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Fallece por COVID-19 la hermana María Rosario, conocida por fundar la primera Casa de la Caridad en Venezuela

La Hermana Rosario se convierte en la primera religiosa que fallece por COVID-19

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Caracas.- La Conferencia Episcopal Venezolana (CEV) informó este sábado en horas de la mañana que falleció María Rosario, conocida como 'hermana Rosario', quien junto a Santa Teresa de Calcuta, fundó la primera Casa de la Caridad fuera de La India, ubicada en Cocoroto, estado Yaracuy.

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Con 88 años de edad, la Hna. Rosario falleció a consecuencia de la COVID-19, así lo confirmó la CEV en una nota de prensa publicada en su sitio web.

"Tuvo una vida de entrega plena a su compromiso de compartir la misericordia de Dios con los hermanos más desfavorecidos, velando por los enfermos, los pobres y los sufrientes".

La hermana Rosario permaneció en Venezuela por más de 50 años, como representante de la congregación en la Casa de la Caridad en Cocorote, la primera casa de las Misioneras de la Caridad fundada fuera de La India. Asimismo, se convierte en la primera religiosa fallecida por COVID-19.

"Durante su vida en el país, la Hermana Rosario cumplió con devoción la vocación a la que fue llamada: asistir a todo aquél que necesitara encontrar la ternura de Dios, a través de las obras de misericordia corporal y espiritual. Quienes conocieron a la Hermana Rosario, dan fe de la dulzura que emanaba en su trato con el prójimo, su amor por el servicio y su dedicación a la oración constante".

Vida y obra de la Hermana Rosario

La Hermana María Rosario nació el 06 de enero de 1933 con el nombre de Silvia Toppo, en una pequeña de aldea de agricultores en cerca de Chainpur, al oeste de Gumla, capital del distrito del estado de Jharkhand, capital Ranchi, en La India. Hija de Emil Toppo y María Tirkey, Silvia era la última de seis hermanas, Julia, Josefina, Serafina, Lucía y Savina.

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La familia Toppo Tirkey, era de creyentes paganos politeístas. Al llegar a la región el Pbro. Livan, misionero Jesuita que predicaba con el ideal de San Ignacio de Loyola, fue uniendo a Cristo a los pobladores, bautizándolos en la fe católica en el río ubicado en dicha zona. Aquellos residentes tenían como costumbre tatuar a las niñas en la frente con una marca indeleble a la que denominan Bindi o tercer ojo, suerte a la que no fue exenta de escaparla pequeña Silvia, signo tradicional familiar que lleva sobre su frente desde los tres años de edad, aun cuando fue bautizada en la fe cristiana católica.





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