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La Lupa

Ganar con las reglas del sistema autoritario

Entre el 10 y el 11 de noviembre se realizó la “Conferencia París” en la que el tema del diálogo entre el gobierno y la plataforma unitaria fue uno de los tratados. Viajaron a París Jorge Rodríguez y Gerardo Blyde, quienes se sentaron con el anfitrión Enmanuel Macron, los presidentes de Argentina y Colombia, Alberto Fernández y Gustavo Petro, y la ministra de exteriores de Noruega. Todos llevaron sus propuestas. La que más ruido hizo fue la de Petro, que tiene tres puntos: amnistía general, “desbloqueo”, y un “pacto de convivencia” entre el gobierno y la oposición “antes y después de las elecciones”. En este artículo abordo la propuesta de Petro para afirmar que frente a un gobierno que se siente seguro y que no acepta la alternancia, el reto de la oposición es ganarle con sus reglas al gobierno autoritario. Un “pacto de convivencia” entre iguales será posible de esta manera. Hoy no veo otra forma

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Caracas.- Foto portada: Referencial. En la conferencia de París que se hizo entre el 10 y 11 de noviembre y en la que, entre otros temas, abordó la negociación entre el gobierno y la plataforma unitaria, Gustavo Petro presentó su propuesta para el diálogo entre los venezolanos y venezolanas. No fue el único. El presidente anfitrión -Enmanuel Macron- y otro presidente invitado, Alberto Fernández, igualmente llevaron las suyas.

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Más o menos todas tienen cosas comunes. La de Macron, hecha con sentido político -comenzar por lo menos complicado para, luego y si hay éxito, avanzar en lo más complejo- la de Alberto Fernández, una programática que incluyó el tema de los DD.HH. La que más hizo ruido en la opinión pública digital fue la de Gustavo Petro. Su planteamiento tiene tres componentes: amnistía general, lo que llamó el “desbloqueo” -referido a las sanciones- y lo que denominó un “pacto de convivencia antes y después de las elecciones” entre el gobierno y la oposición.

El tema de la amnistía generó debate en tuiter Venezuela. La crítica fue que una amnistía a los presos políticos es necesaria -coincido- pero que no se puede amnistiar a los “perpetradores de la violencia”, en donde no coincido en su totalidad.

El tema de la violencia del Estado es uno muy sensible para la oposición. Principalmente, para la que sufrió la represión del Estado en las protestas de 2014 y, especialmente, las de 2017.

Petro no aclaró los alcances de su propuesta de amnistía. En su tuit en donde la propuso, parece que es una general. En una declaración a medios, me pareció que se refirió a los presos políticos. En una entrevista que le hizo El País y publicada el día 13-11-22 dejó ver que es general, como lo señaló la opinión pública de la oposición. Vamos a tomar esto como cierto y que mi percepción está equivocada. El presidente de Colombia habló, entonces, de una amnistía general y no solo para los presos políticos, como creo.

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A pesar del ruido digital con esta idea del presidente de Colombia, hay que recordar que la AN elegida en 2015 propuso una idea similar (Gaceta Legislativa N° 2 del 23-1-19). Una propuesta de ley para otorgar amnistía a los presos políticos pero también una muy amplia, a los funcionarios del gobierno y de las FAN que ayudaran al “cese de la usurpación”. Incluso, la propuesta de la AN de 2015 fue criticada por HRW por ser muy extensa.

Que ahora no se quiera hablar de eso, es otra cosa. Pero pasó y el motivo de hacer esta propuesta fue la tesis de la “racionalidad de los actores políticos”, en boga en ese entonces como “teoría del cambio” para la oposición. Entonces, a los chavistas y a las FAN había que darle “estímulos” para que abandonaran a Maduro. Eso no ocurrió porque -muchos lo descubren tarde- la política no son solo “alicientes” y “costos” (de tolerancia o de represión como se decía en ese entonces con aires de suficiencia académica), sino también percepciones y emociones. Suena pedante, pero no es necesario leer a Kahneman y Tversky -aunque si se puede y se quiere, excelente- para darse cuenta que personas pueden luchar o morir por una idea aunque sea “irracional”. Más bien, es el “default”.

