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La Lupa

La carta de los 25: ¿y dónde están los partidos políticos?

La opinión pública no había terminado de procesar el encuentro entre el gobierno y 11 integrantes del Foro Cívico ocurrido el día 5-4-22, cuando la agencia AP publicó que 25 personas de diferentes sectores de la sociedad enviaron una carta al presidente de los EUA, Joe Biden, con fecha 14-4-22 en la que plantearon, básicamente, que los EUA tengan un rol más activo para empujar las negociaciones en México entre el gobierno, la plataforma unitaria, y partidos de la oposición, al tiempo que llamaron a que los EUA revisen su política de sanciones y de “máxima presión” contra el gobierno de Maduro, porque no ha funcionado. La carta generó un verdadero cisma en las redes sociales de la oposición. Muchos apoyaron la misiva y lo que significa, pero otros la interpretaron como una “traición” a la política que domina a la oposición –la “presión y el quiebre”- y expresaron que los firmantes buscan “acomodarse con el régimen”. Algunos fueron muy ofensivos al calificar a los 25 como “gusanos”. En el artículo analizo la carta y lo que creo significa en lo político: otra señal de reacomodos de fuerzas políticas y sociales que trae la “pax Maduro”. Es prematuro afirmar o pronosticar si la sociedad civil mutará a un movimiento político. La mesa está servida para cualquier movimiento en Venezuela. Es lo que observo ¿cuál resultará? No sé pero ¿dónde están los partidos políticos?

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Caracas.- Este artículo es continuación del tema que escribí la semana pasada en El Cooperante, acerca del encuentro entre el gobierno y 11 miembros del Foro Cívico. Le sigue porque las dos iniciativas vienen de la sociedad civil y las dos entregaron o enviaron cartas. Los integrantes del foro a Maduro, y las 25 personas a Biden.

Los temas de ambos comunicados son similares, lo que sugiere coincidencia con los puntos de la agenda de la sociedad civil. En este artículo analizo y opino acerca de la comunicación a Biden firmada por 25 personas, la que generó un verdadero revuelo en redes sociales, incluso más que la reunión de integrantes del foro con el gobierno. De entrada, apoyo las solicitudes principales: que los EUA tomen parte en el regreso a México y que revisen su política de sanciones. Desde la orden ejecutiva de Obama de 2015, no estoy a favor de esa política. En mi blog escribí un artículo con fecha 17-3-15 llamado “Las sanciones de Obama”, en el que expuse mis reservas y rechazo a las sanciones. Así que mi posición no es nueva. No voy como sopla el viento.

La verdad es que ni los 11 miembros del Foro o los 25 firmantes acertaron con la forma para las cartas. Si los primeros son “ciudadanos responsables”, los segundos pasaron al otro extremo. Escribieron que, “los abajo firmantes, líderes cívicos, académicos, y económicos de Venezuela, defensores de la democracia(…)”. De los “ciudadanos responsables” pasamos a los “líderes” de áreas de Venezuela.

Está bien que en la cultura norteamericana presentarse como líder de algo da “leverage” en la política de ese país, pero la carta se leyó en Venezuela y cayó mal. No dudo que son personas honorables -como todo el mundo en Venezuela- muy conocidas en el mundo de las élites, pero ser líder ya es otra cosa. Algunos de los firmantes señalaron que Walessa y el Papa Juan Pablo II solicitaron a Reagan la revisión de la política de sanciones a Polonia, y los EUA las quitó. El ejemplo es bueno. Pero una cosa es Walessa y el Papa, y otra 25 personas conocidas de Venezuela. Una cosa es ser conocido y otra líder. En Venezuela hay mucha “gente conocida” pero pocos líderes. 

Más adelante, los firmantes agregaron que, “Hacemos un llamado a otros líderes y partes interesadas en Venezuela y otros lugares, para que respalden públicamente esta carta”. Ni siquiera para que esos “otros líderes” consideren, evalúen, tomen en cuenta la carta, sino que la respalden. Nuestros “líderes” hablaron. “Han dicho”

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En varios artículos recientes para el portal de la casa, El Cooperante, he escrito sobre la moda que observo en quienes tienen poder -el gobierno- y en quienes aspiran a tenerlo -la oposición y la sociedad civil- de asumir tonos un tanto presuntuosos. Es construirse como personas o grupos con cualidades especiales y superiores que suponen alguna condición especial frente al resto. Ocurre el efecto contrario: la presuntuosidad los debilita. Más en un país donde las elites se conocen. Todas caben en un auditorio grande. Tampoco creo que los EUA traguen ese discurso. Para colmo, el texto comienza con algo que en Venezuela tiene una connotación negativa para el chalequeo, “Los abajo firmantes”. Errores chapuceros pero que comunican que los 25 seguramente tienen una auto estima tan pero tan alta, que pensaron que lo de “abajo firmantes” no se aplicaría en su caso. Pienso que apostaron a su prestigio y no funcionó como esperaban. Ser menos presuntuosos hubiera ayudado más.

