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Esto es lo que necesita Henri Falcón para enamorar a la clase media

Elizabeth Fuentes | 2 mayo, 2018

Caracas, 02 de mayo.- “La primera condición de un líder es irritar”, sostiene el general Colin Powell en uno de sus muchos libros sobre liderazgo. ¿La segunda? Despedir a los incapaces.

En día definitivos para el futuro inmediato del país, la cita me vino a la mente durante un encuentro a puertas cerradas que mantuvimos hace poco los miembros del Caracas Press Club (CPC) con el candidato Henri Falcón, donde fue sometido a las preguntas más duras por parte de más de 40 periodistas que asistimos al encuentro. Valga aclarar que por igual experiencia han pasado todos los aspirantes a Miraflores, Hugo Chávez incluido, quien frente a los miembros del CPC juró que si ganaba las elecciones y algunos intentarán darle un golpe militar igual al del 4F “tomaría mi rifle y defendería Miraflores y mi pueblo hasta el final”, palabras más palabras menos que, como sabemos, nunca cumplió.

Al encuentro Falcón llegó serio, puntual e impecable. Y así se mantuvo las más de tres horas de preguntas y respuestas donde recibió una andanada de críticas que empaquetaron todas las dudas que sobre su candidatura existe. Y si bien logró despejar algunas, no logró responder quizás la más difícil: “usted no emociona, no irrita, no estimula”. Es decir, no enamora y sobre todo de cara a ese electorado difícil y fundamental que es la clase media (depauperada como todo el país), que solo ve en Falcón una réplica de Arias Cárdenas, un chavista disfrazado de oveja, un hombre que se ha prestado para legitimar unas elecciones donde Nicolás Maduro y su CNE pretenden hacernos creer serán limpias e imparciales, y para ello necesitan otro que les haga el juego. O varios otros, porque como en el chiste de los rusos, resulta que en Venezuela los evangélicos también juegan.

En fin, que no la tiene fácil el ex gobernador de Lara, quien a tres semanas del cierre de campaña sigue sin lograr convencer a los miles de abstencionistas de que no es un sargento sino un abogado, que su pasado chavista le condena pero nadie lo asocia como aliado de Henrique Capriles ( tan cercano que Capriles lo había requerido para que fuese su Vicepresidente), y que su práctica en la gobernación de Lara, -donde no reprimió, no impidió el libre ejercicio de la libertad de expresión ni persiguió a ninguno por sus ideas-, debería hacer más ruido que los ataques que hoy recibe desde uno y otro bando.

Empeñado en acercarse a los sectores D y E, donde votarán 7 de cada 10 por temor a las represalias del gobierno y “creen que el 20 de mayo el país será otro”, retando al poco tiempo que tiene para dirigirse más certeramente a la poderosa clase media – donde solo acudirán al llamado 3 de cada 10- y esquivando las puñaladas que le silban en el cuello lanzadas desde el planeta Twitter hasta por los medios gubernamentales, el candidato al menos se muestra confiado en que la rueda de la fortuna podría ceder y, números en mano, asegura que el gobierno tiene un techo de cinco millones y medio y quizás ,voto a voto, consiga la salida de Nicolás Maduro, algo que debe leerse con la melodía de Disneylandia como música de fondo. Aunque en el escenario opuesto seguramente oiríamos el rugir de los aviones cargados de venezolanos huyendo, acompañados por el de las metralletas que buscarán contener las protestas por el hambre y la miseria.


Quizás para llevar agua a su molino, convenga leer una nota publicada ayer por la agencia cubana Prensa Latina, titulada “Encuestas serán contradictorias sobre presidenciales en Venezuela”, donde por supuesto el redactor asegura que Maduro va a ganar básicamente porque sus actos de masas tienen una “convocatoria extraordinaria” y que las encuestas no lo reflejan porque son aliados de la”guerra mediática”, etc. Pero en todo caso, la nota busca favorecer al candidato evangélico Javier Bertucci y lo ubican como el segundo en los resultados finales. Lo que lleva a pensar que quizás Henri Falcón se les está convirtiendo en una piedrita en la bota militar que gobierna el país, una molestia desagradable, un testigo incómodo de muchas de las tropelías que ha conocido desde adentro y, sobre todo, en un amigo de muchos poderosos de hoy que, en privado, le manifiestan su inconformidad con el gobierno y tienen la champaña en la nevera para cualquiera de los dos escenarios.

 

 
 
 
 
 

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