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Falcón se va sin decir adiós

César Burguera | 30 abril, 2018

El obligado retiro

Logramos traspasar el ruinoso portón de la otrora flamante casona, donde en algún momento como en jornadas dominicales los principales dirigentes, las más autorizadas figuras de la oposición venezolana, vistiendo sus mejores galas, llegaban a entonar al unísono sus más elaborados discursos. Era la concurrida sede, el punto de diario encuentro de todas las organizaciones partidistas que se acobijaban en aquella vigorosa coalición que se atrevieron a denominarla como la acorazada e inquebrantable Unidad. Pero todo parece extraviarse en la frágil memoria, todo simula ser un mal recuerdo que parece reflejarse como inevitable letanía en los añejos muros, en las grisáceas paredes del abandonado recinto.

Tan solo se advierte la melancólica presencia de un puñado de militantes, que parecen rodear la desgastada y apolillada mesa. Surge la figura del ex mandatario crepuscular, Henri Falcón que bajo el débil alegato de estar agobiado por la diaria lapidación moral y encarnizado descrédito público proveniente de los más radicales sectores, decide capitular y advierte de manera casi solemne a sus compungidos compañeros de nocturna ronda, su irreversible decisión de retirarse del compromiso electoral.





Falcón llegaba de imprevista manera a sorprender a voces del pasado siglo y quienes han sido precisamente los que han acompañado su remota aspiración por convertirse en el primer mandatario nacional. De allí los rostros de inusitado asombro del envejecido e inofensivo felino, Eduardo Fernández, igualmente se alzan, en válido reclamo, la engolada voz de Claudio Fermín, quien ostentaba la envidiable condición de ser el jefe de la frustrada campaña.

También se retira intempestivamente de la improvisada junta Felipe Mujica, quien de manera generosa, había ofertado toda la imponente maquinaria naranja como importante aval en la pretensión presidencial, Mujica antes de abandonar la destartalada morada, llega a dirigirse directamente a Fernández y Fermín para lapidariamente exclamarles “Esta vaina no nos las echaba Caldera”. Después del anuncio del retiro, del amargo abandono por parte de Henri Falcón de la carrera electoral, el inmenso salón se sumía en una inevitable soledad y por directas instrucciones dejadas por el dimitente Falcón tan solo se llegaba escuchar a lo lejos una vetusta rocola ubicada al final del interminable pasillo que repetía, a manera de agobiante tormento y en tono de insolente ironía, aquel centenario tango “Adiós muchachos compañeros de mi vida. Barra querida de aquellos tiempos. Me toca a mí hoy emprender la retirada. Debo alejarme de mi buena muchachada”.


El cruel abandono.

Pero el calculado retiro, el evaluado abandono de Henri Falcón, estimulado desde modernas metrópolis del hemisferio y que dejará en una verdadera situación de deprimente intemperie a un sector de la oposición que desesperadamente pretendía vencer las multiplicadas voces que nuevamente proclaman a la abstención como la única herramienta o alegato político, nos lleva irremediablemente a retomar la lectura de una exitosa novela de la moderna narrativa italiana, es repasar las líneas de “Los días del abandono” de Elena Ferrante que parece recoger en el año 2002 y casi de manera premonitoria la actual y dramática situación que vuelve a verse la oposición patria ante el cruel abandono de Henri Falcón. “Un mediodía de abril, justo después de comer, mi marido me anunció que quería dejarme.

Lo dijo mientras quitábamos la mesa, los niños se peleaban como de costumbre en la habitación de al lado y el perro gruñía en sueños junto al radiador. Me dijo que estaba confuso, que estaba atravesando una mala época, que sentía cansado, insatisfecho, quizá también ruin. Luego asumió la culpa de todo lo que estaba pasando y se fue, cerró con cuidado la puerta de casa y me dejó petrificada junto al fregadero”. En la obra pareciera mostrarnos a la oposición bajo la femenina y protagónica figura de Olga y a Henri Falcón como Mario, el exhausto marido que al dejarla la hace caer presa de los terribles días del abandono. Mario se va sin dar explicaciones, sin decirle siquiera quien es su amante o si la tiene. Todo se torna demasiado doloroso, caótico y descontrolado para Olga.

Cierto día, todo estalla a su alrededor y se siente incapaz de estructurar la situación, lo que constituirá en ella una bajada a los infiernos de la degradación. Pareciese describirnos a la oposición y sus más destacados dirigentes deambulando desorientados hacia su propia extinción. Se han entregado de cuerpo y alma a las más reprobables practicas para la satisfacción de los espectadores externos que asumen el rol de constituirse en sus verdaderos patrones.