No hubiese hecho lo que el grupo de 25 hizo: firmar una carta de ese calibre con solo 25 personas. Es evidente que deben saber que el tema de las sanciones es muy sensible en la oposición. En vez de 25, hubiera buscado por lo menos 100 firmas iniciales. No llamar a firmar una petición que luego de más de una semana de presentada la carta, es decir, el día 24-4-22 a las 1:50pm, apenas había recolectado 138 firmas que, para el contenido e importancia del documento, no es gran cosa. Es decir, hubiera democratizado el documento inicial es vez de hacer uno de 25 “líderes” que fueron cuestionados en su representatividad. Es más difícil atacar a 100 que a 25, por más “notables” que sean los últimos.

Comenzar un documento con la palabra “abajo firmantes” es demasiada confianza en el propio prestigio o es desconocer que en Venezuela -al menos en los públicos “selectos”- esta palabra no tiene buena connotación. Muchos de quienes leyeron el texto seguramente al ver la expresión, tornaron en contra de la carta. La verdad, a quién se le ocurre iniciar un documento de un tema tan explosivo con “los abajo firmantes”. Realmente en Venezuela cada grupo está en su mundo y cree que son invulnerables. 

De los firmantes que han hablado para explicar su apoyo a la carta, me gustó más la posición de Manuel Sutherland. Va con mi manera de ser que es directa, sin maquillaje para agradar, especialmente en los temas venezolanos.

Con el debido respeto, pero mi ánimo no está en el clima de “vamos a escucharnos”, “no más insultos”, etc que es la moda en redes sociales. Esa etapa ya pasó. Debió ser el modo entre 2014-2020. Además, muchos de los promotores de la concordia hasta no hace mucho eran comisarios políticos de tuiter y en persona, que de manera implacable persiguieron y estigmatizaron a quienes disentían de la política de la “presión y el quiebre”. Así que no estoy en modo de “atención al cliente” sino en “modo de reclamar la garantía del producto”. Es decir, hay que decirse las cosas. No sé si esto “enriquezca el debate y a la democracia”, pero lo creo necesario. Por eso me gustó más la posición de Sutherland. Me pareció más honesta. Las otras que he leído están bien, pero caen en el famoso “damage control” para “quedar bien con todo el mundo”.

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Lo anterior es mi opinión sobre la forma. No es importante. Al fin y al cabo, las elites venezolanas son muy epistolares, de “comunicados” y “a la opinión pública”. Unos grupos que se hablan a sí mismos y creen que por eso, hacen historia.

Voy al contenido y al fondo político de la carta, que es lo importante ¿Qué dice la misiva dirigida al presidente de los EUA?

La misiva comienza –y no es un detalle menor- con un llamado a los EUA para que impulse las negociaciones en México entre el gobierno, la plataforma unitaria, y agregan un nuevo actor: los partidos de la oposición, que se supone son los que no están representados en la plataforma unitaria.

Al igual que la comunicación de los 11 integrantes del Foro Cívico, los 25 no niegan México. Al contrario, lo ponen de primero. Lo legitiman como el espacio para las negociaciones políticas. La carta comienza con ese punto. Ninguno invalida a México o plantea otro espacio de negociación política con el gobierno. La negociación social es otra cosa, que si bien está en el memorando del 13-8-21, no excluye la participación de la sociedad civil. Por esto, entre otros motivos, mi apoyo a sendas cartas, a la de los 25 y a la entregada a Maduro por 11 personas del Foro Cívico.  

Los firmantes de la misiva a Biden se ponen afuera del conflicto político: llaman a los EUA, pero exigen al gobierno reformas y a la oposición unirse, y a los tres, no dejarse secuestrar por las posiciones extremistas que “solo perpetúan el doloroso status quo”. Muy buena frase. Es cierta. Los venezolanos lo vivimos diariamente.

