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“Detenga sus actividades políticas”: Así fue amenazado con cárcel José Manuel Olivares

El Cooperante | 28 septiembre, 2018

Caracas.- Desde hace tres meses, el diputado a la Asamblea Nacional, José Manuel Olivares, vive en Bogotá, Colombia, como si fuera volver a Venezuela mañana. Llegó a ese país sin una maleta, con su esposa y su bebé, justo después de recibir una llamada.

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“Tengo una orden de detención para usted y su esposa. Detenga sus actividades políticas o lo detendremos“. El diputado, un activista por la democracia, colgó. Fue la primera vez que escuchó la voz directa del general Gustavo González López, director del Servicio Bolivariano de Inteligencia Nacional (Sebin), la policía política de Nicolás Maduro, publicó Paris Match.

Luego el parlamentario pensó en su hijo, Francisco, de tres meses. ¿Cómo iba a crecer con sus padres encarcelados? A las 6:15 de la tarde, su suegra lo llamó, entró en pánico: “El Sebin está aquí, están saqueando la casa. Te están buscando”.

Su hermano mayor, que lo ayudó en su campaña electoral para convertirse en gobernador de su región natal de Vargas, tuvo 10 meses de tortura en la dese del Sebin en El Helicoide. “Lo tenían en un sótano sin comer, fue chantajeado para denunciarme. No teníamos noticias de él. Fue muy aterrador. Tuvimos mucha suerte de que saliera con vida, solo con todas las costillas rotas”.


Han pasado doce años desde que Olivares, un médico, es militante político. “La política vino a mí. No lo planeé. Cuando Chávez cerró arbitrariamente Radio Caracas Televisión, en 2007, yo quería defender la libertad de expresión. Primero traté de hacer política para ayudar a la gente”.

El parlamentario es uno de los que denuncian la crisis humanitaria: la falta de alimentos, medicamentos, recursos en los hospitales. Durante las protestas de 2017, sufrió un traumatismo craneoencefálico y recibió doce puntos de sutura. Al día siguiente, nuevamente estuvo en las manifestaciones, exigiendo el restablecimiento de la legitimidad de la Asamblea Nacional. Pero esta vez, después de largas horas de vacilación, arrojó la toalla. “Mi primera responsabilidad es finalmente mi familia”.

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