Que ahora no convenga esa propuesta porque es lo que la oposición tiene frente al gobierno -no las sanciones, que ya se tratan de gobierno a gobierno- es otra discusión.

Honestamente, tampoco tengo claro los alcances de una eventual amnistía. Sí estoy de acuerdo con una amnistía general para los presos políticos, pero no tengo claro lo de “castigar a los perpetradores”. Obviemos la gran diferencia de fuerza política que hay entre el gobierno y la oposición como para hacer esta propuesta. Dejemos esto de lado. Si la oposición tuviera la fuerza para instrumentarla, este artículo no tendría sentido.

Pero supongamos que la oposición tiene la fuerza para hacer una suerte de “Nüremberg venezolano” o un “1985 venezolano” (por la película argentina-EUA “1985”). La duda que tengo con esta posibilidad es que no estoy seguro que va a cerrar las heridas o a producir un “Nunca más” o un “Nie Wieder!” criollo. En Venezuela –es lo que pienso, no para este caso sino en general como sociedad- no es “Nunca más” sino “Siempre puede ser más”.

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Venezuela es un país tan inelástico -por eso es violento, a pesar de su simpatía “de empaque”- que ni siquiera puede salir de la represión política que por lo menos viene desde comienzos de los 80’s. Estamos en 2022.

Una sociedad que igualmente desde los 80’s vive con altas tasas de inflación, incapaz de abordar ese problema que nos empobreció –empobrece- y podremos seguir otros 40 años más con alta inflación y lo único que uno escuchará será “no ahorren en bolívares” -lo que he oído durante toda mi vida productiva y ya soy un “señor grande”- ¿Cómo hacer con unos juicios de mayor calibre, entonces? 

Tampoco creo que tengamos el nivel para una tarea así. Si cada cierto tiempo cuentas sacan un comunicado de 1989 en la que personas saludaron la visita de Fidel Castro cuando vino a la toma de posesión de CAP II, para sacarle a famosos firmantes de ese comunicado que “fueron comunistas” y quienes hoy defienden a esos famosos llaman a la tolerancia, aunque hasta no hace mucho acusaron de “tarifados” a opositores que no apoyaron la estrategia de la “presión y el quiebre” ¿podrá hablarse de justicia cuando nuestra idea de justicia es lo ancho para los míos y lo estrecho para los otros? Lo veo complicado, y más en este caso. No veo que tengamos al Ocampo venezolano de “1985”. Sí, hay gente muy distinguida, respetable, cultos, formados, educados, de la “Venezuela civil”, pero no veo Ocampos. Si los hay, será una sorpresa o un “secreto muy bien guardado”.  

En 1936, los grillos del gomecismo se lanzaron al mar y La Rotunda fue demolida. Un “Nunca más”. En 1958, la promesa fue no más violencia política y se juzgaron a personas de la SN. Igualmente fue demolido el edificio de la SN. Otro “Nunca más”. Chávez llegó con la bandera de los DD.HH; Cantaura, El Amparo, Yumare, el 27-F, Alberto Lovera, Jorge Rodríguez, padre; Nicolás Hurtado Barrios, los hermanos Pasquier, entre otros conocidos y menos conocidos. Un nuevo “Nunca más”. Muchos de estos casos fueron insurrecciones contra gobiernos elegidos. Es decir, hicieron armas. Casi un cuarto de siglo después, hablamos de lo mismo. Ya no de los hermanos Pasquier sino de Juan Carlos Pernalete. La promesa es otro “Nunca más” ¿Qué pasó con el “Nunca más” de 1936?

Me luce que un “1985” criollo no será un “Nunca más” sino un “Me la vas a pagar” –aunque con mucha educación para que no “se vea feo”- que más tarde será otro “Nunca más”, pero que se le dirá al gobierno que sustituya al chavismo. Y ooootraaaa vez a repetir el ciclo, más viejos, incluso los jóvenes. Los acusadores serán los acusados.  

