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La Lupa

Informe electoral: entre la "paz autoritaria" y la alternancia

Este artículo es sobre un tema en el que no soy nada bueno: el pronóstico electoral. Me he equivocado bastante. De las al menos 10 campañas dentro del sistema autoritario en las que he participado como consultor o como parte de una estructura política, mi mejor desempeño fue en las parlamentarias de 2010. El peor, en las presidenciales de 2018. Analizo la encuesta de Consultores 21 (C21) realizada entre el 23 de abril al 2 de mayo. Si bien mi pronóstico es una victoria de Edmundo González Urrutia (EGU) el 28 de julio, el chavismo tiene capacidad de maniobra para ganar ese día. Con los números del estudio de opinión, explico las tres áreas en las que el Gran Polo Patriótico (GPP) puede incidir en la Fortuna electoral

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Caracas / Foto: Cortesía.- De entrada afirmo que no soy bueno para los pronósticos electorales. A lo más, acierto en lo global. Por ejemplo, mi oficina de análisis político fue bastante acertada con la participación en las primarias de octubre de 2023, tanto en el voto nacional como en el voto en el exterior. Para el consultivo del 3-12-23, mi oficina ofreció pronósticos globales que se acercaron a los datos generales suministrados por el CNE.

Lea también: Cada abuelo es un voto y ya suman más de 4 millones

Por supuesto, esta segunda elección es cuestionada con razón porque el CNE no publicó los resultados desagregados, de manera que validar los datos globales es difícil. Una situación similar a la de la ANC de 2017 con la diferencia que los resultados de la constituyente se subieron por unas horas y luego desaparecieron de la página del CNE hasta el día de hoy.

Con el consultivo de 2023, los resultados generales están en la página del CNE. Solo hasta ese nivel. Si bien mi pronóstico acertó en lo global sobre la posible participación en el referéndum, tiene la debilidad que no puede ser auditado por la falta de información del CNE.

El ejemplo va porque considero que soy bueno para lo macro, pero malo para lo micro; bueno al mayor, malo al detal. Soy mejor en lo estratégico que en lo táctico. Me he equivocado mucho en los pronósticos electorales. Como oficina, consultor, o analista tengo por lo menos 10 elecciones a cuestas dentro de un sistema autoritario. Mi mejor desempeño fue en las parlamentarias de 2010. Mi peor desempeño fue en las presidenciales de 2018 (aunque no participé en esa campaña, mi pronóstico para las parlamentarias de 2015 fue un desastre. Igual en las regionales de 2017. No participé como consultor, pero mi pronóstico no fue bueno aunque muchísimo mejor que el de muchos famosos y reputados de la “Venezuela civil”, consultados por los medios de entonces). Tengo algunas lecciones a partir de mis errores que abordo más adelante. Por lo pronto, las líneas previas advierten al lector que tome este artículo con reservas.

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A pesar de no ser tan bueno para los pronósticos electorales, aquí va una aproximación al clima de las elecciones de 2024. Lo hice básicamente porque los resultados de las encuestas con pronósticos para el 28 de julio no me satisfacen. Seguramente es porque no tengo acceso a ellas de manera completa. Como política, si hablo de encuestas normalmente tengo todo el estudio para examinarlo.

La idea es poder hacer un buen análisis y evitar ser difusor de las matrices de opinión que es lo que sucede cuando ponen a circular algunas láminas de una encuesta. Todo el mundo las comenta, y todos difunden la matriz o “bajan la línea”, de manera consciente o no. Ya estoy un poco grande y tengo algunos “galones” como para prescindir de hacerlo, aunque como todo en Venezuela en el mundo del poder, se paga un precio si no “te portas bien” y demuestras que “estás con la causa”. En Venezuela se cobra todo si no “sigues la línea”. Hasta respirar.

Esta insatisfacción duró hasta que en tuiter salieron algunas láminas de un estudio de Consultores 21 (C21). Como toda firma de estudios de opinión, tiene sus aciertos y errores, pero la información que ofreció me pareció más cercana a lo que percibo son los números para las elecciones, que seguro cambiarán.

La encuesta tuvo como fecha de campo del 23 de abril al 2 de mayo. Es nacional en poblaciones urbanas mayores a los 10 mil habitantes. Se hizo con el sistema CATI. El error muestral es del 3,16 por ciento. Para C21, los bloques políticos son 48% opositor, 35% independiente y 17% oficialista.

