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La bruta estrategia del Gobierno para sabotear la marcha de Juan Guaidó

Elizabeth Fuentes | 10 marzo, 2020

Caracas.- Tanquetas militares, vehículos blindados, funcionarios de inteligencia disfrazados de civiles más  el peligro de  colectivos rondando, han sido varios de  los ingredientes  que ha utilizado el Gobierno de Nicolás Maduro para impedir que los opositores logren realizar marchas o convocatorias multitudinarias.

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Armados  del abuso de poder que implica cerrar estaciones del Metro para impedir el libre traslado de los ciudadanos, los estrategas  rojitos finalmente se ven «obligados»  a recurrir  a la fuerza bruta y, a golpes de gases lacrimógenos, buscan borrar la evidencia que se  niegan a ver  aunque la tienen ante sus ojos: que la gran mayoría del país no los quiere y se arriesga a salir a las calles para gritárselos en la cara.





Y peor aún: en un momento muy difícil para los partidos opositores, donde el apoyo popular se ha reducido por razones harto conocidas (entre ellas el fracaso de algunas iniciativas con finales infelices), al Gobierno y su grupito fascistoide no se les ocurre nada más patético y errado que regalarle argumentos a los dirigentes de la oposición para justificar lo que pudo haber sido una marcha fracasada.

En lugar de permitir que la gente llegara sin problemas y caminara tranquila hasta la meta, para que  el gobierno  pudiera exhibir  la  poca convocatoria  de la oposición, algún cerebro poco certero de los que abundan en Fuerte Tiuna decidió convertir la marcha de Guaidó en otra épica ciudadana. De modo que  lo que pudo ser retratado como una derrota, ha colmado otra vez los titulares donde el protagonista sigue siendo Juan Guaidó y su gesto valiente, al  perseguir y arrebatarle la gorra a un infiltrado del gobierno, lo que culminó en el lanzamiento de gases lacrimógenos con miras a defender a los funcionarios enviados por el régimen para  generar violencia al interior de la marcha.

Y ocurre que en este tipo de actos colectivos se genera una suerte de hermandad instantánea donde, como hoy,  los Voluntarios de la Cruz Verde de la UCV marcharon y vivieron la misma represión que  los parlamentarios, líderes políticos, los trabajadores  del Metro y cualquier ciudadano de a pie que insiste en combatir los desmanes del gobierno sin más armas que su presencia.





Mientras en el lado opuesto de la acera, los militantes del Psuv repiten su ya fastidioso plagio al responder con una marcha similar a cualquier acto que provenga de la oposición, demostrando no solo que se han convertido en unos seguidores de la agenda que sigue imponiéndoles  Juan Guaidó, sino que desde el poder ya no hay  ni siquiera imaginación para estimular a los suyos a tomar las calles. Fracaso que se duplica porque, como saben ellos y nosotros, los chavistas  solo marchan detrás de la arepa que les muestra el gobierno y les promete morder, solo si se disfrazan de rojo y llegan al final de su triste meta.