article-thumb
   

Franca Conversación: El dilema de la invasión

Hamid Ramos | 30 enero, 2020

 

“La línea más larga entre un punto y otro es la diplomacia”
Henry Ramos Allup (2016)

Hace un año muchos creyeron que el mandado estaba hecho. Que la simple juramentación de Juan Guaidó como presidente encargado y el reconocimiento subsecuente de los principales actores del tablero mundial conducirían irremediablemente a la defenestración de Nicolás Maduro y su pandilla criminal del ejercicio efectivo del poder. Después del llamado “efecto Guaidó” hoy muchos viven la amarga resaca de lo que inmediatismo no proveyó.





Entre las lecciones aprendidas en esta larga pesadilla hemos observado que son 4 los elementos que subyacen el poder en este país: 1) El respaldo popular, 2) Las fuerzas armadas, 3) La dirigencia política y 4) La comunidad internacional.

Por un tiempo Chávez contó con las 4 patas de esa mesa. Al final de su vida había mermado mucho el apoyo ciudadano y además la dirigencia política se organizó mejor y su propuesta adquirió coherencia y unidad, como consecuencia de ello el chavismo sufrió derrotas electorales.

Para tener una oportunidad real de deponer este régimen oprobioso y delincuente es necesario que contemos al menos con 3 de las variables antes planteadas. De hecho, el 30 de abril se nos sumó con condiciones las fuerzas armadas y un dirigente en particular cometió errores tan graves que se comparan a los de Pedro Carmona… pero,
no me detendré allí.





En este momento contamos con el apoyo resuelto de la comunidad internacional, un comando político que con aciertos y desaciertos han permanecido unidos, pero con un respaldo y movilización popular en franca desmemoria, sobre todo en sectores de la clase media.

En ese sector se ha formado una matriz de opinión ingenua cuyas mejores esperanzas están cifradas en una suerte de ejército libertador que desembarcará estilo Normandía y no sacará a Maduro de encima. Señores eso es falso, eso no ocurrirá. Los cubanos tienen 60 años viendo el mar y lo único que se les ha cruzado por la vista han sido balseros, en Corea del Norte gobierna un psicópata que hasta juega con misiles nucleares y sigue en el poder, la mitad de los países africanos están en manos de dictadores genocidas y nadie ha ido a rescatarlos, por no detenernos en el trastornado asesino que gobierna en Siria ni los fundamentalistas de Irán y Pakistán.

¿Que el camino ha sido largo y doloroso? No hay duda de ello, aquí han acabado con las riquezas de un país, con las instituciones, con los servicios públicos, con la familia, pero ahora se ve un quiebre importante en el espíritu de lucha del venezolano. ¿Pero qué hacemos? ¿nos rendimos? ¿O esperamos que venga el Capitán América a salvarnos? Yo no estoy tan seguro que va a venir el hijo de John Smith a arriesgar su vida en Caracas mientras los principales interesados de recuperar el país están en su casa viéndose el ombligo. La misión es nuestra y debemos actuar en consecuencia.

El trabajo de deponer a este régimen endemoniado no es una tarea exclusiva de Donald Trump, tampoco de la dirigencia política venezolana, es un trabajo mancomunado de todos. Es necesario el concurso de todas las voluntades, pues no importa si a Guaidó lo recibe hasta el Churchill si tenemos la movilización popular en cero y
además hay que calarse a los mismos vagos de siempre lapidando en redes sociales cualquier acto de la oposición que si pone la carne en el asador.

Con Franqueza: Apartémonos de mezquindades y vamos a cumplir con nuestras responsabilidades patriotas. La camarilla criminal que está en Miraflores solo se sostiene por el respaldo circunstancial de los fusiles. No caigamos en trampas caza bobos de líderes de última fila quienes por no tener respaldo popular llaman a la inacción de la
sociedad civil pues prefieren alargar esta agonía esperando el día que ganan un poco de apoyo y puedan ser una opción electoral real.

Comentarios

comentarios