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¿Cómo se hace con las víctimas, entonces? Mi propuesta es una lógica a la de la pacificación de los 60’s, pero que sea de doble vía. Es aquí donde aparece el segundo problema. Al menos para mi visión, que no es la primera vez que la planteo en los artículos para El Cooperante.

El gobierno de Chávez y Maduro son responsables de la agresión del Estado contra la oposición. Pero ésta optó por una política insurreccional, principalmente contra Maduro. A Chávez, al final, lo aceptaron con el cuento de la “conexión emocional” y el “60% de popularidad” (y Cadivi, pero de esto “no se habla”). A Maduro no. Que la disparidad entre el gobierno y la oposición es gigantesca, lo es. Que la violencia del gobierno fue letal, también. Está documentado en los informes de la oficina de los DD.HH de la ONU, de la FFM, y hay una investigación de la fiscalía de la CPI.

El gobierno es responsable, pero la oposición no es inocente. Esto es lo que me separa de la oposición que dominó desde 2013 a 2021. Fue beligerante. Fue combatiente. Si no optó por las armas, fue porque no quiso porque EUA ofreció armarla como reveló el exsecretario de Defensa, Mike Esper en sus memorias. Rechazó la propuesta de los EUA pero no por motivos principistas sino por comodidad. Es “muy complicado”, fue la respuesta al funcionario del gobierno de Trump.

Pero la intención la hubo. No hablemos de los grupos opositores no partidistas -tipo drone contra Maduro en 2018- sino de los grupos políticos y el fracasado contrato con Silvercorp, que si se lee las cláusulas la violencia que se previó allí era de una letalidad extrema ¿Qué no se concretó? Está bien, pero la intención estuvo. Solo por nombrar a Silvercorp, pero hubo otros intentos insurreccionales.

¿Cómo se hace para tratar este problema, entonces?

Si la oposición puede derrocar al gobierno y es poder, sus juicios contra los “perpetradores” serán realidad. Pero no es el caso ahora. Si acuerda con el gobierno, los juicios no serán tales o serán de otro tipo. Por lo menos, en el corto y mediano plazo. En el largo plazo, a lo mejor pueden ser ¿Entonces, en qué quedamos?

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Optaría por una pacificación tipo 60’s de Venezuela pero con elementos de la llamada “justicia transicional” como una Comisión de la Verdad pero de verdad, porque en 2017, Luisa Ortega Díaz, fiscal en ese entonces, presentó un informe de 800 páginas sobre la violencia política entre 1958 y 1998 ¿Qué pasó con ese trabajo? No sirvió de nada. Las heridas siguen abiertas y cada grupo las atiza en la brasa de los agravios. Una comisión de la verdad de verdad y, como vi en Colombia, testimonios de los participantes, víctimas y victimarios. Tal vez esa interpelación como sociedad sea mucho mejor que “juicios” que serán un carnaval en tuiter, para quedar peor después de la “fiesta de justicia”.

El “Nunca más” para mi será cuando realmente tengamos un sistema de justicia y normas de respeto a los DD.HH que se cumplan, de verdad, verdad. La constitución de 1999 es “garantista” como le encanta decir a los voceros oficiales ¿Pero realmente no se tortura o torturado en casi 25 años de gobiernos chavistas? También estamos lejos de salir de la tortura o de la violencia policial cotidiana. Nuestro carácter “malandro” lo dificulta, pero no lo hace imposible. Es tarea pendiente lograr policías “no malandras”.

Pero este artículo no es sobre la propuesta de amnistía que hizo Petro sino otra que hizo que es tan importante como la amnistía. Lo que llamó el “pacto de convivencia antes y después de las elecciones”. Esta propuesta no fue noticia, pero a mi modo de ver, es la que hará factible una amnistía y la reparación a las víctimas de la violencia política por parte del Estado, entre otras cosas igualmente importantes.

