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Jorge Rojas, el pariente de Rodolfo Sanz que no investigan por ser miembro del clan Cabello

El Cooperante

El Cooperante. – En el año 2010 Manuel Felipe Díaz, otrora presidente el Sindicato Único de Trabajadores Profesionales Universitarios de la Industria  Venezolana del Aluminio (Sutrapuval), introdujo una denuncia en la Fiscalía Superior del estado Bolívar por desfalco en contra de la Corporación Venezolana de Guayana (CVG). El esfuerzo por hacer justicia en contra de los responsables de la pérdida de 500 millones de dólares del estado Venezolano nunca obtuvo frutos, la razón: La cercanía de los involucrados con el clan Cabello.

Según consta en el expediente que conserva El Universal, el para entonces ministro de Industria Básica y Mineria (Mibam), Rodolfo Sánz, manejaba una cuenta, número 30 111 840 900 0000 05861, a nombre de la Corporación Venezolana de Guayana en la filial del Libano del banco ruso Gazprombank Invest en la que, en el mismo año de la denuncia,  compradores a futuro de la CVG transfirieron por instrucciones Sanz, fondos, previa orden enviada por un fax.

Dicha  cuenta era manejada por el exministro, su pariente  Jorge Rojas Montero, y un operador financiero, de nombre Alejandro Ceballos. Rojas Montero,  hombre aliado al clan Cabello, es a su vez muy cercano a Mauro Libi, socio de Carlos Romero, dueño del recientemente adquirido Banco Plaza y representante de Raúl Gorrín.

A los denunciantes ante la fiscalía  les pareció -al menos- extraño que el dinero de las ventas a futuro haya entrado en la sucursal que el poderoso banco ruso y peor aún, en una cuenta cifrada que sustituye la identidad del titular, por un código que solo conocía él y el ejecutivo de la entidad financiera. 

Los fondos de contratos firmados con el objetivo de invertir tecnológicamente en las plantas, así como en el pago de pasivos laborales aunado al pago de proveedores, nunca llegaron a su destino. Por el contrario, en las empresas básicas faltó dinero y, para compensar, sobraron deudas.  Así por lo menos dejó eso quien ahora es jefe del municipio Guatire a donde fue confinado.

Rojas, el intocable, también guisó con los bolichicos

Pero no nos distraigamos. Una segunda  operación la montó entonces Jorge Rojas y en la  denuncia se anexó una copia de un fax enviado el 4 de septiembre del 2010  desde el número telefónico 0212-977.73.99, en el que se giraban instrucciones para depositar en la misma cuenta de Líbano. Una vez que se solicitó investigar a Rojas por esto, el abogado recurrió al poder de los Cabello, para sepultar las averiguaciones.

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Pero Jorge Rojas no sólo aparece en ese escándalo. En otra negociación con una empresa china  se suscribió un contrato por 1.000 millones de dólares en toneladas de hierro y planchones. Al parecer, dicho contrato en el que todas las ventajas fueron para el grupo chino, se perjudicaron los intereses de la CVG, reportando un 12% (120 millones de dólares) sólo por concepto de honorarios para el grupo: Leopoldo Alejandro Betancourt López, Alejandro Ceballos , Esther de Margullis (asesora legal financiera entonces del ex Ministro Rodolfo Sanz y de Ceballos), Francisco Convit Guruceaga (mano derecha de Ceballos y primo de Betancourt), Lina Marcano, Jorge Rojas y para Rodolfo Sanz.

También hicieron negociaciones con oro, en complicidad con Luis Herrera Mendoza, presidente de Minerven, destituido por corrupción y mala administración en junio de 2011.

Entre los actos ilegales cometidos por Herrera Mendoza, además del abultamiento de la nómina con un personal no productivo con fines proselitistas (de 900 pasaron durante su gestión a 2.300) e imcumplimiento de las normativas del BCV, figuran otras denuncias mas graves realizadas por los propios trabajadores y los consejos comunales de El Callao, acerca de las ilegales actividades de Herrera Mendoza junto con sus cómplices los chavechicos: obras y servicios fantasmas, compras con sobreprecio y, lo más grave, ventas de oro a futuro y venta de oro a precios especiales a miembros del mismo grupo, que luego era revendido a precios internacionales, generando ganancias ilegales a los intermediarios, entre ellos, familiares de Betancourt López que se dedican a la orfebrería (Lilia López, su madre).

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