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Gloria quema basura para alumbrarse durante los apagones en Táchira

La Nación

Caracas.- Gloria, una tachirense de 55 años, se ha visto obligada a quemar basura para poder alumbrarse en las noches. Se baña en un río, pues el servicio de agua es inexistente. Cocina a leña. Vive al día y como mejor puede, en medio de peleas vecinales por obtener gas.

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La crisis de electricidad en el estado Táchira supera cualquier situación antes conocida. Lo que comenzó con un régimen de tres horas sin el servicio, luego seis, posteriormente nueve y ahora sin tiempo determinado, ha cambiado el modus vivendi de los tachirenses.

Los cortes superan en algunos municipios las 48 horas y en la capital, San Cristóbal, las 24 horas y 36. Hay comunidades que salen y toman las áreas verdes de sus urbanismos en búsqueda de madera para cocinar, pues ante la crisis de electricidad se suma la de la falta de gas y de agua.

Los pobladores utilizan los ríos (aun no contaminados) para surtirse de agua para los alimentos y mantener su higiene personal, una solución accesible únicamente accesible para quienes viven cerca de los mismos.

La comunidad de Puente Real, en San Cristóbal, protestó este jueves 9 de abril, en horas de la noche pues la escuela de la zona sería tomada para albergar migrates. Foto: VPI TV.

Gloria Barrios Puerta es una de las afectadas. La quema de desperdicios se ha convertido en su única alternativa para alumbrarse en las noches, pese al daño ecológico y ambiental.

En conversación telefónica con El Cooperante, Gloria relata que pasa los días en esta «pesadilla»: cuando no está cargando agua, está viendo qué comer, cómo cocinar o cómo lavar y bañarse. La vida en Pasaje Yagual, barrio Puente Real, es lo más cercano al infierno.

«Nunca pensé que a mi edad yo estuviera en esto. El servicio de gas solo llega en algunas comunidades donde los consejos comunales se encuentran activos; sin embargo, el beneficio no llega a todos y en las últimas semanas, se han generado enfrentamientos entre vecinos por el agua y el gas. Todos se están volviendo locos«, expresó.

Asegura que el denominado «protector» (sic) del estado, Freddy Bernal, solo repite una y otra vez que los problemas son consecuencia eso que la Administración de Nicolás Maduro ha calificad cm «guerra económica», mientras que la mandataria regional, Laidy Gómez, ha criticado la inoperancia del Ejecutivo Nacional.

«Nos bañamos dos días o más. La Guardia Nacional Bolivariana (GNB) decide quién surte gasolina y quién no, mientras en algunas casas se vende gasolina en pesos al mejor postor. El gas es irregular de hace tres meses y el servicio eléctrico es una suerte que no sabes cuándo te va a tocar», lamentó.

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Gloria describe lo que ve cuando sale a comprar con lo que le alcanza su presupuesto: árboles caídos y desdeñados para hacer fogatas, basura, transporte ineficiente y precarias medidas de seguridad para prevenir la COVID-19. Ya no se sabe qué es peor: esperar en casa y morir de hambre o morir de hambre buscando en la calle con qué alimentarse.

Pese a que no tiene vehículo, indicó que una pimpina de 20 litros de gasolina llega a costar hasta 120 000 pesos colombianos, equivalente a 6 000 000 de bolívares.

«Se me quemaron el televisor, el aire acondicionado, la nevera y la lavadora el mismo día»

Gloria vive en el municipio Ureña, una comunidad fronteriza acostumbrada a las injusticias y que por mucho tiempo fue víctima de los atropellos de los paramilitares.

Sin embargo, asegura que la situación ha cambiado. No han ocurrido más asesinatos y hay tranquilidad en la zona. Pero lamenta la decadencia de los servicios públicos.

Manifiesta con tristeza que se le han quemado casi todos sus electrodomésticos y que el sueldo no le alcanza para repararlos o comprar unos nuevos.

«Hace dos meses durante unos apagones, se me quemaron la nevera, el aire acondicionado, el televisor y la lavadora, todo en un mismo día. Los bombillos se nos queman a cada rato, las calles no tienen alumbrado porque se queman los bombillos. Esto es fatídico y caótico», expresó con voz melancólica.

Enfatizó que los bajones o fluctuaciones eléctricas son permanentes: ocurren las 24 horas del día, mientras que los apagones duran 8, 10, 12 y 13 horas.

«Uno no consigue a quién pedirle una explicación, porque nadie dice ni hace nada. Nadie responde, nadie contesta. Corpoelec no se apersona. Freddy Bernal es el que se pronuncia, pero nosotros poco nos enteramos porque aquí no llegan emisoras radiales nacionales, sino colombianas. Es terrible la anarquía de la alcaldía de Ureña», dice.

Ante esta precaria situación, explicó que todo a lo que estaba acostumbrada ha cambiado, pues debe luchar para sobrellevar las tareas del hogar y vivir al día.

«Nos bañamos cuando podemos. Lavamos a mano. Compramos lo que vamos a comer en el día porque no tenemos nevera donde guardar nada. Y ni pensar en comprar o reparar, porque todo es en moneda extranjera y nosotros ganamos en bolívares. La devaluación de nuestra moneda es terrible. Aparte de los apagones, no llega agua, la gente se la pasa para arriba y para abajo cargando agua en carretillas de unas aguas termales y un carrotanque (cisterna) cuesta hasta 90 000 pesos colombianos», detalló.

Sobre la gasolina, es reservada, ya que el contrabando en la zona es un tema delicado.

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«Es fatal porque no hay distribución correcta. El contrabando continúa y es una manera de que la gente genere recursos para mantenerse, porque es difícil la situación. En la única estación de servicio que está abierta que es la de Tienditas, los funcionarios están surtiendo a las ambulancias y casos especiales, pero la comunidad no tiene acceso a la gasolina».

El puente Simón Bolivar, que une las ciudades de San Antonio del Táchira (Venezuela) y Cúcuta (Colombia). EFE. abril de 2020

Pese a todas las dificultades, Gloria agregó que entre los vecinos se las ingenian para hacer los días más llevaderos, porque no tienen más que resignarse a que la situación cambie o mejore.

«Ayer no tenía agua para hacerle tetero a mi bebé. El kilo de leche vale 180 000 pesos, o lo que es lo mismo 1 200 000 bolívares. Pero uno va resolviendo sobre la marcha. No se puede hacer más nada porque los precios de los productos suben todos los días. Entre los vecinos hacemos trueques, cambiamos pasta por caraota, carne por sardina y así vamos. Tal vez si abrieran la frontera se aliviaría un poco la situación, pero sabemos que no es posible y solo queda esperar», sentenció.

Ureña. Foto: Cortesía





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