Sin pacto no habrá justicia, salvo que la oposición pueda tumbar al gobierno o esté muy segura que en algún momento ocurrirá “el quiebre de la coalición dominante”. Creo que ninguna de las dos está planteada. Si esa es la ilusión, perfecto. Cierta oposición tiene todo el tiempo para esperar porque tiene dinero y está muy bien en la situación actual.

Como no es el caso el escenario de la salida del ejecutivo, hay que abordar el “pacto de convivencia”, que tampoco está a la vuelta a la esquina. Ni siquiera esa idea es viable en la Venezuela de hoy. Hay que construir su viabilidad. La tarea de la oposición es viabilizar muchas cosas, al comenzar por la propia idea de oposición.

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La propuesta de Petro ha sido planteada por otros países. Sorprende nuestra mala memoria o memoria a conveniencia. EUA formuló su “Framework para la transición” en marzo de 2020 en la que hay una idea parecida: una suerte de consejo de transición en la que el chavismo y las FAN estarían. Incluso, los EUA dejaron ver que no hubiera tenido problema en que Maduro hubiera sido candidato en ese escenario, y Padrino López ministro de la defensa.

Almagro también deslizó la “cohabitación” en dos artículos que redactó. Defendió una suerte de gobierno compartido entre el gobierno y la oposición.

En artículos para El Cooperante, he escrito mi propuesta que he llamado “coexistencia pugnaz”. “Coexistencia” porque -ya parece que países se dan cuenta, aunque con Maduro viene desde 2016- ni el gobierno ni la oposición pueden anularse. Aplastarse sí pueden -más el gobierno a la oposición- pero el país no es viable, como se vio durante el conflicto entre 2014-2020, aunque el conflicto todavía existe. Latente, por otras vías, pero allí está. “Pugnaz” porque son dos modelos excluyentes pero igualmente están allí. No será una relación armoniosa sino conflictiva pero hay que regularla si ninguno de los dos sectores puede imponerse y sobre la idea que a los dos grupos les interesa un país viable.

Por eso la tesis de “cohabitar” no es de mi agrado porque asume que hay puntos comunes y el poder se reparte, no en mal sentido, sino para buscar una estabilidad política. Pero en una sociedad fracturada como Venezuela, cohabitar no funcionará. Me parece más realista una “coexistencia pugnaz” que tenga como centro de gravedad o intangible -como llamó García Pelayo- a la constitución de 1999 la que, todavía, guarda legitimidad o aceptación para el gobierno y la oposición.

Mi visión del “pacto de convivencia” -para usar la expresión de Petro- es que gobierno y oposición acepten su pugnacidad dentro de la constitución de 1999, que las instituciones de la carta magna se designen con acuerdos entre los dos, que operen según lo que señala la constitución, y que cada parte acepte respetar las decisiones de esas instancias que actuarán conforme a la constitución, decisiones que pueden no agradarles pero acordar un interés común que permita aceptarlo que es el modelo de Estado que propone la carta magna: el Estado social y democrático de derecho y de justicia. Este modelo sería el intagible que pudiera unir a los diferentes.

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En otras palabras, habrá conflicto entre el gobierno y la oposición, pero las partes acuerdan como interés los preceptos de la constitución de 1999, y designar a las instituciones con individuos con personalidad para tomar decisiones, pero que los nombres sean aceptados tanto por el gobierno como la oposición. El conflicto se canalizaría con las instituciones de la carta magna y la garantía es que ningún sector anulará al otro. Sus intereses vitales no serán amenazados.

Esta es mi visión a grandes rasgos del acuerdo político entre el gobierno y la oposición.

Pero lograr esto no está a la vuelta de la esquina. Aquí entra lo político, más desde el lado de la oposición porque no tiene fuerza política. Tan simple como eso. El problema es cómo hacer viable una negociación paritaria frente a un gobierno con más fuerza y una oposición con un motivo político (y ético).