El infierno de Henri.

Y es que lo extraordinariamente narrado por la escritora italiana Elena Farrante en “Los días del abandono” guarda extraordinaria similitud con lo que en los próximos días se producirá en el escenario político de nuestro país, a tan solo días de la transcendental cita o compromiso electoral. Y es que podemos avistar o sentir la cercanía del formal retiro de la candidatura presidencial de Henri Falcón. Es su notoria confusión al observar lo que dictan los más calificados estudios de opinión y advertir que las cifras o números son insuficientes para alcanzar su pretensión u objetivo.

Es el cansancio no solo por los crueles reclamos o reprimendas por parte de los que simulan erigirse como los nuevos inquisidores de la oposición, sino que nadie logró escuchar sus desgarradores actos, sus estremecedores mensajes donde imploraba que los partidos políticos se sumaran activamente a su tránsito candidatural. Ante el insolente silencio de aquellos que llegó a considerar como sus “hermanos y compañeros de lucha”, Falcón capitula y presenta su rendición para someterse a las estrictas directrices giradas desde el norte de nuestro continente, la foránea e insolente corte colonizadora que nunca claudicaron en la tarea y través de la práctica de una asfixiante presión lograron en definitiva que se produjera el cruel abandono.

Sin embargo Falcón, que atraviesa una mala época, empieza a definir su propio destino, comienza a edificar su futuro político y aspira, con este acto de desprendimiento y obediencia, las dominantes élites de poder foráneas se comprometan en acompañarlo incondicionalmente en una próxima oportunidad o coyuntura que exhiba carácter electoral. Henri Falcón, alega y con válido razonamiento, a sus nuevos y extranjeros jerarcas, que al menos logró el supremo objetivo de superar holgadamente en autorizadas encuestas a todos y cada uno de los referentes o dirigentes opositores que conjuntamente con su obligado retiro de la candidatura presidencial, constituyen las razones suficientes para que sea considerado como el único y exclusivo abanderado de los intereses foráneos para futuras contiendas electorales. Por ello es que el retiro está cantado.

Observaremos en los próximos días y como antesala al aguardado anuncio del abandono, la iracunda presencia de Falcón llevando consigo categóricos reclamos, amargas quejas ante la mismísima sede del máximo órgano comicial, ante el CNE, con la estéril treta o argumento de que no se estarían respetando lo cristalinamente suscrito en el acuerdo, que fueron desconocidas las garantías para la debida participación en los comicios del próximo 20M. Será la faceta ruin de Falcón, quien en cualquier momento peregrinara para alguna de las generosas metrópolis del continente con el fin de recibir la atractiva oferta que le proporcione la debida seguridad económica y política. Constituirá el internacional aporte para la tranquilidad y futuro político de Henri Falcón.

La continuidad del paso

Se hace imprescindible para la debida consolidación del proceso, para la preservación del perenne legado, el inalterable compromiso, la comprobada lealtad de aquellos que ayudaron a gestar, con su sacrifico y entrega, el supremo esfuerzo por conformar o definir el encendido concepto de la patria. Son los que desde siempre han mantenido una posición invariable en la férrea defensa ante los incesantes ataques internos o externos que buscan socavar u horadar el sentimiento de nación que yace sembrado en la conciencia colectiva. Compañeros de ideales y de sueños, como lo representan Vladimir Padrino López y Francisco Ameliach Orta.

La pasada semana el constituyente Ameliach dentro del marco de un emocionado reencuentro con las aulas de la academia militar, reconocía la trayectoria de su compañero de promoción, el Ministro de Defensa Vladimir Padrino. “Hermanos de compromiso y lucha en la defensa del alma nacional. Desde 1980 transitamos el camino con lealtad, constancia y perseverancia hacia el objetivo de consolidar el proyecto bolivariano rescatado por Chávez y hoy en continuidad bajo el liderazgo de Nicolás Maduro”. Por ello es que Padrino López refrendaba este vínculo que abarca casi tres décadas con las impecables palabras “Hermanos en armas, hermanos en la amistad, hermanos en la constancia, hermanos en las causas justas y hermanos en la venezolanidad. Imposible olvidar tantas vivencias juntos. Venceremos”. Es encontrarnos de frente con la permanente vocación, la verdadera esencia de aquellos que les corresponderá la ineludible obligación de la continuidad del paso. “La lealtad es lo más importante y transcendental en la vida, lo demás se aprende” finaliza Ameliach para significar cuales son los supremos valores e ideales que deberán dictar la orientación para transitar el decisivo sendero. Y esa es la verdad

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