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Luego habla de las sanciones y expresa que éstas y la política de “máxima presión no lograron sus objetivos”. También es cierto.

El documento es un contrapunteo entre el tema político y las sanciones.

Su mensaje de fondo es que los EUA promuevan negociaciones en México con una lógica incremental al tiempo que revisa su política de sanciones. Principalmente, para permitir que la actividad petrolera tome fuerza, con ciertas condiciones. Por ejemplo, que el Estado solo reciba regalías e impuestos, pero los proyectos serán manejados por las empresas. El texto habló –aunque no explicó qué es- de un “fondo endógeno” –quizás sea un FEM- cuyo fin es paliar la crisis social y el manejo se hará con mecanismos de control y transparencia.

La visión de los 25 firmantes supone que, si Venezuela revive su actividad petrolera, la alejará de Rusia y China. “Venezuela está en el hemisferio Occidental”, dice la carta.

Como misiva, es un buen documento que enfatiza lo económico. Revisar las sanciones permitirá que los ingresos de la nación mejoren para atender la situación social.

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Esto no es en abstracto: los EUA son el eje para que el gobierno, la plataforma unitaria, y partidos de la oposición negocien con una visión a mediano y largo plazo que tributará en “poner fin a la crisis en Venezuela, y ayudar a construir el nuevo futuro del país, con pleno respeto al Estado de derecho, las libertades económicas, y la vigencia de los derechos humanos”. 

Al igual que la del Foro Cívico dirigida a Maduro, no un documento mal escrito y su planteamiento en pocas líneas es: que los EUA promuevan la activación del diálogo entre el gobierno y la plataforma en México, se sumen otros partidos de oposición, y revise su política de sanciones.

Es la segunda carta de personas y organizaciones civiles en menos de dos semanas. No es la primera vez que sucede porque en septiembre de 2020 ONG y personas que sumaron 115, enviaron una carta al gobierno de Trump para solicitar no eliminara las exenciones que tenían algunas sanciones próximas a vencer, como las de importar diésel (el swap), que al final fueron eliminadas por el gobierno de los EUA.

La carta de los 25 y todo lo que ha pasado desde que se informó sobre la reunión del gobierno con 11 integrantes del Foro Cívico, me dejó con la impresión que regresamos a agosto de 2020: la sociedad civil y personas llenan el vacío que dejan los partidos políticos. Sí, pero en 2022 hay diferencias.

Una, es que los partidos están en una suerte de aislamiento, de “inxilio” para adelantar cambios internos, y desaparecieron del debate político. La estrategia de la “presión y el quiebre” les quitó toda la fuerza política. Su capacidad para incidir es nula. No tienen opinión ni capacidad para actuar. No son políticamente eficaces. No pudieran hacer una carta como la de los 11 integrantes del Foro o como la de los 25. No porque no tengan la capacidad, es que no pueden reunirse en conjunto. Salvo el MAS, Lápiz, y Centrados los que emitieron un comunicado, los demás partidos no lo han hecho (tampoco tienen que hacerlo), y lo que hay son posiciones de dirigentes. El comunicado de Marquina en el que criticó con fuerza la carta de los 25 y fue publicado por la web de la AN que expiró en enero de 2021, pero no queda claro si fue una noticia o el interinato la endosa -pienso es más lo último, pero tampoco se dice- o unas palabras de Macario González de VP cuando se habló del tema. Pero posiciones orgánicas no hay. La oposición no tiene esa fuerza no porque no pueda sino porque no está en condiciones.

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La carta de los 68 en contra de la carta de los 25, también fue firmada por “notables”, pero no por partidos. Firmó Ledezma ¿pero ABP y Ledezma son lo mismo? Son partidos pequeños, pero ¿no hay diferenciación? Así con Machado y Vente ¿O nuestro caudillismo es tanto que el líder del partido es el partido?

Como en 2020, el vacío político lo llenan sectores civiles. Aquí está lo interesante.

Si bien en 2020 había diferencias entre el sector civil y los partidos, compartían la estrategia frente al gobierno que fue la de la presión. La ruptura entre los partidos y la sociedad civil comenzó en 2020, pero ONG y personas que hoy firman documentos para Biden o Maduro estuvieron cerca de la estrategia del interinato o en la lógica que los chavistas “venderían a Maduro” a los EUA para “salvarse como partido” o estar en la transición, que fue el paradigma hasta 2020. Hoy no es que no exista, pero ya no es el paradigma.

