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Franca conversación: Los riesgos de la moda

El Cooperante | 21 marzo, 2020

“A mí me persiguen por el delito de querer que coman los que siempre han tenido hambre”, Emiliano Zapata.

Por: Hamid Ramos.- Hace 60 marzos Venezuela se vestía de gala. El Presidente Rómulo Betancourt escogió el legendario campo de Carabobo para promulgar una de las leyes más revolucionaria de la historia de las américas: La Ley de la Reforma Agraria, instrumento legal sin precedentes y que reivindicó derechos que hicieron de Venezuela, un país autosuficiente para su sustento, descontinuando así la histórica práctica del rentismo petrolero al que nos había acostumbrado el benemérito Juan Vicente Gómez.

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Betancourt evolucionó a través de los años en el pensamiento político hasta convertirse en el estadista más importante de América Latina, pero desde el lejano 1941 ya hablaba de la importancia de darle tierra a quienes la trabajen y que el Estado debe apoyar con créditos laxos, parcelas e instrumentos de trabajo a quienes emprendan tan noble oficio.

Por causas como estas, el pensamiento y actuar político de Acción Democrática ha causado tantos resentimientos, pues no se subordinó a intereses económicos de gente que desde Guzmán Blanco sometía a los gobernantes de turno. La fidelidad a la doctrina Betancourt siempre se orientará a proporcionarle oportunidades a quienes se le ha negado y que el empresario emprenda, pero siempre bajo la tutela del Estado y en estricto seguimiento a la normativa legal que debe ser una expresión del resguardo y protección de los intereses nacionales.

Hoy en la clase media, Venezolana se ha puesto de moda el Snobismo de identificarse en la derecha, en la privatización de todo, en confiarle al dueño del capital el destino de la República; y para ser justos allí no priva la mala intención sino el desconocimiento, piensan que así se contraponen al chavismo que en 21 años ha llevado a la miseria un país que fue ejemplo de prosperidad y de estado de derecho… Pero hay que leer un poco antes de establecer criterios en tan importantes temas.





¿Cómo vamos a sacar de abajo a un país que está luchando por los medios mínimos de sustentabilidad sin proporcionar salud, educación y servicios accesibles para que el ciudadano despliegue sus talentos? ¿Cómo alguien puede formarse si su mayor preocupación está en echarse algo al estómago?

Sí creo que los empresarios tendrán un rol importante en la reconstrucción de la República, pero será el Estado quien deba orientar sus políticas, no el privado que siendo dueño del capital tendrá como finalidad principal el incremento del mismo y no el que es el objetivo central de un gobierno responsable que es proporcionarle a su población la mayor cantidad de bienestar posible y de oportunidades a quienes no las tienen.

Como experiencias cercanas vemos cómo los chilenos obstinados de los costos exorbitantes de los servicios públicos le quemaron el metro de Santiago a Sebastián Piñera. En Italia, Silvio Berlusconi ha desfilado por todos los tribunales de ese país respondiendo por los excesos cometidos en su mandato, y Trump vive contando votos para que no le prospere el voto de censura que hasta la Cámara baja de su país le aprobó.

Es decir… Zapatero a su Zapato, los empresarios a emprender, a crear empleos, a tributarle al Estado y los políticos a los suyo, al ejercicio de la política y la conducción de los destinos de la patria.

Ya lanzamos el país por un despeñadero cuando esa misma clase media unas veces frívola y otras envidiosa, se dejó manipular por algunos de los otora amos del valle, y le entregó los destinos de la patria a un militar golpista raspado en el curso de Estado mayor. Luego algún babieco pensó que con el chofer de metrobus nos iría mejor, y aquí estamos, con la patria arrasada por habérsela entregado a una pandilla de rufianes, mediocres, improvisados y delincuentes que nunca debieron haber gobernado.

Con Franqueza: Hay diversos rubros donde el Estado es incompetente y cuya actividad se puede perfeccionar mas en el sector privado. No es función del Estado estar vendiendo pollo en vehículos del ejército, tampoco la administración de los servicios como luz, agua y telefonía. Ni siquiera la administración de autopistas y servicios de transporte. Eso es más eficiente siendo gerenciado por el sector privado, y que lo asuman, pero sin el alivio de algunos que buscan privatizar las ganancias pero estatizar las pérdidas.

Ahora bien, la explotación de los recursos naturales es una responsabilidad indelegable y estratégica del Estado que debe responder siempre a la conveniencia ineludibles de un país cuyos propósitos e intereses son de carácter publico y nacionalistas y no siempre coincidirán con los del privado pues sus cálculos siempre serán circunstanciales dada su naturaleza finita y los de un Estado responsable a beneficiar a generaciones por su carácter infinito.

De Maduro vamos a salir más temprano que tarde, pero este país ya no aguanta otro ensayo y error. Por favor reflexionemos nuestros verdaderos propósitos.