Connect with us

La Lupa

Ideología, alienación, e identidad nacional en diciembre

El título del artículo es de un conocido libro escrito en 1984 por la prestigiosa psicóloga social venezolana Maritza Montero, el cual analizó cómo los grupos con poder construyeron la identidad nacional entre finales del Siglo XIX y los 80 del Siglo XX. En la construcción de la identidad nacional pesaron más los atributos negativos que los positivos. Con eso se cimentó una ideología para dominar. Al ver la cuña de Navidad de los Maduro-Flores y el tuit de los Guaidó-Rosales, no pude evitar en traer de vuelta el texto de la profesora Montero. El chavismo usurpa y manipula la historia para construir un mensaje atemporal donde los Maduro-Flores viajan en el tiempo porque son la historia. Eso sí, “insurgente”. Los Guaidó-Rosales emplearon un mensaje “normal” que puede ser de cualquier familia, pero no son cualquier familia sino una importante de la oposición. Su mensaje llega al público que los apoya, pero falló en comunicar lo que el discurso de la oposición reivindica: el carácter nacional de su lucha política. Nuestras elites siguen en su ideología, pero la sociedad reconstruye su identidad al margen de ellas

Publicado

/

Caracas.- Durante los 80’s fue famoso un libro escrito por la profesora de la UCV Maritza Montero y editado por la universidad, “Ideología, alienación, e identidad nacional” (1984). Para quienes estudiamos psicología social durante los 80’s y los 90’s, fue lectura obligatoria. En ese entonces, lo estudios acerca de la identidad regional eran dominantes ¿Cuáles atributos definen ser latinoamericano y ser venezolano? Interrogantes que se abordaron en los estudios acerca de la identidad nacional cuyos pioneros, entre otros, el venezolano y psicólogo social, José Miguel Salazar.

En esa época, el estereotipo del latinoamericano era negativo. Fuimos vistos -principalmente por los grupos con poder- como flojos, con un locus de control externo, y con desesperanza aprendida. El “lazy Latino”. El famoso trabajo de los “Hijos de Sánchez” de Lewis y la “cultura de la pobreza” que nos caracteriza como latinoamericanos. Las series de TV de los 70’s y 80’s pintaron a un latinoamericano flojo, delincuente, sin aspiraciones, que vive del Estado, y sin estética.

El trabajo de la profesora Montero analizó el discurso de las elites venezolanas entre finales del Siglo XIX hasta comienzos de los 80’s del Siglo XX para inferir la construcción de la identidad nacional. El titulo de su libro plantea lo que encontró.

Es ideología porque invierte una relación de dominación de unas élites blancas sobre una población menos blanca, que aliena al sujeto al extrañarlo de su propia historia y tierra al construir una que “hace como si” hablara por el pueblo. En esa ideología que aliena, se construye nuestra identidad nacional mayormente negativa. Montero identificó siete atributos negativos del “ser venezolano”: pasividad, incompetencia, autoritarismo, fatalismo, emotividad, violencia o instinto de destrucción, y carencia de sentido histórico; y tres atributos positivos: generosidad, coraje e igualitarismo. El trabajo de los profesores Montero y Salazar ha sido replicado en tiempos recientes por la psicóloga social Yorelis Acosta, quien publicó investigaciones acerca de nuestra identidad nacional (2015). Pero vamos a quedarnos hasta Montero.

En los atributos negativos de nuestra identidad está la dominación de afuera hacia adentro y adentro con los de adentro, las dos a través de la ideología. La investigación de Montero se produjo en lo que se puede llamar la “época de oro” de la psicología social latinoamericana, de izquierda, la que tuvo exponentes muy conocidos como el jesuita Ignacio Martín Baró, graduado en la Universidad de Chicago, aunque de izquierda. El sacerdote fue asesinado en 1989 durante la guerra civil de El Salvador, pero en vida promovió un enfoque famoso de la época, la “psicología de la liberación”.

Advertisement

En la tradición latinoamericana la psicología social no es para preservar un status quo de dominación. No es una psicología social que ofrece “píldoras de auto ayuda” que aparecen en revistas del domingo, o para programas de radio y TV tipo “tienes el control de tu destino” o “soy feliz, lo decreto” para sobrellevar las durezas de un sistema social. La psicología social descubre esas durezas y las conciencia al público. Por eso no gusta en ciertos sectores, porque es “medio ñángara”. Eso fue lo que hizo Martín Baró con el sistema salvadoreño de entonces, y pagó con su vida.

Todo lo anterior vino a mi mente al ver sendos mensajes de Navidad del presidente Maduro y de la primera dama, Cilia Flores, y de la familia Guaidó-Rosales.

Las cuñas hay que verlas no en el mensaje manifiesto sino en el mensaje latente. En lo manifiesto, van dirigidas a un público al que les agradará. En ese sentido, están bien hechas.

