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La Lupa

La contundente voz del socialismo democrático

Aquellos que fustigan la acción, menosprecian su alcance y se limitan a ciertas decisiones muy puntuales, parecieran no querer ver –bien sea por ignorancia o peor aún, por un cómplice y recóndito deseo de que nada cambie favorablemente- que lo decidido es una herramienta más para salir de la tragedia que afronta Venezuela y tener la convicción de que una vez superada la debacle, el país se insertará inmediatamente en la realidad internacional, teniendo la palestra necesaria para ayudar a otros que transitan caminos igual de crueles al que afronta nuestro país, con la clara convicción de que ellos también serán libres

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Los estereotipos, las frases comunes y la poca información llevan en muchos casos a sacar conclusiones erradas que, dada la vorágine informativa y el enorme flujo comunicacional, desvían del objetivo central e impiden observar los enormes éxitos que pueden envolver determinadas acciones. El pasado fin de semana el Consejo de la Internacional Socialista reunido en Madrid, España, aprobó por unanimidad una resolución que llama a que se desarrollen en Venezuela elecciones libres con plenas garantías.

La propuesta, presentada por el vicepresidente del organismo y secretario general de Acción Democrática, Henry Ramos Allup, en nombre de su partido y de Un Nuevo Tiempo, guarda enorme significado porque evidencia la necesidad que tiene para la mayoría de la comunidad internacional una salida electoral lo menos traumática posible a la crisis que tiene Venezuela. De allí que esgrimir como exhorto comicios sin candidatos inhabilitados y sin partidos judicializados -a lo que podríamos agregar con plenas libertades de campaña, autonomía e independencia de poderes y garantías al ejercicio de la libre expresión- es un paso crucial que cobra mucha más fuerza cuando una organización histórica, pero con diversidad de enfoques y matices, lo refrenda de manera unánime.

 La Internacional Socialista es una institución nacida en 1951 que agrupa en su estructura a partidos políticos socialdemócratas, socialistas democráticos y laboristas, en la que es posible encontrar a emblemáticas organizaciones con experiencia de gobierno, a instancias que se han dado a conocer por su fuerte lucha contra las tiranías que mancillan a sus países, a actores fundamentales en la descolonización de sus pueblos y a partidos que desde el exilio luchan por instaurar un orden democrático. Por ello, que la propuesta de Henry Ramos Allup fuese aprobada por unanimidad es un mensaje tajante, pues pese a las diferencias –y a que incluso algunos de los partidos miembros de la instancia puedan representar a gobiernos cercanos a Maduro y su entorno- hay un empuje hacia la necesaria atención del fenómeno venezolano, factor que no es novedoso, pues aunque algunos se empeñen en negarlo, la Internacional Socialista tiene años señalando con preocupación el rumbo que sigue el país.

La organización ha sido fundamental en la atención a algunas coyunturas mundiales que ameritaban una rápida acción. Por ejemplo, aún se recuerda el empuje que se dio en la década del setenta del siglo XX para que se terminase de definir favorablemente la situación en Nicaragua y se concretara la salida del poder de la vetusta, arcaica y anacrónica tiranía de la familia Somoza. Lo interesante es que el apoyo no se limitó a respaldar a una fuerza, el Frente Sandinista de Liberación Nacional (FSLN) –por cierto, hace unos años expulsado de la institución por su desprecio hacia la democracia y el divorcio del pensamiento socialdemócrata-, sino que abogó por preparar a los cuadros que tendrían que asumir la conducción del país una vez se concretara la libertad.

De igual manera, que hagan parte de la organización partidos políticos que en su momento representaron regímenes de partido único –como los de Angola, Mongolia y Cabo Verde- y que hoy juegan en el terreno del multipartidismo y algunos de ellos son ejemplo a seguir por su favorable transformación-, junto a agrupaciones como el Frente Polisario que sigue adelante clamando por el respeto y el derecho a una plena República Saharaui y la Convergencia Para la Democracia Social que insiste con su lucha democrática contra la dictadura de Obiang en Guinea Ecuatorial, además de un cúmulo de agrupaciones emblemáticas y de un desempeño primordial en la política, ayuda a vislumbrar que el haberse aprobado la propuesta venezolana, no es baladí. 

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Venezuela logrará superar su coyuntura y saldrá de las tinieblas que la aquejan desde hace más de dos décadas. El trabajo, evidentemente, es interno, pero que exista el empuje de una institución simbólica sustentada por el verbo y la acción de personajes emblemáticos como Olof Palme, Mário Soares, Willy Brandt, Pierre Mauroy y Antonio Guterres, entre otros –muchos de ellos latinoamericanos como Carlos Andrés Pérez, Cuauhtémoc Cárdenas, Rubén Berríos y Horacio Serpa- da un realce mucho mayor a la incesante –y muy pronto fructífera- conquista por la libertad.

Aquellos que fustigan la acción, menosprecian su alcance y se limitan a ciertas decisiones muy puntuales, parecieran no querer ver –bien sea por ignorancia o peor aún, por un cómplice y recóndito deseo de que nada cambie favorablemente- que lo decidido es una herramienta más para salir de la tragedia que afronta Venezuela y tener la convicción de que una vez superada la debacle, el país se insertará inmediatamente en la realidad internacional, teniendo la palestra necesaria para ayudar a otros que transitan caminos igual de crueles al que afronta nuestro país, con la clara convicción de que ellos también serán libres.





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