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La destrucción de Venezuela es una estrategia concebida desde el poder

El cura párroco de La Vega, Alfredo Infante Sj, sostiene que los venezolanos sufrimos lo que denomina «un daño antropológico», diseñado para arrodillar a los ciudadanos y mantener a la población dedicada única y exclusivamente a sobrevivir

Shoppers walk through the Coche market in Caracas on March 31.

Caracas.- Sin iglesia, sin templo alguno en la parte alta de La Vega, el padre jesuita Alfredo Infante ofrece la misa en estacionamientos, en canchas deportivas, hasta en algunas casas que le prestan, aunque los domingos da la bendición en el patio del único colegio de la zona.

«Somos una familia sin techo», les dice el párroco a los vecinos. Gente buena, como las califica, que a su vez se conecta con otra gente buena y entre todos hacer una «fuerza bonita». Es lo que Infante llama la Pastoral de la Abeja que va buscando la mejor gente y las interconecta hasta hacer una red humanitaria, un gran panal de bondad porque, asegura, «en La Vega hay una mina de humanidad».

Infante, un padre jesuita que lleva años viviendo en la parte alta del barrio La Vega donde convive con las comunidades más pobres de Caracas, ha trabajado en proyectos comunitarios en África y México, ha sido director fundador del Servicio Jesuita de Refugiados para Venezuela y Latinoamérica y actualmente dirige la prestigiosa revista SIC.

De acuerdo con su visión, basada en sus conocimientos de la teoría marxista, quienes han tomado el poder en Venezuela – igual que en Cuba o la ex Unión Soviética-, lo que han hecho es destruir la infraestructura capitalista (los medios de producción, las fábricas, la industria,las iniciativas privadas) para luego atacar la superestructura, es decir, las ideas que sostienen al capitalismo. Y para ello, aplicaron la receta en Venezuela que nos ha llevado a la ruina que vivimos hoy: comenzaron con la destrucción de la infraestructura con las expropiaciones de empresas, de fincas productivas, la destrucción de organismos del Estado destinados a los servicios públicos que administran la luz, el gas o el agua, devastación que tocó luego a todas las empresas básicas del Estado, Pdvsa incluida, hoy todas rumbo a la ruina.

De acuerdo con esto, la destrucción de Venezuela no ha sido producto de la improvisación sostenida durante 20 años. Tampoco de la poca experiencia de algunos ministros y funcionarios o la negligencia en la mayoría de las esferas gubernamentales. Ni siquiera la corrupción-que ha mantenido muy ocupados a los de la élite cívico militar- podría ser la responsable final del abandono que aniquila al país a diario: lo que sufrimos los venezolanos es una estrategia concebida desde el poder para arrodillar a los ciudadanos, para mantener a la población dedicada única y exclusivamente a sobrevivir, tesis que sostiene con vehemencia el párroco Infante, quien califica como «daño antropológico» lo que estamos viviendo los venezolanos y que consiste en reducir a las personas a ser presas de sus necesidades, que pierdan sus energías en sobrevivir y no les quede tiempo para pensar en el bien común y menos aún en política.

Esto generó en el ciudadano lo que llamo un «daño antropológico» y que consiste en reducir a las personas para que pierdan todas sus energías en la sobrevivencia. Busca desmovilizar a las personas porque desmovilizar a las personas es desmovilizar a la sociedad. Los seres humanos somos seres de necesidades pero también somos seres políticos. Y por eso regimen nos ha tratado de reducir a ser presas de esas necesidades para que no tengamos tiempo de nada más. Que la gente viva para buscar agua, gas, comida. Que cada día se lo dediquen solo a eso».


Para el párroco Alfredo Infante, la destrucción de la infraestructura se intensificó con la llegada de Nicolás Maduro al poder, básicamente el año 2014 cuando se comenzó a ha buscar mantener a la población de la manera más precaria posible. La venta de las bolsas CLAP van en esa misma dirección. Que la gente se sienta vulnerable porque muchas familias dependen casi exclusivamente de esos alimentos o de los bonos que les da el gobierno. Y ahora es peor con la pandemia, porque antes algunos vivián de las remesas pero eso ya se acabó, ahora las bolsas CLAP y los bonos del gobierno son lo único que tienen.
Pero el padre Infante también asegura que ese tipo de política no implica obligatoriamente adhesión a la política del gobierno.

El gobierno no es popular, no lo quieren. Los responsabilizan por la falta de agua o el alza en los alimentos. Pero tampoco están contentos con la oposición, ha bajado mucho su aceptación, la gente se siente decepcionada. En La Vega hay dirigentes comunales chavistas que son buenas personas, que ayudan a los demás. Y también hay dirigentes comunitarios de Primero Justicia y de UNT. Pero la comunidad los aprecia no porque sean de un partido otro, sino porque los ayudan, porque su trabajo es solidario. Entre lo personal y la política hay un trecho.


La gente está decepcionada de la política y resulta que la política es el modo más adecuado para hacer las transformaciones en paz. Esa es la paradoja donde estamos metidos.


El párroco considera que los partidos políticos de oposición deberían darle más apoyo a esos líderes comunitarios, que sean más reconocidos en sus partidos porque son los únicos que mantienen comunicación y trabajan a diario con la gente más humilde.

Por ahora, la comunidad de La Vega cuenta con el trabajo incansable de esta párroco quien ha logrado atender en los comedores escolares hasta 1.800 niños a diario, que a veces es la única comida que hacen los pequeños. También le ayuda el trabajo que realiza la organización Alimenta La Solidaridad, que ofrece comida a otros 400 niños más. «Eso ha amortiguado mucho la situación de varias familias.»

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Con la pandemia del coronavirus tocándole las puertas a los vecinos de la zona – ya se conocen casos en la parte baja e intermedia de La Vega-, imposibilitados en su mayoría de cumplir la cuarentena porque muchos tienen que salir a realizar pequeñas labores de comercio o buscar gas, agua o comida para la familia, el padre sentencia que esta crisis «se le ha escapado de las manos al gobierno», algo con lo que no contaban los teóricos de la destrucción de Venezuela cuando organizaron su asalto al país.

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