Las láminas que subieron a tuiter me hicieron ver algo que tenía en la mente que era escribir sobre el ambiente electoral; como un artículo del clima de partida pero en términos de los posibles resultados para julio. La idea me surgió luego de una conversación con un cliente el 7-5-24. Hablar y contrastar ideas siempre ayuda a ordenarlas. Esa conversación hizo saliente el tema del hoy artículo y, al día siguiente, vi las láminas de C21 en tuiter, que me dieron el empujón para redactar este texto. Aquí va.

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El punto es construir algo como un escenario de partida para el clima electoral. Que pueden ser pronósticos para el 28 de julio, pero no necesariamente.

El discurso en redes sociales está atrapado en los “leales a las causas” centrados en la discusión y autobombo de cuantas cuadras se llenaron en alguna población de Venezuela. El regreso a la época de Chávez y los famosos “marchólogos” para medir la cantidad de asistentes a una concentración. Hoy son muy cotizados los “marchólogos de tuiter” que en 2002 no existían.

Igualmente volvió la estética del mesías. El “pobre pueblo” el cual lleva una existencia triste que oculta con una rumba, de repente, se alegra cuando llega algún salvador “revolucionario” o de la “gente decente”, que lo salvará de ser “pueblo”, que es la causa de su afligimiento. Es la lógica de la obra de teatro de Peter Weiss, “Persecución y asesinato de Jean Paul Marat” (1966), ya en la parte final de la obra. Venezuela no ha cambiado en el estilo para hacer campañas en cualquier momento ¡Qué país tan inelástico! Es el problema cuando tienes mucho dinero.  

Más de 20 años después, la métrica es igual, pero con mayor censura en redes por los “grupos convencidos” que estigmatizan a quienes no repiten el guion de la victoria para cada uno o tienen críticas al estilo de “salvadores del pueblo” que encanta a nuestras élites en su misión catequizadora desde sus grandes vidas resueltas, rodeadas de abundancia.

Con las encuestas, aparecen algunas con una diferencia a favor de Edmundo González Urrutia (EGU) de 42 puntos como la de Datincorp de abril (62% a 20% respectivamente, en escenario polarizado).

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No descarto escenarios tipo “avalancha” -como el de Datincorp- pero me ubico en escenarios más cerrados o con menos diferencia a favor de la plataforma unitaria.

Por ejemplo, en cada elección Wikipedia hace una página. En ella, reseña los estudios de opinión publicados. Normalmente saco un promedio de los estudios de opinión que me ayuda a ubicarme en el contexto electoral. Para 2024, tomé 12 encuestas de las publicadas por Wikipedia -consultada el 11-5-24 a las 10:30pm- y el promedio fue plataforma unitaria 41,05% PSUV 27,4% e Indecisos 13,5 por ciento. Me luce una pintura más cercana a la realidad que el número de Datincorp o de firmas con guarismos similares.

Pienso que la plataforma tiene la primera opción para ganar -hablo de primera opción, no de una victoria inevitable como se deja ver en redes sociales- por tres motivos: el primero, hay un candidato unitario que es EGU; el segundo, la gestión de Maduro no mejoró o lo hizo de manera muy discreta. Las expectativas hacia un “modelo chino o vietnamita” no se cumplieron -mi pronóstico fue que el ejecutivo mejoraría más su gestión, pero no fue así- y tercero, el pueblo venezolano quiere una alternancia. Es un pueblo que le gusta cambiar y probar con opciones. Un cuarto de siglo de gobiernos chavistas parece ser suficiente. Aunque tuviera una excelente gestión, los votantes cambiarían de gobierno. Solo para ver qué tal lo hace un ejecutivo diferente. Así somos los venezolanos: nos gusta experimentar, aunque estemos bien. 

También asumo que habrá elecciones con los candidatos que están. No pocos señalan que el gobierno puede promover acciones en contra de EGU o en contra de la tarjeta de la unidad. Por ejemplo, la denuncia de Ceballos Ichaso el 11-5-24 ¿se construye el “casus belli” contra la oposición? 

Tampoco lo descarto, pero no lo veo. El costo para el gobierno será muy alto, aunque el chavismo no es muy dado a la “teoría de los costos”. No creo se de este escenario porque pone en riesgo su gran estrategia que es mantener la paz y la estabilidad. Este es un “costo” que el chavismo sí le presta atención.

