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La Lupa

Informe: ¿Venezuela hacia otra constituyente?

Aunque ningún sector político asume de manera abierta la bandera de otra ANC -si se da, sería la tercera en poco más de 25 años- algunas declaraciones o posiciones tanto en el gobierno como en la oposición dejan ver que esa posibilidad está allí. Más en el caso de la oposición por las afirmaciones de María Corina acerca que será “presidente de todos los venezolanos”. Salvo que espere a 2030, una vía para lograrlo antes es una ANC. No la única, pero importante para, igualmente, adelantar su proyecto de país. El artículo también explora la posibilidad de una ANC en caso que Maduro repita en julio. El texto asume “escenarios ideales” y obvia lo que hoy parece de bulto: que la gobernanza futura, sea en un gobierno de EGU o en uno de Maduro, requerirá acuerdos entre el gobierno y la oposición. Salvo que Venezuela haya internalizado que puede vivir 6 años más igual que los 6 años que pasaron, cambios de 180° tendrán que suceder en la nación. Mi preferencia es que no ocurra una ANC. Sí una reforma puntual a la constitución para eliminar la reelección indefinida y regresar a la carta magna previa a la enmienda de 2009 con mandatos limitados. Promoverá la competencia y renovación política

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Caracas/Foto: Cortesía. El 29 de abril escribí para El Cooperante un texto que analizó “los retos de Edmundo” (EGU). En ese entonces, el candidato de la plataforma unitaria tenía 10 días de haber sido seleccionado.

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Identifiqué dos retos para el embajador. El primero, que sin desconocer o alejarse del liderazgo de María Corina, no dejarse absorber por ese liderazgo. El candidato debía buscar su propio perfil, lograr su propia personalidad como candidato. Tener personalidad electoral y “considerar salir, hacer algunas visitas a estados o zonas de Venezuela. Quizás una selección dado el corto tiempo de la campaña”. Esto ocurrió a la luz de su primera actividad de campaña en La Victoria el 18-5-24 y la realizada en El Cementerio (Caracas) el 24 de mayo.

Lo segundo, si gana EGU ¿cuál cambio, cuál transición? En el artículo se planteó que la elección de julio, si la oposición triunfa, será para abrir la puerta a otra elección en la que Machado compita y, por fin, coronar su sueño de ser presidenta de Venezuela, que es lo que la mueve.

Quizás lo segundo se ve lejos por la propia dinámica de la campaña y porque ésta y el candidato definen su personalidad. La prioridad es una elección que ya está cerca y no un futuro que nadie vislumbra (ni puede). 

No obstante, aunque el momento político parece otro, la pregunta acerca de una posible ANC no es ociosa. Tampoco es la primera vez que se plantea. Fue la bandera de Chávez para ganar en 1998. También fue la insignia del chavismo disidente en personas como Ana Elisa Osorio, Héctor Navarro, y Oly Millán.

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En tiempos recientes, fue la prédica de sectores de la oposición, sea de los partidos o de la sociedad civil. En 2013, al calor de las municipales de ese año, Capriles formuló el tema. Voluntad Popular la buscó en 2017. Desde la sociedad civil, se formó un grupo llamado Alianza Nacional Constituyente (ANCO) conformado por “señorones” que encantan e influyen en la “Venezuela decente”.

En 2024 no existe una voz oficial que la proponga, pero una declaración de María Corina Machado en su visita al Zulia el 3-5-24, trae el tema a la reflexión.

Cito textualmente un tuit de MCM en beneficio de la mueva moda de cierta oposición en redes sociales. Ahora son “ponderados y objetivos”. De “centro”. Quieren “analistas objetivos” y no “parcializados”. Ya no es destrozar personas o reputaciones en redes sociales (“por ahora”). Ahora son análisis “basados en la evidencia”.  

Mis análisis son “subjetivos” pero desarrollan sus hipótesis y avisan sus preferencias, no las esconden en citas o en frases obvias (por ejemplo, que analizar o estudiar una encuesta de opinión no puede predecir o pronosticar el futuro; obvio, pero se usan ¿No?). Decir obviedades en tono serio, de sabio, produce aplausos en tuiter.

Es muy conocida la frase de José Bergamín, “Soy subjetivo, ya que soy sujeto. Si fuese objetivo, entonces sería un objeto”. El escritor español tiene otra expresión menos conocida pero que se aplica a estos “analistas imparciales” que buscan acomodarse a lo que estiman será “el nuevo poder en Venezuela”, y desde ya méritos en redes sociales (principalmente en lo imparcial y objetivo de la cobertura de las elecciones con crónicas gallegianas). Bergamín dijo que, “La constancia de la veleta es cambiar”. Así son nuestras aclamadas y cultas “veletas” porque “los escenarios son dinámicos”. 