Desde esta perspectiva, entiendo el rechazo de Blyde a la propuesta de Petro sobre la amnistía. Sería un concesión a un gobierno que tiene mucha fuerza y, además, no siente que esa propuesta sea con ellos ni le interesa. Es evidente y lógico que Blyde no puede dar señales de una oposición que no tiene fuerza. Si acepta la propuesta de amnistía de Petro, el gobierno la pudiera rechazar y chotear.

Esto nos lleva al punto de fondo: el gobierno está fuerte y hoy habla más y de manera más abierta y estructurada de lo que llamo el “sistema político chavista”. Al menos, es la percepción que tengo de los actos recientes de Maduro y de las ruedas de prensa del PSUV que ofrece Diosdado Cabello. Es en lo objetivo y el gobierno se siente así, por más que los tuiteros de la “presión y el quiebre” escriban tuits para decir lo contrario y mantener “la moral del grupo”. Pero los hechos son otra cosa.

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Uruguay, por ejemplo, nombró su embajador en Venezuela, que no lo tiene desde 2015. Hay que recordar a La Calle en la cumbre de la Celac de septiembre de 2021 frente a Maduro, muy crítico. La designación generó controversia en Uruguay. El presidente uruguayo fue entrevistado y señaló que no hay nada de particular. Que lo que pasó fue un retraso en el nombramiento, pero “tenemos embajador en Cuba” y reiteró que “Venezuela es una dictadura”. Le preguntaron sobre si tener un embajador significaba un acercamiento. Dijo que no pero aclaró, “comercial, si la puede haber, si no nos dejan clavados como en el gobierno pasado”.

Ese es el problema “de los duros”, se entramparon en su juego. Y nos entramparon al resto que “no somos de los duros” pero que tenemos que ver cómo salir de la trampa. La Calle recibirá grandes aplausos del tuiter de la “Venezuela civil” y un gran premio por la libertad de Occidente, pero nos entrampó. Su estrategia también fracasó y solicitar un embajador en Caracas es una señal de eso, por más “damage control” que haga. Que si la “dictadura, que Maduro tiene que irse” –como expresó- eso es para tuiter y para las redes sociales. El hecho político es que su gobierno solicitó el diplomático para Caracas.

Todas estas señales el gobierno las interpreta como que superó la prueba política de no ser derrocado. El discurso y los gestos de mostrarse seguro los veo en actividades recientes del gobierno y del PSUV. Desde hace semanas, el presidente Maduro habla que “2022 es un año de éxitos para la revolución”, pero hubo dos actividades en las que esta seguridad fue muy visible. Muy diáfana por parte de los voceros del ejecutivo y del PSUV. La primera, la actividad de Maduro del día 15-11-22 sobre las leyes del poder popular. La segunda, la rueda de prensa semanal del PSUV del día 14-11-22 por parte de Diosdado Cabello.

No sé cómo la oposición hará sus análisis o qué fuentes toma, pero son cosas que hay que ver con seriedad, pero si lo planteas, sale la censura en redes sociales que si “chavista de closet” o la burla. Pero no hay que acomplejarse por la opinión opositora en tuiter que censura todo lo que no le gusta o percibe que le hace peso, pero terminará con un sabroso Club House o unos “Buffalo Wings” mientras ve el mundial. Así llegarán a 2030 o a 2050, más grandes, felices, exitosos en lo personal pero fracasados en lo político, con el mismo buen apetito.

En las dos actividades el mensaje del chavismo es claro: el gobierno está seguro en el poder y no tiene motivos para cambiar ni ceder. Al contrario, observa que puede avanzar en su modelo. Como dijo Maduro en la actividad del día 15, “el año 2023 vamos como un cohete”. Ya no solo habla de 2030 sino que planteó trabajar en el “ciclo mirandino” que es hasta 2050. Es decir, el gobierno se ve en el tiempo.

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Por su parte, Cabello planteó no las posiciones sino los intereses del gobierno en el diálogo: que remuevan las sanciones, no porque se sientan débiles. Si no lo logran, seguirán con su vida como es hasta ahora. Lo plantea porque afecta su capacidad de maniobra de gestión, no de poder. Quizás por esto, los rumores señalan que la negociación gobierno-plataforma comenzará por un acuerdo social para el manejo de fondos de la nación.

