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La Lupa

Frank González: "Mi inspiración es Teresa de Calcuta y mi pasión es el ciclismo"

La Fundación Dar ayuda a los más necesitados tomando como ejemplo la labor inspiradora de la Madre Teresa, quien dedicó su vida a brindar amor a los pobres, enfermos y ancianos

Foto: Captura de pantalla

Caracas. Frank González tiene claros sus objetivos: los obstáculos que ha debido sortear no le han impedido cumplir algunos de sus sueños como atleta ni dejar de admirar a la Madre Teresa de Calcuta. En ese contexto nació la Fundación Proyecto Dar y surgió un inolvidable viaje por la India...

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González además es coaching, está próximo a cumplir 55 años, nació en Valencia, vive en Caracas y ha pedaleado por varios países. En una entrevista concedida a El Cooperante dice que aún falta mucho por recorrer. Tiene en mente muchos proyectos por cumplir, incluyendo viajes a lugares tan recónditos como Nepal, Bután o África. Su intención es hacer documentales de interés general, pero principalmente hacer labor social.

¿Cuándo comenzó tu admiración por la Madre Teresa de Calcuta y por el ciclismo?

Bueno, desde hace unos 20 años he venido siguiendo a la Madre Teresa como un ejemplo de compasión, de respeto, de bondad. Paralelamente comencé a leer mucho sobre el budismo, que no tiene nada que ver con la Madre Teresa, que era católica, aunque yo soy católico-apostólico, creo en Dios, pero creo mucho en el budismo, que no es una religión sino una filosofía de vida.

Con el tiempo comencé a darme cuenta que la filosofía del budismo me encanta al igual que el ciclismo, por lo que decidí irme a India uniendo mi inspiración y mi pasión en un recorrido de 1.500 kilómetros. Quería conocer un poco más el legado que dejó la Madre Teresa.

¿Qué recorridos importantes has hecho en bicicleta?

Desde chamo me ha gustado mucho el ciclismo por ser un deporte al aire libre, en el que sientes que estás volando, pero en la tierra. Comencé a hacer triatlones desde los 19 años, de hecho todavía compito.

En 1996 hice un viaje en bicicleta al Amazonas que se llamó "Reto Sur". En esa oportunidad fueron 1.000 kilómetros, fuimos 30 ciclistas, llegamos hasta San Juan de Manapiare. Salimos desde el Consejo, estado Guárico con la gente de Ron Santa Teresa. Después seguí haciendo viajes aquí en Venezuela, pero más cortos, antes de comenzar otros más fuertes como de Caracas a Bogotá (1.600 kilómetros), y en otra oportunidad fuimos a Quito, en Ecuador desde San Cristóbal, rodando 2.400 kilómetros en 17 días. En otra ocasión nos fuimos desde Bariloche, Argentina, hasta Chile haciendo un recorrido aproximado de 1.400 kilómetros, y en realidad esa es mi pasión, el ciclismo.

¿Fue el viaje a India el más retador en cuanto a la preparación, logística y todo lo que implicó?

Mis viajes en bicicleta a Colombia, Ecuador, Argentina y Chile fueron viajes cómodos. Yo iba con unos amigos, echando broma todo el día, pese a que había subidas muy fuertes, pero teníamos un carro detrás de apoyo que nos llevaba toda la ropa, además de que nos quedamos en lugares cómodos, en hoteles, dormíamos bien, comíamos muy bien.

Pero India fue un viaje que si bien topográficamente no era tan fuerte porque no había subida, yo tenía la bicicleta como con 22 kilos de más, porque también llevaba como tres kilos de harina para hacer arepas en el camino. Tenía una bicicleta un poco más pesada porque era ring 29, ya que para cargar tanto peso no podías tener una bicicleta de carrera. Por otro lado era un viaje en el que yo me quedaba mucho, de los 22 días que fui rodando, hubo como nueve en los que me quedé en la calle durmiendo porque no tenía dónde hacerlo, sin embargo, la pasé bien en lugares turísticos como Agra, donde está el Taj Majal y el río Ganges, un río bendecido en el que incluso me bañé dos días consecutivos.

Eso sí, en el camino había lugares inhóspitos, antihigiénicos, insalubres, pero me pude quedar en hoteles un poco más cómodos, aunque la comida tampoco era muy buena. Fue un viaje psicológicamente, físicamente y mentalmente muy fuerte en el que además había 50 grados de temperatura.

¿En Nueva Delhi, qué fue lo primero que percibiste que te sorprendió de una cultura tan diferente como la indú?

Cuando llegué a Nueva Delhi ya más o menos estaba preparado, aunque uno nunca está preparado por más de que uno lo diga, porque dicen que cuando uno va a India o lo amas o lo odias. Yo sentí esas dos sensaciones en ese momento. Me impactó mucho ver tanta riqueza dentro de tanta pobreza. En India hay muchos pobres, pero también hay mucha riqueza. Veía palacios donde vivía gente con mucho dinero y después otra gente que era todo lo contrario.

Es un lugar con mucha variedad de sensaciones, sabores, colores, es un país muy pintoresco, hasta cierto punto muy difícil de descifrar, porque yo estando allá un mes y medio había cosas que no podía descifrar de manera concreta, porque podía suponer que era una cosa, pero después era otra y me pasó mucho con lo que es la filosofía, las religiones, me di cuenta de que allá respetan mucho a los animales, pero hay mucha hambruna.