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La ganadora de las primarias de octubre de 2023 aseguró en su visita al Zulia que, “(…)Yo recibí un mandato que voy a cumplir hasta el final. Ahora, lo que sí le puedo garantizar a los venezolanos es que como esta campaña que ha sido respetando el mandato del 22 de octubre, la transición también lo será, no va a ser una transición de cogollos, no va a ser una transición de espaldas al país, va a ser una transición que incorpore a todos los venezolanos, a todos los ciudadanos, insisto, apuntalado en el mandato del 22 de octubre” (tuit del Comando con Venezuela del 3-5-24 a las 9:45am).

En un tuit de Vente Venezuela de fecha 3-5-24 a las 10:34am, María Corina expresó que “(…)De cuando la gente me decía a mi, está 80 a 20, ya estás tranquila, y yo ¿qué? No, no, no, no, yo quiero llegar al último venezolano que pueda tener dudas(…)lo he dicho(…)cuando sea presidente de Venezuela voy a ser presidente de todos los venezolanos(…)”.

El tema viene por la expresión “presidente de Venezuela”. No es la primera vez que Machado lo afirma. Lo machacó en su visita a Apure el 22-5-24. Está en política para eso. Lo ha dicho de manera sincera. Que quiera ser presidente no tiene nada de particular o “malo”. Es la meta “por defecto” de cualquier político en Venezuela. Rosales igualmente lo ha expresado.

El punto es que, salvo que en su plan esté esperar a la elección de 2030 -con el riesgo que la llamen “la oposición 2030” científica expresión creada por no pocos de quienes la apoyan- tendrá que bregar por la presidencia a partir de enero de 2025, en el escenario que la oposición gane en julio de 2024.

Mi escenario base asume que, de ganar la plataforma, María Corina no va a esperar a 2030 para competir por la presidencia ¿Cómo se llega a presidente antes de 2030 a través de una votación? al mantener todas las demás variables constantes.

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Igualmente, mis escenarios parten de otro supuesto: que la plataforma unitaria gana en julio de 2024 y asume el poder de manera efectiva en enero de 2025. No me planteo para este escenario del artículo, uno “Irán 2009” (EGU como un Mousavi).

Tampoco toma en cuenta el contexto que habrá otros poderes en manos del chavismo por lo que no introduzco la realidad de la inhabilitación de la líder de la oposición. Mi escenario asume que podrá aspirar a la presidencia de Venezuela si la oposición gana en julio. Entremos en materia. 

Una vía si se quiere subsidiaria para ir a una ANC, es la falta absoluta del presidente de la república, de acuerdo al artículo 233 de la constitución ¿Qué dice?

Recordemos, “Serán faltas absolutas del Presidente o Presidenta de la República: su muerte, su renuncia, o su destitución decretada por sentencia del Tribunal Supremo de Justicia, su incapacidad física o mental permanente certificada por una junta médica designada por el Tribunal Supremo de Justicia y con aprobación de la Asamblea Nacional, el abandono del cargo, declarado como tal por la Asamblea Nacional, así como la revocación popular de su mandato.

“Cuando se produzca la falta absoluta del Presidente electo o Presidenta electa antes de tomar posesión, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. “Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se encargará de la Presidencia de la República el Presidente o Presidenta de la Asamblea Nacional.

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“Si la falta absoluta del Presidente o Presidenta de la República se produce durante los primeros cuatro años del período constitucional, se procederá a una nueva elección universal, directa y secreta dentro de los treinta días consecutivos siguientes. “Mientras se elige y toma posesión el nuevo Presidente o la nueva Presidenta, se

encargará de la Presidencia de la República el Vicepresidente Ejecutivo o la Vicepresidenta Ejecutiva.

“En los casos anteriores, el nuevo Presidente o Presidenta completará el período constitucional correspondiente.

“Si la falta absoluta se produce durante los últimos dos años del período constitucional, el Vicepresidente Ejecutivo o Vicepresidenta Ejecutiva asumirá la Presidencia de la República hasta completar dicho período”.

El artículo 233 da para análisis muy serie de TV de política “maquiavélica”, que sería la delicia de los sobrevalorados imparciales analistas y del culto público de tuiter.

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Un escenario puede ser que EGU renuncie en su año tres o antes. La norma de la carta magna establece que hay que convocar elecciones presidenciales “dentro de los treinta días consecutivos siguientes”.