Sin rubor, Cabello dejó ver lo que es el interés del gobierno, que no es nuevo tampoco, ya fue planteado por Jorge Rodríguez: negociaciones para mejorar al sistema, no para cambiar al sistema. La coexistencia, cohabitación, convivencia también tiene una cualidad, no solo una cantidad (aquí está lo ético). El gobierno se siente con la fuerza para pedir una “coexistencia sin cambiar al sistema”. De nuevo, se entiende la negativa de Blyde a la propuesta de Petro. Por supuesto que no puede aceptar una coexistencia que no incluya la posibilidad de cambiar al sistema. Esa es la lucha de la oposición. Busca la alternancia que el gobierno no quiere. Lo que desea el presidente Maduro es una suerte de “regulación del conflicto sin alternancia”.

El problema es que esto suena muy bien en el papel. La alternancia. Creo en ella, pero ¿cómo lograrla?

Aquí entro en el tema de la oposición. El problema de la oposición ya no es ni siquiera político porque su estado no es bueno. Benedetti le dijo a Guaidó lo que le dijo, porque no la respeta, porque no ve oposición. En la entrevista en Efecto Cocuyo -en la que dijo la censurable afirmación- lo inmediato al insulto fue “es que la oposición tiene como 20 jefes”. Esto no fue noticia, solo los insultos a Guaidó, pero esta es la noticia política. Ese es el problema de la oposición. Creo que los países ven a la oposición como que “tiene la razón moral”, los “buenos”, pero que no tienen ni competencia ni capacidad para hacer cosas porque, entre otras cosas, “son como 20 jefes”. Así, la ven con consideración, pero no con respeto.

Su problema entonces es básico. Es cómo comunicar que es una oposición. Luego vendrá el poder político, pero primero comunicar que es lo que dice ser. Antes del poder, viene el respeto. 

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Aquí presento mi manera para lograr eso que es básico. Señalo otra vez que no me agrada cuando los chavistas analizan a la oposición o dicen cosas que pueden ser espejos para la oposición. Esto porque el presidente Maduro dijo cosas en la actividad del día 15 que me resonaron hacia la oposición. Señaló que “no somos reformistas, sino vinimos a cambiar la sociedad. No es hacer una reformita a la ley(…)porque todo seguirá igual, y cada año nos veremos para lo mismo: qué hemos hecho y qué no hemos hecho” (para Maduro, las “reformitas” son la “democracia burguesa”, de la que habla mucho últimamente ¿Mensaje a Patro? quien habló de la democracia liberal). 

Maduro platicó del chavismo -o lo que hoy es el chavismo- antes de llegar al poder en 1999. Lo que me resonó para la oposición fue, “nos ganamos a pulso nuestro puesto”. Lo entendí no como hacer solo cosas -porque desde la oposición se dirá pero es que se ha hecho todo, votar, protestar, marchar, etc, qué más pulso- sino cómo ganarse una legitimidad en la población no en tuiter (que en esa época no existía), sino el derecho a ser oposición a los ojos del ciudadano, no una respuesta para una encuesta sobre autoidentificación política. No es un número de apoyo en un estudio de opinión, sino una cualidad de respeto político (la idea de respeto no es poca cosa como se vio en el incidente Trudeau-Xi en el G20 en Bali).

No es que si el “80% quiere un cambio de gobierno” y endosarlo a la oposición -que tampoco es así- sino que, si Benedetti quiere insultar a la oposición, lo piense porque ésta tiene una identidad y un mensaje aunque no esté en el poder pero tiene política y respeto, para tomar la comparación que hacía Alfredo Maneiro entre escoger entre el poder y la política. O que el presidente de la república desdiga de su investidura al burlarse de una agresión a María C. Machado cuando fue parlamentaria, “le dieron un derechazo”, dijo en sorna en la acticvidad del día 15. Una oposición que tenga un respeto, a lo mejor igual lo dice -Maduro entrompa- pero estoy seguro que lo pensaría.

