parece ser una suerte de “dando y dando” entre el Estado y los trabajadores, y afirmó que las tarifas deben cobrarse “como debe ser” que es una manera de decir “a precios del mercado” o cerca.

Maduro sugiere algo como contratos colectivos “auto financiados parcialmente” con lo que la empresa en cuestión pueda producir con sus ingresos. Esta parece ser la lógica de Maduro en la materia, y quizás por eso avanza con los contratos colectivos. No solo como medida política para responder a la base chavista y bajar presión, sino porque ya hay un acuerdo en el raciocinio de los contratos: atados a la capacidad económica que una empresa pueda generar y, por qué no, esta idea es la antesala al ajuste de tarifas en empresas del Estado y en las empresas privadas, sea en concesión o sean privatizadas a lo Maduro. En cierto modo, si esto es así, es una liberalización a lo Maduro de los contratos de trabajo. Para el Estado, acorde a su desempeño financiero. Para los privados, una negociación con los trabajadores pero con menos influencia del Estado.

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Por supuesto, los beneficios de un contrato pueden quedar en el papel. Nuestro análisis lo que quiere destacar es una señal del Estado para regularizar la relación laboral con sus trabajadores y liberalizarla en algún modo, como respuesta política a las demandas salariales y porque el gobierno proseguirá con su ajuste a lo Maduro que pasa por acordar tarifas de servicios públicos a precios de mercado -como ya ocurre en algunos servicios- y, posiblemente, cambio de dueños en empresas hoy del Estado.

Esta liberalización a lo Maduro abarca otras áreas. En una actividad el día 24-2-21 Maduro ofreció la mezcla para los ingresos del Estado: impuestos, tarifas de servicios y, finalmente, exportaciones. Dijo algo importante: que las alcaldías tendrán algo como una libertad tributaria.

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Por supuesto, con Maduro no hay puntada sin dedal. La motivación para esta idea de los tributos municipales tal vez no sea tan conceptual sino una movida electoral para despertar el interés por las regionales y municipales al mostrar el cebo de los recursos, y una hábil jugada para bajar presión hacia el gobierno central con otra instancia “parachoques”. Ya tiene al PSUV, los movimientos sociales del chavismo, la AN, y ahora serán los estados y municipios.

Lo que Maduro deja ver es que el Estado central asume que sus ingresos serán menores al de otras épocas -tan es así la carencia de recursos, que Maduro firmó un decreto para reciclar y exportar chatarra- y adopta una liberalización goteada como se ve hoy: precios, tipo de cambio, aranceles, importaciones; ahora luce que se avanza hacia una liberalización en los contratos de trabajo y en los tributos municipales, porque el Estado no puede con todo. Este se quedará con la alimentación, salud, educación, ciencia y tecnología, lo comunal, y defensa. Lo demás se desconcentra a los estados y municipios.

El mensaje es que el Estado no podrá aportar para todo, y los municipios deben generar sus recursos para pagar sus programas e inversiones que no estén dentro de políticas nacionales. Incluso, la visión de los ingresos de Maduro apunta a que sea la sociedad la que financie al Estado mediante impuestos y tarifas de servicios –las exportaciones van de último- porque éstas serán modestas por el desastre y corrupción que el gobierno dejó en las industrias públicas y los obstáculos que las sanciones establecen para exportar petróleo. El pulmón del Estado en la visión de Maduro será la sociedad y si se concreta su visión, habrá un giro de 180° en la economía política venezolana.

Si ocurre, será el cambio más importante experimentado por la sociedad venezolana, quizás a la par de la aparición del petróleo. Para diversos estudiosos, Venezuela fue catalogada como un “petroestrado”. El Estado nacional hizo a la sociedad civil. Ese fue, en parte, el proyecto modernizador venezolano a partir de los años 20. Lo anterior explicó por qué la sociedad no hacía un contrapeso al Estado, y la presencia de éste en casi todos los ámbitos de la vida nacional. Al final, lo público no tenía dolientes. Pero si se da este giro la relación será al revés: la sociedad civil le dará forma al Estado. Lo interesante es que el Estado chavista es autoritario, ni siquiera se aviene a los contrapesos de su Constitución de 1999.

Quedará despejar si la relación Estado-sociedad será la de un señor feudal que extrae recursos de sus súbditos con un “contrato de vasallaje” que “negocien” o la sociedad buscará una paridad con el Estado al modo de las colonias americanas con el lema de No taxation without representation de 1765-1766, y sea una relación pugnaz por medio de la cual la sociedad se hará sentir, moderará, y cambiará al gobierno de Maduro.

Pero como Venezuela es el país de lo posible, puede darse una de nuestras extrañas paradojas: mientras la sociedad financia al Estado chavista para que éste apoye a una parte del país; la primera podrá llevar una vida relativamente autónoma que el Estado respetará porque no amenaza al sistema político chavista. Algo como nuestra versión de la doctrina china de “un país, dos sistemas”, la que bien pudiera estar en el futuro de Venezuela.



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