EGU renuncia. Hay nuevas elecciones. Las gana María Corina, y la puerta para convocar una ANC se hace más expedita.

Otra ruta puede ser que Machado sea designada por EGU como su vicepresidenta. Aquél renuncia y MCM asume la candidatura al modo que hizo Maduro en 2013 luego de la muerte de Chávez el 5-3-2013. Compite como vicepresidenta y se basa en la sentencia del TSJ del 8-3-13 que permitió a Maduro ser candidato en tanto era presidente encargado. Machado gana la elección, y su primer decreto es convocar a una ANC.

Lo anterior nos lleva al próximo escenario: volver a 1999 o a 2017.

Una vez que EGU se haya juramentado como presidente, la convoca. La constitución de 1999 lo permite y fue lo que el presidente Maduro hizo en 2017, cuando la anunció en el acto del 1-5-17.

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La convocatoria fue publicada en el decreto Nº 2830 del 1-5-17. Luego, el 23 de mayo de ese año, en el decreto Nº 2878 se publicaron las bases para la ANC que fue elegida el 30 de julio de 2017.

EGU puede convocarla de manera directa como hizo Maduro que sería “volver a 2017” o puede hacer como hizo Chávez -aunque se resalta que regía la constitución de 1961, la que no contemplaba esa figura- que fue una consulta para preguntar sobre la ANC que fue en abril de 1999 junto a las bases que la mandarían y la elección de sus integrantes. Sería el escenario “volver a 1999”.

La diferencia entre 2017 y 1999 es que en el segundo se preguntó si se convocaba a una ANC. En 2017 no. Simplemente se llamó a elegir al cuerpo. Una y otra va a depender del momento y riesgo político que el nuevo gobierno esté dispuesto a asumir.

Convocar una ANC dependerá, principalmente, de los resultados de julio y de la habilidad política de la oposición. Pero más lo primero.

Si el resultado es una avalancha de votos a favor de EGU con una diferencia de más de 20 puntos a su favor, la oposición de la plataforma unitaria tendrá maniobra para considerar llamar a una constituyente sin consultar o menos con el gobierno saliente de Maduro.

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Se recuerda que entre julio y enero hay un vacío porque el nuevo gobierno debe esperar y el gobierno que sale tiene unos meses para actuar. En este escenario, el ejecutivo electo puede arriesgarse y anunciar que la convocará una vez que asuma el poder. El riesgo de anunciarlo es una eventual regresión del gobierno saliente, que buscará impedir esa convocatoria si no es acordada.

El segundo escenario es que EGU gane, pero con una diferencia menor a los 20 puntos. En ese caso, si se desea llamar a una ANC, el nuevo gobierno deberá conversar con el gobierno de Maduro para acordar cómo será ese llamado, temas y bases de la futura ANC.

En cualquier caso, el nuevo gobierno puede no hablar con el ejecutivo saliente y convocar a una ANC. Esto abre los escenarios para el conflicto político que escapan a este artículo examinar.

En caso que Maduro sea reelegido y EGU no gane, tampoco hay que descartar una ANC. Por supuesto, aquí también es un escenario ideal.

Se dice ideal porque la realidad será que el gobierno reelecto no tendrá la maniobra que tuvo en 2018. No sé si el país se calará 6 años más con el cuento de un culpable de los apagones o seguir con los picos de escasez de gasolina hasta 2030. No veo ambiente para eso.

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Lo que quiero decir es que si el presidente Maduro es reelegido, el ejecutivo tendrá que dar un giro de 180° salvo que la sociedad acepte vivir 6 años más como vive ahora, y el gobierno se sienta reconocido por eso. No cambiará, entonces. Veo difícil vivir hasta 2030 con la inercia de 2024. Hasta firmas de encuestas cercanas al mundo oficial como Hinterlaces envían un mensaje al gobierno que debe cambiar. Tiene tiempo con ese mensaje esta agencia de opinión pública.

En una lámina que publicó en tuiter, Hinterlaces comentó una encuesta de su autoría. Para la firma, un 60% prefiere una gestión de gobierno más competente, “un gobierno más productivo y eficiente”. El ejecutivo se mueve en esta idea y busca convencer al electorado que mejorará su gestión si gana, que “ahora sí”. Justamente su debilidad: prometer una mejor gestión ya no es creíble. Tiene que hacerlo, no anunciarlo.

Un 40% opinó que se requiere “un cambio total y radical de gobierno”. No es una cifra pequeña. No es cualquier cosa. Es una importante. Son 4 de cada 10 venezolanos que tienen esa posición “radical”. Revela la desesperación por otra cosa, por un cambio.

