article-thumb
   

La democracia la construimos nosotros y no los cuarteles

Carlos Rada | 10 febrero, 2020

Caracas.- La nueva tendencia en Latinoamérica es amenazar a los parlamentos con policías, militares y hasta civiles armados. Los parlamentos en el mundo se originaron debido a la necesidad de otorgar representación a todos los sectores que hacen vida en la sociedad para la toma de decisiones de la cosa pública.

Le puede interesar: Franca Conversación: Los herederos de Los Notables

Mauricio Cotta habla de los parlamentos como asambleas con un principio de base representativa, pero caracterizadas por la función común de ser representantes de las atribuciones de la voluntad popular en la elección y ejecución de las políticas.





Los parlamentos surgen en el mundo con la expectativa de equilibrar los focos de poder y darle un espacio a los sectores de la sociedad que venían surgiendo y reclamando su rol en las funciones de gobierno frente a las monarquías absolutas. Los mejores ejemplos que nos impone la historia para hablar de la importancia de los parlamentos son la Revolución de 1688 en Gran Bretaña y la Revolución Francesa.

La historia parlamentaria de Latinoamérica no es tan rica y sustanciosa como puede serlo en Europa, y es quizás porque no nos tocó vivir los mismos procesos históricos que a ellos. De allí que de este lado del charco los presidencialismos predominan en las estructuras gubernamentales , pese a que hemos visto cómo parlamentos destituyen presidentes, sustituyen ministros y ejercen funciones extraordinarias en momentos extraordinarios; no obstante, siguen siendo vistos como instituciones inferiores a la presidencial.

Esa exacerbación del presidencialismo nos hace ver con preocupación cómo estos representantes del poder ejecutivo mal interpretan y amenazan a los parlamentos a través de policías, militares, guerrillas y hasta civiles armados. Dos ejemplos de la actualidad nos llevan a esta afirmación y dos ejemplos que políticamente representan polos opuestos en el ecosistema político latinoamericano.





Primero el caso más representativo y más conocido, es cómo la dictadura venezolana de Nicolás Maduro ha hecho esfuerzos de todo tipo para desintegrar el Parlamento venezolano, desde sentencias capciosas desde un tribunal supremo de justicia controlado, pasando por inhabilitaciones y persecuciones a sus integrantes electos, hasta el punto de tomarlo a la fuerza con armas y amenazas tanto de funcionarios de la Fuerza Armada como de civiles armados defensores de la dictadura chavo-madurista.

Quizás en dictaduras comunistas de extrema izquierda como la venezolana, veamos como un síntoma normal este actuar contra el organismo que representa las voluntades de ciudadano, pero hoy Latinoamérica nos demuestra que esto no tiene una etiqueta de exclusividad.

Nayib Bukele, presidente electo de El Salvador, representante de la derecha de ese país y reconocido por su elocuencia y carisma muy sofisticado a través de redes sociales, cometió este domingo uno de los actos más atroces que puede hacer cualquier político en su posición: ir al Parlamento a exigir a los diputados la aprobación de un crédito acompañado o escoltado por militares y policías fuertemente armados.

La política es la ciencia de la gobernación de una nación y también es la habilidad de negociar y conciliar intereses encontrados. Cuando la violencia, venga de donde venga se interpone en este proceso, no solo amenaza la democracia y la política sino también la vida humana. Hannah Arendt enfoca parte de sus estudios en este fenómeno de la violencia en la vida política.

Siendo consciente de la acción, no existe diferencia entre lo hecho por la dictadura de Maduro en Venezuela y quizás este gobierno “democrático” salvadoreño. Esta mala maña latinoamericana de atacar, militarizar y amenazar los poderes legislativos solo ha dejado muertes y dictaduras en todo el continente. La posición de diputados de las diferentes corrientes políticos en El Salvador se han unido en la proclama de rechazo a estas acciones y más ante los antecedentes que tienen en este país con militares.

Sinceramente esa proclama de rechazo a la incursión militar para controlar los parlamentos debe ser una voz unísona en toda América central y Sur América. No podemos permitir como región que la bota militar siga limitando y coaccionando nuestra participación política y más aún determinando a través de sus rifles cuáles son los destinos del país.

La lucha contra los militarismos y la protección de los parlamentos como voz del pueblo es la misma: uno siempre buscará amedrentar y silenciar al otro para terminar instaurando regímenes que hipotecan la libertad y la democracia de nuestros pueblos. La democracia civil la construimos nosotros y no los cuarteles.

Comentarios

comentarios