La cuña de los Maduro-Flores se enmarca en el “nacionalismo” tan en boga en Venezuela, en todos los sectores. El pésimo estado de nuestro país -y nuestra responsabilidad que esté así, que es lo que se oculta- se compensa con un “nacionalismo” que toma forma en función del grupo que lo promueva. El chavismo se asume como “la” historia nacional a la que usurpó, mientras cierta oposición compensa con un “nacionalismo fancy” de relatos en redes sociales que si “al novio gringo le encanta el pan de ham” o que las hallacas llegaron a Bután. Los venezolanos ganamos la “guerra cultural” en el mundo -el cuento de “mi jefa en Finlandia abrió una gaveta y sacó una caja de Torontos”- pero dentro de Venezuela, perdimos la guerra para tener instituciones, servicios públicos, y un sistema político funcional. En ese creernos los mejores del mundo que choca con el estado de Venezuela, se compensa con un nacionalismo que todo el tiempo habla de los héroes de la patria o de los “venecos” que les enseñan a los ingenuos “gringos” o europeos qué es eso de “tener kilometraje en la vida”.

El gobierno promueve lo que llama una “historia insurgente” que no es más que tomar aspectos de la historia de Venezuela que no fueron populares o comentados antes de 1998 aunque estaban allí -por ejemplo, nuestra relación con los EUA no siempre fue armoniosa- y los manipula para construir un relato sin solución de continuidad desde los primeros habitantes antes de 1492 hasta 1992.

Advertisement

La manipulación del gobierno más o menos es así: la historia de Venezuela es una sucesión de una época sombría con episodios nacionalistas (por ejemplo, Cipriano Castro) pero casi toda la historia fue la dominación de una élite blanca y foránea sobre un pueblo no blanco y local. Eso duró hasta 1992, cuando el intento de golpe de ese año abrió una rendija para que apareciera la historia “insurgente” que es gobierno desde 1998. Es la nuez de la manipulación de la historia venezolana que el chavismo hace. Pretende separarse de la historia de las elites para construir una “historia popular”, y qué más “insurgente” que cenar con la historia -la cuña de Navidad 2021 de los Maduro-Flores- pero no cualquier cena. Maduro y la primera dama son los anfitriones, no unos comensales más. 

El tuit de los Guaidó-Rosales -por cierto, cuando salió, los defensores del interinato afirmaron que era un “fake” para desprestigiar a Guaidó, pero al final resultó ser cierto, como ha sucedido con varias cosas del interinato que sus defensores niegan, pero luego son verdad- va dirigido a cierto público de la oposición que se reencuentra con los modos civiles. Ya pasó la etapa de los excesos de Cadivi y del modelo “Noche de perros” -programa que transmitía Televen- y de vallas tipo “Es más fácil pedir perdón que pedir permiso”, elogios a nuestra viveza y carácter avispao que encantan a las élites venezolanas, porque con ambos atributos se asciende socialmente, no tanto con el discurso de los méritos, que funciona como ideología para el resto.

Cierta oposición se reencuentra con valores como la familia y ser “un buen ciudadano”. No pocos son fastidiosos en tuiter al remachar que hay que ser puntual, respetar la luz roja del semáforo, el rayado, tener empatía, y un largo etcétera y por la insistencia, parece que mucha gente descubrió la convivencia. Antes no la conocían o no les interesó. En sus consejos sobre “cómo ser un buen ciudadano” compensan la situación de Venezuela con una vuelta a los valores de la familia, que es lo que comunica el tuit de la familia Guaidó-Rosales.

Así, pues, lo manifiesto de sendos mensajes es el nacionalismo y la familia bien avenida, que comunica ser “buena ciudadana”. Pero ¿qué hay en los mensajes latentes?

Maduro y Cilia presiden la cena de Navidad. Bolívar y Sucre (creo) están a un lado, en puestos de cabecera, pero no presiden la comida. Los Maduro-Flores son anfitriones. Esta disposición de los comensales revela cómo el gobierno ve a la Independencia y cómo se ve dentro de ella. Es la continuación de esa lucha, que la sobrepasaron y por eso Maduro y Cilia presiden la cena. Bolívar fue en otro momento. El presente es de Chávez y Maduro, y la cuña busca comunicarlo con los aplausos de los héroes patrios a los Maduro-Flores cuando entran al salón para ir a la mesa de Navidad. La pareja presidencial está al nivel de los padres de la patria, o tal vez por encima, al ser los anfitriones. Recrean un pasado con un presente, con ellos como centro, y los héroes los aplauden con admiración.

Advertisement

Recuerdo que, a comienzos del período de Chávez, corrió un rumor que el presidente tenía una silla vacía que estaba reservada a Bolívar. Al menos en la cena de Navidad de los Maduro-Flores, la silla de Bolívar está ocupada por el mismo Bolívar. Nada más y nada menos. Maduro y la señora de Maduro sobrepasaron la historia. Quizás por eso el término de los historiadores del chavismo cuando hablan que representan a la “historia insurgente”. Nada más “insurgente” que manipular y apropiarse de la historia para hacerla propiedad exclusiva de un sector político.

