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La batalla por el Palacio Federal Legislativo oxigena a la oposición venezolana

Danny Leguízamo | 7 enero, 2020

Caracas.- Ya era tiempo. Casi tarde. Pero nunca demasiado tarde. En política no existe el out 27. Quienes creyeron que Juan Guaidó y el Parlamento habían sido aniquilados tras la autojuramentación de Luis Parra, se han equivocado. La jugada de Nicolás Maduro, tan atrevida como peligrosa, todavía ha sido absolutamente ineficaz. La batalla de la civilización contra la barbarie para que «El Miedo» vuelva a convertirse en «Altamira», le ha vuelto a dar oxígeno a una oposición que ya venía desgastada por sucesivas derrotas en 2019. ¿Cómo se planificó la operación? ¿Qué sigue en la agenda de Maduro y en la de la oposición?

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La heroica sesión que este martes presidiera Juan Guaidó en el hemiciclo de sesiones del Palacio Federal, comenzó en la noche del lunes tras el allanamiento al hotel Paseo Las Mercedes. Funcionarios del régimen registraron habitaciones de diputados y clausuraron el recinto por cinco días.





A primera hora de la mañana, Guaidó se dirigió al Comité Ejecutivo Nacional de Acción Democrática en La Florida, y desde allí, en una reunión con Henry Ramos Allup, se ajustaron los detalles de la operación que más tarde protagonizaría un centenar de diputados contra la barbarie que alguna vez reflejó Rómulo Gallegos en Doña Bárbara, representada en esta oportunidad por la Guardia Nacional Bolivariana y los colectivos asesinos de la dictadura.

«El plan es uno solo: sentar a Juan Guaidó en la mesa directiva del hemiciclo. Iremos en bloque y entraremos en bloque. O pasamos todos, o no pasa nadie«, confesó a El Cooperante un diputado de la coalición opositora, mientras abordaba un autobús en el edificio adeco, sin añadir otro detalle.

No querían que ocurriera lo del pasado 5 de enero. En bloque, como lo aseguró este diputado, entró un centenar de legisladores -a empujones- al Palacio Federal, con Ramos Allup y Guaidó al frente. Ya dentro de los jardines del recinto, apenas unos cinco funcionarios de la GNB que custodiaban el hemiciclo, resistieron infructuosamente al sólido bloque, cuya desembocadura lógica y necesaria fue la toma de la mesa directiva y la juramentación de Guaidó como único presidente del último vestigio republicano que todavía queda en el país.





Y tal como lo anticipamos en esta columna del lunes, aquella operación se convertiría literalmente en una batalla. Una batalla que la oposición tenía que ganar a la fuerza, pues sucesivas derrotas en 2019 con los episodios del 23 de febrero y el 30 de abril, habían desmovilizado la calle, justo cuando el régimen de Maduro se alista para convocar elecciones parlamentarias y arrebatar a las fuerzas democráticas los dos tercios en la Asamblea que con votos se alcanzaron.

Ahora lo que debe seguir en la agenda opositora es el instinto natural de preservación de los espacios: la Asamblea como institución y los partidos políticos como brazos ejecutores, pues el Gobierno -que no ha podido cumplir con la condición de Rusia de destronar a Guaidó- se alista con su Tribunal Supremo de Justicia para destruir a lo interno a PJ, AD y VP, y para tratar de revestir de legalidad a una junta directiva que no es ni será tal.