Allá hay muchas vacas, que aquí nos las comemos y allá es algo sagrado, tú no puedes matar a una vaca, me encontré a varias en el camino que se me atravesaban. Hay un desorden vehicular importante. El primer día me atropelló una moto, pero fue lo mejor que me pudo pasar porque yo había salido muy confiado con mi bandera de Venezuela, y el llamado de alerta fue que tuviera cuidado porque la ruta era muy peligrosa.

Ya estando en el Santuario de la Madre Teresa ¿Cómo es el entorno de las personas que están ahí?

Es una calle normal, común y corriente, una casa muy sencilla, pero por supuesto toda la gente que vive por ahí sabe que esa es la casa de la Madre Teresa, y la gente caminaba como si nada. La energía de esa casa hogar es algo increíble, hay muchos turistas y voluntarios extranjeros que van para allá a hacer labor social.

En mi viaje aprendí que el deporte se entrena, se practica, se comparte. Los valores, la bondad, también se aprenden, se practican, se comparten, se enseñan. Todo, desde hacer un arroz, todo se tiene que aprender. La humildad se aprende y se practica, porque si tú practicas todos los días un acto de generosidad, de bondad y humildad, cada día vas a ser mejor persona para ti mismo. Yo no soy humilde, todos los días trabajo mi humildad, pero no te puedo decir que soy humilde 100 %, porque eso es algo de todos los días.

¿Desde cuándo funciona y cómo se concretó la iniciativa de crear la Fundación Dar?

Un mes antes de ir a la India encontré una palabra muy poderosa que es "dar", porque dar es una manera de compartir y de recibir, pero no solo es eso, sino también dar a ti mismo, porque en el momento en que tú das y compartes, recibes una sonrisa, un abrazo, un gesto de agradecimiento. Pero más allá de eso, que muchas personas no lo saben, estás recibiendo de ti mismo, que es una bendición, darte a ti mismo, la satisfacción y la alegría de dar a los demás, y esa es la filosofía de Proyecto Dar: dar y compartir.

Como tú verás, la palabra "dar" es dar también lo mejor de ti, que implica en tu parte personal, profesional, estudios, metas, logros, sueños. Metafóricamente nuestra vida es un constante avanzar, esforzarse, sacrificarse, alegrías, sueños y obstáculos. Eso es parte de lo que viví en la India, donde me atropelló una moto, me desmayé, pero tenía que seguir para lograr mi meta.

¿Por cuánta gente está conformada la Fundación actualmente?

Voluntarios directos hay más o menos como 12 personas, pero indirectamente siempre encontramos gente para que nos acompañe. A veces salimos a la calle a repartir comida, ropa. Son bastante variadas las actividades que hacemos porque la Madre Teresa tenía esa filosofía, muchas veces nos dicen que nos enfoquemos en los niños nada más, pero nosotros somos más abiertos, porque un niño necesita ayuda cuando está en la calle, pero también los adultos necesitan ayuda. Están muy abandonados.

¿Puedes detallar algunas de las labores recientes que ha hecho la Fundación?

En Dar estamos haciendo actividades con personas de bajos recursos. Recientemente estuvimos en la casa de la Madre Teresa en Catia La Mar, en La Guaira. Empezamos a hacer una campaña de llevar leche y pañales. Allá hay niños que tienen parálisis cerebral y síndrome de Down.

El año pasado no hubo tantas actividades por el tema de la pandemia, pero sí he tratado de retomar con fuerza mis viajes por bicicleta con un contenido documental que demuestre lo importante de esforzarse en la parte deportiva y llevar ayuda a los más necesitados dentro de la filosofía del budismo.

¿Qué proyectos tienes a futuro?

He pensado volver a la India, pero más hacia Bután y Nepal, he pensado hacer algo aquí en Venezuela bajo otras condiciones y África también me llama la atención. Ese es uno de mis sueños, viajar por esos lugares y poder hacer labor social, motivar a empresas grandes que pudiesen ayudar así sea con ropa, con alimentos.

La gente de Polar me ayudó con Gatorade y Lorenzo Mendoza estaba en mi proyecto. Pienso como filosofía que el mejor momento para hacer las cosas es ahora, solo que la pandemia ha sido un obstáculo bien duro, pero sí me gustaría hacer un viaje que engloba todo eso, no solamente de ayudar y dar sino también de la parte deportiva, de que habláramos de la gastronomía de la zona, los lugares turísticos, sería abarcar bastantes puntos interesantes de la vida.

Por último, un concepto de la Madre Teresa...

Recuerdo unas palabras que me dijo una hermana en la casa de la madre Teresa, que dijo que ella siempre le decía que sí a las personas para ayudarlas, que tenía un corazón enorme, una paciencia tremenda para ayudar al prójimo y yo como meta de todos los días procuro hacer un acto de generosidad con alguien en la calle, desde lo más insignificante hasta poder dar algo de comer, así sea una lata de atún, pero siempre he aprendido que ella toda su vida la dedicó a dar amor a los más pobres, los más enfermos y para mí es un ejemplo.

El deporte se aprende y se entrega, y los valores también se aprenden y entregan, porque dar se aprende, se entrena, se comparte y se enseña, eso es una filosofía que yo pregono mucho. Dar es la mejor manera de recibir amor, ese es nuestro eslogan.

La fundación en Instagram: proyectodar

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