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Estrategia abstencionista de la oposición sigue terminando en la nada

El Cooperante | 10 diciembre, 2018

Caracas./Foto de portada: El Pitazo.- Después de la abstención de 2005 en las parlamentarias, no pasó nada. Así como tampoco pasó nada luego de la abstención de mayo de este año. Tampoco pasará nada después de las elecciones de este domingo, en las que el PSUV terminó llevándose al menos un 96% de los concejales nominales en todo el país, al tiempo que la oposición, sumergida en la estrategia de no hacer nada, terminó entregando bastiones históricos como el municipio Baruta, que aunque no se trata de Stalingrado, es el reflejo de lo que prosigue al camino de la abstención: la nada.

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Que los centros de votación se quedaron vacíos lo sabe todo el mundo. Que la abstención no fue de 72% sino de al menos 88% y que por tanto, el CNE aprovechó la desbandada de la oposición para inflar votos a su antojo sin la menor de las resistencias, también lo sabe todo el mundo. La apatía de la población a manifestarse en elecciones es responsabilidad del Gobierno, que ex profeso busca la manera de quebrar a la disidencia desmovilizándola, arrojando un manto de dudas sobre los procesos electorales. Nada más productivo para Tibisay Lucena no tener que rendir cuentas a nadie sobre resultados absurdos en tal o cual circunscripción. Dirán que la oposición no participó y que por tanto, no hay reclamo posible.

Ahí quedó el histórico bastión del municipio Baruta: en manos del régimen. De hecho, en otros circuitos del interior del país donde tradicionalmente gana la oposición -que son un bastión- también fueron tomados por el PSUV. Es decir, en lugar de avanzar, la oposición retrocede en términos de espacios políticos. A medida que el rechazo hacia el Gobierno es mayor, la oposición pierde más espacios. Cuando la gente acude a votar, o ganan o pierden. Con la abstención ya perdieron de una vez.

La oposición ha preferido sumergirse en la estrategia de la abstención y esperar al 10 de enero como si aquella fuera una fecha mágica que producirá la salida del régimen dictatorial. No ocurrirá de ese modo. Ni la comunidad internacional ni Donald Trump activarán un botón que expulsará a Maduro, a Cabello y a los militares que sostienen a la cúpula abyecta, que cuenta con la asesoría del comunismo cubano y el respaldo de los rusos, además de los “socios” de China.

Luego de los resultados que arrojan una “victoria” para el PSUV, y luego de las “fiestas decembrinas”, vendrá el 10 de enero y posiblemente muchos países retiren sus embajadores de Caracas, complicando todavía más la situación internacional del régimen chavo-madurista. Igual de complicada la situación que la de Cuba en su tiempo cuando fue expulsada de la Organización de Estados Americanos, algo que terminó favoreciendo al régimen castrista de manera tal, que ni Fidel ni Raúl encontraron piedras en el camino que les impidiera imponer su régimen de terror y miseria durante más de medio siglo.

Y vendrá el 10 de enero. Y no pasará nada. O al menos no lo que un sector extremista de la oposición le ha hecho creer a muchos que pasará, puesto que cruzando los dedos y tocando campanas no se derrotan dictaduras. Hora de preguntarse quién perdió más con la abstención, si el Gobierno o la oposición.

 

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