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No entro en el escenario complicado para la oposición: no ganar el 28 de julio. En redes cierta matriz impulsa que si no se gana “es por un fraude”. Habrá que ver cuando llegue ese momento. Hoy, la elección está desnivelada y bastante. La oposición asumió ir en esas condiciones -que me parece correcto, es lo que hubiera hecho, y lo hice en el pasado cuando los que hoy van no querían- por lo que perder es una opción muy probable.

El problema no es tanto si se reconoce o no la elección de julio -acerca de esto, escribí recientemente para El Cooperante- sino qué decide la oposición. Si responde de manera política -mantenerse en la lucha- o regresa al tema del “fraude” para ver si se produce un 1957 o un 1958 y se da el tan deseado “quiebre de la coalición dominante”. El grupo de María Corina es el que está a prueba para ver si su discurso del cambio es real o una táctica para llegar a julio, pero terminar en lo mismo del pasado. Pero este artículo no entra en ese análisis. 

Hechos los planteamientos iniciales, lo primero para construir el escenario de partida es acercarnos al REP y a la posible participación de votantes para el 28 de julio.

El corte del REP es 21.400.000 votantes en redondo. Empero, no todos los electores están en Venezuela, aunque estén registrados en el REP local. Hay que restar los que se fueron. Estudiosos en el tema electoral como Eugenio Martínez hablan que, de los casi 8 millones de migrantes criollos, 5 millones son votantes (en redondo). El REP quedaría en 16,4 millones de electores, que es la asunción que parece hacer la firma Consultores 21, la que redondeó en 16 millones.

Fuente: Aníbal Sánchez

C21 parece asumir que los 5 millones todos están en el REP (21MM – 5MM). Efectivamente todos tienen 18 años o más pero no sabemos si están en el REP. Todo votante tiene 18 años o más, pero no todos los que tienen 18 años o más son electores. Una importante diferencia ¿Cómo saber quién es quién en el REP dentro de los 5 millones de personas que tienen 18 o más años?

En 2021, con un REP de 21,2 millones de personas -la diferencia con el REP de hoy no pasa de los 300 mil electores- votaron cerca de 9 millones de ciudadanos. Por supuesto, las presidenciales de 2024 moverán más electores.

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Se puede tomar un número arbitrario para estimar cuántos de los 5 millones son votantes. Puede ser el 50% es decir, 2,5 millones son electores y 2,5 millones no lo son aunque tengan 18 o más años. Daría un REP de 18,9 millones de votantes (21,4 MM – 2,5 MM).

O podemos hacer un “proxy”. Obtener la media de las regionales entre 2004 y 2021 que es 46 por ciento (redondeada). Se resta de la abstención en 2021 que fue del 58 por ciento -se toma porque se sale de la media, es decir, “indica algo”- y la diferencia puede ser por el “efecto migración” que se calcula sobre el REP de 2024. En otras palabras, 58 – 46 = 12 por ciento. Este valor se descuenta del REP de 2024 que equivale a 2.568.000 electores que no estarían en el REP. El resto sí. Coincide con el número arbitrario de 50% de los 5 millones registrados para votar. Luego, los votantes efectivos para el 28 de julio pueden estar entre 16 a 19 millones de un REP de 21,4 millones de inscritos.

Hay que restar la abstención probable como siguiente paso. Para Delphos, en grueso, la abstención para julio sería del 20 por ciento. Para C21 es similar.

El promedio de la abstención en las presidenciales de 2006, 2012, y 2013 es de 22 por ciento. Tomemos un 20 por ciento que parece un valor que no es exagerado. Que es probable que se de en una presidencial.

Si es de 16 millones el REP, los votantes efectivos serán cerca de 13 millones de personas, que es el pronóstico de C21. Si es de 19 millones el REP, los electores reales serán 15 millones.

Entramos en la próxima parte ¿Cómo votarán quienes asistan a las máquinas el 28 de julio?

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Pienso en algo como el “Zeitgeist de las elecciones” para acercarme al “espíritu del tiempo” que puede mover a los electores en julio.

Construí una tabla 2 x 2 con dos ejes los que, a mi juicio, definirán el voto a favor o en contra del gobierno o de la plataforma unitaria.

El primer eje es el continuo paz-cambio político. Un elector puede decir, “prefiero quedarme con lo que hay porque puedo vivir” (paz). Otro puede expresar, “me arriesgo a la incertidumbre, pero quiero salir de esta pesadilla o gobierno” (cambio político).