En mi visión, construir ese respeto pasa por competir y actuar dentro de las reglas del sistema autoritario. Esta ha sido mi propuesta desde Chávez hasta ahora. Es allí donde la oposición “debe ganarse a pulso su puesto” en un gobierno autoritario que no quiere irse, pero tiene que ganarle con sus reglas. Puede y debe pedir “condiciones”, pero tiene que trabajar y construir la estructura para ganarle al ejecutivo con sus reglas y producir la alternancia. Con una campaña propositiva, no de la “Venezuela decente indignada”, que ya es cursi.

La campaña demócrata en los EUA pudiera ser el “case study” junto a la elección en Barinas de enero de 2022, pero sin mencionarlas tanto. Aprender de ellas y aplicarlo, sin tanto fanfarroneo que si “el efecto Barinas” el que, cuando comienzan los problemas, los que lo dicen se desinflan y aparecen las denuncias del “fraude”, y oootraaa vez a repetir el ciclo: insurrección, fracaso, voto, fraude, insurrección, fracaso, voto, y así. Lograr el efecto sin tantos anuncios y fanfarroneo que encanta a ciertos políticos opositores.

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Lo anterior pasa por un programa, estructura, liderazgos, etc, pero principalmente, por defender la idea de pesos y contrapesos, el poder limitado pero funcional -los autoritarismos surgen en el Siglo XXI porque hay contrapesos pero no son funcionales; la gente, en lógica, opta por el autoritarismo; si no tuviera mi convicción por los contrapesos, también me cambiaría, no hay nada peor que contrapesos pero para un poder ineficaz- de la democracia liberal. Sí, de esa de la que habló Petro y, por supuesto, fue desacreditado y los aplausos se los llevó unos tuits de Duque pero que su gobierno no fue capaz de poner en práctica.

En Venezuela, plantearía otro clivaje. No que si “las democracias y autoritarismos” -eso lo puede hacer Biden con Xi, y cuando se vieron en Bali Xi se lo reclamó, pero esa es una discusión de grandes- sino algo como “democracia liberal” frente a “democracia sin contrapesos”.

El gobierno no ha criticado el término “democracia liberal” planteado por Petro cuando estuvo en Caracas. Al menos directamente. En actos recientes –como comenté antes- Maduro sí cuestiona lo que llama la “democracia burguesa”. No sé si como una indirecta a Petro. En el acto del 15-11-22 habló de la “democracia burguesa”. En esa actividad, Arreaza sí habló de la democracia liberal, pero al citar un texto de Klever Ramírez. La opuso a la “democracia comunal”.

Mi idea por lo que la oposición debe luchar no es polarizar con la “democracia comunal” que seguro “los duros” buscarán hacerlo con, oootraaa vez, el cuento del “comunismo” con el que asustaron a no pocos que se fueron del país. No así, sino plantear la necesidad de un poder con límites y que eso, también, puede ser un proyecto para los ciudadanos, lo que pasa por quitarle a la democracia liberal ese estereotipo aburrido de “gente respetable”, de los “héroes civiles” que hay en la oposición quienes de verdad duermen cuando hablan, aunque lo hagan duro porque no dicen nada. Solo repetir consignas.

El presidente Petro acertó en el diagnóstico político con su propuesta de “convivencia”, porque Venezuela no es viable tal como es hoy, ni con Miss Venezuela, conciertos, viajes, Avanti, mundial; incluso, si vuelve “la rochela” y el gobierno aumenta el salario mínimo al valor de la “canasta normativa”. No es viable ni con la “paz autoritaria” ni con las “insurrecciones eternas” o el “no me arrodillo” (que nunca logra estar de pie).

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Desde el lado de la oposición -el gobierno está claro en su mapa y se siente seguro en el poder- primero hay que construir, al menos, el título que eres oposición que no lo da Twitter sino un trabajo constante en el tiempo.



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