El mensaje es que es una lucha política atemporal. La pelea por la “paz, independencia, y soberanía” que es la trilogía constitutiva de la identidad chavista, no tiene tiempo. Los héroes patrios le dieron el testigo a Chávez y éste a Maduro, quien ahora preside junto a la primera dama, una cena de Navidad que no tiene fecha. Los dos pudieron estar en 1821 como Bolívar está en 2021. Pudo haber sido en 1821 como en 2021 y también puede ser en 2121. Una manipulación de la historia -que opera como ideología al modo descrito por Montero durante los 80’s- para legitimar una dominación política con un discurso que reivindica a la mayoría sin solución de continuidad desde antes de 1492.

El tuit de los Guaidó-Rosales pudiera ser un tuit normal de una familia “normal”. A lo mejor es lo que quiso mostrar. Pero es una familia política importante de la oposición. Es decir, el mensaje de Navidad no puede ser cualquier mensaje. Al menos no para esa familia. No seré nada original al decir que pudo hallar algún motivo nacional, venezolano, que en diciembre hay tantos, para el “background”. Pero creo que no fue un error o un descuido, sino intencional. El mensaje va dirigido a cierta oposición cuyas referencias son externas, aunque esté dispuesta a declararle la guerra al mundo por la nacionalidad de la arepa o de las empanadas. Vuelvo al trabajo de Montero. Lo que llamó “altercentrismo”, que significa que las referencias de un grupo están en otros que se consideran superiores y más desarrollados. El altercentrismo caracteriza a cierta oposición que se oculta con el “nacionalismo fancy”. 

En el mensaje de Navidad de una familia “normal”, tal vez no sería altercentrismo porque Santa Claus (o Nicolás, aunque a algunos no les guste ahora por el nombre) es una figura que está en la representación social del mundo. Igual el arbolito, o el trineo que vuela por los cielos del planeta seguido desde el Norad. Incluso la gente hace la combinación del arbolito y el nacimiento. Pero en una familia política importante, el mensaje es el medio, para invertir la famosa frase de McLuhan.

Lo que queda del mensaje es una familia cuyas referencias no están en Venezuela pero que no son exclusivas de esa familia, sino del público al que se dirige. A pesar del “nacionalismo fancy” de cierto público opositor, el ser venezolano no pasa más allá de defender unos platillos, de afirmar que nuestro modo de ser está presente en el mundo, o que “Venezuela es el mejor país”. Pero esa superioridad cultural y gastronómica se mezcla con un deseo altercentrista. Algo como si Suiza fuera Venezuela o Venezuela fuera Suiza, seríamos perfectos -los imposibles de las elites venezolanas- pero como afirmó un secretario general de AD en los 80’s, “Manuelito” Peñalver, “no somos suizos”. El positivismo, a pesar de su radical defensa que parte de “nuestra realidad”, siempre choca con la realidad real de lo que somos. De allí su imposibilidad, pero también su presencia en parte o casi todas las elites venezolanas, del gobierno o de la oposición, de izquierda, de centro, o de derecha.

Advertisement

No es que el mensaje de la familia Guaidó-Rosales esté malo como mensaje. Tuiteros comentaron que son fotos de un estudio, al cual posiblemente otras familias acudieron para tomarse su foto con el mismo fondo. Pero el detalle es que no es cualquier familia. Aunque no estoy en los promotores ni defensores del interinato desde su nacimiento en 2019 ni tampoco cedo al chantaje de sus activistas quienes alardean que, si no lo apoyas “estás con Maduro” -una pobre defensa que revela una gran debilidad- la familia Guaidó-Rosales es una familia política de la oposición. Pudo haber escogido otro fondo más nacional si quería comunicar una relación con la sociedad para reivindicar su lucha política, y no un fondo que va para un público cautivo, que siempre aplaude. Caldera se iba a Kanavayen en diciembre. No solo porque le gustaba, sino para comunicar con ese símbolo muy nacional -nuestro origen como tierra- el apego a la nación venezolana de una familia política de la democracia representativa, los Caldera Pietri.

Luce que Guaidó está consciente de la debilidad de su mensaje de Navidad. En la nota de su portal de fecha 1-1-22 la cual comunicó sobre la “rendición de cuentas del interinato”, la foto de la nota es una en la que está el dirigente de VP con otras personas, pero resaltó una gran imagen de Bolívar como fondo. 

A casi 40 años del libro de la profesora Maritza Montero, nuestras élites siguen en lo mismo: hacen ideología para fundar una identidad que legitime en los símbolos su dominación. Sí creo que hay una diferencia entre 1984 y 2021: que los alienados son las élites y no el público. El presidente y la primera dama creen que son la historia y que la sobrepasan; la familia Guaidó-Rosales recrea la Venezuela altercentrada del público que los apoya. Fuera de sus mundos de fantasía, la sociedad reconstruye su identidad y los trasciende. 



Tendencias