El segundo eje es el continuo de gestión, con una punta que es cambio de 180° en la gestión de gobierno o no hay un cambio de 180° en la gestión de gobierno en la otra punta. Por ejemplo, acomodar un acueducto de la época de Soublette se acerca a lo segundo. Hablar de terminar el Tuy IV se acerca a lo primero.

A lo mejor para el votante acomodar un acueducto del Siglo XIX es más importante que terminar uno del Siglo XXI por cuestiones nacionalistas o de identidad. En la política pesan los factores irracionales, más que las variables racionales. De aquí mi distancia con las visiones economicistas como la “teoría de los costos” o la de los incentivos, las que dominan el paradigma opositor, aunque sin éxito hasta ahora para desplazar o cambiar al ejecutivo de Maduro.

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De estos dos ejes surgen cuatro momentos o situaciones:

“Paz autoritaria” es la situación en la que hay paz, pero la gestión de gobierno no cambia. Es Maduro hablando de las “rumbitas” y que el poder popular hizo tal cosa en tal parte. Es la situación de hoy, que se caracteriza por un clima de vida pesado, pero la existencia se lleva. La “paz autoritaria” la disfrutan y aprovechan TODOS los sectores, les indigne o no el término.

“Alternancia” es la situación en la que para el elector privó más el deseo de cambio y el gobierno no cambió la naturaleza de su gestión. Es lo que parece demanda hoy el votante: cambio, probar con otro gobierno. Es una mayor disposición al riesgo y a la incertidumbre política a través del voto, no de aventuras como cierta oposición impuso en el pasado (aunque hoy afirma que no pasó, que no fue así, y que lo que queda es “superarlo”, “pasar la página”, y “remar juntos”).

“Reinvención” es la situación cuando se mantiene la estabilidad política, pero el gobierno da un giro de 180° y cambia la gestión. Un Maduro, por ejemplo, que modifica su lenguaje de “las rumbitas”. No parece ser el caso. El gobierno se nota que está feliz por ser como es. Ya es un “Maduro way of life”.

Sí puede ser el caso de las acciones contra la corrupción. El ejecutivo quiere mostrar un giro de 180° en un ambiente en que la estabilidad política no es cuestionada y no llegó a ser amenazada (en la versión de la fiscalía con el caso El Aissami).

“Reelección” es la situación en la que el gobierno cambia la gestión y logra convencer al elector que lo puede hacer de verdad y por eso es reelegido, pero para cambiar, no para seguir en la inercia después que gana. Porque en la “paz autoritaria” también el ejecutivo puede reelegirse, solo que significa continuar con la inercia de los 6 años previos. “Reelección”, por el contrario, significa una “movida de mata” completa dentro del gobierno y, con todo, gana la presidencial de 2024.

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Una acción parecida hizo el gobierno con la ANC de 2017. Realmente movilizó al chavismo, le dio al ejecutivo un crédito de innovación, y derrotó a la oposición que apostó a la estrategia de la insurrección.

Mi análisis es que el gobierno no aprovechó el crédito de 2017. Se limitó a quitar algunos controles y a vivir del efecto rebote en la economía, que es la situación presente. La inflación bajó, pero la vida no se vive a lo Martha Nussbaum: con el riesgo de la tragedia porque hay que elegir y responsabilizarse. Es, simplemente, llevar una buena vida -las élites del gobierno y de la oposición, incluida la que ganó la primaria, aunque lo niegue- o sencillamente llevarla, que es la opción para el pueblo. Es lo que comunica un video que Francisco Ameliach subió a su cuenta de tuiter para mostrar la cotidianidad del pueblo en una parroquia del Zulia.

A lo mejor el elector quiere llevar una vida sin interpelación existencial. No quiere preguntarse sobre la angustia de un proyecto de vida. Simplemente quiere vivir. Igual las élites, aunque a diferencia del pueblo, tienen opciones. Pueden viajar a países para refrescar proyectos de vida en donde la existencia es menos monótona que la venezolana. A lo Hirchmann, tienen su “salida” y controlan “la voz”. Mejor, imposible.

Hoy pienso que el elector se mueve más en la “Alternancia” y, en segundo lugar, hacia el escenario actual, “Paz autoritaria”.