Los sectores civiles quieren ser los interlocutores de la sociedad. Esta está huérfana de representación política. El grupo que le escribió a Biden comunica tener ganas de ser más político a diferencia de los 11 miembros del Foro Cívico, que se mantienen más en los parámetros de las ONG. En los 25 hay personas con ganas de hacer política.

Lo importante es que los grupos civiles buscan hablarle a parte de la sociedad que puedo llamar “la sociedad del ciudadano que produce”, la que regresó o se quedó en Venezuela, pero la que está activa en la producción, la que lleva el día a día, la que no está en los debates de las elites, aunque sea consumidora de información política. La gente que decidió llevar su propia vida al margen de la política y es factor de contención frente a los grupos que buscan el poder o ya lo tienen. Esto plantea un asunto relevante.

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Si de la acción de ONG y personas de la sociedad civil emergerá una suerte de movimiento político con un candidato para 2024 o, cuando los partidos salgan al ruedo político, los grupos civiles se retirarán y los partidos retomarán su protagonismo. Es decir, la sociedad civil lo que hace es una “suplencia” a la sociedad partidista mientras ésta concreta sus cambios internos y selecciona a sus candidatos para la prevista primaria en 2023.

Es difícil hacer un pronóstico. Pero pienso más lo primero que lo segundo. Los partidos políticos adelantan cambios, pero hoy no son relevantes desde el punto de vista político A lo mejor mañana -eso espero- sí, pero hoy no.

La propia dinámica puede hacer que la política sea atractiva para la sociedad civil y se conforme un polo de poder desde este sector que aglutine a los descontentos con los partidos y con la estrategia de la oposición en general.

Más que la carta a Biden y su contenido, lo interesante es que personas y grupos civiles se mueven en política, incluso con comportamientos que deslindan de los partidos –cosa impensable hace unos años- junto a personas que en el pasado si no apoyaron la estrategia del quiebre, tampoco la criticaron. En otras palabras, hay diferencias de estrategia dentro de la oposición que se manifiestan en rupturas o críticas elegantes. El interinato ya no tiene la fuerza para lograr que todos lo apoyen. Eso se quebró y grupos y personas manifiestan su opinión. Ya no aterra o menos que a alguien le digan “colaboracionista”. Quienes lo dicen, están muy bien dentro de la “dolarización del régimen”, no en la clandestinidad. Son hipócritas y cómodos.

Se habla que Venezuela vive tiempos del cinismo. No lo comparto. El cinismo es la violación de la conciencia por la realidad -represiva o no- que te hace descreer de todo por la intensidad de la abolladura existencial. Pero hay conciencia. La hipocresía, no. La hipocresía es fingir que la realidad viola tu conciencia, pero vives de la crisis. En Venezuela, es la hipocresía, no el cinismo lo que domina. Entre el cínico y el hipócrita, prefiero al cínico. Tendré conciencia. Acida, pero conciencia. El hipócrita no tiene conciencia. Tiene ambiciones que se presentan como preocupaciones por todos. Venezuela vive tiempo de hipócritas y menos de cínicos. Ojalá fuera lo último.

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Quienes buscan la salida de fuerza se quedan solo con apoyos en redes sociales. Su mundo está allí. Pero no tienen una fuerza política real, propia. Su propio discurso y estrategia la aisló en un mundo de los “que están en el lado correcto de la historia”, pero políticamente sin capacidad. Se nota que no han cambiado. Siguen en 2014 o 2017.

Veamos. La carta de los 68 en la que solicitaron a Biden mantenga las sanciones, está redactada en el tono de siempre, para el público cautivo de ese sector que quiere leer cosas como “Crear con firmeza, con el concurso de la comunidad internacional comprometida con los principios y valores democráticos, una amenaza creíble para que el régimen desaloje las instituciones que usurpan(…)”.

A estas alturas seguir con lo de “amenaza creíble” es como si el tiempo no hubiera pasado. Dos destroyers de 10 mil toneladas cada uno, lleno de misiles, que Trump puso en el agua en 2020, junto al “ramson” por la cabeza de Maduro y otros ¿no son “amenazas creíbles”? Esos dos barcos ahora van rumbo a Europa, por la invasión de Rusia a Ucrania ¿Qué hicieron los 68 con los dos destroyers cuando Trump se los puso?

