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Estimado ministro Wilmar Castro Soteldo: eso no se hace

Elizabeth Fuentes | 30 octubre, 2018

Caracas.- Lo primero a considerar es el temor que mostraba el ministro de Producción Agrícola y Tierras, Wilmar Castro Soteldo, ante los funcionarios chinos: una mezcla de admiración y jalamecatismo que lo llevó a semejante descalabro público, al extremo de que le vimos balbuceando “Voy a hacer dos reflexiones que pudieran ser preguntas…” ( ¿Ah?, ¿Cómo? ), para después terminar de poner su particular torta teórica con aquella vergüenza de intervención, donde en dos lineas dijo la palabra productivo tres veces y las tres veces de manera equivocada.

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“La primera tiene que ver con los mecanismos de control que el Gobierno chino implementó al sector productivo para garantizar la eficiencia y la productividad de los distintos sectores productivos que focalizaron para el desarrollo”, preguntó Castro Soteldo.

Un genio debe haber sido el traductor que logró hilvanar aquello nada menos que ante los señores Yu Bin, director del Centro de Investigación de Desarrollo del Consejo de Estado, el señor Deng Yu Song, director general adjunto del Instituto de Economía de Mercado y la señora Zhang Li Ping, directora general adjunta del Instituto de Investigación Financiera, quienes vinieron a darle clases al gabinete sobre cómo se administra un país y se consiguieron con semejante personaje.

¿Qué le costaba a Castro Soteldo, antes de sentarse al pupitre, meterse aunque fuese en Wikipedia para descubrir facilito que en China hay una economía capitalista que comenzó su reforma en 1978, hace añales? Tan capitalismo salvaje ha sido que algunos empresarios (porque también hay empresarios allá en China, Castro), contratan mano de obra infantil, pagan una miseria por hora de trabajo o inventan juguetes dañinos para la salud y el Estado ni pendiente. A esos extremos llega el No Control del régimen chino a la producción capitalista, porque ocurre que tipo de propiedad privada es sagrada en China, básicamente en las áreas de industria y agricultura, casualmente las que el ministro y su socialismo chavista ha destruido.


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Imagínese Castro que la agricultura china, en manos privadas y sin control del Estado, ha logrado sacar de la pobreza a 114 millones de personas sin invadirle fincas a los propietarios ni expropiar haciendas. Porque si bien la tierra es propiedad del Estado chino, éste las cede en usufructo por 70 años y durante todo ese tiempo deja a los campesinos e industriales trabajar tranquilos, sin controles, por dos o tres generaciones.

¿Que le parece Castro? Y no solo el 90% de las empresas son privadas y el gobierno no las controla- como bien le respondió el maestro chino con aquella sonrisa de conmiseración ante su ignorancia-, sino que el número de empresas extranjeras que se establecieron en el gigante asiático se incrementó 106,5 % en mayo de este año ( 5.024 compañías), mientras que el año pasado el total de empresas extranjeras capitalistas, burguesas y oligarcas que se instalaron allá fue de 24.026 lo que generó una inversión de 54 mil millones de dólares.

¿Tampoco sabía eso, señor Castro? ¿O que China es el país que tiene más multimillonarios en todo el mundo gracias a su coqueteo con el capitalismo? ¿Que 715 chinos poseen fortunas superiores a los mil millones de dólares?
Lo malo, eso si, es que para los empresarios y funcionarios chinos el contacto personal es fundamental en las negociaciones.

De hecho, se han escrito algunas Guías de Negociación y Protocolo en China, donde develan los 10 elementos a tener en cuenta. Y el tercero, que se llama Shehui Dengji ( traduce Jerarquía) es un derivado de la filosofía de Confucio y explica que “el respeto y la obediencia a los superiores son valores esenciales en la cultura china. Este elemento cultural tiene tres implicaciones en la negociación con empresas chinas: en primer lugar, las empresas extranjeras debe enviar a China representantes del nivel apropiado al acuerdo que se quiere lograr; además, durante las negociaciones hay que mostrar un trato deferente, reconociendo su posición jerárquica a los principales ejecutivos de la empresa china; finalmente, hay que tener en cuenta que, durante las negociaciones, los ejecutivos de mayor rango nunca se enfrentan a la otra parte, ni entrar a discutir temas importantes. El papel de negociador duro lo hacen ejecutivos de segundo nivel”.

De modo que si los negociadores chinos se percatan de que tienen enfrente a un ignorante y a un patán, probablemente no hagan el mejor negocio con ellos o le ofrecerán las peores condiciones posibles. Así de simple Castro Soteldo. Quizás sea bueno que en el gabinete comiencen por aprender algunos proverbios chinos antes de enfrentarse a esos maestros que vinieron a darles clase sobre como administrar su país. A mi me encanta uno que dice:

“Si haces planes para un año, siembra arroz. Si los haces para dos lustros, planta árboles. Si los haces para toda la vida, educa a una persona”.

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