Las dos situaciones están en la parte superior de la tabla 2 x 2, eje que supone que el gobierno no cambiará la gestión. Luego, el peso para decidir el voto el 28 de julio estará entre quienes favorecen la estabilidad o el cambio político. A mi juicio, es lo que decidirá la elección ¿Estabilidad o cambio? ¿Certidumbre o incertidumbre?

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Veamos una primera medida de la intención de voto para el 28 de julio:

En la pregunta general acerca de la intención de voto, EGU aventaja a Maduro con 11 puntos, 36% a 25 por ciento respectivamente. Un dato importante son los Ns/Nc que sumaron 22 puntos en la pregunta general.

Al cerrarla a los seguros de ir a votar (columna 2), EGU y Maduro subieron 3 puntos cada uno: a 39% y a 28% respectivamente. Los Ns/Nc bajaron a 20 puntos. Se mantiene la diferencia de 11 puntos entre EGU y el presidente Maduro.

Reduzcamos las categorías de la pregunta general que hizo C21 para tener una mejor agrupación de los datos. Veamos en el cuadro 1:

Otros candidatos: “Er Conde”, Márquez, Bertucci, y Ecarri

Tanto EGU como Maduro ganaron 3 puntos, para un total de 6 puntos ¿De dónde vienen? 3 puntos llegaron de “Otros candidatos” que pasaron de 12 a 9 por ciento (algo como una “economía del voto”). Dos puntos, de los No sabe y un punto de los Ninguno. Todavía quedan 20% en Ns/Nc que no puedo pronosticar cómo se van a distribuir si deciden votar. Podemos hacer un “proxy” sobre cómo lo harían con la siguiente lámina del estudio de C21, que es el escenario a tres (EGU, Maduro, y “Otro candidato”):

Empleamos el mismo criterio para elaborar el cuadro 1: el voto general y el voto de los “seguros que van a votar”. Notemos en el cuadro 2:

En el escenario de tres opciones para las presidenciales de julio, EGU y Maduro sumaron puntos entre el voto general y cuando se pasó a los “seguros de ir a votar”. El “Otro candidato” perdió puntos en el cambio. En total, dejó 4 puntos al pasar de 17 a 13 por ciento respectivamente ¿A dónde fueron estos puntos? 3 se sumaron a Maduro y 1 a EGU. La proporción es 2/3 y 1/3 a favor de Maduro y de EGU respectivamente.

“Ceteris paribus” si el 13% restante se distribuye así, 9% irían a Maduro y 4% a EGU. El resultado final probable para julio sería 46% Maduro y 54% EGU.

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Tomemos el mejor escenario de participación que es 15 millones de votantes, sería Maduro con 7 millones y EGU con 8 millones (redondeado). La diferencia a favor del candidato de la plataforma unitaria sería de 1 millón de votos.

A muchos llamará la atención y les parecerá imposible que Maduro sume más apoyo que EGU entre el voto general y los “más seguros de ir a votar”, los que vienen de la pérdida que tiene el “Otro candidato”.

Que Maduro sume más puntos que EGU al pasar del voto general al “seguro de ir a votar” en el escenario de a tres, puede ser porque el elector que tiene “Otro candidato” se decantó por Maduro, porque los estudios subestiman el voto chavista -en cierta opinión es una “raya” decirlo- o por otro motivo.

Aquí entran las lecciones que me dejó no ser buen pronosticador de resultados electorales y de equivocarme con frecuencia en elecciones pasadas.

La primera, es que los estudios de opinión subestiman opiniones y actitudes. No necesariamente porque hagan mal sus diseños o “les paguen” como se dice en redes. Vivimos una época del miedo en redes sociales. De la censura, no solo de gobiernos sino de grupos que se asumen como los “dueños de la narrativa”, los que construyen una historia a la medida. Destrozan a quienes no la compartan o la critiquen aunque luego se muestren como “magnánimos” o parte del “Grupo Yo no fui”.

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Se produce la “espiral del silencio” y personas no dicen su opinión genuina por temor a que los destrocen en redes sociales o para “estar bien con todos”. Entonces, siguen “la corriente” de una encuesta o de la “línea que bajan”, pero al momento de votar, expresan realmente lo que sienten. De aquí que los resultados reales no vayan con las encuestas. Por ejemplo, Milei fue subestimado por las encuestas en cerca de 10 puntos. No es el caso de Venezuela, pero en redes sociales decir “soy chavista” es una “raya”. Quizás muchos chavistas no lo hagan para evitar un mal rato, pero votarán por Maduro en julio.