Incluso firmas cercanas al ejecutivo como Hinterlaces registran el agotamiento con la gestión de Maduro. Ya no es suficiente el 1 x 10, hablar de “rumbitas” o “actos nacionalistas” (el gobierno lo descubrió hace tiempo y en la oposición descubren el nacionalismo con el “bongo que remonta…” de los analistas objetivos). Se busca un cambio total. Un giro de 180 grados. En este eje se definirá la suerte del chavismo para julio. Si logra ser visto como creíble para un cambio de gestión, Maduro puede ganar el 28.  

En sencillo, tendrá que haber algún tipo de acuerdo gobierno-oposición-países, si es que ese acuerdo no se trabaja desde ya, porque conversaciones debe haber, en el marco de Barbados o en el marco de Qatar, que es lo más probable.

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Lo principal de esas posibles conversaciones es que, si la oposición gana, debe ser una “alternancia en paz” como afirmó EGU el 18 de mayo. Si triunfa el chavismo, debe ser un cambio de gestión o de relación con la sociedad, pero no podrá ser continuar con el presente. Lo que significa que una constituyente unilateral de parte del ejecutivo no estaría en la agenda, salvo que asuma el precio de un conflicto político que abra una caja de Pandora y la “paz autoritaria” entre en riesgo, que no es lo que quiere (ni tampoco la oposición, aunque le indigne el nombre de “paz autoritaria”).

Hagamos abstracción de lo anterior. El chavismo gana en julio y se plantea el tema de la ANC. La de 2017 dejó una constitución en proyecto que no conocemos. O, al menos, dejó un esquema para una nueva carta magna.

Si Maduro triunfa, pienso que ese borrador o texto se sacará de la gaveta y el chavismo lo analizará para 2025 o después. Lo justificará con “llegar a 2030 para decirle a Chávez, a los 200 años de la muerte de Bolívar, el país está en paz”.

Considero que el gobierno buscará reformar la carta magna para decirle a Chávez “te cumplimos comandante”. El chavismo guarda sus facturas. La de la reforma de 2007 es una, aunque varias de las propuestas rechazadas en el referéndum de ese año se aprobaron por la legislación desde la AN o con habilitantes.

Para el chavismo puede ser importante una constitución reformada o cambiada, sea por una ANC o una reforma puntual, que no sea una enmienda como en 1999, para celebrar los 200 años de la muerte de Bolívar si el chavismo se mantiene en el poder para esa fecha. Se recuerda la propuesta de Maduro del 13 de abril de la “cadena perpetua para traidores y corruptos”. Ya no se habla de ese asunto pero si es reelegido seguramente se tocará.

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También el escenario para revisar la carta magna está presente en el ejecutivo, no solo en la oposición. Para el primero, consolidar “el proceso” y “hacer irreversible la revolución” de cara a 2030. Para el segundo, debilitarlo y promover otro modelo de país “que no sea socialista”.

Hoy no parecen viables los dos “tipos ideales” (“consolidar el proceso” y “salir del socialismo”), salvo que se asuma un nuevo conflicto político (la continuación del que existe “por otros medios”). Una negociación deberá ocurrir si alguno quiere cambiar la constitución o el ganador dejará la carta magna de 1999 tal como está, que es lo que pienso procede. Es mi preferencia. Es lo que me gustaría. El nuevo presidente -sea EGU que es mi opción, o un Maduro reelegido- gobierne con la carta fundamental de 1999 durante sus 6 años. En mi caso, que EGU gobierne con su propia personalidad durante los 6 años, en atención a la pluralidad de Venezuela.

Me atrevo a escribir que el país no quiere más “aventuras” de “teóricos de la política comparada” cuyas teorías han sido refutadas, no corroboradas, ni tampoco las han revisado o seguir con el juego de “alfareros de repúblicas” desde el poder. Quienes juegan viven muy bien aunque dejan un desastre del que nunca se responsabilizan. Escribirán sus “memorias”, recibirán un sillón de alguna academia u universidad, y adoptarán la pose de víctimas pero respetables, porque el país no comprendió los experimentos de esos genios sobre el conejillo de Indias que es la sociedad, la que pagó y pagará los costos. 

Tal vez -más adelante- se pueda consultar para eliminar la reelección indefinida aprobada en febrero de 2009 y volver al texto original de 1999 con mandatos limitados en el tiempo. Sería la mejor innovación, aunque no se cambie más nada de la constitución. Introduciría un factor de competencia política y renovación que hacen falta en Venezuela, tanto para el ejecutivo como para las fuerzas alternativas. 



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