Pero hay algo más interesante, fuera del lenguaje que gusta a cierta oposición. El G68 planteó a Biden, como primera petición, que “Se mantengan y profundicen las sanciones personalizadas contra los depredadores de los bienes públicos y contra los responsables de crímenes de lesa humanidad en Venezuela(…)”…pero ¿y las sanciones generales? No es lo mismo una sanción a un funcionario de PDVSA que a la empresa, para que no pueda vender petróleo, por ejemplo. No hacen la distinción. Juegan con la ambigüedad de las “sanciones personales” que son populares y probablemente casi todo el mundo esté de acuerdo con ellas. En mi caso, tampoco estoy de acuerdo. Pero las sanciones personales generan menos rechazo en la opinión que las generales. De hecho, varios del G25 señalaron que están de acuerdo con las sanciones personales y que se profundicen. Entonces ¿cuál es la molestia con la carta de los 25?

Llama la atención que un grupo como el de los 68 que tiene fama de “duro”, que no es “tibio”, “neutro”, “imparcial”, o “blandengue” como llaman a todo el mundo que no los aplaude, deje esa ambigüedad. Que no sea directo. Que no sea claro y preciso. Tengo mi hipótesis para explicarlo.

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No es lo mismo decirle, por ejemplo, al agricultor que viene en un camión que usa diésel y, de paso, debe pagar matraca en alcabalas para traer sus productos de los Andes a Caracas para el selecto gusto de quienes apoyan las sanciones y suban sus fotos en tuiter con sus “mercaditos” y nos enseñen cómo se compra “bien”; decirle a ese agricultor, “las sanciones personales son merecidas”. Seguramente el agricultor estará de acuerdo. Pero el G68 ni quienes apoyan las sanciones, tienen el coraje para decirle a ese agricultor que respaldan unas sanciones que quitaron exenciones al swap del diésel, por lo que ese trabajador del campo deberá ingeniárselas para conseguir el combustible con el cual traerá sus productos que deleitarán a quienes apoyan a las sanciones generales.

Ninguno le dirá, “apoyo unas sanciones que te quitaron el diésel; sí, el gobierno de Maduro acabó con PDVSA antes de las sanciones, pero el poco combustible que había ahora lo pagarás más caro por las sanciones generales, pero tráeme mis vegetales y verduras; el trabajo que pasas para hallar diésel es el sacrificio por la libertad, basado en las evidencias, mientras yo cocino sabroso”. No lo harán. La “ruta del coraje” no llega a tanto. Irán muy orondos a hacer su mercado y a camuflar las sanciones generales con las personales para “quedar bien con todo el mundo”. Hablan muy duro, pero no tienen valor. Apoyan las sanciones generales, y se esconden en el muy “populista” que se “mantengan y profundicen las sanciones personales(…)”. Unos vivos de la política, que en Venezuela abundan. 

Prefiero la carta de los 25. Me parece más honesta en ese tema porque plantea la eficacia de las sanciones para lo que se dijo serían: “cesar la usurpación” no “permitir la dolarización” como se quiere justificar ahora.

Por lo pronto, la “pax Maduro” redefine los criterios para la adhesión a movimientos políticos. Tal vez no sea la socialización familiar lo que pronostique la adhesión a un partido o a un discurso, sino la posición en la que se está en la economía. Hay una Venezuela que produce, pero que no tiene una contraparte política. Parece que la sociedad civil lo quiere ser, mientras los partidos le hablan a su público cautivo que todavía está en 2015-2020 en lo político, y se justifica al decir que no “coexiste” pero fuera de ese mundo, nadie ve ese problema. Quien trabaja y hace un esfuerzo, no ve la situación en términos de “coexistir” o no. Sencillamente, saca adelante su actividad sin o poco que ver con el Estado, por la lógica ortodoxa y “liberal” del “ajuste a lo Maduro”. Es una Venezuela con otros códigos, significantes, y lenguaje a la que los grupos civiles quieren llegarle.

Este puede ser el proceso que se abre en Venezuela, pero hoy no se ve ni se acepta así. Que los interlocutores para la alternancia o transición frente al gobierno serán otros, porque los que se esperan de los partidos y del mundo político, no comprenden la realidad venezolana actual. Con las diferencias del caso, como sucedió con la transición española a la muerte de Franco. No es el escenario que me gustaría. Creo en los partidos, no en ONG, venezolanos honorables, ni “outsiders” metidos a políticos, pero hoy, lo último, es lo que está planteado en Venezuela por la incompetencia de la clase política de la oposición ¿Y dónde están los partidos políticos?

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