Lo segundo, es que en las elecciones no solo de Venezuela sino del mundo, la volatilidad de la opinión es mayor por lo que el pronóstico es más complicado. Los No sabe/No responde (Ns/Nr) se mueven entre un 15 a un 30 por ciento en elecciones en el mundo, Venezuela incluido.

Ese grupo que una encuesta no ausculta posiblemente decida votar el mismo día de una elección y su voto cambió el pronóstico. De aquí los errores de los pronósticos de los estudios de opinión no solo en Venezuela sino en países.

Para C21, en el escenario cerrado de tres candidatos, los Ns/Nr son 20% que es una cifra relevante para el gobierno o para la plataforma unitaria. Es uno de cada 5 votante. Puede significar una holgada victoria para la plataforma o que Maduro sea reelegido para que siga en el poder hasta enero de 2031.

Lo complicado para los encuestadores es que los Ns/Nr se definen en el último momento. Una semana antes de la elección, a lo mejor ni saben por quién van a votar. Posiblemente se definen en la cola para sufragar o cuando están frente a la máquina. Por eso las “sorpresas electorales”.

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Aunque mi pronóstico es que ganará la plataforma unitaria, no descarto que el GPP logre la reelección del presidente Maduro. Y no será fraude. En todo caso, la elección como está, ya está desnivelada. El “fraude” ya existe, pero la plataforma decidió competir -que me parece correcto- pero puede perder. El gobierno puede ganar. Que sea una victoria sin brillo porque es producto de una elección desnivelada, es otro tema, pero puede triunfar en julio.

Es el “incumbent”. De entrada, la elección está desnivelada y eso le otorga una ventaja inicial. Pero hay acciones que el chavismo puede emprender para mejorar los números de Maduro. Son tres.

La primera, hacer una campaña electoral normal. En redes sociales hay preocupación por el silencio del gobierno frente a los actos de María Corina o las reuniones de EGU con grupos sectoriales. No pocos asumen que en cualquier momento el ejecutivo “echará una broma” a la tarjeta de la unidad o a EGU, para sacarlos de la competencia.

No niego esta posibilidad, pero considero que el chavismo espera su momento para hacer la campaña en la lógica de la “acción retardatriz” de Zamora y el famoso “Rondón no ha peleado”, que son caros al chavismo. Entonces, “Rondón” espera su momento para “pelear” y hace una “acción retardatriz” para llevar a la oposición a su terreno. Deja correr a la oposición para agotarla y entrar en el terreno con menos desgaste. Es construir el ganar como lo dejó ver un tuit de Jorge Rodríguez con fecha 11-5-24 en el que aseguró que, “vamos a ir construyendo nuestra victoria día tras día”.

Algunas cosas se notan como definir políticas públicas específicas para ciertos grupos (mujeres, jóvenes, emprendedores, adultos mayores, por ejemplo) con la novedad que algunas de ellas serán financiadas por la sociedad (como las pensiones. Por cierto, estoy de acuerdo con el aporte privado para las pensiones, no sé si de la forma que está en la nueva ley porque no la he leído, pero no todo puede ser extraído del Estado, que es nuestra cultura). Tengo mis dudas sobre la eficacia de estas acciones. En 2015 se hicieron, aunque con menos especificidad. Se recuerda que el ejecutivo regaló hasta taxis. Eso no evitó que perdiera la AN.

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Lo segundo, lo que llamo la “campaña susto”, que implica el uso de instituciones con mensajes que señalan que dejar la estabilidad lograda es peligroso, así sea la “paz autoritaria”. Luego, hay que votar por Maduro para que no ocurra.

Busca desmotivar al votante opositor. Para C21, la disposición a votar en el chavismo es mayor a la disposición a sufragar que hay en la oposición: 88% a 74% respectivamente en los “Seguros de ir a votar”: catorce puntos a favor del chavismo. En los No alineados (NA) la disposición a votar es 69 por ciento.

Con la “campaña susto” posiblemente el chavismo busque bajar la disposición a votar en la oposición y en los NA. Pongamos de manera arbitraria que logra bajarla a 70 y 60 por ciento respectivamente, mientras sube la del chavismo a 90 por ciento. Es decir, de cada 100 chavistas, 90 van a votar en julio. De Cada 100 opositores, 70 van a sufragar. De cada 100 NA, 60 se mueven para marcar el voto. Es una diferencia de 30 a 40 personas a favor del chavismo por cada 100 votantes.

