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Discurso rojo de “felicidad” está en su punto de quiebre por la crisis, según expertos

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El Cooperante.- “Con hambre y sin empleo con Chávez me resteo”. Aquella frase que antes del fallecimiento del líder de la revolución en 2013 daba cuenta de un apoyo por parte del pueblo, sin importar las precarias condiciones de vida, parece haber sido heredada como una suerte de mandamiento por la administración de Nicolás Maduro, y repetida -bajo distintas variantes-, por funcionarios como si se tratara de una verdad irrebatible.

“Para nosotros no hay escasez, lo que hay es amor y patria”, dijo recientemente el gobernador del estado Vargas, Jorge Luis García Carneiro. Esta es sólo parte de una oleada de declaraciones ventiladas con insistencia a los medios en las últimas semanas por distintos integrantes del Ejecutivo, reseñó El Tiempo.

Frases que incluso hablan de “neveras llenas” y achacan al “consumo exagerado” parte de las causas de la crisis económica. Tales expresiones se muestran por un lado, como una estrategia política para mantener vivo el respaldo al chavismo, e incluso apelan a estudios que aseguran que Venezuela es el “país más feliz del mundo”.

Por otro lado, la confianza en la paciencia de la población por parte del Gobierno, comienza a convertirse en una peligrosa arma discursiva.

Para el politólogo Carlos Romero, las declaraciones de voceros del Ejecutivo que apuestan a una condición de felicidad del país, a pesar de la situación económica, o a dar por descontado que en medio de la escasez aún es posible apostar al respaldo de la gente, no sólo están “fuera de foco”, sino que además demuestran que se ha llegado a un punto de quiebre.

Si durante el mandato de Hugo Chávez esta estrategia utilizaba como columna de apoyo el liderazgo o carisma del mandatario, en la actualidad las declaraciones parecen hundir sus bases en arena movediza. Por cuanto considera que el mensaje ya ha comenzado a generar rechazo en las filas del propio oficialismo.

Si diez años atrás, la bonanza petrolera -y el incentivo al consumo- permitió a la gestión chavista alimentar estas ideas, la situación actual es otra.

En ese sentido, el experto en opinión pública, Oswaldo Ramírez, calificó la estrategia comunicacional del Gobierno como un “boomerang”. Explicó que a pesar de que el chavismo ha pretendido “victimizarse” para evadir las consecuencias de sus malas decisiones, al final sólo ha conseguido construir una “narrativa inverosímil” que le ha restado credibilidad entre sus votantes.

 

Despilfarro del Gobierno es percibido como hipocresía 

“No justifico que alguien adquiera cinco o seis pares de zapatos al año. El consumo es excesivo e innecesario”, dijo la semana pasada el diputado Ricardo Molina (Psuv) en una entrevista televisiva.

Romero aseguró que los mensajes del oficialismo apelando a la frugalidad son percibidos como una “hipocresía” en medio de las denuncias sobre despilfarro e ilícitos de sectores vinculados al gobierno. Dijo que cualquier intento de discurso apegado a la doctrina socialista se “derrumba” ante las evidencias de corrupción.

Tanto para Romero como para Ramírez, los resultados de las elecciones parlamentarias del pasado 6 de diciembre son una muestra del fracaso de la estrategia discursiva empleada por el Gobierno para mantener su liderazgo en medio de la crisis.

Asimismo, María Teresa Urreiztieta, psicóloga social, aseguró que todas las condiciones sociales están dadas para que en el país se produzca una “conmoción social”. Explicó que es imposible definir cómo será expresada la “frustración y la impotencia”, pero advirtió que es inevitable que la población exprese su malestar ante las penurias causadas por la inflación y la escasez.

Aseveró que en este momento la población venezolana parece poner a prueba la cualidad de la felicidad, y estaría lejos de la condición. Apuntó que el humor siempre ha sido parte fundamental de la idiosincrasia del país, pero ante la crisis se convierte como en un mecanismo de defensa o de catarsis.

 

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