Aquí entran los Ns/Nr que para C21 suman 20% en el escenario de tres candidatos. Lograr que la “campaña susto” tenga influencia en este grupo y que se distribuya 75% Maduro y 25% EGU, por mencionar un valor arbitrario, o se abstenga por algo como “los políticos son iguales en todas partes”.

Finalmente, lo que llamo “el salami electoral” que es repartir los votos de la oposición en tres: la plataforma, la alianza, y Ecarri. Aunque para Datincorp en febrero de 2024, la alianza le resta es al gobierno no a la oposición.

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Vayamos al escenario “más competitivo” de C21 que es una votación de 13,2 millones de personas (el 82% del REP real de 16 millones de votantes).

Supongamos que Maduro saca lo mismo que en 2018: cerca de 6,3 millones de votos. Quedan 6,9 millones de votos. Imaginemos que EGU saca 6 millones y la suma para los terceros es de 900 mil votos. Gana Maduro con una ventaja de 300 mil votos. La suma de los candidatos no chavistas es mayor a la del chavismo, pero se reparte entre tres.

Situación similar pasó en las regionales de 2021. En los datos de Aníbal Sánchez, el chavismo sumó 4.037.740 votos y la oposición toda (unidad + alianza + FV + otros + PCV) totalizó 4.567.640 votos. La diferencia a favor de la oposición fue de 529.900 votos, pero el chavismo se hizo con más gobernaciones y alcaldías. Es lo que Cabello de manera constante dice en su programa de los miércoles, “los chavistas somos brutos, pero vamos con un solo candidato y alianza política”.

Pienso que el gobierno se mueve más en mínimos para ganar que en máximos para triunfar como en 2021.

Es decir, por el agotamiento del chavismo al tener 25 años en el poder, lo relevante es ganar con una diferencia que no pueda ser disputada o le de maniobra al ejecutivo para reclamar a la oposición y afirmar que ganó, si pierde. Por ejemplo, que el 13% del “Otro candidato” se distribuya ya no 66% a favor de Maduro sino 85% que le daría no 9 puntos sino 11 puntos, que lo llevaría a 48% y puede permitirle disputar a la oposición el resultado del 28 de julio que sería en esta hipótesis 48% y 52% respectivamente.

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Veamos en nuestro mejor escenario: 15 millones de votantes. Imaginemos que Maduro saca lo que logró en 2013 que fue cerca de 7,6 millones de votos. Restan 7,4 millones de sufragios. Supongamos que EGU saca 7 millones y los 400 mil votos restantes en los terceros candidatos. Maduro gana por 600 mil votos.

Supongamos que Maduro saca los 6,3 millones de votos que obtuvo en 2018. Quedan 8,7 millones de votos. En este escenario, la plataforma tiene el primer chance. Puede ser que saque 8 millones y los 700 mil restantes vayan a los terceros candidatos. Aquí la posibilidad del gobierno para disputar a la oposición se reduce bastante. Sencillamente, perdió.

De aquí el tarjetón porque simboliza los 4 grupos en candidatos: chavismo, plataforma, la alianza, y Ecarri que puede ser la apuesta del ejecutivo. Que el voto para la plataforma se divida entre 3: la plataforma, la alianza, y Ecarri.

En resumen, los números de C21 no dan para la euforia y “narrativas GOT o Marvel” que están en redes sociales que señalan una victoria inevitable, en el clima “de ponderación” que ahora se quiere imponer dentro de la oposición.

La plataforma unitaria tiene la primera ventaja, pero no significa que ganar sea inevitable. Debe consolidar la ventaja y construir un diferencial o un “overhead” para consolidar el resultado, aunque sea pequeña la diferencia frente al chavismo que puede ser disputada, pero también la plataforma puede hacerla valer más con su habilidad política que con aventuras, para que el ejecutivo reconozca que perdió la elección de julio.

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No obstante, los números “tal como están” -favorables a la oposición- indican que el elector favorece una coexistencia o convivencia. No hay “rendiciones” ni “capitulaciones incondicionales”. Lo que habrá serán negociaciones para la convivencia en el mismo suelo entre dos grupos antagónicos. En julio, veremos qué tan ciertas son las expresiones “cambiamos” o “solo los estúpidos no cambian”.



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